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Brigantium

José Luis Rodríguez ZAPATERO.

José Luis Rodríguez ZAPATERO.

Nace el 4 de AGOSTO de 1960 en Valladolid (Castilla-León).

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Su abuelo paterno, el capitán del Ejército Juan Rodríguez Lozano, fue fusilado en Puente Castro, León, el 18 de agosto de 1936, al mes justo de iniciarse la Guerra Civil española, por negarse a secundar el alzamiento de Francisco Franco y otros generales contra el Gobierno legítimo de la República. En su testamento, Rodríguez Lozano pedía expresamente a sus descendientes que vindicaran su memoria, y esta trágica circunstancia, ciertamente, tuvo el efecto de reforzar la adscripción de los Rodríguez, una familia leonesa de clase media, al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), puesto fuera de la ley y condenado a la clandestinidad en 1939 con la victoria militar del bando franquista, e iba a influir poderosamente en la trayectoria política de uno de los nietos del oficial ejecutado.

1. JOVEN DIRIGENTE DEL SOCIALISMO LEONÉS AFÍN A FELIPE GONZÁLEZ.

El muchacho nació 21 años después de terminada la Guerra Civil en Valladolid, donde vivía el abuelo materno, un reputado pediatra que quería atender personalmente a sus nietos, pero creció y se educó en la ciudad de León, lugar de residencia de la familia y de trabajo del padre, Juan Rodríguez García, un abogado que años después iba a ejercer en los servicios jurídicos del ayuntamiento leonés y a montar un bufete junto con el mayor de sus hijos, Juan, antes de convertirse en decano del Ilustre Colegio de Abogados de la ciudad.

El menor de los hermanos Rodríguez Zapatero cursó la Enseñanza General Básica (EGB) en el colegio religioso Discípulas de Jesús, y el Bachillerato y el Preuniversitario en el Colegio Leonés. Continuando la especialidad profesional del padre y el hermano, estudió Derecho en la Universidad de León y en junio 1983 formó parte de la primera promoción de licenciados de su facultad, con una tesina sobre el estatuto de autonomía de Castilla y León, último en promulgarse (marzo de 1983) en la España de las comunidades autónomas.

En octubre del mismo 1983 fue contratado por el Departamento de Derecho Constitucional de dicha universidad pública como profesor asociado de Derecho Político, vínculo con las aulas que se prolongó hasta 1986 (posteriormente, desde 1988 a 1991, se acogió a un contrato administrativo de colaboración docente a tiempo parcial y sin retribución) y que no estuvo exento de controversia, al trascender, años después en la prensa, que su departamento le había adjudicado la plaza eludiendo los trámites habituales de convocar un concurso público y de formar una comisión académica de evaluación del aspirante, lo que habría dado pie a un caso de favoritismo por filiación política. Por lo demás, las sucesivas prórrogas que solicitó por motivos académicos terminaron por librarle del servicio militar obligatorio.

Zapatero acumuló experiencia política desde muy pronto. Con el recuerdo de su abuelo siempre presente y, últimamente, encandilado por el discurso del secretario general del PSOE, Felipe González Márquez (18 años mayor que él), el 23 de febrero de 1979, cuando el país estaba a punto de coronar con éxito la complicada transición del régimen dictatorial de partido único, agotado tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, al Estado de derecho basado en la Constitución y la democracia pluralista, Zapatero se afilió al partido, legal de nuevo desde febrero de 1977, y semanas después se convirtió en secretario general de las Juventudes Socialistas de León.

En diciembre de 1982, con sólo 22 años, cuando estaba en el último curso en la Universidad y al poco de obtener el PSOE una espectacular victoria en las terceras elecciones generales de la democracia, Zapatero fue elegido secretario de la Agrupación Local del partido en León capital a instancias del entonces secretario general del PSOE en la provincia amén de diputado nacional, Ángel Capdevilla, consiguiendo imponerse sobre militantes históricos locales que en algunos casos le doblaban en edad con creces.

En 1986 fue incluido en las listas de candidatos socialistas al Congreso de los Diputados (cámara baja de las Cortes Generales o Parlamento) en Madrid como número dos por León y en las elecciones generales del 22 de junio, que reeditaron la mayoría absoluta del PSOE si bien con pérdida de votos y de escaños, Zapatero obtuvo su primer mandato legislativo, convirtiéndose en el diputado más joven de la Cámara e integrando, por tanto, la mesa de edad que desde la tribuna del hemiciclo inauguró el período ordinario de sesiones. Fuera de los plenos, en los años siguientes Zapatero integró las comisiones Constitucional, del Defensor del Pueblo y de Justicia e Interior (en la última, en calidad de portavoz, en septiembre de 1993) así como, desde el 12 abril de 1993, la Diputación Permanente de la Cámara.

2. ENTRADA EN LA POLÍTICA NACIONAL Y PROGRESIÓN INTERNA EN EL PARTIDO.

Militante de perfil moderado, conciliador y abierto al diálogo, la sorpresiva elección de Zapatero para la Secretaría General de la Federación Socialista Leonesa (FSL) el 19 de junio de 1988, en el V Congreso del PSOE provincial celebrado en Astorga, fue ligada por los medios de comunicación a un pacto entre los hombres fuertes y facciones del socialismo leonés, caracterizado por los enfrentamientos internos, la tradición sindicalista y un fuerte apego al obrerismo minero. Esta reconocida capacidad para limar las discrepancias ideológicas y personales entre sus compañeros y sosegar los ambientes crispados iba a ser el mejor instrumento en la promoción política de quien todavía era en Madrid un diputado absolutamente anónimo.

En las elecciones generales del 29 de octubre de 1989, que supusieron la segunda reelección consecutiva del Gobierno de Felipe González aunque prolongando la tendencia descendente de votos, Zapatero renovó su escaño por León, ya como cabeza de lista en la circunscripción, y en noviembre de 1990 fue elegido vocal del Comité Federal, máximo órgano del PSOE entre congresos, en el XXXII Congreso Federal del partido.

En la cita se escenificó el enfrentamiento entre los ministros del Gobierno partidarios de la línea económica liberal, con el titular de Economía y Hacienda Carlos Solchaga Catalán a la cabeza, y el aparato del partido, capitaneado por el número dos del mismo, el vicepresidente del Gobierno y vicesecretario general Alfonso Guerra González, defensor de la línea izquierdista tradicional, más fiel a los postulados clásicos de la socialdemocracia pero también identificado por la opinión pública con las actitudes endogámicas que estaban convirtiendo al PSOE en una estructura con dificultades para comunicarse con la sociedad. También en 1990, el 27 de enero, Zapatero contrajo matrimonio en Ávila con Sonsoles Espinosa, antigua compañera de la facultad y profesora de música, hija de militar y abulense de nacimiento pero, como él, crecida y educada en León, con la que ha tenido hasta la fecha dos hijas, Laura (1993) y Alba (1995).

Zapatero fue sucesivamente reelegido al frente de los socialistas leoneses en el VI Congreso provincial el 17 de febrero de 1991, en su escaño de diputado por León en los comicios generales del 6 de junio de 1993 -que despojaron al PSOE de la mayoría absoluta-, en la vocalía del Comité Federal del partido en el XXXIII Congreso Federal del 18 al 20 de marzo de 1994, nuevamente en la Secretaría General de la FSL, con el respaldo del 70% de los delegados esta vez, en julio de 1994, y, por cuarta vez consecutiva, en su mandato parlamentario en las elecciones del 3 de marzo de 1996, tras las que desempeñó la portavocía socialista en la Comisión de Administraciones Públicas. En octubre del mismo año el PSOE le incluyó en la mesa bipartita con Izquierda Unida (IU, coalición permanente encabezada por el Partido Comunista de España, PCE) sobre la reforma del modelo de financiación autonómica.

La derrota final del PSOE en los comicios de 1996 a manos del Partido Popular (PP), la gran fuerza de la derecha liberal española liderada por José María Aznar López, puso el colofón esperado a un largo declive en las fortunas de la formación socialista. La tendencia se había acelerado en el último quinquenio por el muy negativo comportamiento de la economía, la contestación social a la flexibilización del mercado de trabajo (capítulo muy sensible, pues España presentaba la tasa de paro más elevada de Europa occidental) y, fermento fundamental de esta erosión, los escándalos de corrupción política y económica, que desde 1992 se sucedieron sin desmayo y que conmocionaron a la ciudadanía con una cascada de imputaciones, dimisiones y procesamientos judiciales de personalidades del partido, el Gobierno, la administración del Estado y el mundo empresarial ligado a los socialistas.

Diana de muy duros ataques desde múltiples sectores de la opinión pública y la oposición política, González ofreció estos años la imagen, harto alejada del perfil carismático de otros tiempos, de un mandatario acorralado incapaz de reaccionar convincentemente ante las acusaciones de que era objeto y las convulsiones que dañaban al partido del que era jefe. Eso sí, la derrota del PSOE ante el PP en las generales de 1996 no fue abultada, de hecho lo fue por la mínima (el 38,8% y 156 escaños para los conservadores y el 37,6% y 141 para los socialistas), contrariando la mayoría de los vaticinios.

Después de varias advertencias de retirada nunca materializadas mientras estuvo en el Gobierno, González, visiblemente cansado, anunció por sorpresa su renuncia a la Secretaría General en el XXXIV Congreso Federal del partido el 20 de junio de 1997, arrastrando de paso a Guerra, mano derecha y luego rival durante un cuarto de siglo. Para llenar una vacancia fundamental que llenó de turbación a los socialistas, máxime cuando González no había dejado un sucesor perfilado, el XXXIV Congreso se decantó por el ex ministro de Trabajo y ahora portavoz del grupo parlamentario socialista, Joaquín Almunia Amann, un dirigente con una imagen un tanto gris pero desligado de los escándalos de corrupción y capaz de proyectar honestidad y solvencia, amén de un exponente de los renovadores.

Esta corriente del PSOE mayoritaria estaba integrada por antiguos ministros, dirigentes regionales y ejecutivos del partido, y venía sosteniendo una pugna ruidosa con el sector guerrista con sus tesis de favorecer la autocrítica y la transparencia, de apostar por lo multilateral en las actuaciones políticas y de enfocar los principios del libre mercado con pragmatismo. La opinión pública había identificado todavía una tercera corriente interna, los integradores, más deshilvanada que las anteriores y cuyo objetivo sería, precisamente, tender puntos de encuentro de aquellas dos posturas aparentemente irreconciliables.

Zapatero, que en la presente legislatura ganó más protagonismo en el Congreso como portavoz socialista en la Comisión parlamentaria de Administraciones Públicas y, por tanto, como replicador del ministro popular Mariano Rajoy Brey, venía asistiendo a estas trifulcas intrapartidarias desde su nada conspicuo puesto en el Comité Federal. No se adscribía, al menos expresamente, a ninguna corriente interna, si bien desde años atrás sus constantes enfrentamientos con el poderoso sector guerrista de la FSL, cruzándose acusaciones de falsear censos de afiliados en agrupaciones locales para decantar a su favor las mayorías de compromisarios en congresos y asambleas, le habían endilgado la etiqueta de renovador.

En el momento actual, Zapatero únicamente hizo saber su admiración y respeto por González y su obra modernizadora de España, incluso ahora que, con su renuncia intempestiva, había dejado el partido sumido en la desorientación más aciaga. Esta aparente neutralidad del leonés continuó tras el XXXIV Congreso, del que salió convertido en uno de los 33 miembros de la nueva Comisión Ejecutiva Federal (CEF), como titular de una de las vocalías. El 16 de noviembre de 1997 el VIII Congreso del PSOE leonés le confirmó como secretario general regional.

3. LA PLATAFORMA "NUEVA VÍA" COMO CATAPULTA A LA SECRETARÍA DEL "PSOE" EN 2000.

El 29 de enero de 1998 González rechazó definitivamente que pudiera ser el candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2000 y postuló a Almunia para esa misión. Almunia gozaba del respaldo de la mayoría de los diputados, senadores y dirigentes regionales del partido. Pero en las elecciones primarias del 24 de abril, ejercicio de democracia interna sin precedentes en el sistema de partidos español, venció el catalán José Borrell Fontelles, ex secretario de Estado de Hacienda y ex ministro de Obras Públicas, procedente del círculo liberal de Solchaga, aunque ahora con un perfil de tecnócrata izquierdista, y partidario de dejar atrás el felipismo, éste entendido como la herencia y el, todavía, ascendiente interno de González, a la hora de elaborar cualquier estrategia del partido si lo que se pretendía era recuperar el poder. En esta ocasión, Zapatero, como la mayoría de los miembros de la cúpula, expresó su apoyo a Almunia, pero el parecer de las bases era otro.

La prolongación de la profunda crisis del partido con las dimisiones sucesivas de Borrell, como candidato a la Presidencia del Gobierno, el 14 de mayo de 1999, a raíz de la investigación judicial contra dos colaboradores de su etapa de secretario de Estado sospechosos de haber montado una red de influencias para conseguir tratamientos fiscales fraudulentos a empresas de Barcelona, y de su sustituto para dicho envite, el propio Almunia, en la Secretaría General, el 12 de marzo de 2000, nada más conocerse la fortísima derrota en las elecciones generales celebradas ese mismo día (caída al 34,2% de los votos y los 125 escaños, 10,3 puntos y 58 diputados menos que el PP), confirmó que el súbito retiro de González en 1997 había precarizado el liderazgo socialista y dificultado la oposición parlamentaria al Gobierno de Aznar.

El experimento de la bicefalia había fracasado y los análisis periodísticos más mordaces sostenían que el verdadero estado imperante en el PSOE desde hacía tres años no había sido sino la acefalia. A la renuncia de Almunia asumió interinamente la jefatura del partido una Comisión Política encabezada por el presidente de la Comunidad Autónoma de Andalucía, Manuel Chaves González.

Ante la convocatoria de un nuevo congreso federal que debía cerrar la crisis en el liderazgo del partido y clarificar su estrategia de futuro justo ahora en que el PP se hallaba en la cúspide del poder político y la aceptación del electorado, Zapatero, recién elegido en su mandato legislativo por quinta vez consecutiva, empezó a mover sus piezas y a desvelar sus ambiciones políticas. En abril de 2000, junto con varios compañeros diputados que, como él, eran desconocidos por el gran público y no se les ubicaba en alguna de las familias socialistas, más con el respaldo discreto de viejos rostros de los gobiernos de González como Carlos Solchaga, Zapatero presentó una plataforma denominada Nueva Vía. Sólo en ese momento, el rostro y el nombre del diputado por León empezaron a ser conocidos por el público nacional, de quien puede decirse sin exagerar que emergió de la nada informativa.

El proyecto Nueva Vía, más perfilado en lo programático que en lo ideológico y, en opinión de algunas sensibilidades de la izquierda del partido, de contenido insípido y tinte "social liberal" (esto dicho por ellos con regusto despectivo), evocaba la Tercera Vía (Third Way) del primer ministro laborista británico Tony Blair y también el Nuevo Centro (Neue Mitte) del canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder, los cuales pivotaban en nociones tales como el pragmatismo y la eficiencia a la hora de revisar las relaciones entre Estado y ciudadanía y de asumir con naturalidad los imperativos de la economía del libre mercado en las sociedades contemporáneas. Por la misma razón, la propuesta de Zapatero parecía alejarse del socialismo más clásico que caracterizaba, por ejemplo, al primer ministro francés Lionel Jospin, quien educadamente se distanció de las tesis de sus colegas de Londres y Berlín.

Su promotor presentó a Nueva Vía como una apuesta socialista por un cambio de rumbo político y social, no rupturista, para recuperar la credibilidad y la confianza de los ciudadanos y abrir el partido a una sociedad rica y crecientemente compleja con el fuerte incremento de la inmigración de gentes de otras razas y religiones. Zapatero hablaba de transformar hondamente las estructuras del PSOE, desencadenándolo del pasado con un nuevo estilo, pero reivindicando lo que había significado su etapa en el Gobierno, y de convertirlo en un "instrumento al servicio de la sociedad". Llamaba a impulsar el "debate de ideas y no de personas", a estimular el "rearme ideológico" de la izquierda y a elaborar un "proyecto de nueva izquierda y de modernidad" para España, "mucho más acorde con los tiempos que vivimos".

En el discurso no faltaban referencias a las mutaciones de la sociedad de la información, a la multiculturalidad, a la incorporación de las mujeres en la vida política y económica o a, según él, la obsolescencia tecnológica y el "déficit de futuro" de que adolecían las políticas públicas de investigación y desarrollo. Defendiendo la iniciativa empresarial privada como el motor de la economía, pero cuestionando que el libre mercado por sí solo fuera la garantía de la prosperidad general, Zapatero parecía apostar por una globalización con rostro humano cuyo fin primordial sería el servicio a los individuos. Los comentaristas encontraron en la plataforma de Zapatero importantes elementos del discurso de los renovadores, pero, por el tono y las personas implicadas, Nueva Vía se antojaba un proyecto novel y muy personal. No había, eso sí, acuerdo sobre si este proyecto que parecía haberse materializado de repente tenía mucha o poca substancia.

El 25 de junio de 2000 Zapatero formalizó en León su candidatura a secretario general del PSOE. En el XXXV Congreso, bajo el lema El impulso necesario, se iba a batir con otros tres aspirantes, valedores de propuestas dispares pero ninguno enfrentado personalmente con él, antes al contrario. Éstos eran: el favorito, José Bono Martínez, presidente desde 1983 de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, candidato oficial del aparato del partido ya dominado por los renovadores y uno de los poderosos barones regionales cuyos sucesivos éxitos electorales en sus respectivas circunscripciones garantizaban un caudal de votos socialistas que en otras comunidades se había evaporado tiempo ha; Matilde Fernández Sanz, ex ministra de Asuntos Sociales con González y una incondicional de Guerra; y Rosa Díez González, eurodiputada y figura emblemática del socialismo vasco por su militancia contra el terrorismo de la banda ETA (acrónimo de Euskadi Ta Askatasuna, divisa que en idioma euskera significa Patria Vasca y Libertad).

El 22 de julio se celebró la votación como el punto cardinal del XXXV Congreso y, con sorpresa, aunque no excesiva, Zapatero se adjudicó la victoria con 414 votos, esto es, con el apoyo del 41,7% de los delegados, una ventaja muy exigua sobre Bono, que obtuvo 405 votos, correspondientes al 40,8%. Bastante más atrás quedaron Fernández y Díez. La ex ministra cosechó menos votos de los previstos y los observadores arguyeron que un cierto número de delegados del sector guerrista había votado por el postulante de Nueva Vía sólo para impedir el triunfo de Bono y en la creencia de que su corriente sería luego tenida en cuenta a la hora de alinear la nueva CEF.

Ante el congreso que consagró su meteórico ascenso en el PSOE, Zapatero reiteró que apostaba por el "cambio tranquilo, sereno y disciplinado" en la dirección del Gobierno de España y anunció una "oposición útil socialmente" al ejecutivo del PP. Pero, contrariando las expectativas de muchos dirigentes veteranos sobre una cúpula "de integración", presentó una CEF de 25 miembros sin cuotas de representación de las corrientes socialistas (sólo la plataforma Iniciativa por el Cambio, aglutinada en torno a los seguidores de Borrell, obtuvo presencia) y que de hecho barrió a todos los grandes nombres socialistas.

El único dirigente de la anterior etapa que se mantuvo fue el andaluz Chaves, colocado en la Presidencia de la CEF (un cargo más bien honorífico que estaba vacante desde el fallecimiento del histórico dirigente Ramón Rubial Cavia en mayo de 1999) por el nuevo secretario general pese a que había votado por Bono. Zapatero, que en el discurso de presentación de candidatura había apelado al cambio pero "sin esconder a Felipe", había ofrecido antes del congreso ese puesto a González, pero el ex secretario general declinó la invitación. Aparte de Chaves, sólo dos integrantes de la CEF saliente fueron renovados, a la sazón muy poco conocidas por el gran público: Micaela Navarro y Consuelo Rumí.

Para flanquearle en los puestos de mayor relieve, Zapatero eligió a cuatro colaboradores en el proyecto Nueva Vía: José Blanco López, en la Secretaría de Organización y Acción Electoral; Trinidad Jiménez García-Herrera, en la Secretaría de Política Internacional; Jordi Sevilla Segura, en la Secretaría de Política Económica; y, Jesús Caldera Sánchez-Capitán, en la portavocía del grupo parlamentario socialista. La nueva CEF conformaba una dirección joven, animosa y sin hipotecas de pasado (léase, asociación con el desgaste en el poder, las prácticas corruptas y las actitudes corporativistas), si bien inexperta y, salvo un nombre o dos, absolutamente desconocida por la ciudadanía hasta la fecha, lo cual bien podría encerrar tanto una desventaja como un valor. El 23 de julio se clausuró el XXXV Congreso con la aprobación de la CEF propuesta por el 90,2% de los delegados.

4. PRIMEROS PASOS COMO LÍDER DE LA OPOSICIÓN AL GOBIERNO DEL "PP" Y PROPUESTAS PACTISTAS.

En opinión de los observadores, la elección de Zapatero supuso un verdadero relevo generacional en el PSOE, sin precedentes desde el XXVI Congreso celebrado en Suresnes, Francia, en octubre de 1974, cuando los militantes jóvenes encabezados por González desplazaron a la vieja guardia socialista bregada en los avatares de la posguerra y la lucha antifranquista en la clandestinidad. El dirigente leonés había conseguido unificar el partido, cerrar la grave crisis que arrastraba desde hacía cuatro años por las luchas de banderías y el vacío de liderazgo, y presentar a la militancia un proyecto esperanzador trufado de optimismo.

En los meses siguientes a su elección, Zapatero pilotó en su partido lo que vino a llamarse el posfelipismo y ante el conjunto del país lideró la oposición parlamentaria al Gobierno del PP esforzándose en transmitir al electorado la alternativa del "cambio tranquilo" y de encontrar puntos de réplica a Aznar, un gobernante sólido que había hecho de su partido una formidable maquinaria de cuadros disciplinados y que apelaba a las incontestables realizaciones materiales de su gestión hasta el presente: el saneamiento de las finanzas del Estado, el mantenimiento de los niveles de crecimiento, la creación de empleo y la garantía a corto y medio plazo de la Seguridad Social en sus actuales niveles de cobertura universal.

Sin embargo, Aznar, amparándose en la mayoría absoluta y respaldado en todo momento de una manera irrestricta (al menos en público) por un partido rendido a su persona, empezaba a acumular muestras de cesarismo, de complacencia o nula capacidad de autocrítica, de incomprensión de determinadas realidades regionales y sociales del país, y de derechización neoespañolista, cuestionando el tan traído y llevado giro del PP al centro ideológico.

En los comienzos de esta etapa -a la postre de sólo cuatro años- no fueron pocas las impresiones, también desde ámbitos socialistas, de escepticismo sobre la capacidad de liderazgo de Zapatero. El sucesor de González hacía gala de un estilo reflexivo, articulado, didáctico, enemigo de los golpes bajos y abierto al diálogo y el pacto, un talante que a un sector del público crítico con la actuación del PP le parecía escasamente pugnaz, sin contundencia o calor, y quizá más propio, por poner una analogía, de un dirigente socialdemócrata de un país europeo del norte caracterizado por la cultura política sujeta al fair play y la moderación. Visto desde fuera, él parecía apostar más por la perseverancia y la persuasión que por el ataque verbal y la búsqueda del desgaste inmediato como instrumentos de rentabilidad electoral.

A partir de 2001, con el enfriamiento de la actividad económica, el incumplimiento de las previsiones de inflación del Gobierno, el frenazo en la reducción de la creación de empleo y el carácter altamente precario del mismo, la adopción de normas polémicas en los terrenos social y laboral (reformas de la Ley de Extranjería y de la protección del desempleo, leyes orgánicas de Calidad de la Educación, LOCE, y de Universidades, LOU), y la trascendencia de fraudes que salpicaron a personalidades del Gobierno y el Estado (casos del lino, Ercros y Gescartera), Zapatero pudo fundamentar sus críticas contra el PP en algo más que las valoraciones negativas del modelo de gestión redistributiva de los ingresos de la prosperidad económica (críticas a los recortes en el gasto social y al énfasis de la presión tributaria sobre las rentas de trabajo frente a las rentas del capital y patrimonio) o de las aparatosas maniobras del poder para controlar la línea editorial y la parrilla de contenidos informativos de cuantos medios de comunicación pudiera, una imputación ésta que, precisamente, había recaído insistentemente sobre los socialistas cuando habían gobernado ellos.

Entre sus propuestas diferenciadoras de las políticas de Aznar, Zapatero planteó un pacto constitucional sobre el fenómeno de la inmigración, con el objeto de "anticiparse al futuro y responder a una exigencia moral", la recomposición de las relaciones con los nacionalismos periféricos catalán y vasco o el avance hacia una Unión Europea (UE) de tipo federal que pusiera más énfasis en la dimensión supranacional y en el concepto de subsidiariedad, y que concediera mayor protagonismo a los ciudadanos y las regiones.

Discretamente, Zapatero acogió de manera positiva el modelo de vertebración del Estado elaborado por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC, rama del PSOE en la comunidad autónoma), cuyo presidente desde 2000, Pasqual Maragall i Mira, antiguo alcalde de Barcelona, abrazaba un socialismo catalanista que oponía como factor de cohesión la noción de "proximidad", de corte cívico y multicultural, a la de "identidad cultural" cara a la fuerza nacionalista conservadora que ocupaba el Gobierno de la Generalitat desde el inicio de la autonomía en 1980, Convergencia i Unió (CiU), y que también apostaba por un "federalismo diferencial y no uniformista" tendente a la consagración de la "España plurinacional, pluricultural y plurilingüística". En Cataluña, Maragall intentaba atraer a electores que hasta ahora habían votado a la verdadera fuerza del nacionalismo catalán no independentista, CiU, presentándoles una alternativa política de defensa de la especificidad catalana en el conjunto del Estado sin rupturismo separatista.

