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Brigantium

(2) historia y leyendas.

Los últimos CELTAS que emigraron a GALICIA.

Los últimos CELTAS que emigraron a GALICIA. Los BRETONES de Galicia:


De los siglos IV al VI, millares de celtas de la provincia romana de Britannia abandonan su isla natal por razones aún no bien conocidas. La mayoría de ellos se asentaron en la Península de Armorica, creando el floreciente Reino de Bretaña, mientras tanto, un grupo más reducido se dirigió a Gallaecia, donde fundaron un Obispado-Provincia de gran influencia que perduró hasta la eliminación del Reino de Galicia en el siglo XIX.

Los nuevos que llegaban se asentaban en la costa desde Ferrol hasta el Navia, estableciendo su sede en Bretoña y participando en la política del Reino gracias a sus privilegiadas relaciones con el Obispado de Dume, capital del Reino Galaico-Suevo en la época. Destruída la capital de Dume en la anexión visigoda, los notables del Reino se refugiaron temporalmente en casas de los bretoñeses, que trasladaron su capital a San Martiño de Mondoñedo, tras ser destruída la villa de Bretoña en la invasión viquinga de 966-971.

En el siglo XII, el oriente de Britonia es cedido al Obispado de Oviedo y paulatinamente la denominación del Obispado-Provincia de Bretoña y de sus tierras cambia a "Mondoñedo", desapareciendo ya formalmente su primer apelativo en el siglo XIII. La original sede de Britonia se constituye en 1821 como Ayuntamiento de Vián, para pasar a ser desde 1840 Tierras de A Pastoriza.

Los bretones-gallegos o bretoñeses gozaron de una extraordinaria importancia en los primeros siglos del Reino de Galicia. Políticamente, apoyaron activamente al Obispo de Dume, educador y consejero de reyes gallegos. Religiosamente, reforzaron la Iglesia Celta de Galicia, modelo organizativo de cristianidad medieval propio de Irlanda, Escocia y la Britannia celta, Armórica y Gallaecia. Culturalmente, los bretoñeses se integraron a prisa tanto por la pertencia a la común familia étnica como por el uso de la misma lengua vehicular, el Latín, a nivel escrito. A nivel oral los de Britannia influyeron sobre la lengua gallega de su área de asiento, origen del Dialecto Mindoniense.


El Monasterium Maxime de BRETOÑA:

La iglesia parroquial de Santa María de Bretoña es el único vestigio conservado de la antigua capital de los bretones durante los primeros siglos de la Edad Media. Bien que la edificación reciente, el tiempo actual fue levantado sobre las ruínas del antiguo monasterio principal de las tierras de Britonia, y conserva varias piedras de la primigenia edificación, como la cabeza del angel en la entrada a la torre del campanario.

Unas excavaciones realizadas en los años 1970 dejaron a la luz la extensa estructura del original monasterio, se descubrieron varios sepulcros nobles, estancias, y divisiones, siempre cubiertas de una capa de ceniza en recuerdo del terror viquingo que había destruído la principal fuente de poder bretón en Galicia.

Un paseo por el inmediato alrededor de la iglesia parroquial nos situará sobre las dependencias del Monasterium Maxime, desde donde se aprecian los muros del castro en el que se situó el emplazamiento monacal. Otros monumentos antiguos de interés en Bretoña son la Casa del Obispo y la Casa del Pazo, antigua propiedad de Pelaio Rei de Galicia, monarca afamado por su victoria sobre los musulmanes en la Batalla de Covadonga.

Varias fuentes. Recopialación realizada por A. Torres Sánchez.

VASCONIA o la ESPAÑA sin ROMANIZAR. Tésis de Claudio Sánchez Albornoz.

VASCONIA o la ESPAÑA sin ROMANIZAR. Tésis de Claudio Sánchez Albornoz. En la historia de España pueden señalarse dos procesos encontrados, contrapuestos, sincrónicos durante cerca de un milenio y al cabo complementarios. Uno tiene como meta y otro como punto de partida el País Vasco. Su enunciación va a sonar a paradoja. El primero se inició dos siglos antes de Cristo y no ha terminado todavía. El segundo comenzó hace mil años y está aún sin rematar. No sé si jamás serán completados. Me refiero a la romanización de la Península todavía inconclusa a los veintidós siglos de iniciada, porque aún está por romanizar un jirón de España en los Pirineos occidentales: una parte de Vasconia. Y a la vasco-castellanización de Hispania, incompleta a los mil años de haber comenzado. ¿Paradoja? No. Realidad. Esos dos lentísimos procesos multiseculares y sincrónicos, contrapuestos y complementarios, son una realidad innegable del pasado de los peninsulares. Una realidad que ha influido decisivamente en la acuñación de lo español. Los dos tienen por pivote al País Vasco. La romanización no le ha ganado todavía por entero -sólo por ello se distingue del resto de España. Y de esa España sin romanizar- que nadie se escandalice de las dos afirmaciones- surgió el intento de vasconización de la Península por obra de Castilla, histórica prolongación -no por poco conocida menos auténtica- de la Vasconia no romanizada, o, lo que es igual, no occidentalizada aún, cuando el pueblo castellano nació de la matriz vasco-cantábrica.

No soy el primero en lanzar la idea de la acción vasconizante castellana. Menéndez Pidal al estudiar los "Orígenes del español" defendió ya la teoría de que Castilla había metido una cuña vasca en Hispania. Aludía al castellano, claro está. Cabe ampliar su tesis de lo lingüístico a lo social y a lo vital. Alartinet ha aludido a esa influencia, pero el tema merece un libro Y me parece seguro que quienes hoy se llaman vascos -en verdad están vasconizados- no son, más que les pese, sino españoles todavía no romanizados de manera integral. Ellos mantienen aún viva y vivaz la lucha iniciada contra Roma por Indíbil y Mandonio -nueva aparente paradoja. Y Castilla prosigue aún la medieval aventura iniciada por Fernán González contra lo occidental, es decir de revancha contra Roma.

No participo del optimismo del gran prehistoriador austríaco Menghin, que ha llegado a escribir: ya no existe el enigma vasco. Cree que en el neolítico llegaron a España inmigrantes caucásicos que habrían ido avanzando a través de las penínsulas y de las islas del mar Mediterráneo; habrían desembarcado en el S. E. hispánico, se habrían mezclado con los habitantes de España, entre los que había elementos de población de estirpe africana y habrían constituido las masas protoibéricas y entre ellas las vasconas. Es muy probable que acierte Menghin pero su tesis necesita pruebas más sólidas que las por él alegadas para merecer el asenso unánime de los estudiosos. Viene en todo caso a sumarse a las que establecen un estrecho parentesco entre iberos y vascones. De ese parentesco sí podemos estar seguros. ¿Fueron los vascones una tribu de los iberos africanos, como se creyó antaño, cuando se juzgó su lengua idéntica a la de éstos? ¿Constituyeron una tribu de los iberos venidos del Cáucaso, puesto que hoy su habla se enlaza por muchos estudiosos con las hablas caucásicas? ¿Derivan vascones, iberos y aquitanos de un tronco común hurro-elamio, caucásico, como quiere Menghin? ¿Fueron los vascones, según piensan Bosch y Tovar, pirenaicos iberizados por los protoiberos africanos? No es lícito asentir sin reservas a ninguna de esas hipótesis. Pero fuerzan a tener por seguro el íntimo parentesco de los éuscaros con gran parte de la población primitiva de Hispania: A) la extensión, no sólo del nombre ili o iri = ciudad, sino de otra variada serie de topónimos vascos por grandes zonas de España: por Andalucía, levante, el Ebro, la meseta -ahí están, entre otros muchos, Arriaca, la Guadalajara de hoy y el pico abulense llamado Gorría-, es decir, por el solar de expansión de los almerienses iberos, desde Río Tinto hasta el Garona -sin la celtización, la romanización y la arabización de la toponimia peninsular es seguro que serían aun más numerosos en España toda los topónimos de raíz éuscara. B ) El hallazgo de palabras y aun de frases vascas en inscripciones ibéricas: plomos y vasos -remito a la reciente síntesis de Beltrán sobre tales hallazgos- y de nombres de personas de estirpe vascona en inscripciones romanas que registran habitantes en tierras iberas -por ejemplo en el bronce de Ascoli. Vasconia no es, no, un islote aislado y perdido en el océano de revueltas aguas de la Península; es simplemente el último rincón de ésta donde se habla todavía -naturalmente muy transformada al correr de los siglos- la lengua de buena parte de los españoles primitivos.

Arqueológicamente nada distinguió a Vasconia -empleo provisionalmente esta palabra con la amplitud inexacta con que hoy se usa por los vascos- del resto de España. En el paleolítico superior conoció la cultura franco-cantábrica y en el epipaleolítico las culturas aziliense y asturiense. Hasta ella penetró en el neolítico la hispano-mauritana o de las cuevas. En ella convergieron la cultura megalítica llegada a España de Oriente y de África y propagada por la costa atlántica y septentrional rumbo a los Pirineos de Occidente, la del vaso campaniforme recreada en Andalucía al contacto de los hispanos con los inmigrantes asiánieos y extendida radialmente a toda España desde la central meseta inferior, y la cultura almeriense media que subió por la costa levantina y por el Ebro. Los hallazgos arqueológicos realizados en el País Vasco y en Navarra -véanse en el libro de Barandiarán-comparados con los que se han realizado y siguen realizándose en el resto de España no dejan lugar a dudas sobre tal realidad. Los prehistoriadores no me dejarán mentir. Claro está que a la depresión vasca llegaban antes y con más intensidad las culturas y los pueblos procedentes de Cantabria, y a Navarra, los pueblos y las culturas del Centro y del Ebro; y algunos de los primeros -la civilización franco-cantábrica, el aziliense, y el asturiense- no pasaron a tierras navarras, y algunos de los segundos -la cultura de las Cuevas- no penetraron en la depresión vasca. Esa diferenciación separó ya en fecha remotísima a los auténticos vascones -aragoneses de Occidente y navarros- de las gentes de la costa: várdulos, caristios y autrigones. Esa diferenciación fue pareja de las que fueron creando los núcleos raciales y culturales primigenios de las otras tribus primitivas de Hispania. Y no contradice la innegable condición mestiza, étnica y culturalmente, de los habitantes en el doble solar de la Vasconia histórica. Cráneos dolicocéfalos de estirpe ibérica se han hallado en tierras vascongadas, según Campión, y todavía pueden distinguirse los morenos, enjutos y pequeños, de Val de Erro, de los fornidos, altos y musculosos del Roncal.

Tuve a várdulos, caristios y autrigones, es decir, a los vascos de hoy, por miembros de la gran familia cántabra al estudiar las tribus que habitaron el solar geográfico del reino de Asturias en la época romana. Los diferencian de los vascones: los geógrafos, la arqueología y la historia. Un texto de César establece la vecindad de Cantabria y Aquitania. Estrabón extendió aquélla hasta Vasconia y el Pirineo, y destacó la semejanza de costumbres de todas las gentes cantábricas que habitaban en la zona que el Pirineo y Vasconia limitaban. Los romanos distinguieron con nitidez a los vascones de los várdulos y los caristios; incluyeron a los primeros, con los otros pueblos del Ebro, en el Conventus juridicus caesaragustanus, cuya capital era Zaragoza, y a los segundos, con los cántabros, en el Conventus cluniensis, cuya capital, Clunia, estaba en el Duero. Gómez Moreno, al estudiar a los iberos y su lengua había señalado precisas diferencias arqueológicas, onomásticas y toponímicas entre el solar histórico de los vascones y el de los várdulos, caristios, autrigones y cántabros. Menéndez Pidal los distinguió asimismo al examinar algunos problemas del sustrato toponímico hispano. En su estudio sobre los pueblos del norte de España", Caro Baroja ha defendido con argumentos de peso que Cántabros, autrigones, caristios y várdulos hablaban una misma lengua y que era segura su unidad cultural y vital. No hace mucho, al historiar la lengua vasca en relación con la latina, ha reconocido aún, que ninguno de los pueblos que Ptolomeo incluye dentro del territorio várdulo o caristio tiene nombre de claro tipo vasco-aquitano. Y los textos históricos reunidos por Schulten hace muchos años aseguran la perduración de las diferencias históricas entre los vascones de ayer y los vascos de hoy hasta el año 808. Por tanto, no sólo es lícito sino obligado establecer en las sierras de Urbasa, Andía y Aralar la frontera perdurable que ha separado dos comunidades históricas dispares: la Euzcadi de hoy de la Navarra milenaria. Los navarros o eran iberos puros o hermanos de los puros iberos o estaban profundamente iberizados; y los habitantes de la depresión vasca si no eran Cántabros estaban muy emparentados con ellos.

Unos y otros fueron después preceltizados primero y celtizados luego, intensamente Por los Pirineos occidentales vasco-navarros entraron en España los preceltas -ilirios o como quiera llamárseles- y más tarde los celtas históricos; y si los preceltas avanzaron muy hacia el interior de la Península -hoy se los supone refugiados en la cordillera cántabro-astur y en la cárpetovetónica- los celtas se extendieron a todo lo ancho y a todo lo largo del solar peninsular de Hispania. Taracena y Vázquez de Parga primero, y Maluquer después, han ido hallando importantes restos de poblados preceltas y celtas en Navarra y antes ya se inclinaba Bosch Gimpera a reconocer la celtización de várdulos y caristios. El supuesto islote vasco fue por tanto anegado por las oleadas de los nuevos invasores de la Península. Tovar se inclina a creer que es celta el nombre mismo de la tribu: barscanes. Significaría "los orgullosos" o "los de las cimas". En las cimas habrían permanecido empecinados y orgullosos y así habrían logrado salvar su personalidad histórica, matizada, claro está, por el aporte celta -la lengua vasca acusa esa influencia -pero sin llegar a celtizarse integralmente.

Tras el aporte ibero, el celta; el pueblo vascón recibía las mismas transfusiones sanguíneas y culturales y padecía o gozaba de las mismas simbiosis o antibiosis que los otros pueblos hispanos: Los vascos continuaban la gran navegación de la historia dentro de la nave española. Y así siguieron en la etapa inmediata de ese multisecular crucero histórico, cuando los romanos pusieron pie en España.

Que me perdone Mendizábal si me parece invención peregrina de su ingenio el pacto vasco-romano contra los celtíberos, pacto que carece de toda apoyatura histórica y que absolutamente nada justifica. Sempronio Graco firmó con los vascones y con los celtíberos acuerdos parejos cuando Roma entró por primera vez en contacto con ellos, antes de iniciar su sojuzgamiento. Los romanos ganaron luego Vasconia sin gran lucha -la Vasconia abierta del Sur, claro está- y en seguida comenzó su romanización.
El vasco vuelve a acusar la nueva inundación de modo evidente. Pero el ímpetu vital y la tozudez vascona lograron conservar otra vez la maravilla e su lengua neolítica en las asperezas de sus sierras: en el Saltus Vasconum

Muchos pueblos peninsulares ibéricos o iberizados habían logrado también, como el vasco, salvaguardar sus ancestrales personalidades históricas libres del impacto de lo precelta y de lo celta. Tanto como los vascones y aun más que los vascones, pues algunos de ellos no recibieron siquiera la visita de ninguno de los dos invasores y otros consiguieron rechazar o absorber a las masas celtas llegadas antes o después hasta sus solares nacionales. Pero no ocurrió otro tanto frente a la romanización. Esta fue más pertinaz, intensa, continua y duradera. Roma ganó en España muchas batallas, como el Cid de la leyenda, después de su muerte. Después de morir como potencia imperial, su tradición cultural, recogida por la Iglesia y prolongada en la única civilización con vigencia en la Península durante algunos siglos, prosiguió triunfando en tierras hispanas.