Además, la propuesta de rediseño autonómico de Maragall para Cataluña no excluía acometer reformas en el Estatuto de Autonomía y en la misma Constitución española. El hecho de que Zapatero tomara al vuelo las propuestas de su compañero de partido en Barcelona, interiorizándolas pero sin vocearlas como propias o sin darles prelación divulgativa en la oferta socialista para el conjunto de los españoles, principió una serie de posicionamientos que a muchos observadores les parecieron meramente tácticos. De ahí que articulistas de opinión se preguntaran sobre si Zapatero no estaría improvisando de día en día las políticas que formulaba. Sus detractores en el PP le empezaron a achacar lisa y llanamente la carencia de "una visión de España". También había que tener presente un dato: cuando el XXXV Congreso del PSOE, la delegación catalana estuvo dividida, de manera que Maragall y sus partidarios apoyaron a Zapatero, mientras que el grupo en torno al antiguo ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno con González -amén de predecesor de Maragall en el liderazgo del PSC-PSOE-, Narcís Serra i Serra, expresó su preferencia por Bono.

Por otro lado, apelando a la responsabilidad política y a la razón de Estado, Zapatero encontró puntos de encuentro con Aznar en capítulos sensibles como la política exterior, no poniendo objeciones a la participación del Ejército español en la Operación Libertad Duradera, capitaneada por Estados Unidos contra el terrorismo islamista internacional a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 perpetrados por la organización Al Qaeda del saudí Osama bin Laden, y en la fuerza multinacional de asistencia a la seguridad en el Afganistán postalibán, la ISAF, así como, y sobre todo, en la lucha contra el terrorismo independentista vasco, donde el respaldo podía calificarse de total.

El 8 de diciembre de 2000 Zapatero firmó con el secretario general del PP, Javier Arenas Bocanegra, un nuevo pacto de Estado antiterrorista, el llamado Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, al que no se sumó ninguna otra fuerza parlamentaria, y posteriormente apoyó el proceso judicial de ilegalización del brazo político de la banda ETA, Batasuna (formando parte ambas del denominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco, MLNV, una sigla englobadora del entramado de organizaciones del mundo radical), prologado en junio de 2002 con la aprobación por las Cortes de la controvertida Ley de Partidos con la suma de los votos del PSOE. Además, el 28 de mayo de 2001 el PSOE, el PP y el resto de grupos políticos con representación parlamentaria adoptaron el Pacto de Estado para la Reforma de la Justicia.

El 20 de junio de 2002 el país registró la primera huelga general desde la llegada del PP al Gobierno y, si bien sin excesiva complacencia, el dirigente socialista justificó la convocatoria. Concluida la jornada de paros, pidió a Aznar una "rectificación" de la reforma de la protección del desempleo que había motivado la reacción sindical. Tras el debate anual sobre el estado de la nación en julio de 2002, del que Rodríguez Zapatero salió muy bien parado y, en opinión de simpatizantes y observadores no adscritos, como el claro ganador, frente al experimentado Aznar, y la publicación en septiembre siguiente de unos sondeos de opinión propicios al PSOE y a él mismo (por primera vez, superó a Aznar en la valoración de líderes políticos), el dirigente socialista encontró más receptividad entre aquellos, de dentro y fuera del partido, que consideraban injustificado su optimismo cuando aseguraba que ganar las elecciones generales de 2004 era un objetivo "alcanzable”.

5. ACUMULACIÓN DE DESENCUENTROS CON JOSÉ MARÍA AZNAR: LA NUEVA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA Y LA GUERRA DE IRAK.

El 27 de octubre de 2002 el Comité Federal del PSOE proclamó a su secretario general candidato a la Presidencia del Gobierno justo cuando el viento parecía rolar a favor de los socialistas. Zapatero pintó "la España de Aznar" con tonos sombríos, enumeró una serie de problemas en los terrenos de vivienda, empleo estable, educación, sanidad o investigación, y aseguró que su intención era "quitar el poder a los poderosos y devolver derechos y libertad a los ciudadanos". En noviembre se produjo la catástrofe ecológica del petrolero con bandera de Bahamas Prestige, hundido por una tempestad frente a las costas de Galicia antes de comenzar a verter miles de toneladas de crudo, y el PSOE, haciéndose eco de la indignación de una parte de la opinión pública, acusó al Gobierno de reaccionar con parsimonia frente a la crisis, de cometer graves errores de gestión de la misma, de desinformar a la población y de minimizar el impacto medioambiental de la marea negra.

A finales de año el PSOE y el PP se hallaban virtualmente empatados en las intenciones de voto y los sondeos deslizaban la interpretación de que buena parte de los consultados veían en Zapatero a un político más próximo a los intereses y preocupaciones cotidianas del ciudadano que el presidente del Gobierno, percibido por aquellos como un gobernante hosco, distante o prepotente. En el arranque de 2003, uno de los años políticamente más calientes desde la restauración democrática, el enorme revuelo levantado por la inminente invasión de Irak por Estados Unidos y el anuncio hecho por Aznar de que España se embarcaba en la operación con un millar de soldados en misión de retaguardia disparó la intención de voto de los socialistas, pero la euforia se desvaneció muy pronto por la desactivación de las protestas populares contra la guerra y la recuperación de la iniciativa política por el Gobierno popular, que supo reponer en el criterio valorativo de una mayoría de la población aspectos tales como la prosperidad económica, la paulatina disminución del paro y los grandes éxitos en la lucha contra ETA.

En el segundo semestre del año, después de las elecciones autonómicas y municipales, que apenas dieron alegrías al partido, el PSOE y su líder encajaron reveses de imagen y los durísimos ataques de desprestigio por parte del PP, con el consiguiente desaliento de la militancia y la desmotivación de potenciales votantes de izquierda que estaban hastiados de las formas destempladas de Aznar y, en general, el estilo de Gobierno del PP. En vísperas de la campaña de las elecciones generales de marzo de 2004 el PP volvía a aventajar al PSOE en todas las encuestas de una manera nítida y su tercera victoria consecutiva se antojaba poco menos que una certeza.

El consenso de socialistas y populares en política exterior ya experimentó serias grietas a lo largo de 2002. Las relaciones con Marruecos, en la picota desde la retirada por Rabat de su embajador en Madrid en octubre del año anterior, experimentaron en julio del presente año un deterioro sin precedentes desde la Marcha Verde de 1974 con la ocupación por gendarmes marroquíes y la inmediata recuperación manu militari (aunque sin disparar un tiro, luego limpia y eficaz) del islote Perejil, de soberanía española pero no reconocida por el país norteafricano, que tiene este diminuto peñón deshabitado a tiro de piedra de su costa.

El 19 de diciembre de 2001 Zapatero se había entrevistado en Rabat con el rey Mohammed VI y el primer ministro Abderrahman El Youssoufi -colega en la Internacional Socialista- para propiciar el desbloqueo de las relaciones diplomáticas, visita propiciatoria que fue descalificada desde Moncloa como una injerencia en competencias del Ejecutivo. En la crisis de Perejil, el jefe de la oposición emitió un apoyo matizado a Aznar por el envío del destacamento militar. Lo que Zapatero le reprochó al líder popular es que tomara una decisión de esa gravedad, susceptible de dar pábulo a una escalada bélica, sin informarle previamente. Unilateralismo, opacidad informativa y descontrol parlamentario iban a ser tres reconvenciones constantes de Zapatero a la política exterior de Aznar.

Con todo, la cesura definitiva en este terreno se produjo con motivo del drástico viraje en las prioridades diplomáticas de España por una decisión básicamente personal de Aznar, quien hizo un cierre de filas prácticamente irrestricto con Estados Unidos, con los ejes de su política exterior y sus prioridades de seguridad nacional, claramente incompatibles con el derecho internacional en los enfoques más agresivos, todo ello, mantenía el PSOE, en detrimento de las relaciones tradicionalmente privilegiadas de España con Francia y Alemania -con las que se estaba chocando reiteradamente en la UE a propósito de la reforma institucional y el reparto de las subvenciones agrícolas y los fondos de cohesión-, amén de América Latina y el mundo árabe.

Zapatero manifestó su desacuerdo con el respaldo de Aznar a la inmunidad de Estados Unidos ante la Corte Penal Internacional (CPI) y a la llamada doctrina Bush de autodefensa preventiva unilateralmente determinada, la cual apuesta por que la superpotencia ejerza una hegemonía activa en los asuntos mundiales de ser preciso a través de ataques militares allá donde se detecte una amenaza inminente para su seguridad nacional, sin mediar primera agresión y sin distinguir entre los terroristas y sus amparadores gubernamentales. Del enunciado maniqueo y simplista del "eje del mal" acuñado por Bush Aznar se quedó con su expresión práctica de una lucha sin cuartel contra el terrorismo, percibido por él como un todo altamente amenazador para Occidente y para España, contra la proliferación de armas de destrucción masiva y contra las posibles conchabanzas entre grupos terroristas y estados incontrolados.

El PSOE coincidía en el diagnóstico de que el terrorismo de organizaciones como Al Qaeda era una amenaza de primer orden, como habían demostrado el 11-S y los atentados anteriores y posteriores cometidos en varios países, pero rebatía el análisis uniformizador del fenómeno y la recomendación de volcarse en el combate antiterrorista con los medios más adecuados para cada circunstancia, inclusive las "acciones anticipatorias" de carácter bélico, sin preguntarse por las causas de su explosión en los países de origen y sin delimitar adecuadamente los distintos terrorismos.

En el caso español, el terrorismo vasco de ETA, activo desde 1968 y con más de 800 muertes a sus espaldas, y el de Al Qaeda (la red de bin Laden, a tenor de las 40 detenciones practicadas entre 2001 y 2003, había conseguido introducirse en España y establecido aquí una estructura de ramificaciones insospechadas, y las pesquisas judiciales estaban revelando que España y Alemania fueron los países donde se planificaron los atentados del 11-S) no guardaban relación ni en la ideología, ni en los objetivos confesos ni tampoco en la forma de operar, aunque se asemejaban en el resultado mortífero de sus agresiones, en el desprecio absoluto a la vida de sus víctimas y, naturalmente, en la pretensión básica de todo adversario terrorista que es causar terror entre la población civil y doblegar a los gobernantes. Con todo, hasta ahora Al Qaeda o sus nebulosos grupos satélites no habían atentado en España, en la que los servicios de inteligencia occidentales situaban una suerte de base de operaciones logísticas y de reclutamiento del entramado islamista radical.

Aznar se abonó punto por punto a la argumentación pretextada por la administración de George W. Bush para lanzar la invasión de Irak y derrocar el régimen de Saddam Hussein: el dictador árabe continuaba burlándose de la comunidad internacional, escondía armas prohibidas que la ONU le había ordenado destruir después de su expulsión de Kuwait en 1991 y además era altamente probable que mantuviera lazos con Al Qaeda, todo lo cual le convertía en una amenaza intolerable para la paz y la seguridad.

Su contrincante socialista replicó que había que dar más tiempo a los inspectores de la ONU que estaban rastreando sobre el terreno ese supuesto armamento químico y bacteriológico, y que la opción de la guerra debía considerarse sólo como última opción, cuando se hubieran agotado todas las vías diplomáticas, y nunca al margen de la legalidad internacional -la misma que Aznar invocó en todo momento para justificar la consideración del recurso a la fuerza- no existiendo por el momento, en su opinión, un mandato explícito del Consejo de Seguridad de la ONU para desencadenar la intervención armada.

En el debate parlamentario de principios de febrero, cuando ganaba ímpetu la división en el Consejo de Seguridad entre los partidarios de iniciar las hostilidades ya en la convicción de que el tiempo se había agotado para Saddam y sacando adelante una resolución adicional a la controvertida resolución 1.441 de noviembre si era necesario (Estados Unidos, Reino Unido y España), y quienes apostaban por continuar con las inspecciones (Francia, Alemania, Rusia y China), Zapatero y Aznar se enzarzaron en un acerbo intercambio de reproches: el líder de la oposición echó en cara al mandatario popular no haberle ofrecido "consenso, sino adhesión a Bush" en la crisis de Irak y rechazó la tesis de la "guerra preventiva" porque "no se puede desencadenar una guerra por sospechas y convicciones"; el presidente del Gobierno acusó a su vez al socialista de carecer de "sentido de Estado" y de "irresponsabilidad" por abandonarse al "oportunismo, el aislacionismo rancio y la ansiedad de poder".

De una manera inequívoca, la postura de Zapatero y los socialistas coincidió con el masivo sentir antibelicista de los españoles, que protagonizaron las manifestaciones más multitudinarias de las celebradas en las jornadas de protesta mundial del 15 y el 16 de febrero (tres millones de manifestantes en todo el país, 900.000 en Barcelona y otros tantos o unos pocos menos en Madrid); de acuerdo con encuestas periodísticas, hasta el 90% de la población se oponía a la guerra en ciernes, un índice que no tenía parangón entre los vecinos europeos, y no cabía duda de que entre los que así opinaban había muchos votantes del PP.

Aznar no se amilanó frente a este rechazo social sin precedentes contra una política gubernamental: copatrocinó los fracasados intentos del grupo liderado por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad para obtener una resolución autorizando la invasión y el 16 de marzo integró junto con Bush y Blair el trío de líderes que lanzó el ultimátum a Irak en Lajes, Azores; para el principal partido de la oposición española, la cumbre de Azores fue más bien una especie de ultimátum a la ONU y un desaire unilateral a la comunidad internacional. Días después de comenzar la Operación Libertad Irakí, el 20 de marzo, algunas encuestas de preferencia electoral atribuían al PSOE una ventaja de seis puntos sobre el PP.

6. LAS AMBIGUAS ELECCIONES LOCALES DE 2003 Y EL ESCÁNDALO DE LA ASAMBLEA DE MADRID.

Sin embargo, Zapatero no capitalizó en votos correlativos el estruendoso No a la guerra de los españoles. El enturbiamiento de las protestas con algunos episodios aislados de violencia dirigida contra sedes y responsables del PP desagradó o asustó a los electores moderados susceptibles de cambiar de voto y empujó al elector fielmente popular a cerrar filas con su partido. A la vez, Aznar, en una estrategia que le reportó algunos beneficios, acribilló al secretario socialista con acusaciones de radicalismo y de haberse embarcado junto con los comunistas de IU (la "alianza Zapatero-Llamazares"), en una campaña de acoso cuya única pretensión sería socavar al Ejecutivo; ciertamente, a Zapatero, quien se había construido una imagen de sobriedad y contención, no le hizo ningún favor esa identificación con las agitaciones callejeras de signo izquierdista.

Por lo demás, la brevedad de la operación bélica, el inicio de la ocupación de Irak con unas razonables perspectivas de estabilidad después del clímax de violencia y el apaciguamiento de los ánimos, unidos a la marcha imperturbablemente bonancible de la economía, volvieron a reequilibrar la balanza ligeramente a favor del partido en el Gobierno, que también hizo todo lo posible para minimizar la cuestión de Irak en el repertorio de sus discursos. Así, las elecciones autonómicas y municipales del 25 de mayo de 2003, planteadas por los socialistas como una primaria de las generales de 2004, dejaron una sensación agridulce, tirando a insatisfactoria, en el partido. El PSOE fue la fuerza más votada en el conjunto del Estado -en los comicios municipales, que no en los autonómicos- con apenas 100.000 votos de diferencia sobre el PP (el 34,7% contra el 34,3%, básicamente el mismo empate técnico registrado en la edición de 1999, cuando los populares aventajaron en sólo 40.000 papeletas), pero el partido del Gobierno obtuvo 600 concejales más.

El PSOE recibió más papeletas en 12 de las 52 capitales de provincia (inclusive Barcelona, Sevilla y Zaragoza, no así Madrid, Valencia o Málaga, cuyos ayuntamientos iban a seguir regidos por los populares), y en 4 de las 13 comunidades donde se renovaron los parlamentos autonómicos, en dos de ellas por mayoría absoluta (Extremadura y Castilla-La Mancha), a las que se sumaba Andalucía, que tenía una convocatoria electoral específica y donde gobernaba Manuel Chaves desde 1990. El partido de Zapatero perdió el Gobierno de Baleares pero a cambio iba a recuperar el de la Comunidad de Madrid, la plaza de poder más emblemática y codiciada en esta consulta, merced al pacto con IU, que otorgaba una mínima mayoría absoluta en Asamblea autonómica frente a la fuerza más votada, el PP. De hecho, la apurada victoria de la coalición de izquierdas en la Comunidad de Madrid, la primacía socialista en las municipales sevillanas y la ganancia de la alcaldía zaragozana por el ex ministro de González Juan Alberto Belloch Julbe, eran los únicos éxitos tangibles de que podían alardear los socialistas en unas elecciones nada negativas para el PP.

El único que no se dejó vencer por la decepción fue Zapatero, que prefirió destacar el retroceso general del PP -por más que éste había sido muy inferior al conjeturado al calor de las protestas contra la guerra o de las anteriores crisis del Prestige y la huelga general- con respecto a 1999, la eliminación del fuerte diferencial de voto bipartidista experimentado en las generales de 2000 y el registro inapelable de que en los primeros comicios disputados por el PSOE siendo él secretario general el partido había sido la lista nacional más votada y recobraba esa condición perdida en 1993.

A partir de este momento, los contratiempos golpearon a Zapatero. El 10 de junio estalló el escándalo en la Comunidad de Madrid cuando dos diputados electos del PSOE se ausentaron en la votación del presidente de la Asamblea, malogrando la mayoría de la izquierda y permitiendo que la candidata popular, inopinadamente, se llevara el puesto. Los tránsfugas rompieron con el partido, se constituyeron como Grupo Mixto y el 28 de junio su abstención impidió que el socialista Rafael Simancas Simancas fuera investido presidente del Ejecutivo; toda vez que la aspirante del PP, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, ex ministra del Gobierno nacional y ex presidenta del Senado, rehusó someterse a su propia investidura en estas condiciones y, antes bien, propuso celebrar nuevas elecciones cuanto antes, el presidente saliente de la Comunidad, Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez, hubo de continuar en funciones simultáneamente al desempeño de su flamante cargo de alcalde de la capital.

Los diputados rebeldes justificaron su actuación por discrepancias ideológicas (rechazo al pacto PSOE-IU) y aventaron un supuesto acuerdo incumplido por Zapatero para garantizar a los Renovadores por la Base, la facción de la Federación Socialista Madrileña (FSM) en la que estaban ubicados, una determinada cuota representativa en las listas electorales y los puestos de función. El secretario general y la dirección socialista acusaron a los Renovadores por la Base de "traicionar" al partido con el incentivo del soborno, se querellaron contra ellos ante la justicia y denunciaron la existencia de una "conspiración" o "golpe" de naturaleza político-urbanística para abortar la formación en Madrid de un gobierno de la izquierda cuyo programa de vivienda iba a perjudicar a determinados intereses privados, y señalaron como artífices de esta atribuida trama de cohecho a personalidades del PP madrileño y a promotores inmobiliarios afiliados al partido conservador, cuyos contactos con los tránsfugas salieron a la luz.

El PP rechazó de plano unas imputaciones que, fundamentadas con pruebas contundentes, dieron realmente que pensar, y calificó la esperpéntica situación de "problema interno" del PSOE. Sin embargo, el daño de imagen ya estaba hecho: expulsar a los diputados en cuestión, denunciarles ante los tribunales y pedir perdón a los atónitos votantes no les parecieron actuaciones suficientemente vigorosas a muchos ciudadanos que habrían apreciado una menor insistencia en denunciar conspiraciones fraguadas en los cuarteles del PP y un lavado más eficiente de los trapos sucios de casa.

Zapatero no depuró responsabilidades políticas (rechazó la oferta de dimisión que le planteó José Blanco, el responsable de elaborar las listas electorales, como secretario de Organización de la CEF), que era precisamente lo que él tanto achacaba al PP, y pospuso la apertura de un proceso interno. Que al PSOE le resucitara precisamente ahora su turbio pasado de corrupción por culpa de unos cuadros medios poco o nada escrupulosos "colados" por los mecanismos de selección de candidatos a puestos de representación popular fue considerado un desastre por la abatida militancia de base. En efecto, el escándalo pasó factura: en las nuevas elecciones del 26 de octubre a la Asamblea madrileña, el PP obtuvo la mayoría absoluta con nueve puntos de diferencia sobre el PSOE y Esperanza Aguirre fue catapultada a la Presidencia de la Comunidad.

7. ESCALADA DE REPROCHES CON EL "PP" SOBRE IRAK Y LA VISIÓN TERRITORIAL DE ESPAÑA.

En el verano y el otoño Zapatero contraatacó a Aznar a propósito de Irak, donde las tropas de ocupación (incluidos los 1.300 efectivos españoles, basados en las provincias de Najaf y Qadisiyah) y la Autoridad Provisional de la Coalición (APC, la estructura de administración civil hegemonizada por Estados Unidos), así como sus planes de restitución de soberanía a unas instituciones nacionales irakíes, topaban con crecientes dificultades por la multiplicación de los actos de resistencia de los antiguos partidarios sunníes de Saddam, transformados en insurgentes que golpeaban a un número creciente de objetivos, y los atentados terroristas indiscriminados de naturaleza islamista.

No en vano, las razones aducidas por Aznar, Bush y Blair para desencadenar las hostilidades en marzo se estaban derrumbando ante la opinión pública: las supuestas armas de destrucción masiva no aparecían por ningún lado, los nexos operativos entre Saddam y bin Laden se revelaron una patraña y, al revés, era ahora cuando los secuaces de Al Qaeda actuaban a sus anchas en el país árabe, el terrorismo internacional no daba ninguna muestra de remitir sino todo lo contrario, la calidad democrática seguía brillando por su ausencia en los grandes estados de la región, y el interminable conflicto palestino-israelí, una vez convertido en papel mojado el plan de paz de la Hoja de Ruta, permanecía en el abismo en que había caído tres años atrás y no tenía visos de salir de él.

A finales de agosto Zapatero endureció su discurso y exigió a Aznar que "diera la cara" en las Cortes para que explicara las "falsedades" por las que había "convocado" la guerra contra Irak, y tachó su silencio tras la muerte de un oficial de la Armada (primera baja española en Irak) en el atentado contra la sede de la ONU en Bagdad del día 19 de "acto de pura cobardía política y personal"; desde el Gobierno se le respondió que lo que pretendía era "sacar tajada" de la tragedia.

El asesinato el 29 de noviembre en una emboscada al sur de Bagdad de siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI, el servicio secreto español) impelió al líder socialista a demandar a Aznar una "rectificación", el reconocimiento de que se había "equivocado" en Irak apoyando la invasión sin el visto bueno de la ONU y enviando tropas nacionales sin el acuerdo previo del Congreso, y la aceptación de un pacto con los socialistas en política exterior. Ahora, el líder opositor apoyó la permanencia de los soldados españoles en Irak, pero insistió en la internacionalización del proceso político allí emprendido y en la creación de una verdadera fuerza multilateral que se encargara de la paz y la seguridad, lo que, a su entender, pasaba por la implicación de la ONU, la Liga Árabe y la Conferencia Islámica. A la perentoriedad de la completa legitimación de la ocupación de Irak Zapatero ligó la revisión de la estrategia contra el terrorismo internacional.

Por su parte, Aznar negó que en Irak hubiera otra cosa que terrorismo puro y duro perpetrado por nostálgicos de Saddam y por extremistas religiosos, incidió en lo dicho por la resolución 1.511 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 16 de octubre -la cual reconoció a la APC como poder temporal hasta la transferencia de soberanía a un gobierno representativo irakí además de al Consejo de Gobierno Irakí como el órgano político de transición, luego eliminó la situación de ilegalidad de las fuerzas extranjeras en el país, incluidas las españolas- y ridiculizó el cambio de opinión de Zapatero sobre la presencia del contingente nacional en el país árabe, que según el Gobierno estaba desarrollando tareas esencialmente humanitarias. En diciembre Zapatero pintó un balance muy negativo de la política exterior de Aznar, al que acusó de subordinarse a Bush, de pretender establecer una "agenda común" con Londres y Roma para liderar esa "nueva Europa" de la que venía hablando la administración republicana de Washington, y de jugar a ser el "caballo de Troya de Estados Unidos" en la UE, siendo el resultado de todo ello la "soledad" y el "aislamiento".

El 16 de noviembre se celebraron las elecciones autonómicas en Cataluña. Tanto CiU, que presentaba como cabeza a su secretario general, Artur Mas i Gavarró, y el PSC-PSOE, experimentaron un fuerte retroceso en votos y escaños con respecto a la edición de 1999. En esta pugna particular, el equilibrio de fuerzas se mantuvo: CiU siguió aventajando en un puñado de escaños al PSC-PSOE, pero éste volvió a ser, por la mínima, la lista más votada. En cualquier caso, Maragall se aseguró la jefatura de un Gobierno mayoritario en alianza con las otras dos fuerzas de la iquierda parlamentaria, que duplicaron votos y escaños: la Esquerra Republicana (ERC), partido nacionalista autocalificado de independentista, aunque sin un manifiesto de secesión del Estado español, y la coalición no nacionalista Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa (ICV-EUiA, siendo EUiA la rama de IU en la Comunidad). La suma de los cuatro partidos daba una confortable mayoría absoluta de 74 escaños sobre 135.