Debemos a Caro Baroja páginas excelentes sobre la extensión y la profundidad de la romanización en Vasconia. Alcanzó un área mucho mayor de lo que solía pensarse y una intensidad tal que, según el mismo autor demuestra, los vascones, aunque parezca inverosímil, se convirtieron en agentes de romanización. ¿Dónde? En la depresión vasca. Curioso fenómeno; a un tiempo llevaron a ella su propia herencia temperamental y, con ella, algunas reliquias de su iberismo remoto y de su reciente romanismo.

Por causas que nos escapan los vascones mostraron un extraño dinamismo eruptivo con ocasión de la caída del poder romano en España. La bagaudia o revolución campesina comenzó a agitar el País en el siglo IV. No conocemos bien su proceso originario. ¿Fue provocada por el enfoque entre la hombría de las masas rurales y la declinación de su condición jurídica dentro de un régimen agrario de signo señorial? No sé, pero la bagaudia adquirió en tierras vasconas una acuidad extrema, bien conocida: aludí a ella al estudiar el prefeudalismo occidental. ¿Provocó la bagaudia la erupción del dinamismo vascón al desencadenar fuerzas vitales hasta allí contenidas? No es imposible; pero no gusto de convertir las conjeturas en afirmaciones. Cualesquiera que fueran sus causas la exaltación de la potencia histórica de Vasconia a partir del siglo V es indudable. Y lo son sus desbordes energéticos de tipo expansivo. Los he señalado dos veces. Traté de la invasión vascona de Aquitania hace unos veinte años, al examinar los cambios sufridos por el ejército ultrapirenaico en los albores del feudalismo. Y hace poco he estudiado la entrada de los vascones en la depresión vasca, al examinar los orígenes del nombre de Castilla. Ni uno ni otro desborde expansivo son dudosos. Del primero han conservado recuerdo las crónicas francas y se han ocupado los historiadores de allende el Pirineo. Scliulten, Gómez-Moreno, Menéndez Pidal han señalado, acordes en lo esencial, la entrada de los vascones en la Euzcadi de hoy. Creo haber probado que coincidió con esa etapa explosiva de un hasta entonces insospechable dinamismo vascón. Caro Baroja reconoce como hecho histórico la vasconización de la toponimia del solar de várdulos y caristios, es decir, de las provincias vascongadas; y es segura tal vasconización. Señala además que los vascones introdujeron en ellas muchos nombres con terminación en ain, que cree resultado de la romanización de Vasconia, y otros topónimos alusivos a la organización urbana y a estilos de vida que esa romanización hizo conocer a los vascones, pero que nunca existieron antes en la depresión vasca. Los cree importados por los reyes de Navarra; pero conocemos hoy bastante la historia del País Vasco y del reino de Pamplona durante los siglos VII al X y puede de ella deducirse que desde la antigua Vasconia no pudieron bajar entonces a la nueva esos extraños topónimos locales. Porque los soberanos pamploneses no dominaron durante esos siglos el solar de Euzcadi y porque en sus colonizaciones de esa época exportaban nombres geográficos con final en utri; lo acredita la toponimia vasca de la tierra riojana.

La entrada de los vascones en tierras de várdulos y caristios acaeció -no vacilo al afirmarlo- durante el período de anarquía que siguió a la caída del poder romano en España. Los geógrafos e historiadores griegos y romanos y el mismo cronista español del siglo v, Hidacio, interpusieron a caristios y várdulos entre cántabros y vascones. Los hicieron ya vecinos: Venancio Fortunato en el siglo VI y Julián de Toledo en el VI y en el X Alfonso III presenta a los vascones en los llanos de Álava. Fresca entonces su romanización, los invasores de Euzcadi llevaron a ella, con sus formas de vida nunca olvidadas -entonces introdujeron en el País Vasco de hay la rueda maciza de abolengo ibérico-, los referidos topónimos locales, producto de su intensivo contacto con Roma Al entrar en Euzcadi empujaron hacia Castilla a una parte de los várdulos y caristios; algunos se acogieron a los montes -los moradores de Tulonio, ciudad de la llanada de Álava, se refugiaron en la sierra a que dieron nombre -y los que permanecieron en sus antiguas sedes fueron inundados de vasquismo. Como cada tribu hispana al aceptar el latín creó su propio dialecto romance -donde esos dialectos se han conservado hasta hoy, como ocurre en el norte de España, las fronteras dialectales marcan las lindes de las viejas tribus primitivas-, así las tribus vasconizadas a partir del siglo v, crearon asimismo sus propios dialectos del vasco, también conservados hasta nuestros días.

Vasconia no habría llegado a romanizarse integralmente, y la zona por ella vasconizada en fecha históricamente reciente habría salvado, en su hoya y hasta hoy, unas formas de vida que le habrían sido impuestas como resultado de su conquista por los vascones de Navarra y de Aragón. Lo abrupto y cerrado de los Pirineos navarro-aragoneses habría hecho posible la perduración en ellos de la herencia temperamental primitiva. La caída de Roma, al permitirles vivir a la intemperie histórica e inducirles a abandonar su postura receptiva, habría interrumpido el curso de su romanización. El dinamismo explosivo que padecieron o gozaron en seguida y los éxitos expansivos que obtuvieron afirmaron luego su personalidad ancestral. Y la perduración a lo largo de tres siglos, hasta el mismo día de la conquista musulmana, de sus luchas con la monarquía hispano-goda, completaron el doble proceso: de detención perdurable de la inconclusa romanización y de perdurable exaltación de sus tradiciones tribales. A la hoya vasca, situada en un minúsculo rincón aislado del mundo romano, sin riquezas entonces codiciables y de difíciles comunicaciones, había llegado la acción de Roma menos intensamente que al resto de España. Encerrados várdulos y caristios entre el mar y los montes, en una depresión que no llevaba a parte alguna, no pudieron atraer la atención de los colonizadores romanos. La presencia en Velegia-Iruña -todavía avanzado el siglo IV- de una importante guarnición imperial, según el testimonio de la Notitia Dignitatum, atestigua la escasa romanización del País poco antes de la caída del señorío de Roma en la Península. Por ello después de su vasconización -ésta implicaba simplemente la afirmación de los matices vitales y temperamentales de una tribu hispana vecina, de historia no disímil aunque más saturada de iberismo-, la nueva Vasconia, aislada en su pequeño solar, pudo convertirse en un sagrado reservorio de vasquismo y por tanto de hispanismo primigenio, mientras la auténtica Vasconia, menos cerrada, más en perpetuo contacto con las gentes del valle del Ebro y en uno de los eternos caminos de comunicación entre Hispania y la Galia, era arrastrada por el torbellino de la historia islámica de España.
He estudiado con detención el tema. Los contactos entre musulmanes y vascones empezaron en los mismos días de la invasión de España. Muza cruzó el solar de Vasconia al subir Ebro arriba en su última campaña del 714. Antes del 718 los invasores ocuparon Pamplona la primitiva tierra de los vascos siguió la misma suerte que las otras tierras peninsulares en aquella hora triste en que los islamitas conquistaron nuestra patria común. Otra vez se afirmó la comunidad de destinos de todos los hispanos.

Esa comunidad de destino llevó pronto a los españoles del Norte a alzarse contra sus dominadores musulmanes. Los astures se sublevaron con Pelayo en 718 y vencieron en Covadonga en 722; por entonces debieron también rebelarse los cántabros; los vascones sacudieron el yugo islamita después de la derrota de Poitiers del 732. Todos los septentrionales fueron duramente combatidos por ’Uqba (734-739); resistieron las gentes del Cantábrico, sucumbió Vasconia. La rebelión general de los berberiscos en África y España (739-740) y las guerras civiles que durante algunas décadas asolaron a Al-Andalus permitieron a todos salvarse de la grave amenaza; el reino de Oviedo pudo afirmar su libertad y los vascones pudieron recuperar la suya. La serrana y marítima monarquía asturiana abarcó una larga faja de tierra que iba desde el Finisterre al Pirineo. La loca geografía del País y el no olvidado secesionismo hispano dificultaron la unión de los gallegos y de los vascones al reino unido de astures y cántabros. Pero los soberanos ovetenses lograron a la postre la unidad. La aseguró un rey, hijo de una vasca, Alfonso II (791-842)

Entretanto la Vasconia primitiva, siempre más vinculada al valle del Ebro que la nueva Vasconia, siempre a su vez más hermanada con las gentes del Cantábrico, comenzó a vivir su propia vida. He logrado renovar la historia de los orígenes del reino de Navarra. A fines del siglo VIII Pamplona se hallaba sometida a Córdoba y era gobernada por un renegado de la familia hispano-goda de los Banu Qasi’, llamado Mutarrif. Se alzaron contra él y le mataron los vascones no sabemos si por propia o extraña iniciativa. Para vengar su muerte, sus familiares, que señoreaban Tarazona y Borja, se aliaron con un caudillo de la Vasconia ultrapirenaica -¿de Bigorra?-, Iñigo Arista; juntos derrocaron a los asesinos de Mutarrif, se apoderaron del País y así surgió a la historia un nuevo reino en torno a Pamplona, no mucho después del año 800. Las vinculaciones consanguíneas y políticas entre las dos familias, vascona y muladí, permitieron a los Aristas y a los Muzas defenderse alternativamente de Aquistarán y de Córdoba. Y en adelante el nuevo reino, heredero directo de la Vasconia ancestral primigenia, vivió muy mezclado a las gentes de su propia estirpe ibérica.

La Vasconia clásica y la nueva Vasconia se separaron otra vez por casi tres siglos. La Euzcadi de hoy no había sido sometida por las huestes islamitas. La Crónica de Alfonso III, en oposición a las tierras que hubieron de ser repobladas -naturalmente por haber sufrido los zarpazos de la invasión muslim-menciona a Alava, Vizcaya y Orduña, como siempre poseídas por sus antiguos habitantes; y ello implica, claro está, que tampoco la lejana Guipúzcoa habría sido combatida por los mahometanos. En Córdoba empezaron a interesarse por la frontera oriental del reino de Oviedo a fines del siglo VII. Algunas huestes cordobesas aparecieron ya por Álava y Castilla en 792, 796 y 801; en este año fue terriblemente derrotado en las Conchas de Argazón un poderoso ejército islamita. Desde Córdoba fueron también atacados los Muzas del Ebro y los Aristas de Pamplona; los primeros se sometieron y su sumisión protegió a sus familiares y aliados pamploneses. Cerca de dos decenios se prolongó ese estado de cosas. Durante ellos los vascones de Navarra no fueron molestados por las tropas musulmanas Golpearon éstas, en cambio, sin descanso contra el solar de castellanos y alaveses. Parece pues seguro que éuscaros y vascones vivieron separados. Si la Euzcadi de hoy hubiera dependido de Pamplona, esos ataques no hubieran podido realizarse sin chocar con los Aristas y con sus aliados los Banu Muza; y fue precisamente un miembro de esa familia renegada quien en 839 invadió Álava al frente de las fuerzas cordobesas.

Las tierras vasconizadas en el siglo v -los vascos actuales- continuaron integrando por tanto el embrión de España bajo el gobierno del monarca de Oviedo. Y cabe deducir que colaboraron a las empresas comunes con lealtad y con entusiasmo, de la ausencia de todo movimiento secesionista vasco contra el Rey Casto durante el medio siglo que reinó en Asturias. A lo largo de esas cinco décadas el País Vasco resistió con heroísmo las acometidas sarracenas, como las resistieron cántabros, astures y gallegos, a cuyos destinos se hallaba gustosamente vinculado -los vascos defendieron a veces con los otros súbditos de Alfonso II los pasos de entrada a la Asturias transmontana. Mientras, el otro pueblo de habla éuscara vivía unido a los renegados del valle del Ebro, a quienes debían el poder los Aristas, y vivía de ordinario en paz con Al-Andalus. Sólo después de la ruptura entre navarros y muladíes, a mediados de siglo, por causas que he estudiado al examinar las relaciones de los vascos y los árabes, cambiaron los soberanos de Pamplona el rumbo de la política internacional y se acercaron a los reyes de Oviedo. Pero el último de los Aristas, Fortún, prisionero en Córdoba durante algunos años y abuelo de un príncipe andaluz -en su hija engendró el futuro emir Abd-Allah al padre de Abd al-Rahman III- siguió mediatizado por los islamitas cordobeses. Y fue preciso el golpe de estado del 905 -apoyado por Alfonso de Oviedo y por el conde de Pallars- para que en Navarra empezara a reinar una nueva dinastía, fiel aliada de los soberanos de Asturias y león contra los musulmanes.

Los dos pueblos de habla vasca siguieron separados: los vascos de hoy continuaron unidos a los otros pueblos cristianos, regidos desde Oviedo y en seguida desde León, la nueva sede regia. Durante muchas décadas alaveses y vizcaínos resistieron, unidos a los castellanos, los ataques de los últimos cachorros de los Banu Muza. Los vascos contribuyeron con sus hombres y su espíritu al nacimiento de Castilla; y del condado de Castilla formaron parte esencial durante el siglo x. Los documentos acreditan la importancia de la aportación vasca a la colonización de las nuevas tierras castellanas y atestiguan la extensión de la autoridad condal de Fernán González y de sus sucesores hasta muy dentro de la tierra éuscara. Integró ésta por tanto la nueva comunidad histórica llamada a los más altos destinos; y dió con ella sus primeros pasos en la historia. Sólo a fines del siglo x Navarra se anexionó una parte de Alava y sólo en 1029, tras la crisis de la dinastía condal castellana, Sancho III el Mayor incorporó a su reino la nueva Vasconia -la Euzcadi de hoy- y la Castilla de antaño, que así siguieron juntas su declinación hacia Pamplona. Castilla se separó de Navarra en 1035 y fue despaciosamente recuperando sus fronteras primitivas En 1076, a la muerte de Sancho el de Peñalén, Vizcaya volvió al redil castellano. Con la primitiva Castilla fue unida otra vez a Navarra por Alfonso I el Batallador, rey también de Aragón (1109), pero desde la muerte de este rey (1134) formó siempre parte de la Corona de Castilla. La rigieron, sí, señores poderosos pero dependientes de los reyes castellanos, como de ellos dependieron los otros muchos grandes señores del reino castellano-leonés a través de los siglos A fines del XII se incorporaron también a Castilla Alava y Guipúzcoa, la última voluntariamente. Y desde entonces el País Vasco, del cual sólo dos porciones habían vivido menos de dos siglos unidas a Navarra, vivió hasta hoy la historia de Castilla. Y con Castilla la historia de España. Cierto que las poblaciones de la costa vasca firmaron a veces pactos con potencias marítimas del Atlántico, pero otro tanto hicieron las ciudades marineras castellanas. Juntos castellanos y vizcaínos integraron una "nación" en Brujas y tuvieron la misma capilla hasta que se pelearon por cuestiones de preeminencia.

Con Juan I los reyes de Castilla fueron incluso señores de Vizcaya. Desde entonces los vascos de hoy han vivido hombro a hombro con los otros hispanos las horas alegres y las horas tristes de España. Han gozado de todas las ventajas que les procuraba el ser españoles y nunca han levantado las cargas que algunos los otros españoles soportaban -ya en el siglo XIV los castellanos protestaron de que los vizcaínos no pagasen como ellos alcabalas y sisas.