Las negociaciones sobre el pacto del Gobierno tripartito catalán, que iba a poner fin a los 23 años de presidencia del convergente Jordi Pujol i Soley, levantaron una fuerte controversia política cuando se conoció que Maragall y sus socios estaban de acuerdo con una agenda de lo más ambiciosa: la reforma del Estatuto de Autonomía, la convocatoria de un "procedimiento de consulta dentro de la legalidad" para que los catalanes se pronunciaran al respecto si las Cortes rechazaban la iniciativa, la transferencia por el Estado de más competencias de autogobierno, que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña fuera la última instancia judicial en los asuntos que afectaran a la Comunidad, y el avance hacia un nuevo modelo de financiación autonómica que permitiera aumentar los recursos fiscales de Cataluña sin poner en peligro el régimen estatal, lo que podría requerir la creación de una Agencia Tributaria propia.

Zapatero respaldó desde Madrid el programa de Maragall porque lo veía compatible con los principios esenciales del Estado autonómico y censuró la catilinaria lanzada por el Gobierno popular, que vio en los planes del tripartito catalán un "incumplimiento clarísimo de la Constitución" y que se preguntó sobre si aquellos no pondrían en peligro normas básicas de la solidaridad y la unicidad del Estado. Al calor de la trifulca, el PP emplazó al PSOE a que aclarara qué "modelo de España" auspiciaba. En vísperas de la investidura de Maragall, el 16 de diciembre, Zapatero exigió al ejecutivo de Aznar que dejara de "intoxicar, mentir y dividir", y añadió que mientras que el PP era "el partido de la división, la crispación y el temor", el PSOE era "el partido de la convivencia, la integración y el diálogo".

El cruce de acusaciones y la turbamulta política escalaron en las semanas subsiguientes, cuando la campaña de las generales de marzo ya asomaba en el horizonte. El 18 de diciembre, dos días antes de la toma de posesión del Gobierno catalán, el Congreso de los Diputados aprobó con el único voto positivo de los populares una reforma del Código Penal para considerar delito punible con penas de cárcel y de inhabilitación la convocatoria por autoridades o funcionarios públicos de elecciones o referendos no autorizados por las Cortes del Estado.

La medida se había elaborado y concebido como advertencia al Ejecutivo de la Comunidad Autónoma del País Vasco, cuyo lehendakari perteneciente al Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), Juan José Ibarretxe Markuatu, había presentado en septiembre su plan de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi en "Régimen de Libre Asociación" con el Estado, el cual implicaba sendas reformas del Estatuto de Autonomía de Gernika de 1979 -de hecho lo reemplazaba- y, según opinaban políticos y juristas, también de la propia Constitución española, si lo que se pretendía era no violarla. En las presentes circunstancias, el PP insinuó que los catalanes también podrían verse afectados por la tipificación penal.

El más conocido como Plan Ibarretxe contemplaba un marco de negociación con el Gobierno central en la segunda mitad de 2004 y la posibilidad de que el Gobierno de Vitoria, de manera unilateral, lanzara un proceso de ratificación de la propuesta por la ciudadanía vasca en referéndum, aunque sólo "en ausencia total de violencia" (léase terrorismo etarra), antes de reemprender el proceso de negociación con el Estado para que éste incorporara "la voluntad democrática de la sociedad vasca al ordenamiento jurídico". Por lo demás, el plan definía a Euskadi como una nación repartida en dos estados (España y Francia), reclamaba la elevación del techo competencial, hasta alcanzar la completa autogestión en los ámbitos fiscal, financiero, laboral, sanitario y de protección social, reconocía la nacionalidad vasca en paralelo a la española y subrayaba la importancia de un poder judicial autónomo vasco. La definición de competencias exclusivas del País Vasco era tan amplia que algunos expertos atisbaron una intención confederal; los detractores más furibundos del plan hablaron de aventura secesionista apenas disfrazada.

Aprobado por el Gobierno Vasco y remitido al Parlamento para su debate el 25 de octubre, el Plan Ibarretxe fue rechazado de plano por los socialistas vascos y por la CEF del PSOE en Madrid. En este punto, Zapatero coincidía con Aznar en la opinión de que el proyecto del nuevo estatuto vasco se impulsaba sin una lógica de integración y consenso, había sido elaborado a título particular por los partidos que componían el Ejecutivo de Vitoria, planteaba un escenario rupturista que no tenía cabida en la Carta Magna y tenía todo el aspecto de estar únicamente dirigido a la comunidad nacionalista, pasando por alto que aproximadamente la mitad de los vascos no se consideraba tal (en los últimos comicios autonómicos, en mayo de 2001, el voto estatalista había supuesto el 46%, si bien el 5% correspondía a IU del País Vasco, socio de gobierno del PNV y favorable a la iniciativa del lehendakari).

Además, a Zapatero y Aznar les resultaba de todo punto inaceptable que Ibarretxe diera prelación a la mudanza del marco político-jurídico sobre la urgencia de acabar con la violencia de ETA y elementos del entorno abertzale, con sus expresiones delictivas de asesinatos (el último, el de un Policía Nacional, en mayo, siendo éste uno de tres únicos crímenes cometidos este año por la banda, muy zarandeada por los golpes policiales), sabotajes, extorsiones y amenazas que conculcaban derechos elementales de miles de vascos; más aún, consideraban que el PNV liderado por Xavier Arzalluz Antia asumía tesis de ETA y de la ilegalizada Batasuna.

Este enfoque interpretaba que los partidos nacionalistas democráticos estaban dispuestos a aceptar un "precio político por la paz", según la expresión acuñada por las formaciones estatalistas (o autonomistas, por su defensa del actual Estatuto) para referirse al muy polémico Pacto de Estella o Pacto de Lizarra-Garazi, firmado por el conjunto de las fuerzas nacionalistas vascas en septiembre de 1998 y que seguía vigente, el cual llamaba a resolver el conflicto vasco por la vía de la negociación política sobre la base del principio de autodeterminación, y preludió una tregua unilateral de ETA de 14 meses de duración.

Sin embargo, Zapatero, que, en apariencia, un tanto a rebufo de lo que decía y hacía Maragall, acababa de relanzar su propuesta de abrir un debate sobre el desarrollo de la España de las autonomías, inclusive la eventual reforma de los estatutos de algunas comunidades "en el marco de la Constitución y con el respaldo de un alto grado de consenso democrático", primero rechazó hacer un "frente común" con el PP para frustrar un plan que de todas maneras consideraba inviable, y ahora también se opuso al "despropósito" de amenazar con la cárcel a los responsables autonómicos que convocaran referendos contrarios a la ley. El Gobierno Aznar denunció el Plan Ibarretxe ante el Tribunal Constitucional el 13 de noviembre y arremetió contra el PSOE porque le pareciera mal el proyecto del tripartito vasco pero no el del tripartito catalán, que para el PP presentaba muchas similitudes con el primero.

8. VÍSPERAS DE LAS "GENERALES" DE 2004: EL CASO CAROD EN CATALUÑA Y LAS PROPUESTAS DE CAMBIO AL ELECTORADO.

La precampaña y la campaña para las elecciones del 14 de marzo, por tanto, iba a tener el modelo territorial de España como uno de sus ejes fundamentales. Zapatero, con el eslogan de Merecemos una España mejor y la sigla identificativa de ZP (Zapatero Presidente), iba a hacer hincapié en el diálogo Estado-autonomías, en el consenso social, en el cambio de actitudes de los responsables gubernamentales, en las políticas incluyentes dirigidas a los ciudadanos y en un modelo de "España cohesionada a partir de su diversidad", el cual no podía venir ni del "centralismo inmovilista de unos" ni de las "aventuras independentistas de otros", sino del "desarrollo leal del Estado de las Autonomías", todo ello regado con constantes advertencias sobre el "retroceso democrático", la "crispación" y la "agresión verbal" del PP.

En su programa, el PSOE acusaba al PP de "querer apropiarse de la idea de España" y de "no tener reparos en utilizar el terrorismo y la unidad de España para obtener rentabilidad electoral, aun a costa de originar tensiones en torno al modelo de Estado que no se conocían desde la Constitución". De entrada, el PSOE lanzaría una reforma constitucional del Senado con el objeto de convertirla en una verdadera cámara de representación territorial.

Su contrincante en el envite por el despacho en Moncloa, el ex vicepresidente del Gobierno, secretario general del PP y delfín designado por Aznar en la jefatura del partido, Mariano Rajoy (dirigente popular con un estilo más dialogante y comedido que el mandatario saliente, aunque también menos identificado con las dotes del liderazgo personalista fuerte que entusiasmaban a la militancia), confiaba en poder desarrollar una campaña cómoda, no particularmente militante o estridente, quitando validez a las propuestas socialistas, apostando por la continuidad y enfatizando las realizaciones tangibles por los ciudadanos en los ocho años de aznarismo, sobre todo en los terrenos de la economía, las finanzas públicas, el empleo y la lucha contra ETA.

Ahora bien, el constante protagonismo de Aznar en la campaña del oficialismo, afirmando que el PSOE había "dejado de ser un partido nacional" y que sus medidas "romperían el esqueleto del Estado", e incluso ninguneando al que debía ser su estrella, mediatizaron la liza Zapatero-Rajoy con nuevas dosis de aspereza. Todos los sondeos propios y la gran mayoría de los ajenos daban por segura la victoria del PP, pero las encuestas diferían sobre si habría reválida de la mayoría absoluta, aunque por escaso margen, o retroceso a la mayoría simple. Zapatero, de nuevo, apareció como el socialista más seguro de que al partido le iban a ir las cosas mucho mejor de lo que pronosticaban los sondeos, ninguno de los cuales hablaban de otra cosa más que de derrota del PSOE.

Los avisos del PP y de Aznar en particular de que, con compañeros de viaje como ERC en Cataluña y con el respaldo a la reforma estatutaria de Maragall, el PSOE y Zapatero entrañaban poco menos que un peligro para la unidad de España, encontraron una munición muy oportuna en la sospechosa peripecia protagonizada por el secretario general de ERC y flamante conseller en cap o número dos de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, que, tal como reveló el diario ABC el 26 de enero, había sostenido a comienzos de año una reunión con dos máximos dirigentes de ETA en la ciudad francesa de Perpignan. Concurría la circunstancia de que Carod era esos días presidente de la Generalitat en funciones debido a un viaje del titular, Maragall.

El revuelo generado fue mayúsculo y colocó a Zapatero en una situación comprometida. Carod reconoció haber celebrado la entrevista como una iniciativa particular, pero negó haber intentado concertar una tregua de ETA en Cataluña, alcanzado pacto alguno y hablado con los terroristas en nombre de ningún gobierno; con todo, reconoció su "error", pidió "disculpas" al Gobierno catalán por los perjuicios ocasionados y ofreció la renuncia a Maragall. El PP intervino al punto considerando delictiva la reunión y exigiendo al PSC-PSOE la inmediata abrogación de todos los acuerdos con ERC. Maragall, cogido por sorpresa como todo el mundo, calificó de "gravísimo error" la iniciativa de Carod y de momento le sancionó con la retirada de sus competencias en política exterior.

Zapatero, sobre quien recayeron todas las miradas de la estupefacta opinión pública y que recibía presiones para que impusiera su autoridad por parte de los barones socialistas de las comunidades del sur que siempre habían expresado sus reservas o su abierto desdén al programa catalanista del PSC-PSOE (con el manchego José Bono, tildado a veces de "jacobino" en Cataluña, a la cabeza), se sumó a la censura de lo que llamó "deslealtad intolerable" e instó a Maragall a que aceptara la dimisión presentada por el conseller en cap. Pero los socialistas catalanes eran refractarios al cese, y durante unas horas la cruda discrepancia entre Zapatero y Maragall sobre cómo afrontar la crisis pareció que pudiese derivar en una ruptura entre el PSOE y el PSC.

Al día siguiente se llegó a una solución que a muchos, no pocos socialistas entre ellos, les pareció un cierre en falso de la crisis y un órdago de Maragall a Zapatero que éste estaba obligado a aceptar tanto si le gustaba como si no: Carod, que según Maragall acudió a hablar con ETA "de buena fe", era apartado como conseller en cap, pero permanecía en el gabinete como consejero sin cartera. Se trataba, ahora bien, de una presencia temporal, hasta que, tal como ordenaba la ley (el plazo expiraba en unas tres semanas), terminara en toda función ejecutiva para registrarse como candidato a diputado del Congreso; de todas maneras, el interesado no descartó regresar al Gobierno de Barcelona en un futuro. El pacto del tripartito se mantenía intacto y, desde luego, Carod, arropado por los suyos, que consideraban intolerables los intentos del PP de Madrid de "criminalizar" al partido, continuaba en la Secretaría General de ERC.

Desde Madrid, Zapatero calificó de "impecable" la solución tomada por Maragall y se apresuró a trasladar la polémica al derrotero del origen de la filtración periodística desde medios de la lucha antiterrorista, en la cual el PSOE entrevió una operación para reportar réditos políticos al Gobierno del PP. Confidencialmente, medios socialistas no tuvieron ambages en calificar lo sucedido de "desastre" para los intereses del partido, ya que la principal fuerza de la oposición que se presentaba como alternativa nacional de gobierno no podía permitir que la ciudadanía percibiera el mínimo indicio de condescendencia o vacilación en cualquier asunto que involucrase a ETA.

El 18 de febrero las aguas del caso Carod ya se habían remansado y Zapatero estaba volcado en las labores preelectorales cuando la banda terrorista irrumpió en la campaña con un comunicado difundido por la televisión pública vasca en el que anunciaba el final de los atentados exclusivamente en Cataluña con carácter retroactivo desde el 1 de enero. La primera tregua de ETA con distingos territoriales fue inmediatamente ligada a la extraña entrevista de Carod, que no había despejado de dudas lo hablado en Perpignan y que ahora se defendió asegurando que la tregua era una "trampa política", y reeditó las escenas de enero: Zapatero exigió al PSC-PSOE "consecuencias políticas de alcance", afectando bien al Gobierno catalán, bien a ERC, pero Maragall no estaba dispuesto a romper el tripartito. El jefe de la Generalitat ciñó las medidas a Carod, que definitivamente no volvería al Gobierno y que dejaba de ser el "interlocutor principal" de ERC con él; este rol lo pasaba a desempeñar el nuevo conseller en cap, Josep Bargalló Valls.

El líder del PSC-PSOE dio por cerrada la crisis. Zapatero validó el desenlace y lamentó que "por primera vez en la historia de la democracia, un comunicado de ETA se haya intentado utilizar electoralmente", refiriéndose a las afirmaciones hechas por el Gobierno central de que la continuidad de los acuerdos PSC-ERC constituía una ruptura del Pacto Antiterrorista PP-PSOE. Los medios de comunicación hablaron de un intento de ETA de condicionar la campaña electoral e incluso de un perjuicio deliberado de las expectativas electorales del PSOE, pero discreparon sobre si el error achacado a Carod de manera prácticamente unánime descansaba en una actitud ingenua o en una fría insolidaridad con los ciudadanos que no vivían en Cataluña. De todas maneras, estaba por ver si el rocambolesco episodio de Carod iba a restar votos al PSOE fuera de la Comunidad; dentro, todo apuntaba al efecto contrario, por reacción a unas durísimas censuras del PP nacional que allí se percibían como torpedos contra la línea de flotación del tripartito de izquierda.

Aunque envueltos en el intercambio general de denuestos entre sus respectivos partidos (el candidato del PSOE no anduvo a la zaga en el envío de artillería verbal y retó al popular a debatir "principios y convicciones" como "no matar" o "no mentir"), a lo largo de la campaña Zapatero y Rajoy desgranaron unos programas articulados y prolijos. El aspirante socialista ofreció un modelo de crecimiento duradero y sostenible que, dado que el PP legaba una coyuntura de tasas anuales superiores al 2% del PIB -un ritmo superior al promedio de la UE e incluso de la OCDE- y el dato positivo no facilitaba la promesa de un ritmo más potente, incidía en la calidad del mismo, la cual se ligaba al aumento de la productividad, la inversión pública en el desarrollo tecnológico y la innovación, la sociedad de la información, el fomento del ahorro y la ganancia de competitividad en los mercados externos. El mensaje era que el modelo de crecimiento del PP "estaba agotado" porque se basaba en la expansión de la demanda interna, el consumo de las familias (aprovechando los bajísimos tipos de interés de acuerdo con la política monetaria del Banco Central Europeo, luego endeudándose) y el tirón productivo del sector de la construcción.

Una reforma fiscal eliminaría el carácter "injusto, ineficiente y obsoleto" del actual sistema mediante la simplificación de los tramos del Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), la elevación de los mínimos exentos de tributación en las declaraciones de renta y patrimonio, el recorte del Impuesto de Sociedades, la exoneración del impuesto de Sucesiones y Patrimonio para las rentas medias y bajas (reforma que debería consensuarse con las comunidades autónomas), y rebajas en algunos tipos del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Para compensar la menor recaudación por estos conceptos, se elevarían las tasas del tabaco y el alcohol y se mejoraría la lucha contra el fraude. Globalmente, la presión fiscal no debería aumentar, que era lo que el PSOE venía achacando al PP con el argumento, rechazado desde el Gobierno, de que las bajadas en la fiscalidad directa habían sido anuladas por las subidas en la fiscalidad indirecta.

Por lo demás, el equipo económico de Zapatero anunciaba una mayor "libertad económica" para no reproducir las pautas del "intervencionismo inédito" vislumbrado en una de las grandes reformas estructurales llevadas a cabo por el PP, la privatización de los antiguos monopolios del Estado (cuyos puestos directivos habían sido adjudicados a licitadores próximos al partido gobernante), y se comprometía a preservar el equilibrio presupuestario y la salud de las cuentas del Estado. Se trataba éste de otro logro, histórico, del Gobierno popular, que en 2003 consiguió el primer superávit en las finanzas de las administraciones públicas, del 0,3% del PIB, gracias al sobrante del 1% en la caja de la Seguridad Social, a la vez que la deuda pública descendía hasta el 43% del PIB, unas tendencias que afianzaban el cómodo cumplimiento por España de dos de los requisitos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento al que se someten los países de la zona euro. En añadidura, Zapatero prometió subir el salario mínimo interprofesional y las pensiones mínimas y las no contributivas, de viudedad y de jubilación

Habría un "plan de choque" para la vivienda que facilitara el acceso de los ciudadanos a la vivienda digna y asequible, y refrenara la burbuja inmobiliaria -ésta entendida como la sobrevaloración desorbitada de los pisos en el mercado en peligrosa relación con el mayor endeudamiento de los titulares de hipotecas por la escasa capacidad de ahorro y el abismal desajuste de los ritmos de crecimiento de los precios y los salarios- a través de la lucha contra la especulación, la promoción de la vivienda de protección oficial y el alquiler, y el refuerzo del control público del suelo urbanizable. El programa socialista hablaba expresamente de "asegurar" la entrada en el mercado de 180.000 viviendas al año "a un precio razonable".

Otros puntos destacados del programa socialista en política doméstica eran: la reforma del mercado de trabajo, con el objeto de reducir el número de contratos temporales y mejorar la calidad del empleo generado en España, uno de los más precarios y peor remunerados de la UE; otra reforma de la justicia, para agilizar este servicio a los ciudadanos; el desmantelamiento progresivo de las centrales nucleares hasta 2024, la atención a la sostenibilidad medioambiental y la revisión total del Plan Hidrológico Nacional (PHN), que eran tres metas básicas de los ecologistas; la congelación o retirada de elementos legales de la llamada "contrarreforma" educativa del PP; el aumento de los efectivos policiales para luchar contra el terrorismo y la delincuencia, y el mando unificado de la Guardia Civil y la Policía Nacional; una ley sobre la violencia de género (malos tratos a las mujeres), la regulación jurídica de las parejas de hecho y del matrimonio civil entre personas del mismo sexo sin discriminación de derechos; y, medidas para garantizar la imparcialidad y el pluralismo en la radiotelevisión pública.

En cuanto a las relaciones exteriores, Zapatero anunciaba mudanzas completas, resumidas en el retorno a la política de alianzas de la etapa felipista pero adecuándola al nuevo escenario de las amenazas globales. El candidato abogaba por un modelo de "seguridad democrática global" apoyado en los mecanismos de acción multilateral, la diplomacia preventiva y el derecho de la ONU (víctima, según consta en el programa, de intentos de convertirla en un "instrumento legitimador de políticas de agresión y dominación") frente al concepto neoconservador de la guerra preventiva unilateral y la tendencia a la "privatización del orden internacional", acompañado de medidas para reducir "la pobreza, el hambre y la desesperación", y para hacer cumplir los Derechos Humanos, dado que el terrorismo "no es el problema exclusivo de la humanidad".

En el ámbito de la UE, Zapatero incidía en la recuperación de la visión comunitarista de la construcción europea y en la potenciación del proyecto político de manera que en sus aspectos exteriores y de seguridad fuera autónomo de Estados Unidos. Una promesa particular caló hondo en la opinión pública: que si para el 30 de junio, fecha decidida por Washington para poner fin formal al régimen de ocupación y entregar la soberanía a una institución nacional irakí, la ONU no asumía el liderazgo del proceso político y la seguridad militar, el contingente español sería repatriado. El político seguía insistiendo en el carácter "ilegal e injusto" de una guerra "basada en la manipulación y la falsedad", y rechazaba que allí hubiera de librarse una batalla fundamental en la lucha global contra el terrorismo.

Fuera de los contenidos programáticos, Zapatero aseguró también que no formaría gobierno a menos que fuera el partido más votado, con lo que eliminaba la posibilidad de un frente de izquierda para desalojar a un PP que conservase la primacía simple en escaños y apelaba al voto útil en favor del PSOE. IU, secundada por ERC, lamentó que Zapatero se empeñase en "cerrar las puertas a una alternativa plural" de la izquierda. La coalición permanente que coordinaba Gaspar Llamazares Trigo también objetó con vehemencia los postulados de política económica del PSOE, considerados continuistas de la gestión popular.

9. DEL 11-M AL 14-M: VICTORIA CONTRA PRONÓSTICO FRENTE A MARIANO RAJOY BAJO EL IMPACTO DE LOS ATENTADOS ISLAMISTAS DE MADRID.

En el tramo final de la campaña, los sondeos periodísticos aventuraban una victoria del PP con más de cinco puntos de ventaja, si bien la eventualidad de la mayoría absoluta del partido de Rajoy y Aznar estaba desdibujándose al detectarse una ligera progresión socialista en las últimas semanas. Confidencialmente, Zapatero transmitía su convencimiento de que el PSOE podía ganar por mayoría simple el 14 de marzo, por más que todos los análisis divulgados colocaban ese optimismo en la categoría de presunción sin fundamento.

Sin embargo, el jueves 11 de marzo, tres días antes de la cita con las urnas, el país se despertó con una terrible noticia llamada a dejar una huella indeleble en la memoria colectiva y, de manera fulminante, a imprimir un giro de 180 grados al panorama electoral: la muerte de 191 pasajeros y heridas de diversa consideración a 1.460 personas más en el estallido, con escasos minutos de diferencia entre sí -entre las 7,26 y las 7,29 horas de la mañana- y en las estaciones de Atocha, El Pozo del Tío Raimundo y Santa Eugenia, al sur y el este de Madrid, de una decena de bombas camufladas en cuatro trenes de cercanías que realizaban trayectos desde las ciudades de Guadalajara y Alcalá de Henares hasta destinos en el norte de la capital. En realidad, fueron 13 las mochilas-bomba rellenas de dinamita colocadas por el comando terrorista, pero tres no llegaron a estallar. Además, entre las víctimas figuró un número significativo de súbditos de una decena de nacionalidades, entre ellos rumanos, marroquíes y ecuatorianos.

La catástrofe terrorista, la mayor sufrida en España y el conjunto de Europa en toda su historia (excepción hecha del atentado libio contra el avión de línea estadounidense que cayó en Lockerbie, Escocia, en 1988), produjo una conmoción indescriptible entre los españoles y generó una ola internacional de condolencias y apoyos hacia el país europeo como no se recordaba. Mientras los servicios de urgencia no daban abasto en la recuperación de los cadáveres de entre los amasijos de metal en que se habían convertido los vagones y en el auxilio a los centenares de heridos, y el sur de Madrid ofrecía imágenes propias de una zona de guerra, los partidos políticos suspendían los actos de campaña y el nombre de ETA se puso en el pensamiento y en la boca de casi todo el mundo como la responsable de la masacre.

En su primera comparecencia, el ministro del Interior, Ángel Acebes Paniagua, atribuyó la autoría a ETA "sin ninguna duda" sobre la base de peritajes preliminares de los restos del explosivo empleado, al parecer dinamita de la marca francesa Titadyne, y de los mecanismos de ignición, que correspondían a los habitualmente empleados por la banda vasca. Acebes recalcó que arrojar dudas sobre esta certeza básica del Gobierno era una actitud moral "miserable" y que las especulaciones al respecto eran "intoxicaciones". Zapatero advirtió a la banda que "cualquier gobierno" le daría "la misma respuesta" y la perseguiría "hasta que responda de sus atroces delitos", a la vez que elevaba un llamamiento a mantener la unidad de todas las fuerzas democráticas frente al terrorismo. El mismo lehendakari Ibarretxe dio por sentada esta autoría en su declaración institucional de condena. El presidente Aznar, aunque sin citar expresamente a ETA, aseguró a primera hora de la tarde que los terroristas nunca lograrían sus propósitos y que todo el peso de la ley caería sobre ellos.