El patriotismo español de los vascos se hizo notorio cuantas veces corrió peligro su unión con Castilla. Reaccionaron unitariamente contra el acuerdo de Pedro I y el Príncipe Negro, por el cual el Rey Cruel cedía a Inglaterra el País Vasco, como compensación de la ayuda de las huestes inglesas contra su hermano Enrique II. Durante las frustradas negociaciones entre Enrique IV y Luis XI en torno al matrimonio de la Beltraneja y el Duque de Guiena, cuando el Impotente rey de Castilla estaba pronto a ceder el litoral vascongado, los vascos volvieron a alzarse contra su apartamiento de la Corona castellana -lo cuenta Mosén Diego de Valera- y obligaron a Enrique IV a jurar que nunca serían separados de Castilla. Fueron luego entusiastas partidarios de Isabel y Fernando en los comienzos de su reinado y defendieron heroicamente la frontera española contra Francia.

A principios del siglo XVI se sentían tan unidos a Castilla que, según Zurita cuenta, en 1508 solicitaron sú incorporación a las cortes castellanas y no entraron en ellas porque el espíritu caballeresco de los procuradores entendía, estúpidamente, la asistencia a aquéllas como un privilegio y no querían compartirlo con nadie -unas décadas antes se habían opuesto a la entrada en las cortes de los representantes de Logroño. Y porque el Rey Católico no tuvo gusto -ningún rey lo ha tenido jamás- en fortalecer con elementos populares a las asambleas políticas del reino -el Canciller Ayala había escrito: "los vizcaynos son omes á sus voluntades, é quieren ser muy libres é muy bien tratados". Y desde el siglo X hasta el XIX, no sólo no han alzado una sola pretensión secesionista: se han sentido muchas veces sacudidos por un entusiasta fervor español. Será tan difícil negar estos hechos como es fácil comprobarlos a cualquiera

El País Vasco ha escrito páginas brillantes de la historia española, como las otras comunidades históricas que integran España. Los vascos han hecho maravillas... como españoles y conforme a la contextura temperamental hispana. Sus magnas figuras históricas no han pensado, ni han escrito, ni han obrado como vascos; todo lo que han hecho de grande y de universal ha sido dentro de la órbita vital y cultural de España. Desde Elcano, Francisco de Vitoria -era burgalés pero de remota estirpe vasca-, San Ignacio y Legazpi, hasta Unamuno, Zuloaga y Baroja, cuantos vascos famosos pueden señalarse han sido españoles ante todo y por cima de todo; y como españoles han colaborado a las grandes aventuras culturales de Europa. España los debe al País Vasco; pero sin el resto de España ninguno de esos nombres figuraría hoy en los anales de Occidente. Y hasta el mismo nombre de Vasconia sería una sombra sin vida perdurable. Gracias a no haber vivido una pura vida aldeana y marinera entre el mar y los montes, a haber sido preciadísimas y preciosísimas porciones de España y del pueblo español, Vasconia y los vascos han ocupado y ocupan aún un puesto al sol de la historia.

Dentro de Castilla primero y de España después los vascos -para decir mejor los vizcaínos, los guipuzcoanos y los alaveses, separadamente- han logrado regirse a sí mismos durante más siglos que las otras comunidades históricas hispanas.
¡Maravilloso privilegio! lo minúsculo de su solar geográfico restaba interés a cualquier intervención autoritaria de los reyes, y su situación en uno de los puntos de fricción de España con Francia obligaba a los príncipes a mimar a los vascos; sólo así se explica que lograran salvaguardar su vida autónoma cuando habían perdido la suya: primero los grandes concejos y los grandes señoríos dentro de los reinos españoles e incluso estos mismos más tarde. Pero, ¿quién se atreverá a ver en tal perduración la base histórica de una auténtica singularidad nacional?

Poseen los vascos una contextura temperamental propia, como poseen otras distintas cada una de las agrupaciones regionales hispanas; pero su estructura funcional no los distingue radicalmente de los demás grupos humanos de España. Las características, ditirámbicas o peyorativas, que se les atribuyen coinciden en su esencia con las que constituyen la esencia de lo hispánico. Es sugestivo el paralelo entre la manera de estar en la vida que suele definirse como típica de los españoles y la contextura vital de los éuscaros o vascos; ese paralelo descubre el estrecho parentesco que las une. Tal coincidencia se explica sin esfuerzo, pares ha sido en Castilla donde se ha forjado el arquetipo de lo hispánico y lo castellano es en buena parte prolongación histórica de lo vasco. Son mayores las diferencias que van apartando a lo éuscaro de los estilos de vida de las otras comunidades humanas de Hispania. Desde el sencillo y rígido pivote de Vasconia, las varillas del abanico español avanzan lentamente hacia el barroquismo portugués, el barroquismo andaluz y el barroquismo levantino. Lo vasco sería la raíz cúbica de lo hispano; y lo portugués, lo andaluz y lo levantino, lo español elevado al cubo.

La fidelidad de los vascos a su tradicional estilo de vida tampoco ha sido dispar de la que han guardado al suyo Galicia, Asturias, Castilla,

Andalucía, por ejemplo. La única causa de diferenciación entre los vascos y los otros españoles estriba en la perduración, en una zona cada vez más reducida de Vasconia, de la vieja lengua éuscara, que Dios conserve por los siglos de los siglos. Es decir, ni la raza ni la historia ni la contextura temperamental ni el amor al ayer... separan a los vascos de los otros hermanos de España. Los distingue de ellos solamente la supervivencia entre los vascos de un habla que en el extremo límite de la hoya y de los montes vascones ha resistido al avance, allí particularmente despacioso, de la romanización. La perduración no interrumpida de ese proceso va haciéndola retroceder poco a poco, de continuo, hacia los Pirineos. El éuscaro no es por tanto el habla de todos los vascos: muchos de ellos no la entienden hace tiempo. El que hoy llamamos español es tan legítimo patrimonio de los habitantes de Euzcadi como de los hijos de Castilla. Muchos vascos comenzaron a hablarlo tan temprano como los primitivos castellanos, mucho antes que los castellanos del Duero hacia el Sur. Y es notorio que en él se escribieron las más viejas leyes constitucionales de los vascos: sus fueros. Mas, aunque así no fuese, nunca el éuscaro separaría a los vascos del resto de los españoles. Porque no es una lengua más en la Península. Es una lengua hablada en la remotísima España neolítica. No obstante su inundación por lo céltico, y lo latino, al escucharla oímos aún como un eco de las voces milenarias de nuestros abuelos de la Edad de Piedra.
Prodigio increíble si no fuera cierto. Pero es la misma lengua o es hermana de la que hablaron los pueblos cántabro-pirenaicos y varios otros viejos pueblos de Hispania, y está íntimamente emparentada con la que empleaban los iberos levantinos antes de su romanización o está inundada y saturada de iberismos -Gurruchaga acaba de aceptar esa vinculación. Es por tanto el habla de una gran parte de los españoles primitivos y no puede por ello constituir base segura de una segura distinción nacional frente al resto de España.

Vasconia o la España sin romanizar. Sí; y además la abuela de España. Como dije al principio de estas páginas, a través de Castilla, a cuya generación contribuyeron, los vascones han proyectado su espíritu y su temperamento hacia Hispania y hacia todos los pueblos hispanos, y por eso España y lo español pueden ser pensados desde el País Vasco. He aquí por qué Vasconia o la España sin romanizar es la abuela de la España actual. La abuela gruñona que no se reconoce en su nieta y reniega de ella. La abuela que sueña grandezas de tiempos pasados y que repite gestos y dichos de entonces; Jaurlgoikoa et legizarra -Dios y fueros- es un lema digno de labios medievales. La abuela tozuda que quisiera vivir como antaño -el sentido particularista de los vascos es de pura estirpe hispana. La abuela que todos comprendemos y amamos con filial devoción; a la que es prudente dejar vivir a su agrado dentro de la patria común española -también su hija, Castilla, gustó en tiempos de vivir libremente. La abuela que guarda todavía recuerdos de nuestro más remoto ayer, de un ayer muchas veces milenario, cuyas raíces se hunden en la primigenia tierra de España.

Tésis de CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZsobre la trayectoria histórica de los Vascos, los vascongados, Vascongadas y Vasconia, y su participación en la construción de nuestra Patria.. Incluida en el ensayo, de obligatoria lectura, "España, un enigma histórico""

La(s) torre(s) de HÉRCULES y BREOGÁN y la invasión

La(s) torre(s) de HÉRCULES y BREOGÁN y la invasión Es de sobra conocida la tradición recogida en el Leabhar Ghabhala o Libro de las Invasiones que nos describe las sucesivas migraciones de los pueblos que se establecieron en Eire. Sin lugar a dudas, dentro del corpus legendario recogido en dicha obra, tiene especial relevancia el capítulo dedicado a la llegada de los goidels o gaélicos, esto es, a la población celta irlandesa propiamente dicha, y a la que se le atribuye un origen hispano: serían los descendientes de Mil, sobrino de Ith, quien divisó Irlanda desde lo alto de la torre construida en algún lugar de España por su padre Breoghan o Breogán. La torre en cuestión se levantaría donde está la actual Torre de Hércules.

Sin embargo, ¿hasta qué punto lo que dice este libro es fiable? En su clásico "Los celtas", Venceslas Kruta llamaba la atención sobre la necesidad de tratar estos textos con precaución:
"La literatura de los celtas insulares, en particular la que se conserva en los textos irlandeses constituye una fuente indudablemente de primer orden para el conocimiento de su cultura, y especialmente, de su mundo espiritual (...) Con todo, debemos prevenir contra una generalización abusiva de los datos que se saquen de esta literatura. Recordemos en primer lugar que, aunque las primeras redacciones se remontan a los siglos VII-VIII de nuestra era, lo esencial de esta literatura se conserva en manuscritos de fines del siglo XI o comienzos del XII. Lejos de haber quedado fijadas en un inmovilismo conservador, las versiones originales debieron sufrir en este intervalo, un buen número de transformaciones y además, asimilar influencias extranjeras en un grado que no podemos determinar."

Partiendo de la necesidad de contemplar estas fuentes bajo una perspectiva crítica, el presente artículo analizará punto por punto la información que el "Leabhar" nos transmite sobre la mencionada invasión.

1) A estas alturas, es innecesario demostrar la existencia de conexiones entre los territorios del Arco Atlántico desde ya antes de la Edad del Bronce (probablemente desde el megalitismo) No debemos ovidar, sin embargo, que tales conexiones y las afinidades culturales derivadas de las mismas se pueden explicar mediante la transmisión de ideas, vinculada al comercio y la proximidad geográfica; no siempre debemos pensar en migraciones o invasiones. Sin embargo, la cuestión concreta es ¿debemos considerar al "Leabhar Ghabhala" fuente de datos fiable para aceptar la idea de una invasión de Irlanda desde la Península Ibérica en plena Edad del Hierro?

2) El "Leabhar Ghabhala" es un libro escrito alrededor del 1100, en el que se recogen relatos más antiguos, probablemente del siglo VIII, que a su vez bebían de una tradición oral más antigua. El Leabhar fue redactado por monjes cristianos; con toda probabilidad, las sucesivas redacciones debidas a las plumas de los distintos amanuenses hicieron que el texto definitivo tuviera un gran número de intoxicaciones, debidas al bagaje cultural y religioso de los monjes en cuestión: a lo largo del libro se menciona a multitud de personajes bíblicos (Noé, Sem, Cam, Moisés, Aarón...); en el linaje de los soberanos gaélicos se inscribe una antepasada llamda Scota, hija de un faraón; se habla, pecisamente, de varios faraones, dándonos sus nombres (Rameses, Amenoses...); los gaélicos llegan a España procedentes de Egipto, de donde huyen por negarse a participar en la persecución del pueblo de Israel (¡!), y adonde habían llegado, a su vez, procedentes de Escitia. Pero, ¿sabían los irlandeses de hace 2000 ó 2200 años que existía un país llamado Egipto, cuyos soberanos llevaban el título de faraón, y que algunos de ellos se habían llamado Ramsés? Evidentemente estamos ante las aportaciones de unos monjes que se pasaban la vida entre textos religiosos y los clásicos literarios, históricos y científicos de Grecia y Roma. Pongamos un ejemplo más que sospechoso: en un determinado momento, Caicher navega al frente de sus hombres por el Mediterránero, y de repente se topan con sirenas y "ar meadhradh na murdhuchann/connerbairt riú Caicher cain/ cer dop leghdadh na cclusaibh" (contra las alegres sirenas, Caicher les dijo a ellos que derritieran cera en sus oídos) ¿alguien duda que estamos ante la aportación da algún amanuense que se había leído la "Odisea"?.

Por otra parte, los periplos no son creíbles: nadie aceptaría la presencia de celtas en el Egipto del Éxodo ni su migración hacia España por el norte de África. Si la ruta Escitia-Egipto-norte de África-España no es verosímil, ¿no deberíamos dejar lugar para la duda y plantearnos si el último eslabón, España-Irlanda, es igual de falso? ¿Entonces, de dónde salen España y la Torre de Breogán?

3) "Rucctha ag tur mBreoghain..." (nacieron en la torre de Breogán).

En la mitología irlandesa, nos topamos con multitud de torres que juegan un papel importante en los distintos relatos. Por poner un par de ejemplos, la Torre de Balor o la Torre de Conann, rey de los Fomoré, mencionada en le Leabhar; ambos caudillos , al igual que los vástagos de Breogán, ansían el dominio de Irlanda. Desde muy antiguo, los irlandeses han buscado ubicar en el mundo real esas torres míticas. Aún hoy, cualquier islote o isla próximo a la costa, con algún indico de ruínas, es considerado por la tradición local la ubicación de alguna de las torres legendarias (por ejemplo, la isla de Tory) sin embargo, la identificación Torre de Hércules-Torre de Breogán, responde a una realidad más compleja.

4) Fue d’Arbois de Jubainville quien sugirió que, en principio, los irlandeses debieron considerar que sus antepasados procedían de un país sobrenatural...Plutarco y Procopio recogen una tradición celta según la cual la parte occidental de Gran Bretaña sería el lugar donde estaría el País de los Muertos. Así, del mismo modo que en la Antigüedad los autores clásicos ubicaron el Sidh en Gran Bretaña, los monjes altomedievales lo identificaron con España, que al fin y al cabo era algo muy parecido: la tierra más allá del mar. Y es que en los mitos celtas, el Sidh se ubica en una isla o tierra de ultramar. Los monjes necesitaban identificar ese Más Allá, incompatible con la ortodoxia cristiana, con un país real para "despaganizar" el contenido de los relatos. Aun así, la "despaganización" no siempre era completa (recordemos la "Navigatio Sancti Brandanni").

Enlazando esta idea con el punto anterior, ya tenemos un atisbo de explicación: en los mitos irlandeses, nos topamos con el lugar común del país sobrenatural allende el mar, en el que hay una torre en la que mora algún gran guerrero que aspira al dominio de Irlanda. Había que localizar esos lugares en el mundo real , y a la Torre de Breogán le tocó España, ¿por qué?

5) Los monjes conocían la existencia del faro coruñés: aparece representado en varios mapamundis de la época (sin ir más lejos, en el que aparece dibujado en el Beato de Burgo de Osma, hacia 1086) Seguramente ahí tuvieron un primer indicio para ubicar en España la Torre de Breogán. Pero había algo más; junto a la Torre, había una ciudad llamada Brigantium o Brigantia. Paulo Orosio, autor de los siglos IV-V, cuenta en su "Hisoriarum adversus paganum", de enorme difusión en la Edad Media:
"Secundus angulus (Hispaniae) circium intendit, ubi Brigantia Gallaetiae civiatas sita altissimum pharum et inter pauca memorandi operis ad speculam Britanniae erigit". (El segundo ángulo (de Hispania) está orientado al norte, donde la ciudad de Brigantia de Galicia eleva para observación de Britania su faro altísimo y digo de mención entre muy pocas cosas).