La generalizada convicción, o media convicción, en medios políticos y sociales de la factura etarra de los atentados en las primeras horas desde su comisión se nutría de dos inquietantes antecedentes de la banda: la interceptación en Cuenca días atrás de una furgoneta cargada de dinamita y cuyos conductores dirigían presuntamente a algún punto de Madrid, y el intento de atentado desbaratado en la estación de Chamartín en las pasadas Navidades; también, de ciertos indicios aventados por medios policiales europeos que apuntaban a un salto cualitativo en los ataques de la banda, la cual, diezmada por los sucesivos golpes policiales y posiblemente desesperada, buscaría arrancar negociaciones con el Estado español mediante grandes atentados indiscriminados en lugares públicos (de hecho, ya había intentado volar edificios enteros), de enorme impacto mediático y emocional, aun a riesgo de enajenarse el respaldo social, muy disminuido, que le quedaba en el País Vasco.

Muchos espantados ciudadanos pensaban que ETA, organización terrorista que había alcanzado cotas extraordinarias de abyección, era perfectamente capaz de dejar atrás sus últimos escrúpulos morales y cometer una atrocidad de este tamaño. Pero causaba estupefacción la envergadura operativa de una operación que, sin duda, debía haber involucrado a un número significativo de activistas no controlados por las fuerzas de seguridad, lo que no encajaba en absoluto con la realidad mensual de arrestos y desarticulaciones, facilitados por la bisoñez de los jóvenes terroristas reclutados. El Gobierno Aznar había asegurado reiteradamente en los últimos tiempos que ETA se encontraba en el momento de mayor debilidad de su historia. Sin embargo, fue en esta misma jornada dramática cuando la hipótesis etarra empezó a perder vigor en favor de la conexión islamista a fuer de una serie de pistas informativas y de pruebas materiales que se acumularon con rapidez.

Por de pronto, Arnaldo Otegui Mondragón, portavoz de Batasuna, condenó sin paliativos los atentados (un posicionamiento insólito en la izquierda abertzale) y declaró no contemplar "ni como hipótesis" que ETA estuviese detrás de los mismos porque la banda a lo largo de su historia "siempre" había avisado de la colocación de explosivos en llamadas telefónicas y porque la masacre se había cebado en "trabajadores y población civil"; más bien le parecía cosa de la "resistencia árabe". Estos comentarios son a los que luego se refirió Acebes en sus descalificaciones en la comparecencia. Ahora bien, el mentís de Otegui fue acogido con desdén tanto en el PP como en el PSOE, conociendo los antecedentes de la banda y el elevado número de civiles (de hecho, casi tantos como uniformados) cuyas vidas había segado sin el menor miramiento; más aún, sangrientos atentados realizados en las dos últimas décadas del siglo pasado contra lugares de esparcimiento y casas cuartel de la Guardia Civil buscaron expresamente matar a paisanos que hacían sus compras y a los familiares de los agentes acuartelados.

Por la tarde-noche, el ministro Acebes anunció el hallazgo en Alcalá de Henares de una furgoneta con siete detonadores y una casete con recitaciones coránicas (como se supo horas más tarde, el vehículo resulto ser el empleado por los terroristas para trasladar su mortífera carga y en su interior se hallaron también restos de explosivo), tras lo cual había ordenado a la Policía "no descartar ninguna línea de investigación", si bien la pista etarra seguía prevaleciendo para el Gobierno. Ya de noche se conoció un comunicado enviado al periódico londinense en lengua árabe Al Quds Al Arabi por las denominadas Brigadas de Abu Hafs Al Masri, las cuales, en nombre de Al Qaeda, reivindicaban la "Operación Trenes de la Muerte", se felicitaban por haber conseguido golpear "a uno de los pilares de los Cruzados y sus aliados", y calificaban los ataques de "parte de un viejo ajuste de cuentas con el Cruzado España, aliado de América en su guerra contra el Islam".

Entendidos en el tema consultados por los medios de comunicación restaron credibilidad a la misiva, por más que estas Brigadas de Abu Hafs Al Masri (el nom de guerre corresponde a uno de los lugartenientes de bin Laden, el egipcio Muhammad Atef, considerado el cerebro de la estructura militar de Al Qaeda cuando fue abatido por las tropas estadounidenses en Afganistán en noviembre de 2001) ya se habían atribuido atentados de indudable impronta islamista en Turquía y en el Irak ocupado. Por otro lado, no podía olvidarse que en octubre pasado el propio bin Laden había amenazado expresamente a España, entre otros países, por su respaldo a Estados Unidos en Irak en una grabación sonora enviada a la televisión qatarí Al Jazeera.

En respuesta al urgente requerimiento de la representación española y a pesar de las reluctancias de países como Rusia y Alemania, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad el jueves mismo una resolución, la 1.530, condenando en los términos más enérgicos los atentados de Madrid "perpetrados por el grupo terrorista ETA". Se trataba de una resolución sin precedentes: nunca antes el supremo órgano de la ONU había condenado el terrorismo vasco, y además citaba expresamente a la banda, amén de emplear el término terrorista. Cuando los atentados de 2001 en Estados Unidos, el Consejo había emitido la condena al día siguiente y además sin citar a Al Qaeda ni a organización alguna.

A primera vista, se trataba de un éxito diplomático sensacional del Gobierno de España, que lograba así el pronunciamiento solidario de la comunidad internacional y borraba las últimas actitudes de tibieza o comprensión hacia el "separatismo" vasco encarnado por ETA, pintada con resabio legitimador en algunos medios de comunicación occidentales como una organización guerrillera. En estas mismas horas y en las siguientes, Aznar y su ministra de Exteriores, Ana de Palacio Vallelersundi, telefonearon a directores de periódicos nacionales y a embajadores de España en el extranjero para asegurarles que los atentados habían sido de ETA y que ésa era la línea informativa que había que divulgar.

Al día siguiente, viernes 12 de marzo, al dolor y la desolación de la población se les agregó la inquietud y las primeras muestras de malestar por la aparente opacidad informativa del Gobierno, que seguía sin ofrecer datos incontrovertibles sobre los responsables de los atentados. Que ETA de momento guardara silencio no significaba nada, ya que la banda tenía por costumbre reivindicar sus acciones al cabo de semanas o de meses. Además, entraba dentro de lo posible que no se atreviera a reivindicar la de ahora ante el oprobio universal suscitado, y menos ante su base social en el País Vasco, donde reacciones como la de Otegui indicaban que este atentado era indigerible.

Otra elucubración era que ETA jugaba a la confusión e intentaba desviar la atención sobre su autoría dejando pistas falsas que apuntasen a los islamistas, en cuyo caso no se entendía el propósito de un macroatentado a cuyo mensaje político y propagandístico renunciaban, pues lo primero que venía a la mente es que ETA había intentado reventar las elecciones. Zapatero y líderes de otros partidos de la oposición empezaron a decir sin tapujos que el Gobierno estaba ocultando o reteniendo información transmitida por el CNI y los expertos policiales en la lucha antiterrorista. El candidato socialista afirmó además que la "respuesta política" debía ser "diferente dependiendo de la autoría de los atentados".

Con esta valoración, Zapatero se refería implícitamente a dos escenarios alternativos: si había sido ETA, entonces el Gobierno del PP podía contar con una rotunda victoria electoral el domingo porque la lucha contra el desafío terrorista vasco era uno de sus puntos fuertes y porque cabía esperar un efecto de cierre de filas de la población con el Ejecutivo en estos momentos de crisis de seguridad provocada por un enemigo interno; si, en cambio, habían sido radicales islámicos, lo más seguro que venidos de fuera, el trasfondo político cambiaba completamente, ya que las cábalas sobre el nexo con la controvertida participación española en la guerra de Irak y el evidente resultado multiplicador del terrorismo internacional de esta malhadada acción bélica podrían arrojar la conclusión de que ahora, España no tenía uno, sino dos enemigos terroristas por culpa de la política exterior de Aznar, luego el voto podría orientarse hacia el PSOE.

A efectos internacionales, las implicaciones eran también muy diferentes, ya que la autoría etarra no justificaría en modo alguno la inmediata puesta en marcha de operativos especiales de seguridad y vigilancia en otros países susceptibles de sufrir ataques de Al Qaeda. De hecho, numerosas cabeceras de la prensa internacional, fuentes de Interpol y Europol, y especialistas foráneos en la lucha antiterrorista detectaron el estilo de Al Qaeda en la voladura de los trenes. Aznar, visiblemente irritado, insistió en otra comparecencia televisada en la probable autoría de ETA pero se negó a aclarar si la línea de investigación del terrorismo islamista era ahora la prioritaria. Por su parte, Acebes desveló que la dinamita usada había resultado ser del tipo Goma 2, de fabricación española al igual que los detonadores, y admitió que ambas características eran coincidentes en el material hallado en la furgoneta y en una de las bombas desactivadas por los artificieros que no había llegado a estallar. ETA hacía años que no empleaba este tipo de material en sus atentados.

Por la tarde, en respuesta a la convocatoria de la Presidencia del Gobierno, 11 millones largos de españoles, es decir, más de la cuarta parte de la población total, salieron a manifestarse en todas las ciudades del país con el lema de la repulsa al terrorismo y la defensa de la Constitución, gigantesca movilización popular que empequeñeció a las protestas contra la guerra de febrero de 2003 y donde la tristeza contenida y una serenidad impresionante no fueron óbices para que afloraran algunos gritos demandando conocer "quién" había sido, y "por qué". La manifestación de Madrid congregó a más de dos millones de personas y estuvo encabezada por Aznar, Zapatero, el príncipe de Asturias Felipe de Borbón, otros líderes partidistas y varios estadistas europeos. Una hora antes de iniciarse las manifestaciones, ETA, con una rapidez inusitada, comunicó a dos medios de comunicación vascos que no tenía "ninguna responsabilidad" en la matanza de Madrid.

El sábado 13, día de reflexión previo a las elecciones, la tensión política y social aumentó. El PSOE y el resto de la oposición redoblaron sus críticas al Gobierno, que se defendió asegurando que la ciudadanía estaba siendo puntualmente informada y que las imputaciones de encubrimiento con propósitos electoralistas eran absurdas. Por la tarde, unas cuantas miles de indignadas personas, presumiblemente simpatizantes de las formaciones de izquierda, se concentraron ante las sedes del PP en Madrid, Barcelona y otras ciudades exigiendo saber "la verdad" y dirigiendo improperios al Gobierno y a los medios de comunicación afines. El PSOE, aunque no por boca de Zapatero, aseguró saber de motu propio que el Gobierno estaba diciendo cosas "no ajustadas a la verdad" y le acusó de "ocultar datos" en función de su "juego político". Rajoy, que el día anterior había dicho que "todos los terrorismos son iguales y execrables" y que hoy declaraba a un periódico que tenía la "convicción moral" de la autoría de ETA, denunció las concentraciones ante las sedes de su partido como "ilegales e ilegítimas".

El Ministerio del Interior dio por la tarde una noticia muy importante: la detención de tres marroquíes y dos indios presuntamente miembros del entramado que habría cometido los atentados. Uno de los magrebíes, Jamal Zougam, fue relacionado por la Policía con el Grupo Islámico Combatiente Marroquí y con la más difusa organización Salafiya Jihadiya (Jihad Auténtica); adscrita al ultrarrigorismo wahhabí exportado por Arabia Saudí y a la corriente fundamentalista salafista, directamente emparentada con la anterior, la Salafiya Jihadiya venía operando como una sucursal multinacional de Al Qaeda en el país norteafricano y su capacidad terrorista había quedado trágicamente demostrada el 16 de mayo de 2003 con el quíntuple atentado cometido por 14 suicidas cargados de explosivos contra intereses españoles en Casablanca, con el resultado de 41 muertos, tres de ellos de nacionalidad española. A Zougam también se le descubrieron vínculos con Imad Eddin Barakat Yarkas, alias Abu Dahdah, el jefe de la célula de Al Qaeda en España, en prisión desde noviembre de 2001 y procesado por la justicia española en septiembre de 2003 por su presunta implicación en la preparación de los atentados de Estados Unidos.

Acebes compareció avanzada la noche para informar del hallazgo de una cinta de vídeo recogida cerca de la Mezquita de Madrid siguiendo las instrucciones de un comunicante anónimo a la televisión autonómica en la que un hombre presentado a sí mismo como el "portavoz militar de Al Qaeda en Europa" asumía la responsabilidad de los atentados, justo dos años y medio después de los ataques en Estados Unidos, como retribución a "vuestra colaboración con el criminal Bush" en Irak y Afganistán, y advertía de calamidades aún mayores si estas "injusticias" no cesaban.

Los ciudadanos, impactados por el horror del jueves, acudieron a votar el domingo 14 con su particular valoración política de lo sucedido en estas 72 horas, y la prevalencia de una u otra impresión iba a reflejarse en el veredicto de las urnas. Tres consideraciones podían formularse sobre la actuación del Gobierno de Aznar: éste, bien había manipulado a la opinión pública y sucumbido a la tentación de demorar la divulgación de información crucial sobre los atentados antes de rendirse a las evidencias que iban desgranando una investigación policial autónoma, luego se estaría ante una situación gravísima e intolerable; o bien se había dejado llevar por su sincero convencimiento de que había sido ETA y por su incapacidad para asumir la hipótesis contraria, en cuyo caso se trataría de una gestión torpe o prejuzgada de la crisis; o bien había actuado con transparencia y presteza en todo momento, teniendo presente además que bien habría podido decidir un bloqueo informativo con el objeto de no perjudicar las investigaciones y no poner en guardia a los terroristas en situación de ser capturados.

Los electores airados con el Gobierno tendían a trazar una relación de causa y efecto entre la participación de España en la guerra de Irak y el alineamiento incondicional con Estados Unidos por una parte, y los atentados por la otra, así que algunos de ellos podían hacer a Aznar responsable indirecto de los mismos. Quienes no veían mala fe en la manera en que el Gobierno estaba llevando la crisis, podían también rechazar aquella cábala y conjeturar con que la decisión de los radicales islámicos de atentar en España venía de antes. Al margen de esta cuestión, la impresión prácticamente unánime era doble: que el PSOE iba a aunar muchos votos nuevos y que las fuerzas de seguridad del Estado estaban realizando una labor extraordinariamente eficiente a posteriori, si bien las labores de inteligencia o los criterios de los altos mandos para valorar el alcance de la amenaza jihadista en España habían fallado a priori, al no poder impedir los atentados.

Los comicios tuvieron un resultado espectacular: con una participación del 77,2%, 8,5 puntos más que en 2000, el PSOE se adjudicó la mayoría simple con el 42,6% de los votos y 164 diputados, una ventaja sobre el PP de 5 puntos y 16 escaños. La formación socialista regresaba al Gobierno de la nación con Zapatero como cabeza de lista por Madrid con una ganancia de 3,1 millones de votos con respecto a 2000, hasta superar, por primera vez en la historia de la democracia, la barrera de los 11 millones de papeletas, y la primacía en 21 provincias y cuatro comunidades autónomas, entre ellas las dos más populosas, Andalucía y Cataluña. Saltaba a la vista que el PSOE se había beneficiado masivamente de dos elementos: el gran índice de participación, con mucho electorado joven que había decidido abstenerse pero que cambió de opinión a raíz del 11-M, y el corrimiento de votos desde IU, que sufrió duramente el llamamiento de Zapatero al voto útil, cosechó prácticamente las mismas papeletas que en 2000, 1,3 millones, y por lo tanto perdió tres de sus ocho diputados.

10. VORÁGINE DE REACCIONES INTERNACIONALES Y FORMACIÓN DEL GOBIERNO.

En sus primeras alocuciones, conferencias de prensa y entrevistas tras proclamarse la victoria socialista, un contenido Zapatero se comprometió a "encabezar el cambio tranquilo" y a "gobernar para todos y con humildad", ya que "el poder no me va a cambiar" (el comentario evocaba en los oyentes el caso de Aznar, pero también el de González). Aseguró que su prioridad iba a ser "combatir toda forma de terrorismo", y que los españoles "tenían ganas de cambio", atribuyendo a este deseo, y no a los atentados, su triunfo en las urnas.

Zapatero negó que los españoles hubiesen votado con miedo o pensando en el chantaje de los terroristas, mientras que algunos observadores opinaron que el 11-M había funcionado de hecho como la caja de resonancia de un malestar acumulado en un importante número de electores por determinadas políticas y actitudes del PP, o como el despertador de una irritación que ya se había manifestado en el pasado y que se había adormecido o abandonado al fatalismo, en el convencimiento de que los populares iban a revalidar en las urnas. Por su parte, algunas figuras del PP, donde el varapalo no parecía ser fácilmente digerido, arguyeron que la causa de su derrota había que buscarla en el "aprovechamiento de la conmoción" y en la "manipulación del dolor" por el PSOE y ciertos medios de comunicación de unos electores que, viéndolo así, se habrían comportado con inmadurez política.

Zapatero reafirmó también su promesa de que las tropas regresarían antes del 30 de junio a menos que la ONU no se hiciera cargo de la situación en Irak sobre la base de una nueva resolución del Consejo de Seguridad que imprimiera un "cambio radical, a fondo, de la estrategia" aplicada allí, y se despachó con una serie de valoraciones críticas con la política de Estados Unidos contra el terrorismo y su actuación en el país árabe; para el presidente del Gobierno in péctore, la lucha antiterrorista debía sostenerse en la "utilización de los instrumentos del Estado de Derecho y la legalidad internacional" y en una "comunidad mundial de inteligencia" construida con el principio de la cooperación interestatal, ya que al citado mal "no se le derrota con guerras". En cuanto a la ocupación de Irak, la tachó de "desastre" y de "neocolonial".

Los horribles atentados, el misterio sobre su autoría, la gestión de la crisis por Aznar, el vuelco electoral, las declaraciones de Zapatero y las implicaciones para Irak convirtieron a España durante unos días en el tema de debate político interno en muchos países (en especial en Estados Unidos, donde liberales y neoconservadores, al calor de la precampaña de las presidenciales de noviembre, hicieron sobre lo sucedido en España lecturas contrapuestas que emplearon como armas arrojadizas para defender o fustigar las políticas de Bush) y en el foco de una controversia internacional en torno a la cual se manifestaron gobiernos, dirigentes y medios de comunicación de todo el mundo; con seguridad, desde la Guerra Civil de 1936-1939 España no suscitaba tanto apasionamiento y sentimientos encontrados.

El análisis fulminante de medios políticos y periodísticos progubernamentales o conservadores de Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Italia y otros países, compartido también, aunque con un poco de más contención, por instancias de la misma España, sostenía que los españoles habían permitido que los terroristas orientaran su voto. Castigando al partido del Gobierno, el electorado habría querido apaciguar a Al Qaeda ("appeasement" fue la expresión empleada insistentemente por los partidarios de Bush en Estados Unidos) y protegerse de futuros atentados.

Y si ahora el presidente socialista electo enviaba la "mala señal" de la retirada de Irak, no podía hablarse menos que de "claudicación", "cobardía" y "egoísmo". En resumidas cuentas, España, según estas tesis, había hecho un flaco favor a la alianza mundial contra el terror al, prácticamente, animar a los terroristas a que intentaran condicionar el curso político de otras naciones provocando masacres en vísperas de elecciones. Cabeceras informativas y políticos de impronta liberal o izquierdista destacaban, en cambio, la "lección de democracia" de los españoles, recordaban que la repatriación de las tropas de Irak era un compromiso electoral adquirido por el PSOE y pedían un análisis más profundo de lo sucedido.

La declaración de intenciones de Zapatero suscitó decepción, críticas o inquietud en medios gubernamentales de Washington, Roma, Varsovia, Tokyo y Canberra, pero fueron acogidas con manifiesta satisfacción en París, Berlín Rabat, Buenos Aires y La Habana. Zapatero rechazó la exhortación de la Casa Blanca para que reconsiderara su decisión sobre Irak (el candidato presidencial demócrata, John Kerry, también se le dirigió en ese sentido) y sus colaboradores intentaron diferir los reproches estadounidenses comentado la intención de destinar más tropas a Afganistán, para ser destinadas a la ISAF y servir bajo mando de la OTAN o el Eurocuerpo.

El próximo ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos Cuyaubé, ex representante especial de la UE en el proceso de paz de Oriente Próximo, señaló que el Gobierno socialista iba a desarrollar "una nueva relación transatlántica más equilibrada y no sumisa con Estados Unidos", a tener como "prioridad absoluta" la “vuelta a Europa y con Europa", y a levantar las objeciones españolas al sistema de doble mayoría de países y de población, que en 2009 reemplazará al criterio de ponderación de voto fijado en el Tratado de Niza, para tomar decisiones por mayoría cualificada en el Consejo de la UE. La negativa de Aznar fue, junto con la intransigencia absoluta de Polonia, el motivo principal del fracaso en diciembre de 2003 de la cumbre de Bruselas que debió haber aprobado el proyecto de Constitución Europea elaborado por la Convención Europea y que actualmente debatía la Conferencia Intergubernamental, ostentado Irlanda la presidencia semestral del Consejo.

Con motivo de los solemnes funerales de Estado por las víctimas del 11-M celebrados el 24 de marzo en la catedral madrileña de La Almudena, que acogieron a unos 40 primeros ministros, presidentes, príncipes herederos de casas reales, ministros de Exteriores y antiguos gobernantes, Zapatero sostuvo breves entrevistas con Blair, Schröder, el polaco Leszek Miller, el francés Jacques Chirac y el estadounidense Colin Powell.

El proceso de constitución del Gobierno de Zapatero estuvo acompañado de las secuelas de los atentados, con nuevos e inquietantes sobresaltos para la ciudadanía. En el transcurso de un mes, las fuerzas de seguridad realizaron detenciones, desentrañaron, en apariencia, lo esencial de la trama operativa y logística del 11-M, y desmantelaron el núcleo del comando terrorista. El 3 de abril, un día después de descubrirse una bomba lista ser explotada en las vías del tren AVE Madrid-Sevilla y dos días antes de que el supuesto portavoz militar de Al Qaeda en Europa volviera a amenazar con convertir España en un "infierno", siete islamistas acorralados por un grupo de operaciones especiales de la Policía se inmolaron con explosivos en un piso de Leganés, ciudad del sur de Madrid, matando a un agente y provocando enormes destrozos en el edificio.

Entre los suicidados se encontraban los tres terroristas más buscados: Serhane Ben Abdelmajid Farjet, alias El Tunecino, jefe de la banda y coordinador de los ataques, su lugarteniente Jamal Ahmidan, llamado El Chino, y Abdennabi Kounjaa, Abdallah. De los demás fallecidos en Leganés, al menos dos, los hermanos Oulad, eran también autores materiales de los atentados. Contra todos ellos pesaban sendas órdenes de búsqueda y captura internacional. Ya el 18 de marzo había sido detenido Abderrahim Zbaj, alias El Químico, sospechoso de haber confeccionado las mochilas bomba. El 16 de abril el número de arrestados en relación con el caso ascendía a 35, de los cuales 18 (entre ellos 14 marroquíes) estaban en prisión por orden del juez de la Audiencia Nacional.

El 7 de abril el rey Juan Carlos I cumplió la formalidad de proponer la candidatura de Zapatero para jefe del Gobierno al presidente del recién constituido Congreso de la VIII Legislatura, Manuel Marín González (PSOE), y el 15 comenzó el debate parlamentario de investidura, que coincidió con la difusión por Al Jazeera de un mensaje en el que la supuesta voz de bin Laden justificaba los atentados de España y ofrecía una tregua a los países europeos.

En su discurso y turnos de intervención, Zapatero repasó los puntos principales de su programa y recalcó dos cuestiones fundamentales: la luz verde a la reforma de determinados estatutos autonómicos y el acometimiento de otra reforma "concreta y limitada" de la Carta Magna para convertir el Senado en cámara territorial, abolir la Ley Sálica que impide la igualdad de hombres y mujeres en la sucesión de la Corona (la medida tendría valor a partir de la descendencia del Príncipe de Asturias), introducir en el articulado la denominación oficial de las 17 comunidades y las dos ciudades autónomas, e incorporar una referencia a la próxima Constitución Europea. El candidato también propuso abrir el Pacto Antiterrorista a otras fuerzas políticas, instó al PNV -desde enero presidido por Josu Jon Imaz San Miguel en lugar del polémico Arzalluz- a "rectificar en el fondo y en la forma" en el Plan Ibarretxe, anunció la suspensión de la LOCE, la reforma de la LOU y la anulación del trasvase de aguas del río Ebro hasta las regiones levantinas dentro del PHN, y aseguró que se disponía a "sacar a España de la foto de Azores".

Al día siguiente, 16 de abril, Zapatero fue investido presidente del Gobierno con los 183 votos del PSOE, ERC, IU-ICV-Entesa, Coalición Canaria (CC), el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) y la Chunta Aragonesista (CHA). Se abstuvieron los 19 representantes de CiU, el PNV, Eusko Alkartasuna (EA) y Nafarroa Bai (Na-Bai), y votaron en contra los 148 del PP. El PSOE regresaba al Ejecutivo en solitario, en minoría parlamentaria y sin pactos de legislatura con ninguna formación pequeña, lo que iba a obligar a Zapatero a negociar permanentemente los apoyos puntuales y necesarios para cada proyecto o proposición de ley. Además, en el Senado el PSOE tenía incluso menos escaños que el PP: 81 (93 si se sumaban los 12 obtenidos por la lista conjunta del PSC-PSOE, ERC e ICV-EUiA, conocida como Entesa Catalana de Progrés) frente a 102.