Sin lugar a dudas, la homofonía Brigantia-Breoghan les sorprendió: no sólo hallaban la torre de Breogán, sino que dscubrían que junto a la misma se levantaba una ciudad que, por su situación y nombre sólo pdía haber sido construida por el mismo Breogán. Y aún había más; el comentario de la tore elevada para "observación de Britannia" recordaba claramente a la torre de Breogán desde la que Ith podía divisar Irlanda. El círculo argumental estaba cerado: no sólo la Torre de Breogán existía y había sido localizada, sino que, además, habían descubierto una ciudad que había sido fundada por el mítico caudillo. Les faltó tiempo para añadir más de su cosecha al Leabhar: "Beoghan nanglor gal bania/ leis de ronadh Brigantia" (Breogán, el del ruido de la bravura fue un campeón, y por él Brigantia se fundó).
Evidentemente, Brigantia no tenía tal nombre por haber sido fundada por Breogán. Lo cierto es que ambos nombres provienen de una misma raíz indoeuropea, muy presente en las lenguas célticas: *bhrgh (alto, fuerte, poderoso); así, nos topamos con unos brigantes en el norte de Britania, y múltiples Brigantias por Europa (Bragança en Portugal, Bregenz en Austria). Seguramente, los nombres Brigit/Brígida o Brian nos remiten a esta misma raíz.
Conviene aclarar que en el Leabhar Ghabhala, Brigantia es mencionada como una ciudad de España (entendida como Hispania, es decir, la Península Ibérica) No se menciona en ningún momento a Galicia, ni se especifica demasiado sobre la ubicación exacta de la ciudad ( lo que refuerza la tesis de que estamos ante una mera ubicación de un espacio mítico, no de un lugar con unas coordenadas geográficas concretas). De todos modos, a partir del proceso de identificación descrito sí tenían claro de que hablaban de una ciudad en la parte noroeste de Hispania, "frente" a Irlanda.

6) La torre de Hércules fue construida por los romanos (siglo II d.C.), no por los celtas. En ningún lugar del Arco Atlántico se conocen faros, torres o cualquier otro tipo de construcción análoga anterior a la presencia de Roma en esas tierras.

7) Por todo ello, la conclusión es evidente: el mito de Breogán, muy arraigado en Irlanda, era simplemente inexistente en Galicia. ¿Cómo llegó hasta aquí? En el siglo XVII ya hubo alguna presencia del mito en nuestras tierras. Gran cantidad de irlandeses (sobre todo, religiosos) se establecieron en Galicia huyendo de ls persecuciones inglesas. En Santiago llegaron a fundar un centro educativo propio, el Colegio de los Irlandeses. Varios profesores gallegos que impartían clases en él, como Álvarez Sotelo o Benito Vázquez, oyeron por primera vez la tradición irlandesa y su vínculo con España, plasmándola por escrito en sus obras. En el mismo siglo XVII, el jefe O’Donnell Sullivan Bere enviaba una carta a Felipe II, ofreciéndole vasallaje a cambio de ayuda contra los ingleses. La carta comenzaba diciendo: "Nosotros los irlandeses tenemos nuestras raíces y origen remoto en la noble raza de los españoles, es decir, descendientes de Milesio, hijo de Bile, hijo de Breogán y de Luighe, hijo de Lythy, hijo de Breogán, según acreditan nuestros libros de la antigüedad, nuestros pergaminos, historias y crónicas..."

Pero el mito de Breogán se consagra en Galicia en el siglo XIX, de la mano de los escritores Manuel Murguía y Eduardo Pondal. Murguía conoció el "Leabhar Ghabhala" ,probablemente a través de una traducción francesa, y se entusiasmó ante la perspectiva de una invasión celta de Irlanda procedente de Brigantia. Al alcanzar la presidencia de la Real Academia Gallega, esta hipótesis histórica fue consagrada definitivamente. El historiador X.R. Barreiro analiza de la siguiente manera el proceso :"permitió elevar a la categoría de principios inconclusos lo que no eran más que ensoñaciones (...) no sólo se popularizaron, sino que además recibieron una especie de marchamo oficial(...) La fuerte personalidad científica de Murguía, el sometimiento de la mayor parte de la intelectualidad gallega a sus "dogmas",el control de la Real Academia Gallega y el subyacente interés político por legitimar la substantividad históric de la comunidad gallega, explican el proceso de readaptación historiográfica y la "oficialidad" del mito de Breogán, en íntima relación con la ciudad de La Coruña".
En lo concerniente a Pondal, creó un imaginativo mundo pancéltico, que se consagró gacias a la evelación de uno de sus poemas -en el que se cita a Breogán- al rango de Himno Gallego. Sin embargo el universo pondaliano y toda su artificiosidad fue convincenemente desmantelado por alguien tan poco sospechoso de "antigallego" o "antialleguista", como Ricardo Carvalho Calero.

8) ¿Y que opina la historiografía actual? F. J. González, autor de uno de los estudios más completos sobre los mitos que rodean a la torre de Hércules, y cuyas opiniones sobre la protohistoria gallega se inscriben en la corriente celtista, no cree verosímil la invasión de Irlanda y acepta la teoría de d’Arbois de Jubainville. Ramón Sainero, experto en la cultura celta gaélica y traductor al español del Leabhar Ghabhala, expone en su obra más reciente una curiosa hipótesis: la leyenda que rodea a la Torre de Hércules, sobre dicho héroe griego y Gerión, sería una alegoría de la derrota de Tartessos (=Gerión) con su torre de Cipión o Geronte (=Torre de Hércules) mencionada por Rufo Festo Avieno, a manos de los fenicios (=Hércules). Los celtas hispanos habrían llevado el recuerdo de este hecho a Irlanda, donde se habría deformado dando origen a la historia de Breogán y su torre; el papel de derrota de Tartessos/muerte de Gerión lo interpretaría la muerte de Ith en el primer intento por conquistar la isla. Así pues, un hecho histórico circunscribible a las convulsiones del Mediterráneo, habría dado origen de manera paralela a dos trdiciones distintas: una irlandesa (Breogán) y otra peninsular, posterior (Gerión y Hércules).
Por lo tanto, Sainero acepta una invasión celta peninsular, pero introduce dos variantes: no cree que tuviera que ser precisamente desde Galicia, sino más bien de otras zonas de la península, lindantes con Tartessos y rechaza la identificación Torre de Hércules- Torre de Breogán, proponiendo que la última no estaría inspirada en la primera, sino en una construcción tartéssica.

9) ¿Y qué dicen los historiadores y arqueólogos irlandeses? Hay un debate sobre la presencia o no de "iberians" en la Irlanda antigua (Cuando la historiografia irlandesa usa la voz "ibérico" se ha de entender como relativo a la península Ibérica, y no en el sentido de relación con los pueblos iberos)
No logran ponerse de acuerdo sobre cuándo termina en Irlanda la Edad del Bronce y se pasa a la Edad del Hierro; en el caso concreto del sur y suroeste, existen castros de los que se tiene un conocimiento muy limitado sobre su cronología. Harbison acepta la leyenda milesia, aunque admite su escaso fundamento arqueológico: intenta establecer un paralelismo ente los verracos de la Meseta y los "osos" de Cathedrall Hill (Armagh). Ryme intenta aportar como prueba la punta de lanza de hierro de Castlecowell (Limerick) basándose en la existencia de dos ranuras que flanquean el nervio central de la hoja (detalle que, según él, sólo tiene paralelismos en España). Caufield acepta una invasión celta hispana, echando mano de supuestos paralelismos entre celtíbero y gaélico y elementos arqueológicos (molinos, bocados de caballo, fíbulas...).