El 17 de abril Zapatero tomó posesión de su cargo ante el rey en el Palacio de la Zarzuela y un día después lo hicieron sus 16 ministros, la mitad justa de los cuales eran mujeres -la cuota femenina más elevada en la historia de los gobiernos españoles-, de acuerdo con la promesa electoral de paridad de género en el reparto de carteras. En el gabinete, considerado una mixtura de personalidades políticas y técnicas, algunas de las cuales no tenían carné del PSOE, destacaban María Teresa Fernández de la Vega Sanz en la Vicepresidencia Primera y el Ministerio de la Presidencia, el comisario europeo saliente de Asuntos Económicos y Monetarios, y hombre de conocidas credenciales liberales, Pedro Solbes Mira en la Vicepresidencia Segunda y el Ministerio de Economía y Hacienda -luego regresaba a la oficina ocupada con González entre 1993 y 1996-, Moratinos en Exteriores, Bono en Defensa y José Antonio Alonso Suárez en Interior. De la CEF del PSOE estaban Jesús Caldera, en Trabajo y Asuntos Sociales, Jordi Sevilla, en Administraciones Públicas, Juan Fernando López Aguilar, en Justicia, y Cristina Narbona Ruiz, en el nuevo Ministerio de Vivienda.

El mismo 18 de abril, por la tarde, Zapatero dio la sorpresa con el anuncio, mal recibido en Estados Unidos, de la inmediata retirada de los 1.300 soldados de Irak con la explicación de que no consideraba factible que antes del 30 de junio hubiera una resolución de la ONU ajustada a las condiciones expuestas por el PSOE. El presidente habló de "hacer honor" a la palabra dada a los electores y se comprometió a que España siguiese contribuyendo "desde la legalidad internacional" en la reconstrucción y la democratización del país árabe, y en la lucha contra el terrorismo. Se daba la circunstancia de que el régimen de ocupación atravesaba por su peor momento desde la conquista de Bagdad, con un centenar de soldados estadounidenses muertos en lo que iba de mes, ante la extensión de la insurgencia sunní en lugares como Fallujah, escenario de matanzas de civiles, y la insurrección armada, comenzada el día 4, de los partidarios shiíes del clérigo radical Moqtada as-Sadr, cuyas huestes controlaban Najaf y hostigaban de cuando en cuando a los retenes acuartelados de la Brigada Plus Ultra-II.
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*** NOTA: Este resumen recoge datos hasta ABRIL de 2004.

FIDEL Alejandro CASTRO Ruz.

FIDEL Alejandro CASTRO Ruz.

Nace el 13 de AGOSTO de 1926 en BIRÁN, Mayarí, provincia de Holguín (antes de la Revolución, provincia de Oriente), CUBA.

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1. UN INQUIETO ESTUDIANTE DE DERECHO.

Es el tercero de los siete hijos (cuatro chicas y tres chicos) tenidos en segundo matrimonio por Ángel Castro y Argiz, un acomodado propietario azucarero español que emigró desde su Galicia natal a Cuba durante la guerra entre España y Estados Unidos. El joven Castro recibió una educación privada en el Colegio La Salle, la Escuela Jesuita de Santiago y la afamada Escuela Preparatoria Belén de La Habana, regida también por los jesuitas, donde obtuvo el título de bachiller en 1945.

Ese año se matriculó en Derecho por la Universidad de La Habana, un centro que se distinguía por la politización del alumnado, adscrito a una u otra de las organizaciones enfrentadas en sus banderías particulares. Allí las diferencias de criterio tendían a dirimirse con todo tipo de violencias, incluyendo las pistolas. Castro participó en diversas actividades agitativas en el seno de la Unión Insurreccional Revolucionaria.

Ello incluyó, entre julio y septiembre de 1947, un rocambolesco intento, frustrado por la policía cubana, de alcanzar por mar la República Dominicana para combatir la dictadura trujillista, o el no menos insólito proyecto, ideado y realizado por él, de traer de Manzanillo a la universidad la campana de La Demajagua, cuyo repiqueteo había anunciado en 1868 el comienzo de la Guerra de Independencia contra España. También participó en programas de radio y realizó colaboraciones para el diario Alerta.

Revelado como un estudiante brillante, un deportista consumado y un auténtico tribuno de las aulas que gustaba polemizar y que irradiaba liderazgo, en abril de 1948 asistía en Bogotá a la IX Conferencia Interamericana, al frente de una delegación de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), cuando estallaron los violentos disturbios que siguieron al asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán. Sobre el grupo de Castro recayeron sospechas de connivencia con el Partido Comunista Colombiano en su supuesto propósito de convertir la ira popular en un ariete revolucionario contra el Gobierno conservador de Mariano Ospina, con lo que hubo de abandonar precipitadamente el país.

Nacionalista ardiente que veía como un agravio el dominio neocolonial de Estados Unidos en Cuba, frecuentó diversos comités antiimperialistas, como el Pro Independencia de Puerto Rico, el Pro Independencia Dominicana -del que fue presidente- y el Comité 30 de Septiembre, del que fue fundador. En octubre de 1948 contrajo matrimonio con Mirta Díaz Balart, una estudiante de Filosofía de la universidad perteneciente a una familia adinerada, y en 1950 obtuvo la licenciatura en Derecho diplomático y el título de abogado. Acto seguido abrió un bufete de abogado, si bien no se apartó del activismo político y siguió tomando parte en las movilizaciones contra el presidente Carlos Prío Socarrás.

2. LÍDER GUERRILLERO CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA.

Como miembro original del socialdemócrata Partido del Pueblo Cubano (PPC u Ortodoxos, fundado por el senador Eduardo Chibás a partir de una escisión en 1947 del entonces gobernante Partido Auténtico, y que lideró hasta su suicidio en 1951), Castro fue designado en sus listas candidato al Congreso para las elecciones que debían celebrarse en junio de 1952 y de las que habría de salir el sucesor del presidente Prío. Pero el 10 de marzo se produjo el golpe de Estado del coronel Fulgencio Batista y el proceso fue suspendido.

Castro, que ya venía abogando por estrategias de lucha extraparlamentaria como dirigente de la fracción Acción Radical, denunció públicamente la vulneración del orden constitucional y rompió con la dirección del PPC por considerar débil su reacción ante el golpe. En la clandestinidad fue alentando la formación de un grupo opositor para derrocar a Batista con las armas, cuyo órgano de prensa era la publicación El Acusador. Este grupo iba a ser el embrión del futuro movimiento revolucionario y sus integrantes recibieron el nombre de fidelistas.

Concibió la captura de un centro neurálgico para dominar una ciudad, conseguir el levantamiento de una provincia y desde allí iniciar la liberación de todo el país. A esta estrategia respondió el espectacular ataque al cuartel Moncada de Santiago el 26 de julio de 1953 (en el centenario de José Martí), que se saldó con la muerte, en combate y luego por las torturas infligidas o ante el pelotón de fusilamiento, de 60 de los 135 integrantes del comando asaltante, mientras que el grupo atacante del cuartel de Bayamo, a 150 km de Santiago, perdió a 12 de sus 22 componentes. Tras la batalla, Castro y otros rebeldes consiguieron escapar a las montañas, pero él fue arrestado por una patrulla el 1 de agosto.

Castro, su hermano Raúl y el resto de supervivientes capturados evitaron la ejecución gracias a la intervención del arzobispo de la ciudad (a él le salvó de una segura ejecución sobre el terreno un sargento negro, quien insistió en llevarlo a una prisión civil), aunque no el juicio y, en su caso, una condena a 15 años de prisión (Raúl lo fue a 13 años). Estando en la cárcel, en diciembre de 1954, se divorció de su esposa, con la que había tenido su primer hijo, Fidelito. En su proceso, iniciado el 16 de octubre con carácter semipúblico, Castro asumió su propia defensa con un célebre alegato que tituló La historia me absolverá, en el que expuso el programa político y revolucionario del futuro Movimiento 26 de Julio (MR-26-7), fundado formalmente el 19 de marzo de 1955.

Recluido en la isla de los Pinos (hoy de la Juventud), el 15 de mayo de 1955 se benefició de una inesperada amnistía presidencial y, junto con su hermano y otros 18 participantes del asalto a Moncada, fue puesto en libertad. El 7 de julio se exilió en México, donde reagrupó a sus efectivos bajo la sigla del MR-26-7, acumuló fondos -en buena parte obtenidos durante una gira de recaudación por las comunidades cubanas del exilio en Estados Unidos- y entró en contacto con el revolucionario argentino Ernesto Che Guevara. Juntos planearon una incursión a Cuba con el objeto de iniciar un foco guerrillero que, simultáneamente a una sublevación de jóvenes revolucionarios en Santiago, debería desencadenar una revuelta nacional contra Batista.

El 25 de noviembre de 1956, Castro, su hermano, el Che y otros 79 expedicionarios partieron a bordo del yate Granma desde el puerto mexicano de Tuxpán y el 2 de diciembre desembarcaron (en realidad, encallaron en unos bajíos, perdiendo buena parte de sus pertrechos) en el área de Los Cayuelos, cerca de la ciudad de Manzanillo, en Oriente. Sorprendida la exigua tropa por los disparos de las patrullas, sólo 16 supervivientes consiguieron adentrarse en Sierra Maestra, donde, tras reagruparse como Columna José Martí bajo el mando de Castro, comenzaron la lucha contra los 40.000 soldados del Ejército de Batista.

3. TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN Y PRIMERAS MEDIDAS.

La invasión del grupo de Castro, por la que ningún observador habría apostado un céntimo de haber presenciado su desastroso arranque, hizo realidad la quimera: tras dos años de metódico avance a lo largo de la isla sobre el eje este-oeste y la apertura, gracias al aporte constante de voluntarios y la colaboración de los campesinos, de sucesivos frentes de combate, Batista huyó de La Habana el 31 de diciembre de 1958, el día de año nuevo de 1959 las primeras columnas rebeldes entraron en la ciudad y Castro les siguió, triunfalmente, el 8 de enero.

El 5 de enero el político liberal José Miró Cardona formo un Gobierno dominado por personalidades que, por edad y cultura política, nada tenían que ver con los revolucionarios, dándose a entender que Castro y sus hombres pretendían, al menos al principio, un programa de reformas respetuoso con el sistema de democracia parlamentaria. No obstante, el 16 de febrero Castro asumió la jefatura del Gobierno Revolucionario dejado vacante por el renuente Miró, y el 17 de julio siguiente obligó a dimitir al presidente provisional, el magistrado Manuel Urrutia Lleó, que fue reemplazado por Osvaldo Dorticós Torrado. Desde el primer momento Castro se reservó también las funciones de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Convertido en un ídolo para el pueblo cubano y elevado al rango de celebridad internacional, Castro conquistó muchas simpatías en todo el continente americano, incluidos los Estados Unidos, y Europa, por su proclamado ideario antiimperialista, nacionalista y reformista.

Independiente del comunismo local, el MR-26-7 de Castro tuvo sus más y sus menos con su representante local, el prosoviético Partido Socialista Popular (PSP, fundado en 1925 como Partido Comunista de Cuba), que había apoyado activamente a Batista en la campaña electoral de 1952 y que hasta finales de 1958 no decidió unirse al alzamiento contra la dictadura. De hecho, en 1959 la URSS receló del nuevo régimen revolucionario, mientras que contaba con muy buena prensa en extensos sectores de Estados Unidos. El Departamento de Estado no tuvo ambages en reconocer al Gobierno Revolucionario ya desde el 7 de enero.

Con un acertado manejo de los medios de comunicación y la propaganda difusores de mensajes nacionalistas, y una formidable habilidad para las relaciones públicas, Castro, prodigando un optimismo desbordante y una fe absoluta en el éxito de sus propósitos, prometió elecciones en breve plazo, la diversificación económica con la ayuda estadounidense y reformas políticas democráticas conforme a la Constitución de 1940.

Su programa de transformaciones incidía en medidas sociales de alcance, como la extensión de los servicios educativos al ámbito rural, la erradicación del analfabetismo y una sensible elevación de los niveles de salud y bienestar de la población. Sobre su forma de gobernar añadió que combatiría la arbitrariedad del poder y la corrupción, mal endémico de todos los gobiernos cubanos desde la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) y que bajo Batista había alcanzado niveles escandalosos por su identificación con los negocios de la Mafia norteamericana en el juego y la prostitución.

Un objetivo, menos explícito pero fundamental, de Castro cuando llegó al poder era convertir a Cuba en un actor con gran influencia internacional. Durante 1959 expediciones organizadas en Cuba desembarcaron en República Dominicana, Haití, Nicaragua y Panamá para derrocar a los gobiernos respectivos, pero fracasaron al no recibir apoyos locales. El 15 de abril viajó a Estados Unidos para una gira de doce días a invitación de la Sociedad Norteamericana de Directores de Periódicos, donde recalcó que deseaba un buen entendimiento económico con la otrora potencia colonial.

Una gran expectación rodeaba cada uno de los pasos del líder cubano y su pintoresca comitiva de "barbudos", cuyas maneras contrastaban poderosamente con la rigidez típica de los diplomáticos y estadistas internacionales. Castro decidió alojarse en un hotel de baja categoría en el barrio neoyorkino de Harlem, el cual convirtió en un inopinado cuartel general de sus entrevistas y recepciones, como las mantenidas con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el primer ministro indio Jawaharlal Nehru y el dirigente negro estadounidense Malcolm X. El día 19 sostuvo incluso un encuentro con el vicepresidente Richard Nixon.

Antes de regresar, el comandante recaló en Montreal, Canadá, el 27 y el 28 de abril, en una visita no oficial que prologó una larga cooperación bilateral que en los años del primer ministro Pierre Elliott Trudeau iba a contrastar con la animosidad estadounidense (Castro asistió a los funerales de Trudeau en la capital quebequesa, el 2 de octubre de 2000). En el mes de mayo hizo desplazamientos a Argentina y Uruguay. El primer país que visitó tras la toma del poder en La Habana, en enero, fue Venezuela, invitado por el presidente electo Rómulo Betancourt. Irónicamente, el mandatario venezolano no tardaría en convertirse en detractor principal de Castro por su implicación en la subversión local: el 11 de noviembre de 1961 Caracas rompió las relaciones diplomáticas y luego impulsaría las mociones de condena de la Organización de Estados Americanos (OEA).

No tardó en plantearse el choque de intereses con Estados Unidos al lanzar Castro sus primeras medidas revolucionarias. El 17 de mayo de 1959 puso en marcha una reforma agraria de tipo inequívocamente radical y socialista, que supuso la expropiación de propiedades azucareras estadounidenses, y en el mes de junio abandonó su promesa de celebrar elecciones libres en 18 meses ("primero la Revolución, luego las elecciones"), suspendió la Constitución de 1940 y puso en marcha la Ley Fundamental promulgada en febrero, que aunque preservaba muchas de las disposiciones sociales y económicas del texto de 1940 suponía una drástica reordenación de las instituciones. El Congreso fue eliminado y el Consejo de Ministros concentró los poderes ejecutivo y legislativo. Las funciones del presidente de la República se circunscribieron esencialmente a lo representativo.

Para comienzos de 1960 era evidente que el programa de Castro para Cuba, considerando las medidas aplicadas, era incompatible con los intereses de Estados Unidos. El 4 de febrero el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan llegó para la firma de un acuerdo comercial por el que Cuba obtenía un crédito muy blando (al 2,5% de interés y pagadero en 12 años) por valor de 100 millones de dólares para la adquisición de equipos industriales de la URSS. El 8 de mayo se reanudaron las relaciones diplomáticas, interrumpidas por Batista en 1952, y en septiembre desembarcó la primera ayuda militar soviética. El 23 de mayo Castro y Nikita Jrushchev, primer secretario del PCUS, sostuvieron un primer encuentro en Nueva York aprovechando la visita del primero a Naciones Unidas para asistir a la XV Asamblea General.

4. LA VÍA SOCIALISTA Y ENFRENTAMIENTO CON LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

Los historiadores de la Revolución cubana no se han puesto de acuerdo sobre si fue Castro, con su apuesta por la vía marxista -la cual habría contemplado desde el principio- y la alianza militar con la URSS, quien arrastró a Estados Unidos al enfrentamiento, o si fue este país, con su intolerancia a las medidas revolucionarias, el que obligó al joven régimen a ponerse bajo la protección de Moscú y a abrazar una ideología que no fue bandera original de la Revolución.

Se ha dicho que cuando Castro maduró su estrategia insurgente en 1952 su pensamiento político no estaba muy articulado; entonces se nutriría fundamentalmente de la tradición nacionalista local, martiana, creyente más en el concepto de nación que en el de clase como conductor del progreso y la justicia social, y, en menor medida, del pensamiento de Simón Bolívar.

El caso es que después de abrazar la ideología oficialmente, Castro aseguró haber sido marxista desde el principio, pero que no pudía publicitarlo por razones de oportunidad revolucionaria. Dejando de lado la cuestión de los orígenes, hay autores que relativizan esta profesión de fe y aseguran que Castro, aun tomando muchos elementos de ideologías antiimperialistas, ha sido y es, ante todo, castrista, que es como decir practicante de un pensamiento socialista personal y específico. Desde este análisis, Castro habría actuado más bien como esos líderes del Tercer Mundo poscolonial que ven al marxismo-leninismo como una herramienta para gobernar, no como un credo.

El Gobierno de Estados Unidos contestó al restablecimiento de las relaciones cubano-soviéticas con la suspensión de su ayuda financiera, con la que Castro decía contar en aras del buen entendimiento exterior sin exclusiones. Este cambio de alineamiento de la diplomacia cubana, más las acusaciones de sabotaje realizadas contra la inteligencia estadounidense (como el estallido, el 4 de marzo, de una fragata francesa con armas en el puerto de La Habana, que provocó numerosos muertos), condujeron en 1960 a una escalada alimentada por ambas partes y a una enemistad indeclinable.

El 29 de junio de 1960 el Gobierno cubano confiscó la refinería de la Texas Oil Company en Santiago por negarse a refinar petróleo soviético, y dos días después corrieron la misma suerte las plantas de la Shell y la Esso. Como represalia, el 6 de julio el presidente Dwight Eisenhower ordenó la reducción en una cuarta parte de la cuota azucarera, lo que le supuso para Cuba dejar de vender 700.000 toneladas de este producto.

El 15 de octubre Castro dispuso la nacionalización de la propiedad urbana, medida que afectó a ciudadanos norteamericanos y a muchos exiliados, y cuatro días después Washington respondió prohibiendo las exportaciones a la isla, salvo ciertos alimentos, medicinas y suministros médicos. Al embargo total se añadió el boicot total cuando el 16 de diciembre Eisenhower redujo a cero la cuota azucarera. Finalmente, el 3 de enero de 1961 se produjo la ruptura de relaciones diplomáticas. El cambio de inquilino en la Casa Blanca, con la entrada del demócrata John Kennedy, no hizo sino acentuar el enfrentamiento.

Para entonces, el cariz ideológico de la Revolución apenas ofrecía dudas. El 16 de abril de 1961 el Gobierno, que el 7 de abril de 1960 había revocado la Constitución de 1940 y confirmado la Ley Fundamental de 1959, anunció que la Revolución era de tipo socialista. Tan sólo unas horas antes de esta declaración aviones estadounidenses habían empezado a bombardear objetivos en la isla como preludio del desembarco en playa Girón, en la bahía de Cochinos, de un contingente de anticastristas, dispuestos a hacerse con el poder.

Castro movilizó eficazmente a las Fuerzas Armadas y a la población en defensa de la Revolución. Los invasores fueron cercados desde el primer momento, el 17 de abril, y a los dos días, abandonados por Estados Unidos, se rindieron en masa. Estados Unidos había manifestado a las claras su hostilidad al régimen de La Habana y como represalia, el 1 de mayo Castro proclamó que Cuba era una república socialista.

En los meses siguientes se multiplicaron las conspiraciones, alzamientos e intentos de subversión y eliminación física de Castro, que salía airoso de todo ataque y acrecentaba su popularidad entre sus numerosos seguidores. El 3 de febrero de 1962 Kennedy ordenó el bloqueo total de la isla, pero el punto álgido del enfrentamiento estaba por venir. El 14 de octubre siguiente un avión espía reveló que la URSS estaba instalando en la isla rampas de misiles de alcance intermedio y facilidades para bombarderos con presumible capacidad nuclear. El 22, con el respaldo de los aliados de la OTAN, Kennedy decretó la "cuarentena" naval sobre Cuba y advirtió que el intento de la flota soviética de violentar aquella constituiría un casus belli.

El 28 de octubre, Jrushchev, temeroso de las consecuencias de un enfrentamiento nuclear directo, cedió y ordenó a sus barcos dar media vuelta. Más tarde las dos superpotencias llegarían a arreglos por su cuenta. De entrada, a cambio de la retirada por la URSS de sus misiles Estados Unidos levantó el bloqueo naval (el 20 de noviembre) y se comprometió a no invadir o financiar la invasión de Cuba. Para la opinión pública internacional Castro no sólo había sido el convidado de piedra de la crisis, sino que había jugado con fuego al convertir el país en la punta de lanza del dispositivo militar soviético, con impredecibles consecuencias para Cuba y la misma seguridad mundial.

5. SUPRESIÓN DE LA OPOSICIÓN.

Antes de que Castro definiera la naturaleza marxista de la Revolución, ya en los primeros meses de la misma, empezaron a oírse quejas y acusaciones de "traición" por parte de algunos camaradas que lucharon a sus órdenes en Sierra Maestra. Éstos revolucionarios, presentados en la actualidad por los historiadores críticos como "demócratas genuinos", se sintieron decepcionados por los tempranos coqueteos con el PSP y denunciaron lo que consideraban el embrión de un régimen dictatorial, totalmente desviado de los propósitos nacionalistas y democráticos que habían perseguido. La reacción de Castro fue fulminante: purgó a todos los comandantes barbudos que no estaban dispuestos a aliarse con los comunistas y cubrió los puestos clave de la administración y el Ejército con ex guerrilleros adheridos a la línea que deseaba imponer.

La progresiva personalización en Castro del nuevo régimen fue pareja a una represión política considerable, con la que aquel pretendió mostrar el carácter radical y expeditivo de la Revolución. Inmediatamente quedó sin efecto el habeas corpus para los delitos de tipo político, lo que facultó a las fuerzas de seguridad el mantener a los detenidos políticos bajo arresto indefinido y sin juicio. Las represalias corrieron a cargo de la Dirección de Seguridad del Estado (DSE) y la Dirección Especial del Ministerio del Interior (DEM).

Según investigaciones de denuncia, en los primeros años del régimen los citados cuerpos ejecutaron a varios miles de personas -se han mencionado desde 5.000 a 15.000- acusadas de diversos delitos contrarrevolucionarios, entre antiguos represores de Batista y exiliados anticastristas capturados en los numerosos sabotajes, atentados e infiltraciones de tipo comando orquestados por la CIA norteamericana.

Esto condujo en 1960 y 1961 a una segunda ola de refugiados, que ya no eran simplemente personas ligadas al batistismo. También, los presos políticos crecieron vertiginosamente, alcanzando las varias decenas de miles a mediados de los años sesenta. Las expulsiones forzosas del país, los destierros voluntarios, las fugas por mar y las prácticas represivas más selectivas iban a reducir el número de prisioneros de conciencia a los varios cientos a comienzos de los años noventa.

6. EXPORTACIÓN DE LA REVOLUCIÓN A AMÉRICA.

Como ya se anticipó arriba, la política exterior cubana en los años sesenta se concentró en la exportación de la revolución al continente. Por un lado, Castro despachó a pequeños grupos guerrilleros a varios países de América Latina para fomentar la agitación subversiva, una presencia que, con la instigación de Estados Unidos, desató en la región una fiebre anticomunista sin precedentes.

Con no pocas exageraciones sobre su verdadera capacidad para derribar gobiernos y confusiones más o menos deliberadas con los movimientos de izquierda autóctonos -tanto partidos políticos legales como de tipo insurgente-, la asechanza cubana se esgrimió como espantajo para la remoción de gobiernos democráticos y la imposición de soluciones autoritarias y militares, sobre todo en Centroamérica.

Mayor relieve tuvo el envío de apoyo material a las guerrillas sudamericanas de los países andinos del norte. La estrategia de crear "muchos Vietnam" o "focos guerrilleros" en todo el hemisferio -concebida por el Che, revolucionario tan idealista como dogmático que predicó con el ejemplo marchándose a Bolivia en 1967- topó con la preferencia soviética de actuar a través de los partidos comunistas establecidos.

A Castro le pareció humillante el desenlace a sus espaldas de la crisis de octubre de 1962. Irritado, acusó a Moscú de estar volviéndose capitalista por apoyarse en los estímulos materiales, y durante unos años su alejamiento de los soviéticos fue ostensible. En enero de 1966 convocó en La Habana la Conferencia Tricontinental, que reunió a movimientos de liberación de unos 70 países de Asia, África y América Latina. A la URSS, celosa valedora de las esferas de influencia, le pareció que provocar a Estados Unidos en el corazón de su terreno con proselitismo revolucionario era sumamente peligroso para las relaciones internacionales.

Sus injerencias exteriores le acarrearon a Castro consecuencias muy negativas en el mismo concierto de países hispanos, que agravaron el bloqueo de Estados Unidos. El 22 de enero de 1962 la OEA reunida en Uruguay acordó, bajo intensas presiones de Estados Unidos, la expulsión de Cuba de su seno. El 26 de julio de 1964, esta vez a instancias de Venezuela, la organización panamericana decidió suspender las relaciones diplomáticas y comerciales con la isla, incluida la interrupción de las comunicaciones marítimas y navales. Poco antes, el 14 de mayo, Estados Unidos había decretado el embargo de alimentos y medicinas. La sanción de la OEA fue aprobada por 15 votos contra 4, entre ellos el de México, país que nunca cortaría sus lazos diplomáticos con La Habana.

7. INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA REVOLUCIÓN.

Pasados los primeros años de la Revolución y dispersado el grupo original de comandantes (Hubert Matos fue detenido personalmente por Castro por oponerse a la comunistización en octubre de 1959 y pasó 20 años en prisión; Camilo Cienfuegos desapareció en un accidente aéreo pocos días después del arresto de Matos en unas circunstancias no del todo aclaradas; y el Che se marchó en 1965 para organizar agitaciones revolucionarias por su cuenta), a Castro se le planteó la necesidad de consolidar el régimen con órganos partidistas y estatales.

En julio de 1961 se formaron las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) para aunar a los tres grupos que, desde diferentes frentes, habían propiciado la Revolución: el MR-26-7 de Castro, el PSP de Blas Roca Calderío y el Directorio Estudiantil Revolucionario (DER) 13 de Marzo, primero en encender la protesta contra Batista, dirigido por el comandante Faure Chomón Mediavilla. Castro fue elegido secretario general de este germen de partido político.

Al mismo tiempo, se crearon una serie de organizaciones de masas y sociales a fin de implicar a toda la población en las metas revolucionarias: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEEM), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y la Unión de Pioneros de Cuba (UPC).

Los CDR, la organización más conocida, surgieron el 28 de septiembre de 1960 a partir de comités de barriada y otras unidades municipales con la función de vigilar a los residentes de su jurisdicción, identificar a contrarrevolucionarios y servir de hecho como un órgano auxiliar de la seguridad del Estado mediante medidas preventivas de coacción y delación. Con esta tan original como efectiva aportación, de inequívoco regusto totalitario, el castrismo adjudicó a los ciudadanos un rol activo en el proceso revolucionario.

Los CDR desarrollaban también cometidos mucho menos controvertidos, la participación en una serie de labores de interés comunitario como las campañas de alfabetización y vacunación, la promoción del trabajo voluntario y la cooperación en el ahorro de recursos de consumo.

El 26 de marzo de 1962 las ORI pasaron a denominarse Partido Unido de la Revolución Socialista Cubana (PURSC), cuyo Secretariado de seis miembros (los hermanos Castro, el Che, Dorticós, Roca y Emilio Aragonés) se planteó como principales objetivos la movilización del apoyo social al Gobierno y el fomento de la afiliación a las organizaciones de masas del partido.

El fruto fue, el 3 de octubre de 1965, el Partido Comunista de Cuba (PCC), que empezó con un Buró Político de ocho miembros y un Secretariado de seis, siendo Fidel y Raúl Castro -quien sí había militado en el PSP- primer y segundo secretarios, respectivamente. Esta posición jerárquica se ha mantenido invariable en los congresos habidos desde entonces: I, en La Habana del 17 al 22 de diciembre de 1975; II, en La Habana del 17 al 20 de diciembre de 1980; lII, en La Habana del 4 al 7 de febrero de 1986; IV, en Santiago del 10 al 14 de octubre de 1991; y V, en La Habana del 8 al 11 de octubre de 1997.

El 15 de febrero de 1976 se aprobó en referéndum con el 97,7% de los votos la primera Constitución socialista del Estado, decidida en el I Congreso del PCC, que reemplazó a la Ley Fundamental de 1959 y consagró al partido como la "vanguardia organizada de la nación cubana y la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado". El paso de un sistema de democracia directa a otro de democracia popular, semejante al de los países del bloque soviético, fue relegando los aspectos espontáneos o, si se quiere, románticos, de la Revolución en beneficio de un Estado fuerte y un partido titular del monopolio político. A este proceso también se le denominó el "desmerengamiento" de un "socialismo tropical" que gustó calificarse de diferente de las demás experiencias comunistas.

El 30 de junio de 1974 hubo elecciones municipales y provinciales en la provincia cubana de Matanzas, los primeros comicios desde 1959, que sirvieron de experimento preliminar del nuevo sistema. Tras la entrada en vigor de la Constitución, el 24 de febrero de 1976, se procedió a elegir los representantes de todas las asambleas del poder popular en los niveles municipal, provincial y nacional. Hasta la reforma de 1992 sólo los representantes de las asambleas locales eran elegidos directamente por la población, y en cualquier comicio sólo candidatos oficialistas podían presentarse. A su vez, las asambleas locales, se apoyaban en cada provincia y municipio en Consejos Populares de población y barriada.

El 3 de diciembre de 1976 la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), definida por la Constitución como el órgano supremo del Estado, eligió a Castro, miembro de la misma en representación de Santiago, para presidir el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros. El puesto de presidente de la República, entonces ocupado por Dorticós, quedó abolido. Castro añadió así a las jefaturas del partido, el Gobierno y el Ejército la del Estado (Raúl es el segundo en las cuatro instancias), conformando un caso de concentración de poder sin parangón en el mundo, tanto entonces como en el presente.

8. RECONDUCCIÓN DE LAS RELACIONES CON MOSCÚ.

Entre 1963 y 1968 las relaciones cubano-soviéticas estuvieron tachonadas de dificultades por las distintas visiones de la praxis comunista y su exportación a otros países. Con todo, se mantuvo un trato de cortesía y los intercambios económicos se desarrollaron hasta atisbar la característica clientelista de los años setenta y ochenta.

El líder cubano visitó la URSS entre el 27 de abril y el 3 de junio de 1963 y del 12 al 23 de enero de 1964. La primera estancia, extraordinariamente prolongada, fue una verdadera gira triunfal, sin precedentes en el Estado soviético, en la que Castro fue agasajado por sus anfitriones. Jrushchev le concedió el título de Héroe de la Unión Soviética, la Estrella Dorada y el honor de pasar revista junto a él al desfile del Primero de Mayo en la Plaza Roja de Moscú.

Las discrepancias se agudizaron en 1966 con motivo de la Conferencia Tricontinental en La Habana y del XXIII Congreso del PCUS, cuando la delegación cubana se atrevió a criticar a los anfitriones por no implicarse a fondo en la guerra de Vietnam, en ayuda del Viet-Cong y el Gobierno de Hanoi. En enero de 1968 la disputa llegó a su clímax con el juicio de 35 miembros de la "microfracción prosoviética" del PCC, todos condenados a largas penas de prisión. Pero muy poco después, la disonancia cubana se esfumó ante la primera insinuación por Moscú del cese de los suministros petroleros, vitales para la economía cubana.

El nuevo rumbo en las relaciones bilaterales lo marcó la actitud de Castro ante la invasión soviética de Checoslovaquia en agosto de 1968. Contradiciendo las simpatías populares, Castro justificó ante los cubanos el aplastamiento de la experiencia reformista de Alexander Dubcek por su carácter "contrarrevolucionario", si bien admitió que Moscú había violado el derecho internacional.

9. SOVIETIZACIÓN DE LA ECONOMÍA.

A cambio de su lealtad en los sucesos de Checoslovaquia, Castro se aseguró una ayuda masiva de la URSS para reorganizar la economía y emprender una nueva y ambiciosa implicación internacional, esta vez al servicio de los intereses estratégicos de la superpotencia. Al principio, Castro había intentado romper la dependencia azucarera, a la que culpaba del subdesarrollo económico, mediante la industrialización y la diversificación del sector primario. Hasta 1959 la relación económica con Estados Unidos había sido de tipo neocolonial, ya que se basaba en un monocultivo azucarero de hecho según unas cuotas de importación establecidas. Completando el círculo vicioso, a cambio de garantizar esas compras, Estados Unidos recibía facilidades arancelarias para sus productos de exportación a Cuba.

El intento de crear un nuevo orden económico fracasó totalmente por el caos que las medidas revolucionarias, a falta todavía de una dirección planificada y de personal técnico suficiente, habían llevado al sistema de producción y por los criterios incongruentes a la hora de reclasificar las tierras de cultivo. Así que para 1964 Castro, esta vez con la plena asistencia de la URSS y copiando sus métodos de planificación, volvió su atención a la zafra azucarera con la idea de convertir a Cuba en el gran suministrador del bloque soviético de este producto básico.

En 1969, estimulando el voluntarismo revolucionario sobre los beneficios individuales y fiscalizando personalmente los trabajos sobre el terreno con un torrente de órdenes e indicaciones, Castro lanzó la gran zafra cubana, el plan de producir los 10 millones de toneladas de azúcar en la cosecha del año siguiente. Pese a la militarización de la población y a la concentración de medios a tal fin, los objetivos no se cumplieron y la cosecha se cuantificó en diciembre de 1970 en los 8,5 millones de toneladas, aun así un récord absoluto. El gigantesco esfuerzo dejó exangüe las finanzas del Estado y descompuso otros sectores de la economía por la distracción de recursos.

Este nuevo fracaso obligó a Castro a enfocar con más realismo las capacidades económicas de país. La consecuencia inmediata fue una inserción más ajustada en el mercado del bloque soviético, lo que supuso la reducción progresiva de los intercambios con Occidente, la adopción de planes quinquenales (el primero fue anunciado en 1975 por el I Congreso del PCC) y la definición de un marco rígido de clientelismo/dependencia con la URSS, siguiendo el sistema de reparto de especialidades productivas en la familia soviética.

Su característica básica era que la URSS compraba a Cuba azúcar a un precio hasta cuatro veces superior al del mercado internacional, y le vendía casi todo el petróleo que necesitaba a unos precios sensiblemente inferiores a los establecidos por la OPEP. Mientras Moscú paliara las fluctuaciones de los precios mundiales del azúcar con sus importaciones subsidiadas, no importaba que Cuba se superespecializara en productos agrícolas como la zafra y la caña, que la productividad real fuera muy baja y que el subempleo y el absentismo laborales se hicieran crónicos.

Pero la generosidad de la URSS con la Cuba castrista no se limitó a eso: le envió una ayuda directa en forma de equipos libres de pago, literalmente donaciones, y en préstamos a bajo interés cuya concesión no estaba condicionada al reembolso de los previamente concedidos, cargándose al monto de una deuda externa que terminaría en el capítulo de impagados. Era tal el subsidio soviético de la economía que a finales de los años ochenta Cuba obtenía el 40% de sus divisas de la reexportación del petróleo y otros derivados de aquel país, y hacía con él el 70% de sus transacciones comerciales.

ara expresar su agradecimiento, el 2 de mayo de 1972 Castro se embarcó en una larga gira por el orbe soviético, visitando sucesivamente Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Polonia, Alemania Oriental, Bulgaria y, desde el 26 de junio, la URSS, donde firmó tres acuerdos comerciales, recibió la Orden de Lenin de manos de Leonid Brezhnev y se le comunicó la decisión de aceptar a Cuba en el Consejo de Asistencia Mutua Económica (CAME o COMECOM), ingreso que fue aprobado por la organización el 11 de julio.

El 7 de julio, tras pasar también por Argelia, Sierra Leona y Guinea, Castro estuvo de vuelta en La Habana. Albania y Yugoslavia, los dos cismáticos del bloque comunista en Europa, fueron excluidos del recorrido. Entre diciembre de ese año y enero de 1973 estuvo de nuevo en Moscú al frente de la delegación cubana con motivo del 50º aniversario del Estado soviético.

10. PRESENCIA CUBANA EN EL MUNDO.

Castro fue la estrella de la IV conferencia-cumbre del Movimiento de países No Alineados (MNA), celebrada en Argel del 5 al 10 de septiembre de 1973. A diferencia del mandatario anfitrión, Houari Bumedián, que deseaba situar la organización en equidistancia entre las superpotencias, su homólogo cubano insistió en que los países del socialismo soviético eran los aliados naturales del MNA y negó la naturaleza imperialista de la URSS. Asumiendo las tesis de Castro, la conferencia se cerró con una declaración de denuncia al "imperialismo agresivo" de Occidente como el "mayor obstáculo para la emancipación y el progreso de los países en desarrollo".

Además, como gesto de apoyo y solidaridad con los palestinos, el 9 de septiembre Castro anunció la ruptura de las relaciones consulares con Israel (Yasser Arafat iba a obtener cuando su viaje a La Habana el 15 de noviembre de 1974 el reconocimiento por Cuba de la OLP como la legítima representante del pueblo palestino), y antes de retornar a Cuba hizo una parada en Irak.

Castro se había convertido en el más elocuente abogado de la URSS en el Tercer Mundo, además de asumir sus principios de distensión y coexistencia pacífica entre los bloques. Brezhnev devolvió las visitas de Castro con una histórica estancia en la isla entre el 28 de enero y el 3 de febrero de 1974, cuando declaró el respeto de su país al "derecho de cada pueblo a evolucionar al socialismo de una manera soberana e independiente". En 1976 Castro volvió a visitar a Bumedián en Argelia, a Ahmed Sékou Touré en Guinea y, novedad, a Tito en Yugoslavia, y en 1977 realizó otra gira por Libia (al poco de abrirse relaciones diplomáticas), de nuevo Argelia, Angola, Mozambique, Tanzania y Yemen del Sur.

Uno de los hitos del castrismo internacional fue la VI cumbre del MNA, celebrada del 3 al 9 de septiembre de 1979 en La Habana, donde el comandante sostuvo una animada pugna con el anciano pero aún vigoroso mariscal yugoslavo. Sobreviviente de la generación de líderes que inventaron la no alineación en los bloques en los años cincuenta, Tito se presentó como un purista partidario de mantener el estricto neutralismo del movimiento original; Castro, por contra, se reafirmó en sus tesis de Argel sobre la colaboración ineludible con el bloque soviético, al que Cuba pertenecía a todos los efectos. La conferencia terminó con un compromiso entre ambas tendencias y con la elección de Castro como presidente de turno del movimiento hasta la siguiente cumbre, que se iba a celebrar en India en marzo de 1983.

Por otro lado, las misiones de miles de soldados, asesores, técnicos, profesores o médicos que Castro despachó a Angola, Etiopía, Mozambique, Congo-Brazzaville, Argelia, Irak, Libia y Vietnam jugaron un papel estratégico de primer orden en el devenir de la Guerra Fría. Atrás quedó la etapa, un tanto utópica, de las pequeñas tropas de revolucionarios siguiendo el ejemplo de Sierra Maestra y la táctica de los focos del Che. Su captura y muerte en Bolivia en 1967 marcó el fracaso y el final de la experiencia.

Las implicaciones internacionales de Cuba fueron sobresalientes para un país de diez millones de habitantes y una economía muy poco desarrollada y diversificada. Hasta comienzos de los años noventa, nada menos que 350.000 hombres y mujeres habían tomado parte en las numerosas misiones en África, y en 1982 unos 70.000 soldados, asesores militares y cooperantes civiles estaban repartidos en 23 países. El PCC justificó tamaño intervencionismo como la "subordinación de las posiciones cubanas a las necesidades internacionales de la lucha por el socialismo y la liberación nacional de los pueblos"; el caso es que, al involucrarse en sus problemas internos, Castro determinó el curso de la historia en más de un Estado africano.

Las tropas cubanas, muy profesionales, disciplinadas y motivadas, se revelaron absolutamente decisivas para el sostenimiento en Angola en 1975 del flamante Gobierno prosoviético de Agostinho Neto y el partido MPLA frente a los embates de la guerrilla UNITA, financiada y armada por Estados Unidos y Sudáfrica. Y no lo fueron en menor medida con el régimen militar marxista de Etiopía, combatido por los secesionistas eritreos, guerrillas no separatistas y el gobierno rival de Somalia, que en septiembre de 1977 desató la guerra por la reclamación de la región del Ogadén y que en marzo del año siguiente sufrió una derrota total en buena parte gracias a los efectivos cubanos. El 13 de septiembre de 1978 Castró visitó al dirigente etíope, Mengistu Haile Mariam, para asistir a una triunfal parada militar en Addis Abeba.

Todas estas participaciones sirvieron a objetivos en el contexto de la progresión de la URSS en el tablero de ajedrez africano, donde las tropas cubanas jugaron un papel de peones de excepción. Sólo la Operación Carlota en Angola, comenzada con logística soviética el 5 de noviembre de 1975, una semana antes de declararse la independencia de la ex colonia portuguesa, comprometió a 20.000 soldados; dos años después se enviaron otros 18.000 a Etiopía. Aparte sus ganancias estratégicas y de prestigio, a Cuba este voluntarismo exterior a gran escala le costó miles de muertos y mutilados de guerra, y un enorme esfuerzo económico que se hizo a costa de sacrificar las necesidades internas.

11. FINAL DE LA CUARENTENA DIPLOMÁTICA.

A pesar del cerco implacable de Estados Unidos y de las múltiples acusaciones de injerencia en sus asuntos internos, desde principios de los setenta varios países americanos advirtieron lo artificioso de seguir ignorando al régimen castrista, que estaba sólidamente asentado en el poder y que gozaba de indudable apoyo popular.

El primer país en dar el paso fue el Chile de Salvador Allende, restableciendo las relaciones el 12 de noviembre de 1970. Luego, del 10 de noviembre al 4 de diciembre de 1971, Castro visitó el país (con gran escándalo de la derecha chilena y levantando una protesta que condujo a la declaración del estado de emergencia), donde alabó la experiencia frentepopulista. En el retorno aprovechó para hacer escalas en Perú y Ecuador, entrevistándose respectivamente con el general Juan Velasco Alvarado, protagonista de una singular experiencia militar-nacionalista-revolucionaria, y el presidente José María Velasco Ibarra, un veterano exponente del caudillismo populista y tradicional.

Esta minigira de Castro fue su primer viaje al exterior desde 1964 y el primero a Sudamérica desde 1959. El 13 de diciembre de 1972 Allende le devolvió la visita a Castro, la primera de un presidente americano desde el triunfo de la Revolución. En estos encuentros Castro informó que ya no excluía otras vías que no fueran la guerrillera para el proyecto revolucionario, admitiendo que cada país lo desarrollara en función de sus peculiaridades. Tales eran los casos de Chile o Jamaica, a través de elecciones, y de Perú y Bolivia, con una nueva mentalidad militar.

El golpe de Estado de Augusto Pinochet en septiembre de 1973 supuso la fulminante ruptura de las relaciones con Chile, pero otros países siguieron la pauta. El 8 de julio de 1972 Perú fue el segundo país en intercambiar embajadores, meses después de presentar una moción en la OEA para que los estados miembros decidieran individualmente su política de relaciones con Cuba. En aquella ocasión votaron a favor con Perú, Chile, Ecuador, México, Panamá, Trinidad y Tobago y Jamaica, mientras que Barbados, Argentina y Venezuela se abstuvieron. Los demás estados miembros se atuvieron a la línea de firmeza predicada por Estados Unidos y votaron en contra.

En diciembre de 1972 cuatro países caribeños, Jamaica, Barbados, Guyana y Trinidad y Tobago (los dos últimos visitados por Castro camino de la cumbre del MNA en Argel), establecieron las relaciones diplomáticas. El 28 de mayo de 1973 fue Argentina quien dio el paso, tras 11 años de interrupción, el 22 de agosto de 1974 lo hizo Panamá, el 30 de noviembre siguiente Bahamas y el 29 de diciembre, Venezuela.

Finalmente, el 29 de julio de 1975 la OEA acordó el levantamiento del boicot a Cuba y autorizó a sus miembros a determinar por sí mismos la naturaleza de sus relaciones con el país. La resolución salió adelante con 16 votos -inclusive los de Estados Unidos y varios países con regímenes derechistas-, las abstenciones de Brasil y Nicaragua y los únicos votos en contra de Chile, Uruguay y Paraguay. Más tarde, incluso asomó un principio de reconducción en las relaciones con Estados Unidos.

En 1977 la llegada a la presidencia del demócrata Jimmy Carter, menos obsesionado con la contención del comunismo que sus predecesores (y sucesores), trajo un significativo relajamiento de las tensiones cuyas fechas clave fueron el 3 de mayo, cuando se establecieron relaciones a nivel consular, se mejoraron las comunicaciones y se eliminaron algunos capítulos del bloqueo, y el 1 de septiembre, cuando se abrieron oficinas diplomáticas (oficialmente, "secciones de intereses") en las respectivas capitales, usando las embajadas de Suiza en La Habana y de Checoslovaquia en Washington.

Hssta finales de los años noventa, más países del hemisferio fueron normalizando sus relaciones con Cuba, algunos con rupturas temporales en los años ochenta: Colombia (marzo de 1975); Ecuador (agosto de 1979); Bolivia (al nivel de encargados de negocios en enero de 1983 y al nivel de embajadores en diciembre de 1989); Uruguay (octubre de 1985); Brasil (junio de 1986); Chile (al nivel consular en julio de 1991 y al nivel de embajadores en abril de 1995); Costa Rica (al nivel de oficina de intereses en enero de 1995 y al nivel consular en 1999); Haití (febrero de 1996); Paraguay (al nivel consular en agosto de 1996 y al de embajadores en noviembre de 1999); y, Guatemala (enero de 1998).

12. TENSIÓN EN EL CARIBE Y REPLIEGUE INTERNACIONAL.

El cambio de administración en Estados Unidos en 1981 y el simultáneo agravamiento de la situación política en Centroamérica y el Caribe, echaron por tierra este principio de entendimiento. Como en un retorno a las tensiones de los años sesenta, el gobierno de Ronald Reagan acusó a Castro de azuzar por doquier movimientos revolucionarios, en el análisis de Washington, incuestionablemente trufados de marxismo y meras expresiones del imperialismo soviético.

La presencia cubana se hizo notar en la Jamaica del primer ministro parlamentario Michael Manley y en el Surinam del dictador militar Dési Bouterse. En 1979 Castro vio como un acontecimiento esclarecedor el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua y se animó a prestar una ayuda considerable a la nueva Junta de Gobierno de Managua, así como algo más que una simple solidaridad con la guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador.

El 18 de julio de 1980 Castro asistió en Managua a los actos del primer aniversario de la caída del somocismo y expresó al Frente Sandinista de Salvación Nacional (FSLN) el compromiso de Cuba con la nación hermana, mediante el envío de armas y cientos de consejeros civiles y militares. De una manera bastante más discreta que en las guerras africanas, este dispositivo asistió al Gobierno sandinista durante la guerra civil que le enfrentó a la Resistencia Nicaragüense o Contra, sostenida por Estados Unidos.

Entre tanto, el FMLN había fracasado en su intento de conquistar el poder en El Salvador en una ofensiva fulminante, pero continuó librando la guerra con los gubernamentales en parte gracias a las remesas de armas provenientes de Cuba. A lo largo de 1980 y 1981, la escalada del apoyo cubano a los movimientos insurgentes centroamericanos provocó un notable deterioro de las relaciones hemisféricas. Colombia, Venezuela, Costa Rica (y la misma Jamaica, a raíz de la derrota electoral de Manley), o rompieron las relaciones o retiraron sus embajadores con carácter temporal. Al final de la década, la desaparición de los regímenes amigos de Manuel Antonio Noriega en Panamá y de Daniel Ortega en Nicaragua dejó a Castro solo en la región.

Fuera de este terreno, pero estrechamente ligado al clima de tensión en el Caribe, se situó la crisis de los marielitos de abril de 1980. Ese mes, decenas de miles de cubanos, aprovechando el relajo temporal de las restricciones migratorias, se lanzaron desde el puerto de Mariel en dirección a Florida a bordo de todo tipo de embarcaciones. La estampida, protagonizada por jóvenes nacidos después o inmediatamente antes de 1959, puso en aprietos la propaganda oficial sobre el arraigo de una "nueva mentalidad" revolucionaria sujeta a los estímulos morales.

Sin embargo, la reacción de Castro fue no obstaculizar un éxodo masivo que servía como válvula de escape de los descontentos y los desafectos (los medios locales se congratularon de que el país se librara de "gusanos", "traidores" y "lumpen"), además de que puso a Estados Unidos ante el compromiso de aceptar a todos los que llegaban a sus costas (entre los que se encontraban delincuentes comunes) para no traicionar sus anteriores seguridades. La administración Reagan se vio obligada a negociar, y en marzo de 1984 se adoptaron unos acuerdos migratorios que establecieron las cuotas de visados anuales para ciudadanos cubanos.

La presencia exterior cubana comenzó su nadir el 25 de octubre de 1983 en Granada, cuando un contingente militar de Estados Unidos, secundado por unidades simbólicas de países caribeños, puso fin al régimen procubano de Maurice Bishop. Los marines hicieron prisioneros a 600 técnicos y militares cubanos que estaban construyendo instalaciones logísticas en la isla y luego los repatrió humillantemente a La Habana.

Para Castro, que empezaba a tomar cuenta de las dificultades económicas y de los riesgos de una intervención militar de Estados Unidos contra Cuba, fue la señal de un repliegue general: en noviembre siguiente comenzó la salida de los consejeros de Nicaragua; a las diversas guerrillas izquierdistas del continente empezó a recomendarles que sondearan la paz; y en África él mismo se avino a compromisos que permitieran el regreso de los dispendiosos contingentes expedicionarios.