Frente a estas teorías, hay una extensa nómina de investigadores que no acepta la invasión: Hughes, Champion, MacEoin, Raftery... que responden a los argumentos anteriores: no sabemos si los "osos" de Cathedrall Hill son de la edad de Hierro; la punta de Castlecowell...¿hasta qué punto este detalle tan simple sirve de prueba? ese tipo de hojas son raras en la Península, y en el corpus de lanzas de la Meseta, recogido por Schüle, no se recoge ninguna semejante. Además, podría tratarse de una importación llegada a Irlanda por vía comercial; difícilmente se puede considerar un sólo objeto aislado prueba de toda una migración.
Sobre las lengus celtas, el hecho de que el gaélico y el celtíbero sean próximos (ambos en Q) puede tener otra explicación; Irlanda es una isla y la Celtiberia estaba aislada del resto de la Europa celta por una cadena montañosa (Pirineos) y -sobre todo- varios pueblos no celtas que actuaban a modo de barrera: iberos, aquitanos, vascones...es decir, Irlanda y la Celtiberia eran territorios aislados, lo que hizo que en ellos no se produjera la evolución de Q a P que sí se produjo en el galo y lenguas afines (gálata, lepóntico).
Sobre los paralelismos arqueológicos expuestos por Caulfield, los escépticos consideran que no explica detalladamente los objetos en cuestión, ni establece referencias comparativas con objetos peninsulares significativos.
El mencionado Harbison, a pesar de pertenecer a la corriente invasionista, rechaza los paralelismos entre los "caballos de Frisia" y las piedras hincadas: las primeras no serían una influencia peninsular, sino una supervivencia en piedra de una costumbre anterior de defender el acceso a los castros con estacas de madera.

Es curioso el silencio que muestran estos autores (incluidos los invasionistas) hacia la cultura castreña del noroeste, estableciendo los paralelismos con los castros meseteños: las lanzas estudiadas por Schüle, los verracos, la lengua celtíbera, las piedras hincadas (abundantes en la meseta, escasas en el noroeste)...

Podemos concluir este punto con una cita de Raftery: "ante la falta de excavaciones y la ausencia en Irlanda de un conjunto de materiales de origen demostrablemente ibérico o que simplemente ofrezca afinidades ibéricas, se debe aceptar con seguridad que la conexión ibérica continúa sin estar probada".

10) Conclusión: los celtas irlandeses poseían unas tradiciones mitológicas en las que jugaban un gran papel las referencias a torres situadas en tierras míticas más allá del mar, habitadas por guerreros que ansiaban el dominio de Irlanda. Los monjes cristianos plasmaron por escrito estas leyendas, intentando "racionalizarlas". Por ello, ubicaron tales lugares en el mundo real. La torre de Breogán fue ubicada en España por varios motivos:
-Era una tierra allende el mar.
-En sus costas existía una gran torre antigua.
-Junto a la torre, existía una ciudad llamada Brigantia o Brigantium, nombre muy parecido a Breogán.
El relato se fija por escrito en los siglos XI-XII. Llega a Galicia por primera vez en el siglo XVII, de la mano de refugiados irlandeses, pero van a ser los escritores del siglo XIX, padres del galleguismo, los que divulgarán y populizarán el mito, hasta el punto de que quede incorporado al acervo popular gallego contemporáneo.

Varias fuentes. Recopilación realizada por A. Torres Sánchez.

Los orígenes del PUEBLO VASCO

Los orígenes del PUEBLO VASCO Los orígenes del pueblo vasco son controvertidos. Se habla de una raza de unas 600.000 personas que habían vivido desde tiempos inmemoriales alrededor del extremo occidental de los Pirineos. De ellos, unos 450.000 vivían en España y el resto en Francia. Hay quienes han identificado la danza tradicional vasca, la Espata Danza, con el Tripidium de los íberos, que enunció Estrabón.



De ahí se ha sacado la conclusión, no concluyente pero bastante generalizada, de que los vascos son íberos que conservaron su identidad en sus remotos valles. Esta teoría tiene sentido si seguimos el rastro descrito a partir de las crónicas de Tito Livio (XXI, 1, 2, 3, 4-24), Polibio (III, 33, 34, 35) y Estrabón. Según ésta la instalación de lo´s "vascones" coincidiría con el itinerario de la marcha de Aníbal contra Roma desde Cártago (219 a.C.), de cuyas tropas huyeron al menos 20.000 hombres poco después de pasar el Ebro y antes de cruzar los Pirineos. Fue allí donde unos 40 años más tarde los romanos encontraron a aquella tribu de "varias razas" diferentes en todo a los pueblos celtas de la zona y a quienes llamaron "barscunes". Desde luego la lengua vasca se parece a lo que se conoce del íbero. Es una lengua primitiva, con tres dialectos y casi sin literatura.

Aislamiento geográfico

Sean estas teorías ciertas o no, lo único seguro sobre la historia vasca es la existencia de una sociedad característica en las montañosas provincias españolas de Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra (y, en menos medida, en la zona vasco-francesa) desde los tiempos prehistóricos. Los rasgos característicos de esta sociedad han sido desde tiempo inmemorial, un profundo sentimiento religioso, el aislamiento político y la autosuficiencia agrícola.

En esta región, la Iglesia permaneció muy cerca de la tierra, de manera que las parroquias eran los centros de la vida cívica. En cuanto al aspecto político, al menos desde la alta Edad Media, cada dos años se reunían bajo un roble en Guernica (Vizcaya) asambleas compuestas por representantes de todos los hombres mayores de veintiún años. Allí, el monarca, o un representante suyo, juraba respetar los fueros vascos.

La transferencia a la vida política de la antigua tradición de adorar al roble hace pensar que ésta tenía un carácter sagrado, ancestral. De hecho, estas costumbres ya existían antes de la llegada de los árabes, los cuáles jamas llegaron a conquistar el País Vasco.

La sociedad vasca hizo un primer intento de autoafirmación a principios del siglo XIX, cuando, la fuerza de sus sentimientos locales unido a su catolicismo, dio como resultado la constitución del núcleo de los ejércitos carlistas en su guerra contra los liberales. Tras la Guerra Carlista de 1839, el gobierno liberal suprimió el poder judicial y legislativo del País Vasco. La tercera guerra en defensa de los fueros (1872) terminó con la derrota de los carlistas. El 21 de julio de 1876 Cánovas del Castillo abolió definitivamente todos los fueros.

La ira que generó esta medida se intensificó a finales del siglo XIX, con la industrialización. Comenzó entonces a desarrollarse un fuerte sentimiento nacional fruto del cual surgió el PNV, inspirado por Sabino Arana. Bajo el lema "Jaungoikoa eta lagi-zarrak", los nacionalistas pretenderán construir un subsistema social que reflejará el corte del entorno español y la reconstrucción de los valores tradicionales. Sabino Arana llevó a cabo un prodigio de genética semántica en el laboratorio de la ideología tradicionalista del fuerismo romántico. El resultado fue un modo de pensar y sentir basado en la neutralización de un "gen cultural" que catalizaba la sangre y Dios, el idioma, la pureza de origen y la vieja ley.

Surgieron nuevos nombres para nombrar nuevas realidades. Así, Aberri, pasó a ser el pueblo-raza o comunidad prístina de sangre; abertzale el patriota o amante del pueblo-raza; pero sobre todo Euzkadi que se constituyó como el nuevo nombre de la nación vasca. En la Euzkadi independiente proyectada por Arana sólo cabían los vascos católicos confesionales, quedando excluídos los inmigrantes, y los vascos de ideología liberal, republicana o socialista.

En opinión del filósofo Fernando Savater, el nacionalismo vasco tiene toda la retórica de la viejas ideologías políticas pero con la comodidad de basar su planteamiento en determinados valores irrebatibles: la exaltación de los orígenes y de la identidad y la mitificación de la historia.

Unas medidas económicas o de otro orden siempre son discutibles, tienen un contraste con la realidad. Pero todo lo que sea apelar a los mitos originarios o fundacionales, tiene de positivo que nadie lo puede rebatir porque corre el riesgo de convertirse en enemigo del país, de la tradición y de la patria, pero es una forma cómoda de hacer demagogía política.


Varias fuentes, no "nacionalistas".Recopilación realizada por A. Torres Sánchez.