Los acuerdos de paz cuatripartitos de 1988 sobre Angola (a la que Castro prestó su segunda visita en 1986), posibilitados por los vientos de cambio provenientes de la URSS, establecieron un calendario de paz que por parte de Cuba comenzó en septiembre de 1989 con la evacuación de sus 45.000 efectivos en el país africano. Las últimas unidades retornaron el 25 de mayo de 1991. La aventura angoleña había costado a Cuba 2.000 muertos y un total de 11.000 bajas, un enorme sacrificio con el que el régimen de Luanda puso mantenerse en pie.

13. EL IMPACTO DEL DERRUMBE SOVIÉTICO.

El 26 de julio de 1988 Castro, que en febrero de 1986 y noviembre de 1987 había sido recibido en Moscú con la cordialidad habitual, rechazó en un discurso la perestroika de Mijaíl Gorbachov, que calificó de "peligrosa" y de "opuesta a los principios del socialismo". El líder cubano era muy consciente de las consecuencias que para el sistema cubano podía suponer el repliegue estratégico de la URSS, que por necesidades internas ya no podía satisfacer los compromisos clientelistas adquiridos con muchos países de su bloque o no alineados. La visita del dirigente soviético a La Habana, el 3 de abril de 1989, transcurrió con las buenas maneras de quienes formalmente todavía eran aliados y camaradas en la familia socialista, pero no sirvió para acercar los puntos de vista sobre qué tipo de relación debía establecerse en el futuro.

Las ejecuciones, el 13 de julio de 1989, del general Arnaldo Ochoa (el más condecorado militar de las guerras africanas y veterano de Sierra Maestra), del coronel Antonio de la Guardia y de otros dos oficiales, reos de "alta traición" por los cargos de comercio ilegal de marfil y diamantes, entre otras actividades ilícitas, estuvieron vinculadas a una faceta turbia del régimen en la que se juntaban los servicios de inteligencia cubanos, el tráfico de drogas a Estados Unidos y los nombres de Noriega y Pablo Escobar, el poderoso jefe del cártel de Medellín. Pero observadores cercanos a la realidad cubana apuntaron que lo que Ochoa estaba haciendo en realidad era conspirar para introducir en la isla reformas del tipo perestroika y glasnost.

El desmoronamiento del PCUS a raíz del fallido golpe de Estado del 19 de agosto de 1991 aceleró el abandono del glacis por Gorbachov, que trataba desesperadamente de mantener a flote a la propia URSS. Para Castro, si Moscú no había movido un dedo para impedir (cuando no las había instigado entre bambalinas) las caídas del Muro de Berlín y de todos los regímenes aliados de la Europa del Este, no cabía esperar mejor actitud para la lejana y pequeña Cuba.

El anuncio por Gorbachov el 11 de septiembre de 1991 de la retirada (concluida el 3 de julio de 1993) de los 7.000 efectivos soviéticos en el país, entre soldados, asesores y técnicos civiles y militares, confirmó el desistimiento soviético y la colocación de Cuba a merced de Estados Unidos, que no tenía ninguna intención de, en un gesto recíproco, retirar sus tropas de la base de Guantánamo. Desde 1992 las repúblicas herederas de la URSS no trastocaron de raíz los antiguos vínculos cubano-soviéticos, pero solicitaron la renegociación de tarifas y cuotas, exigieron el pago en divisas fuertes o redujeron drásticamente los intercambios. La crisis de las materias primas y las piezas de recambio industriales iba a tener efectos muy negativos sobre la producción y a generar penurias de todo tipo.

14. REFORMAS E INMOVILISMO.

Ya desde 1986 la economía cubana había encendido todas las luces de alarma: el país era incapaz de amortizar siquiera los intereses de la deuda externa, nuevas cosechas desastrosas de zafra obligaron a importar cientos de miles de toneladas de azúcar en el mercado mundial y las restricciones en los combustibles, alimentos y otros productos de primera necesidad empezaron a notarse con fuerza.

Para ventilar el mal ambiente creado por la crisis de Mariel, Castro había autorizado que el campesinado pudiera vender sus excedentes agrícolas en el mercado libre, y que algunos productos alimentarios fueran sacados de la cartilla de racionamiento y pasaran a venderse en las llamadas tiendas libres. En estos establecimientos la oferta de productos era mucho más surtida que en los comercios públicos, pero con unos precios prohibitivos para la mayoría de la población.

Se trató sólo de un amago de reforma. En el III Congreso del PCC Castro hizo un análisis muy crítico de la situación, denunciando el enriquecimiento de algunos campesinos y la pujante casta de los intermediarios, el despilfarro general de recursos, la hiperinflación burocrática, y la indisciplina y desidia laborales. Fue el final de la efímera "castroika", limitada a incrementar la oferta de bienes de primera necesidad.

La crisis empezó a afectar a los logros de la Revolución más celebrados, en los que el régimen de Castro basaba su legitimidad: unos sistemas educativo y sanitario casi universales, gratuitos y además de alto nivel técnico, así como los avances en toda una serie de indicadores sociales como la distribución de la renta nacional (si bien la oposición denunció que se había redistribuido más pobreza que riqueza), mendicidad, mortalidad infantil y esperanza de vida, que habían alcanzado posiciones cabeceras en el continente.

Ahora, todo este escenario amenazaba con derrumbarse, con el consiguiente riesgo de contestaciones y disturbios. En esta tesitura se celebró en enero de 1989 el 30º aniversario de la Revolución. Castro acuñó la consigna "socialismo o muerte", expresión de una voluntad numantina y de una rigidez doctrinal a los que la población tendría que acostumbrarse hasta la llegada de mejores tiempos.

En octubre de 1991 el IV Congreso del PCC estudió la crítica situación económica y tomó varias decisiones: ratificó el sistema de partido único, aprobó el ingreso de creyentes en el partido (lo que significó la sustitución del ateísmo militante del régimen por el concepto del Estado aconfesional), decidió la reforma de la Constitución para la elección directa de la ANPP y definió el "período especial en tiempos de paz".

Esta expresión aludía a la emergencia económica y establecía una serie de disposiciones para superarla, a acatar tanto por la ciudadanía (ahorro de consumibles, búsqueda de fuentes de energía y transporte alternativos como las bicicletas y la tracción animal) como por el Gobierno (introducción de reformas estructurales, Plan Alimentario que garantizase la autosuficiencia de esta necesidad, racionamiento draconiano de todo tipo de productos).

Se apuntó la necesidad de formar empresas mixtas y joint ventures al 50%, a ser posible con capitales latinoamericanos, de privatizar algunas empresas y bancos, de flexibilizar el comercio exterior, de atraer la inversión extranjera y de estimular la producción de bienes de consumo. Para ello se abrirían mercados libres de productos industriales y artesanales (no agrícolas, de momento), en los que podrían participar empresas estatales, productores privados y trabajadores por cuenta propia luego de cumplir sus compromisos con el Estado. Esta reforma económica fue aplicada a través de sucesivos paquetes legales aprobados por la ANPP entre 1992 y 1995.

El 27 julio de 1993, en el 40º aniversario del ataque a Moncada, se dio luz verde a los mercadillos agropecuarios ensayados hasta 1986, al trabajo por cuenta ajena y a un régimen de aparcería en el campo por el que los campesinos podrían destinar parte de su producción a los mercados libres. También se autorizó la recepción de dinero desde el extranjero y se despenalizó la compraventa en dólares, con el objeto de captar divisas (angustiosamente escasas y vitales para las importaciones) y hacer aflorar un dinero oculto que había creado una situación deflacionaria por pura iliquidez.

Esta última medida reconoció una realidad en auge en los últimos años, pues la divisa estadounidense garantizaba al cubano el acceso al mercado negro. Pero existía el peligro de crear una clase de privilegiados, los propietarios de dólares por diversas fuentes, aparte de las elites del partido. En noviembre de 1995 se dio otro paso adelante al permitirse el cambio de todo tipo de monedas extranjeras en el mercado abierto. Castro, para quien toda reforma de mercado es una especie de rendición, aclaró que se trataba de "medidas dolorosas para perfeccionar el régimen", y no una avanzadilla del capitalismo en Cuba.

A partir de 1996 la etapa más crítica de la crisis dejó paso a un período algo más bonancible gracias a las buenas cosechas azucareras, al desarrollo de una industria farmacéutica especializada en la venta de vacunas de enfermedades tropicales, a las exportaciones de níquel y a la pujante industria turística. En 1997 el V Congreso del PCC estableció la necesidad de hacer reformas estructurales en la economía, con la introducción de criterios de eficiencia, para diversificar la producción y desarrollar las exportaciones.

Por otra parte, las enmiendas constitucionales aprobadas entre el 10 y el 12 de julio de 1992 facultaron la elección directa de los 601 diputados de la ANPP y las asambleas provinciales. La elaboración de las listas de candidatos corrió a cargo de las organizaciones vinculadas al PCC y el 24 de febrero de 1993 los comicios se celebraron con una participación del 98,7%. Aunque el voto no era obligatorio, los CDR exhortaron a los ciudadanos a acudir a las urnas. A falta de mayor precisión, se estimó que el voto nulo o en blanco, solicitado por la oposición en el exilio, se situó entre el 10% y el 20%. Poco antes, el 20 de diciembre de 1992, tuvieron lugar también las primera elecciones municipales directas. En los dos casos el PCC como tal no presentó listas oficiales.

15. PERSISTENCIA DEL BLOQUEO EXTERIOR Y LA REPRESIÓN INTERIOR.

Los apuros económicos de la isla hicieron pensar al vecino del norte que con un empuje adicional el castrismo se derrumbaría, así que los sectores derechistas del Congreso impulsaron varias iniciativas para endurecer el embargo. En octubre de 1992, bajo la administración de George Bush, entró en vigor la Ley Torricelli, que entre otros puntos preveía sanciones a los países que comerciaran con Cuba y prohibía a las compañías nacionales la compra o venta de productos cubanos.

La crisis de los balseros de agosto de 1994, cuando unos 30.000 cubanos se lanzaron a una fuga desesperada a Florida en improvisadas embarcaciones de todo tipo, llevó a la administración de Bill Clinton a modificar (19 de agosto) la ley de asilo de 1966 para negar su concesión a quienes llegaran sin visado, y a adoptar (20 de agosto) un plan de cuatro puntos endureciendo el embargo.

Como en 1980, pero a menor escala, Castro enfrentó a Estados Unidos con sus contradicciones, pues si Clinton le acusó de exportar sus propios problemas y de no evitar la huida masiva de la población, hasta la víspera las recriminaciones se fundaron justamente en lo contrario. Pero también como entonces, el drama en el mar sirvió para atezar los motivos por los que se producían estas estampidas, que no eran otros que unas condiciones de vida insufribles por la degradación económica y la intolerancia política. En esta ocasión la chispa fue una revuelta popular en las calles de La Habana, el 6 de agosto, en la que unos pocos miles de personas demandaron libertad antes de ser sofocadas por las brigadas de simpatizantes castristas.

El 9 de septiembre de 1994 Estados Unidos y Cuba alcanzaron en Nueva York un acuerdo que cerró el contencioso migratorio. El primero aceptó conceder 20.000 visados anuales y devolver a la isla a todos los interceptados en el mar para que solicitaran el visado y aguardaran su turno de partida, mientras que el segundo se comprometió a impedir nuevos éxodos de balseros.

Un segundo acuerdo suscrito el 2 de mayo de 1995 extendió el régimen de visados a los refugiados en la base de Guantánamo, pero la mayoría republicana en el Congreso rechazó un entendimiento en el que entreveía el principio de un relajo del bloqueo. Así, el 21 de septiembre siguiente la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley a iniciativa por los senadores Helms y Burton encaminado a obstaculizar las inversiones extranjeras en Cuba.

La actuación de Clinton fue ambivalente: primero anunció, el 6 de octubre, más autorizaciones a particulares, periodistas y ONG para viajar a Cuba, pero al mismo tiempo negociaba con los republicanos la salida adelante de la Ley Helms-Burton en una versión más suavizada, hasta su aprobación por el Senado el 19 de octubre. La situación experimentó un retroceso a raíz del derribo por la fuerza aérea cubana, el 24 de febrero de 1996, de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate, presuntamente dentro del espacio aéreo de la isla.

Dos días después Clinton anunció un paquete de medidas reforzando las sanciones y el 12 de marzo firmó una nueva lectura de la Ley Helms-Burton, que incluía una restricción original retirada para su aprobación parlamentaria en octubre: la posibilidad de que particulares estadounidenses se querellasen contra individuos y firmas extranjeras que hubieran invertido en propiedades confiscadas después de 1959. Además, se impedía al presidente aligerar el embargo sin el permiso del Congreso. Al sustraerlo de la potestad ejecutiva de la Casa Blanca, el embargo de Cuba se convirtió de hecho en un artículo legal competencia de las cámaras.

Los años posteriores han conocido una tímida flexibilización (medidas del 20 de marzo de 1998 y el 5 de enero de 1999) de unas sanciones que obedecen ya más a una emocionalidad ideológica, mantenida viva por los poderosos sectores derechistas en el Congreso y el lobby cubano-americano, que a razones objetivas de seguridad, toda vez que Cuba hace mucho tiempo que no supone amenaza alguna para Estados Unidos. De hecho, numerosos colectivos -empresariales, financieros, culturales, periodísticos- han presionado para poner fin a un bloqueo que perjudica más que beneficia a Estados Unidos.

En todos estos años, Castro ha gustado descargar en este castigo unilateral cualesquiera padecimientos del país, convirtiéndolo en el chivo expiatorio de los errores propios. Desde principios de los años noventa la Asamblea General de la ONU ha condenado anualmente este anacronismo con casi unanimidad, sólo rota por -obviamente- Estados Unidos, por Israel y algún aliado coyuntural. Como contrapunto, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU ha censurado a Cuba sus déficits en la materia con la misma regularidad.

En los años noventa fueron frecuentes las persecuciones de disidentes (periodistas, intelectuales, activistas políticos y sociales), y aunque el número de presos considerados políticos ha disminuido sensiblemente, organizaciones como Amnistía Internacional y la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional han subrayado la persistencia de condiciones degradantes en las prisiones, abusos de todo tipo en los centros de detención y larguísimas penas de cárcel a personas condenadas por delitos tipificados como crímenes contra el Estado.

16. LA RENOVADA PRESENCIA INTERNACIONAL.

Desde los primeros años noventa, pese a las agudas dificultades internas y a la enemistad inveterada de Estados Unidos, Castro ha fortalecido su posición en el primer plano internacional, donde su figura, heroica y aleccionadora para algunos, anacrónica y recusable para otros, sigue ejerciendo una extraña atracción, de la que no pueden sustraerse incluso aquellos que le consideran el autócrata y el dictador por antonomasia.

La Habana fue el escenario de citas históricas, como las visitas del presidente chino Jiang Zemin el 22 de noviembre de 1993 (el prosovietismo cubano había dañado durante muchos años las relaciones con Beijing), la del rey español Juan Carlos I del 14 al 16 de noviembre de 1999, y la del presidente ruso Vladímir Putin del 13 al 17 de diciembre de 2000, en este caso para recomponer determinados aspectos de la otrora estrecha cooperación cubano-soviética. Incuestionables éxitos diplomáticos de Castro fueron el viaje del papa Juan Pablo II del 21 al 25 de enero de 1998, facilitado por el progresivo levantamiento de los vetos a la Iglesia Católica, y la celebración de la IX Cumbre Iberoamericana, el 15 y 16 de noviembre de 1999.

Precisamente desde su inauguración en 1991 en Guadalajara, México, el presidente cubano ha sido en todas las ediciones anuales de este foro la referencia número uno de los medios de comunicación, siempre ávidos de las palabras y los gestos del comandante, con el malestar de sectores políticos (y de algunos mandatarios asistentes), que consideran escandalosa su presencia en un foro que incide en los valores democráticos y en el respeto de los Derechos Humanos.

Su participación en la II Cumbre, la de Madrid en julio de 1992, supuso su primera estancia en España (si se descuenta la breve escala que hizo en Madrid el 16 de febrero de 1984). El 27 y el 28 de julio, invitado por el Gobierno autonómico de Galicia, visitó la casa natal de su padre en Láncara, una aldea de la provincia de Lugo, donde descubrió que en la zona aún residían algunas primas carnales. Ésta fue, de hecho, la primera estancia de Castro en un país occidental, y supuso la devolución de la visita prestada a Cuba por el presidente del Gobierno español, Felipe González, en noviembre de 1986.

Posteriormente, se desplazó a París, del 13 al 16 de marzo de 1995, a invitación de la UNESCO, y a Roma, del 16 al 19 de noviembre de 1996, para participar en la Cumbre Mundial de la Alimentación organizada por la FAO, estadía que incluyó (el 19) su primera audiencia por el Papa en el Vaticano. Entre el 16 y el 20 de octubre de 1998 estuvo en Portugal, para asistir a la Cumbre Iberoamericana de Oporto, y, de nuevo, en España, para normalizar las relaciones bilaterales, afectadas por la postura crítica de la política interior cubana adoptada por el nuevo Gobierno conservador de José María Aznar (ocasión en la que se apalabró la visita real arriba citada).

El desplazamiento que el 10 de agosto de 1988 realizó a Ecuador, para asistir a la toma de posesión presidencial del socialdemócrata Rodrigo Borja, fue el primero de Castro a un país de Sudamérica en 17 años. Junto con las cumbres iberoamericanas, las inauguraciones presidenciales han sido aprovechadas por Castro para recomponer vínculos en una vasta parte del hemisferio, donde, a pesar de las numerosas normalizaciones diplomáticas desde los setenta, se le seguía observando con circunspección.

La desaparición del bloque soviético empujó a Castro a reemplazar este apoyo exterior por una solidaridad transnacional estrictamente latinoamericana e ideológicamente sesgada, que si bien presentaba un carácter mas bien simbólico para las necesidades cubanas, al menos alivió la sensación de aislamiento.

Así, a iniciativa de Castro, el 3 de julio de 1990 Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, convocó en Sao Paulo un I Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe, al que acudieron, además del PCC y el PT, el FMLN salvadoreño, el FSLN nicaragüense, la Unión Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG), los colombianos Ejército de Liberación Nacional (ELN) y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y el mexicano Partido de la Revolución Democrática (PRD), entre otros, hasta 68 delegaciones de 22 países.

Varias decenas más de grupos insurrectos (como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN) y partidos izquierdistas (como el Frente Amplio uruguayo) se fueron sumando a lo largo de los años al conocido como Foro de Sao Paulo (FSP), que se dotó de sendos estados mayores, civil y militar, con Castro miembro de ambos y erigido en referente indiscutible.

Acusado desde medios conservadores de albergar en su seno a organizaciones subversivas que practican el terrorismo y la delincuencia (financiación a través del narcotráfico y la extorsión) como herramientas de lucha, el FSP ha justificado su apoyo a diversas guerrillas del subcontinente con argumentos de tipo indigenista, ecologista, social-religiosos (ligados a la Teología de la Liberación), antiglobalista o antineoliberal. Por otro lado, en 1996 el PCC adquirió el estatus de miembro consultivo en la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPAL).

La llegada en 1999 a la Presidencia de Venezuela del ex militar golpista y nacionalista bolivariano Hugo Chávez, declarado admirador de Castro (y, según algunas informaciones, miembro del FSP desde 1995), ha marcado una nueva era en las relaciones bilaterales, y para el dictador ha supuesto su primer aliado continental sin fisuras en muchos años. Del 26 al 30 de octubre de 2000 Castro realizó su primera visita de Estado al país caribeño desde 1959 (en febrero de 1989 asistió a la toma de posesión presidencial de Carlos Andrés Pérez); en esa ocasión, Chávez le comunicó la grata noticia de que Venezuela iba a suministrar a Cuba el petróleo que necesitaba, y a un precio sensiblemente inferior al del mercado.

A la vecina Colombia, con la que en noviembre de 1993 se elevaron las relaciones diplomáticas al rango de embajadores, Castro acudió con motivo de eventos multilaterales, como la constitución de la Asociación de Estados del Caribe (AEC). el 25 de julio de 1994, y la XI cumbre del MNA, del 18 al 20 de octubre de 1995, ambos celebrados en Cartagena de Indias.

El 7 de septiembre de 1998 visitó por sexta vez Brasil, país que le tributó una primera y calurosa acogida en marzo de 1990, y el 1 de diciembre asistió en México a la tercera toma de posesión de un presidente, la del conservador Vicente Fox. Fuera de América y Europa, en los años noventa Castro viajó a Vietnam (en este caso por segunda ocasión, tras la visita de 1973), China y Japón en diciembre de 1995, y a Ghana y Sudáfrica en mayo de 1994. En este último país asistió a la asunción presidencial de Nelson Mandela, y lo visitó de nuevo en septiembre de 1998 con motivo de la XII cumbre del MNA.

Ha tenido un especial significado la suma de Castro al concierto de países del Caribe, área geográfica propia en que Cuba perdió amistades y acrecentó adversarios cuando la crisis de Granada. El 29 de julio de 1998 inició una gira regional de seis días que incluyó paradas en Jamaica, Barbados y -con controversia local- Granada. El 21 de agosto acudió como invitado en Santo Domingo a una cumbre del CARIFORO o Foro del Caribe de los Estados ACP (Asia, Caribe y Pacífico), esto es, los signatarios de las convenciones de cooperación con la Unión Europea. El mandatario cubano declaró allí que la globalización era "inevitable" y propugnó el desarrollo en común de los recursos turísticos caribeños para evitar ser marginados de las tendencias mundiales.

Castro aprovechó para sostener una histórica reunión con el presidente dominicano Leonel Fernández, que selló el restablecimiento de relaciones diplomáticas anunciado el 11 de diciembre de 1997. El 30 de septiembre de 1998 Cuba recibió el estatuto de observador en el grupo de los ACP y el 6 de noviembre fue admitida como miembro de pleno derecho en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI, donde era observadora desde 1986). Las puertas de la OEA, por el contrario, permanecieron cerradas tras 36 años de exclusión. El 17 de abril de 1999 Castro asistió en la capital dominicana a la II Cumbre de la AEC.

En el ámbito multilateral global, la presencia de Castro tampoco ha pasado inadvertida en numerosos eventos, y hasta se ha proyectado como la vedette de los mismos, sin importar el número de mandatarios congregados. Ha participado, entre otras, en las cumbres de la Tierra en Río de Janeiro (junio de 1992), sobre Desarrollo Social en Copenhague (marzo de 1995), sobre Alimentación en Roma (1996) y la conmemorativa del 50º aniversario de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra (mayo de 1998), así como en la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en el mismo escenario días después.

No faltó a las cumbres especiales de la ONU con motivo de los plenarios 50º y 55º de la Asamblea General, de 22 al 24 de octubre de 1995 y del 6 al 7 de septiembre de 2000, respectivamente, que reunieron un número excepcional de mandatarios. Su último discurso en la sede de la ONU Nueva York había sido el 12 de octubre de 1979.

Aunque no superó lo anecdótico, en la citada Cumbre del Milenio de septiembre de 2000 Castro protagonizó un hecho sin precedentes cuando sostuvo un fugaz encuentro con el presidente Clinton. Topados casi por azar en el batiburrillo de personalidades que abarrotaban la sala en un entreacto, Castro y Clinton se estrecharon la mano e intercambiaron unas palabras de circunstancias: todo se desarrolló en unos pocos segundos. Poco antes, del 12 al 13 de abril de 2000, La Habana acogió una cumbre del Grupo de los 77 países en Desarrollo (G-77, en realidad 133 estados en aquella fecha).

17. COMPLEJIDAD DEL PERSONAJE.

El jefe del Estado cubano aprovechó todos aquellos foros para denunciar las prácticas excluyentes y depredatorias de los países desarrollados, aunque fuera de la sala de conferencias menudearon las voces demandándole que empezara por respetar los Derechos Humanos básicos en su propio país. Para sus simpatizantes, Castro es uno de los pocos líderes mundiales que ha alzado la voz contra los dogmas del libre mercado o los imperativos de la globalización y el pensamiento único.

Castro ha sido quizá el estadista que más intentos de liquidación ha tenido en las últimas décadas, algo de lo que él ha solido jactarse. En 1999 la Seguridad del Estado cubana relató nada menos que 637 atentados frustrados, con todas las formas y argucias posibles, desde el regalo de puros envenenados hasta la más clásica emboscada de francotiradores.

Todavía en agosto de 1998 se informó que el FBI estadounidense había desmantelado una conspiración de exiliados cubanos para asesinarle en la cumbre de Santo Domingo. Y todavía en la X Cumbre Iberoamericana, celebrada en Panamá en noviembre de 2000, el propio Castro advirtió que un exiliado ligado a la Fundación Cubano-Americana de Miami (adalid del anticastrismo más furibundo) estaba en la ciudad con pasaporte salvadoreño con el propósito de matarle, lo que dio motivo a un agrio intercambio de reproches con el presidente del país centroamericano, el derechista Francisco Flores.

Testigo excepcional de la historia mundial de la segunda mitad del siglo XX, el ya anciano comandante era en 2000 el cuarto jefe de Estado más veterano del mundo, siendo sólo superado por tres monarcas: el rey Bhumibol Adulyadej de Tailandia, el príncipe Rainiero III de Mónaco y la reina Isabel II de Inglaterra; los siguientes dirigentes republicanos más antiguos, los presidentes de Togo, Gnassingbé Eyadéma, y Gabón, Omar Bongo, llegaron al poder en sus respectivos países sólo en 1967.

En añadidura, en el umbral del nuevo siglo Castro ya se había convertido en el mandatario con más tiempo en el poder en la historia de todos los países de América desde sus respectivas independencias; sólo un no presidente, el emperador Pedro II de Brasil (1831-1889), tuvo un registro más prolongado, y eso que este monarca estuvo sometido a diferentes regencias la mitad de su vida.

Varios de los mandatarios estatales que se han entrevistado con Castro, o no habían nacido todavía o iban a la escuela primaria cuando él entró triunfante en La Habana en 1959. Al comenzar la nueva centuria el cubano se perfilaba como el último superviviente de toda una generación de estadistas de la Guerra Fría aún en activo, después de la dimisión y fallecimiento en 2000 de la primera ministra srilankesa Sirimavo Bandaranaike y compartiendo registro con el rey camboyano Norodom Sihanuk, muy añoso y de salud quebradiza.

Su intensa actividad diplomática continental le ha asemejado a su homólogo libio, Muammar al-Gaddafi, dedicado desde finales de los años noventa a la unidad y pacificación de África. Pero en el caso de Castro no se ha tratado de una rehabilitación, sino más bien de un acomodo, en posición señera, en un mundo que ya no se mueve en los esquemas de los bloques. Esta singular trayectoria en la escena mundial le han convertido en el estadista más duradero, controvertido y multifacético de nuestro tiempo.

A diferencia de otros dictadores pasados de América y actuales del resto del mundo, de los que es uno de sus últimos exponentes, con Castro la opinión pública internacional no ha sido en absoluto unánime a la hora de endosarle aquel término oprobioso, a pesar de que su perfil autocrático, nunca sometido al veredicto de las urnas en régimen de competencia, es inobjetable. Los que tachan a Castro de gran cínico y de supeditarlo todo al que habría sido su objetivo prioritario, la consolidación y la perpetuación de su poder unipersonal y absoluto, son refutados por quienes le señalan como un revolucionario sincero y comprometido, susceptible de errar o de pecar por terquedad, pero siempre fiel a sus convicciones.

Sus discursos (orador inveterado, resulta que ha aparecido en el Libro Guinnes de los Récords como la persona que ha tenido la alocución más larga en la Asamblea General de la ONU, la pronunciada el 26 de septiembre de 1960, de 4 horas y 29 minutos de duración) han tocado todos los asuntos fundamentales de las últimas cinco décadas: revolución y justicia social, Guerra Fría, descolonización, pugna Este-Oeste, diálogo Norte-Sur, deuda del Tercer Mundo (cuya condonación total ha pedido en diversas ocasiones), orden económico internacional, guerra y paz en Centroamérica, integración en el Caribe y, finalmente, globalización.

Justamente, esta gran tendencia le ha permitido al veterano dirigente -que, sin despecho del famoso uniforme verde oliva, viene prodigándose con el traje y la corbata-, una cierta actualización de sus diatribas, mixtura de retórica antiimperialista y de solidaridad sentimental con los desfavorecidos, contra la prepotencia del Occidente rico que capitanea Estados Unidos, punto de partida de un poder financiero y cultural que considera invasor y uniformizador.

Avezado instrumentador de los medios informativos desde la época de Sierra Maestra, como se observó a lo largo de 2000 durante el tira y afloja con Estados Unidos por la residencia a corto plazo del niño balsero Elián González, Castro es capaz de combinar un don poco común para la comunicación directa, incluso cálida, con el hombre de la calle o las confidencias de sobremesa con sus interlocutores extranjeros, el tono moralista y doctrinario que imprime a sus discursos multitudinarios y una frialdad sorprendente en la toma de decisiones drásticas, como las que condenaron a la cárcel o al pelotón de fusilamiento a numerosos compañeros de la lucha guerrillera que mostraron un talante auténticamente democrático.

El dictador cubano posee los premios Lenin de la Paz (1961) y Dimitrov (1980), así como dos órdenes de Lenin (1972 y 1986) y la Orden de la Revolución de Octubre (1976), además de otras condecoraciones que, junto con el título de Héroe de la Unión Soviética (1963), le fueron concedidas por el extinto estado comunista. Entre el centenar largo de condecoraciones nacionales e internacionales figura asimismo el Premio Muammar al-Gaddafi de los Derechos Humanos que el Estado libio le concedió en 1998.

Libros recopilatorios de discursos y artículos aparte, ha escrito los textos: Hay que pensar en el futuro (1975); Pensamiento político, económico y social de Fidel Castro; La historia me absolverá; La crisis económica y social del mundo: sus repercusiones en los países subdesarrollados (1983); José Martí, el autor intelectual (1983); la Deuda externa (1985); Fidel Castro y la religión (1986, en coautoría con Frei Betto), e Ideología, conciencia y trabajo político (1991).

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*** NOTA: Este resumen recoge datos hasta ENERO de 2001.

Luiz Inácio "LULA" da Silva.

Luiz Inácio "LULA" da Silva.

Nacio el 27 de OCTUBRE de 1945 en Vargem Grande (actual Caetés) en el estado de Pernambuco, BRASIL.
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1. OBRERO Y SINDICALISTA DEL METAL EN SAO PAULO.

Luiz Inácio da Silva nace el 27 de octubre de 1945 en el pueblo de Vargem Grande, actualmente llamado Caetés, cerca de Garanhuns, en el estado nororiental de Pernambuco, en un entorno social y económico lastrado por el subdesarrollo más agudo. Es el séptimo de los ocho hijos, cinco chicos y tres chicas -en realidad, los hermanos fueron doce, pero cuatro murieron prematuramente- tenidos por una pareja de labradores analfabetos, Arístides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello, llamada Dona Lindu por el vecindario.

El padre, hombre de temperamento violento, mujeriego y que no mostró un cariño especial hacia su familia ni el menor interés por la educación de su progenie, a la que quería ver trabajando tan pronto como tuviera la edad, emigra a la urbe de São Paulo para ganarse la vida como estibador portuario tan solo unas días antes de que su esposa de a luz al último de sus vástagos. De hecho, el joven Luiz Inácio no conoce a su padre hasta transcurridos cinco años. La ocasión se plantea cuando aquel retorna brevemente a Vargem Grande, tal vez para intentar una reconciliación con su mujer. Lo cierto es que los únicos resultados tangibles de esta visita de Arístides da Silva a su terruño son el duodécimo embarazo de Dona Lindu, quien meses después dará a luz al único hermano menor del futuro presidente, y una paliza sufrida por el propio Luiz Inácio, quien por ser el benjamín acapara las atenciones protectoras de la madre.

En 1952 Eurídice Ferreira vende las improductivas parcelas de labranza de su propiedad y marcha con toda su prole a establecerse en el estado de São Paulo, donde vislumbra un horizonte de futuro menos sombrío que el dejado atrás en el depauperado Pernambuco. La familia vive primero en Guarujá y en 1956 recala en Santos, ciudad costera que sirve de prolongación portuaria de São Paulo y en cuyos muelles de carga trabaja el padre. Sin embargo, cuando los progenitores se reencuentran, él ya ha fundado una nueva familia igual de numerosa; entonces, ella decide separarse definitivamente de su esposo, quien años después encontrará la muerte completamente alcoholizado. Hoy Lula asegura que no guarda resentimiento hacia su padre, y que, antes al contrario, siempre ha admirado su fuerza física y su virilidad; en su opinión, a Arístides da Silva lo que le perdió fue el "pozo de la ignorancia" en que se hallaba sumido.

Santos es sólo una parada temporal y la familia se mueve a la vecina São Paulo. Ciudad atestada de emigrantes y desarraigados sin recursos como ellos, los da Silva no encuentran otro inmueble para vivir que un cubículo en el sótano de un bar en el barrio obrero de Vila Carioca. El muchacho, apodado Lula por parientes y conocidos, contribuye a las magras rentas familiares trabajando como vendedor callejero de tapioca y frutas tropicales, y comienza la educación primaria en el grupo escolar Marcílio Dias de Santos. En esta situación de absoluta precariedad, el futuro sindicalista no puede recibir más que una educación elemental y, como tantos jóvenes de su extracto social, engrosa el proletariado urbano desde muy temprana edad.

Limpiabotas, mozo de tintorería y recadero de talleres y fábricas del cinturón industrial paulista son algunos de los subempleos que Lula simultanea con los estudios primarios. En el quinto curso, no obstante presentar un expediente académico prometedor, abandona la escuela, y cuando cuenta con 14 años encuentra su primer empleo de asalariado: es en la empresa siderometalúrgica Armazéns Gerais Colúmbia, concretamente en una planta de producción de tornillos. La conclusión en 1963 de un curso de tres años impartido por el Servicio Nacional de Industria (SENAI) le cualifica como tornero, ampliando sus posibilidades profesionales en el sector. En 1964, el año del golpe de Estado militar que liquidó el sistema democrático de partidos, sufre un accidente laboral en el turno de noche de la fábrica Fris Moldu Car, especializada en remates de carrocerías de automóviles, y como resultado pierde el dedo meñique de la mano izquierda.

En enero de 1966 termina una mala racha laboral, casi un año de paro, al ser contratado por la importante compañía metalúrgica Indústrias Villares, basada en São Bernardo do Campo, una de las prefecturas o municipios del denominado ABC, subárea metropolitana de São Paulo y el principal cinturón industrial de Brasil y de toda Sudamérica. Según ha contado él mismo, en aquellos años Lula era un joven despreocupado que cuando no tenía que ganarse la vida con el buzo frente al torno dedicaba todo su tiempo a jugar al fútbol, a beber cachaça (un aguardiente típico de Brasil que se obtiene de la destilación de la caña de azúcar) y a rondar a las chicas.

Es en 1968 cuando, de la mano de su hermano mayor, José Ferreira da Silva, alias Frei Chico, militante del proscrito Partido Comunista Brasileño (PCB), se interesa por el movimiento obrero. Afiliado al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, Lula combina la actividad puramente sindical, defendiendo los intereses de los trabajadores, con la difusión de boletines políticos rigurosamente clandestinos en los que se ataca al régimen militar, el cual, encabezado por el mariscal Artur da Costa e Silva, vive su fase más represiva.

En 1969 los hermanos da Silva son votados para integrar el Comité Ejecutivo del sindicato, José como secretario de área y Luiz Inácio como su suplente. En mayo de ese año éste último contrae matrimonio con una obrera de telar de nombre Maria de Lourdes, pero el maridaje se trunca trágicamente un año más tarde con la muerte de ella, víctima de una hepatitis aguda, justo cuando da a luz al primer hijo del sindicalista, que tampoco sobrevive al parto. Sobrepuesto a esta desgracia, en 1974 Lula vuelve a casarse con otra trabajadora, Marisa Letícia, también viuda y madre de un niño. Él llega a su segundo matrimonio con una hija que es fruto de la relación extraconyugal en 1972 con una auxiliar de enfermería llamada Miriam Cordeiro. Con Marisa tiene otros tres chicos y la familia queda conformada con cinco descendientes.

2. SALTO A LA POLÍTICA DESDE LAS LUCHAS GREMIALES.

En 1972 Lula es elegido director del Departamento de Protección Social del sindicato. Respetado y apreciado por sus compañeros por sus esfuerzos para mejorar la cobertura social, la preparación profesional y el nivel cultural de los trabajadores metalúrgicos del ABC paulista, en 1975 es elevado a la presidencia del sindicato con el 92% de los votos y pasa ser la voz y el rostro de casi 100.000 trabajadores. En febrero de 1978 es reelegido con el 98% de los votos y adopta una postura de total beligerancia frente a la dictadura castrense, ahora encabezada por el general Ernesto Geisel. Entonces, el régimen concita una avalancha de críticas y un desprestigio sin precedentes por el derrumbe del llamado milagro económico brasileño de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, y ante esta situación los militares no tendrán otro remedio que emprender una -muy cautelosa, no obstante- liberalización política.

Lula es el promotor principal de las grandes manifestaciones y paros obreros en São Paulo en exigencia de libertades sindicales y de la readmisión en sus puestos de trabajo de los compañeros despedidos. Para detener este peligroso frente de contestación, en 1979 el Gobierno federal hace aprobar una ley que prohíbe las huelgas en los sectores de la economía declarados esenciales. El 13 de marzo de ese año, en la víspera de la asunción presidencial del general João Baptista Figueiredo, Lula, en su primera acción contestataria que le reporta fama a nivel nacional, desobedece la disposición legal y llama la huelga general en el ABC, pasando a entablar un forcejeo con las autoridades que se salda con un precario acuerdo para el retorno de los huelguistas a las fábricas, aunque el sindicato no se libra de de ser intervenido.

Los melalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema salen de esta porfía debilitados y con el mal sabor de boca que ha supuesto la aprobación por el Congreso, a instancias del partido promilitar Alianza Renovadora Nacional (ARENA), pero también de algunos diputados del opositor Movimiento Democrático Brasileño (MDB) -las dos únicas formaciones legales, que cumplían el simulacro de democracia representativa implantado en 1966-, de una normativa lesiva de los derechos de los trabajadores. Es el momento para que cuaje una idea ya planteada por Lula a finales del año anterior, formar un partido político que vele por los intereses de los trabajadores en las instituciones emanadas del voto popular, además de sumarse a la causa democrática en un sentido general.

El 10 de febrero de 1980, al amparo de la disposición legal del 29 de noviembre de 1979 que ha extinguido el bipartidismo y ha abierto la puerta a un multipartidismo que sus promulgadores pretenden que sea limitado, los sindicalistas de Lula, activistas sociales y algunos políticos e intelectuales de izquierda fundan en el Colegio Sion de São Paulo el Partido de los Trabajadores (PT). La nueva formación, aún no legal y a duras penas tolerada por las autoridades, reivindica un ideario socialista convencional, clasista y con nociones marxistas, esto es, un poco a semejanza de los partidos socialistas y laboristas europeos de los años cincuenta y sesenta. El PT presenta una organización disciplinada y goza de una sólida implantación popular, la cual arraiga con mucha rapidez entre las masas proletarizadas de São Paulo.

El PT recibe también numerosas adhesiones del sindicalismo brasileño y de sectores progresistas de la Iglesia católica permeables a la Teología de la Liberación y cuyo rostro señero es monseñor Helder Cámara, arzobispo de Olinda y Recife y clérigo de fama universal. En su fase inicial, el PT está muy vinculado a grupos socialdemócratas adscritos al también recién fundado Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, formación mayormente centrista y heredera del abolido MDB), en particular a la facción animada por el sociólogo Fernando Henrique Cardoso, cuya campaña electoral a senador por São Paulo en 1978 Lula apoya. De hecho, la intención primera de Lula es integrar a Cardoso (persona con un perfil harto disímil, por su extracción burguesa, su bagaje intelectual y su trayectoria cosmopolita) en un proyecto común de socialismo democrático llamado a plantear una sólida oposición a los militares en el poder. Sin embargo, la iniciativa no prospera porque, según algunos comentaristas, brinda argumentos a quienes desde la izquierda más propiamente marxista niegan al PT su carácter de partido, no ya revolucionario, sino simplemente obrero.

En el lado del espectro político del PT ya están operando otras formaciones en trance de organización y relanzamiento, principalmente el Partido Democrático Laborista (PDT) del veterano Leonel Brizola, el PCB de Luiz Carlos Prestes y el Partido Laborista Brasileño (PTB) de Ivete Vargas. Estos grupos plantean también una oposición sin ambages al régimen militar desde posturas de izquierda, pero a diferencia del PT portan de hecho viejas siglas y viejos proyectos que vivieron sus mejores tiempos en el período democrático comprendido entre 1945 y 1964. Más aún, a finales de la década de los setenta el PCB llevaba años dividido en facciones marxistas ortodoxas y renovadoras, mientras que el PDT, escorado al populismo de izquierdas, y el PTB, más moderado, mantenían una pugna particular por la titularidad de la herencia ideológica del trabalhismo, noción acuñada por el PTB original puesto en marcha por Getúlio Vargas en 1945 y que tenía su baluarte en Río de Janeiro.

Por de pronto, Lula continúa con su lucha de tintes políticos en el frente sindical. El 1 de abril de 1980 comienza una huelga de los obreros paulistas en demanda de mejoras salariales que se prolonga durante 41 días y que es duramente reprimida por las fuerzas del orden. En el decimonoveno día de este nuevo y tenso pulso con el poder, Lula y el resto de la directiva del sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema son arrestados y removidos de sus puestos gremiales en virtud de la Ley de Seguridad Nacional. Preso en los calabozos de la policía política de la dictadura, el DOPS, hasta mediados de mayo, a Lula se le imputa un delito de alteración del orden público y el 25 de febrero de 1981, semanas después de regresar de un viaje por Europa y Estados Unidos, un tribunal militar de São Paulo le condena a tres años y seis meses de cárcel, pena que no llega a cumplir porque el 2 de septiembre siguiente el Tribunal Supremo Militar anula la primera sentencia y solicita un nuevo juicio.

3. LENTO ASCENSO ELECTORAL DEL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES.

El PT se registra provisionalmente el 11 de febrero de 1982 y tiene su debut electoral en las elecciones legislativas multipartidistas del 15 de noviembre del mismo año, cuando queda en un discreto quinto lugar tras el PDT y el PTB con el 3,5% de los votos, lo que le da derecho a ocho escaños en la Cámara de Diputados. Lula, ya exonerado de toda cuenta pendiente con la justicia al declarar el Tribunal Supremo Militar la prescripción de su caso el 11 de mayo, prueba suerte en la liza por el puesto de gobernador de São Paulo. Se trata de su primera aspiración a un cargo político de elección popular y, dadas las circunstancias, el resultado adverso está cantado: pese a recibir más de un millón de votos, que son casi todos los cosechados por el partido en el conjunto del país, lo que indica que su base de apoyos proviene casi exclusivamente del cinturón rojo paulista, Lula es rebasado por otros tres contrincantes encabezados por André Franco Montoro, del PMDB.

El 26 de agosto de 1983 Lula participa en la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT), que se articula como la agrupación gremial ligada al PT y como el nuevo ariete movilizador del obrerismo contra el régimen militar. Desde finales de ese año integra, con Brizola y el jefe del PMDB, Ulysses Guimarães, el trío de líderes opositores que galvaniza las masivas manifestaciones populares en demanda de la elección directa del presidente de la República. Sin embargo, la campaña del Diretas Já termina en fracaso, ya que en el Congreso los diputados del Partido Democrático Social (PDS, heredero de ARENA) consiguen frustrar el 25 de abril de 1984 la enmienda constitucional que la reforma precisa.

Después de este revés opositor, el jefe petista es marginado de los conciliábulos capitaneados por Guimarães, Brizola y los escindidos del PDS Aureliano Chaves y José Sarney con el objeto de catapultar a la Presidencia de la República al candidato del PMDB, Tancredo Neves, frente al nominado por el PDS, Paulo Maluf. De todas maneras, ante la disyuntiva dirimida por el Colegio Electoral, Lula no duda en apoyar a Neves, quien, en efecto, gana la investidura el 15 de enero de 1985. Sin embargo, el respetado ex gobernador de Minas Gerais fallece antes de poder asumir la suprema magistratura y el testigo pasa al vicepresidente electo, Sarney, quien se convierte en presidente de la República en funciones el 15 de marzo y en titular el 21 de abril.

Brasil ha recobrado el sistema democrático, pero para Lula y los petistas lo que se abre no es sino otro ciclo de contiendas políticas. Por de pronto, el PT se lanza a contestar con una nueva hornada de huelgas y manifestaciones el plan de estabilización económica aplicado por Sarney, conocido como el Plan Cruzado, que confía en las recetas liberales para eliminar la hiperinflación y corregir la crónica debilidad de la moneda nacional. Con sus exigencias de que se suspenda el pago de la asfixiante deuda externa, que terminen los despidos masivos en la industria paulista y, en definitiva, que el Gobierno no transija con las exhortaciones del FMI, en el ecuador de la década de los ochenta Lula perfila su estampa de político izquierdista radical, con la presencia y los modos propios del sindicalista arisco, de verbo encendido y ademanes un tanto rudos que ha sido hasta ahora. Lula no sabe o no quiere sofisticarse con el objeto de ganar respetabilidad y poder desenvolverse en los vericuetos de la alta política federal, un terreno copado por personalidades de la derecha, el centro y el centroizquierda tan excelentemente instruidos como hechos para el despacho oficial, el traje y la corbata.

Cuanto más se distancia Lula de las élites de los demás partidos, más incrementa su popularidad entre las clases trabajadoras golpeadas por la crisis y cimenta su liderazgo obrero en las ciudades satélite de São Paulo. En las elecciones legislativas del 15 de noviembre de 1986 el PT adelanta al PDT, pisa los talones al PDS y se encarama como la primera fuerza de la izquierda con el 6,9% de los votos, que se traducen en 16 diputados. Eso sí, el partido permanece a mucha distancia de las dos grandes formaciones del centro y la derecha, el PMDB y el Partido del Frente Liberal (PFL, escisión del PDS). Con todo, en los comicios de 1986 Lula es el cabeza de lista que obtiene el escaño en la Cámara baja del Congreso, investida de mandato constituyente, con el mayor número de votos, 650.000. En la Asamblea Nacional Constituyente emanada de la Cámara, Lula pugna para que la nueva Carta Magna salvaguarde los intereses de los trabajadores. Y, ciertamente, el texto promulgado el 5 de octubre de 1988 recoge el derecho de huelga, la semana laboral de 44 horas, las vacaciones parcialmente pagadas y las revisiones salariales ajustadas al coste de la vida, entre otras mejoras históricas. Sin embargo, uno de los puntos incorporados al programa del PT, la reforma agraria, sigue y seguirá inédito en la agenda del Gobierno.

4. CANDIDATO PRESIDENCIAL EN 1989 FRENTE A COLLAR DE MELLO.

En 1989 tendrán lugar las primeras elecciones presidenciales directas en tres décadas y dos años antes Lula lanza su postulación. En el V Encuentro Nacional del PT, el 4 de diciembre de 1987, es nominado candidato al tiempo que cede la presidencia del partido a otro responsable curtido en las luchas sindicales, Olívio Dutra. En los comicios municipales del 15 de noviembre de 1988 los candidatos petistas ganan en 29 prefecturas, entre ellas tres capitales estatales, São Paulo, Porto Alegre y Vitória, y de cara a las presidenciales Lula forma el Frente Brasil Popular con el Partido Socialista Brasileño (PSB) y el muy ortodoxo Partido Comunista de Brasil (PCdoB), añeja escisión marxista-leninista del PCB que no reconoció en su momento la desestalinización decidida por el sector mayoritario del partido.

Así las cosas, Lula arranca la campaña para el envite del 15 de noviembre de 1989 con expectativas optimistas, pero se le interpone el candidato prefabricado del centroderecha, el ex gobernador de Alagoas y millonario Fernando Collor de Mello, con su agrupación montada para la circunstancia, el Partido de Reconstrucción Nacional (PRN), el cual, patrocinado por poderosos círculos económicos y políticos conservadores, desarrolla una campaña basada en las más modernas técnicas de marketing electoral y en promesas populistas de imposible cumplimiento. Collor no desdeña tampoco los golpes sucios, como la contratación con finalidad difamatoria de Miriam Cordeiro, la antigua amante de Lula, que acusa al petista en un programa de televisión de haberle pedido que abortara la niña tenida con él, Lurian.

El sonriente, elegante y bien parecido Collor lleva a Lula a un terreno, el de la imagen, en el que no puede competir de ninguna manera, así que en la primera vuelta el paulista, con el 17,2% de los votos, es superado por el alagoano en más de once puntos, y cerca está de ser desplazado por Brizola para el paso a la segunda ronda del 17 de diciembre. El veterano político carioca y los otros candidatos derrotados de la izquierda y el centro, Mário Covas por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, surgido del PMDB), Guimarães por el PMDB y Roberto Freire por el PCB, llaman a parar a Collor y cierran filas con Lula, pero estas adhesiones resultan insuficientes y, por cinco puntos de diferencia, el petista es derrotado con el 47% de los sufragios por el postulante del PRN, que sucede a Sarney el 15 de marzo de 1990.

Convertido en el principal damnificado de esta brillante operación de las derechas para impedir el acceso a la Presidencia de un candidato de la izquierda, y terminado su mandato en el Congreso, Lula retoma la jefatura orgánica del partido en el VII Encuentro Nacional, el 31 de mayo de 1990, y se apresta a plantear una dura oposición a la administración de Collor. Así, pone en marcha el denominado gobierno paralelo, inspirado en la fórmula del shadow cabinet del parlamentarismo anglosajón, para contraponer al programa neoliberal del PRN y sus socios de coalición una serie de políticas alternativas que tocan los planteamientos tradicionales del PT: el aumento del salario mínimo y los ingresos reales de los trabajadores, la redistribución de la renta nacional, la corrección de las abrumadoras desigualdades socioeconómicas de los brasileños (las más acusadas del mundo), el lanzamiento de la siempre postergada reforma agraria y la concesión de prioridad absoluta a las áreas de salud, nutrición, educación, transporte y vivienda, donde el gigante sudamericano, que aspira a figurar en el selecto club de las potencias del primer mundo, presenta gravísimas carencias propias de los países menos desarrollados.

De la mano de Lula, a lo largo de la década de los noventa el PT continúa aunando votos en las sucesivas convocatorias electorales. Con el 10,2% de los sufragios es la tercera lista más votada en las legislativas federales y estatales del 25 de noviembre de 1990, si bien en el reparto de diputados, con 35 actas, sale perjudicado con respecto al PSDB, el PRN, el PDS y el PDT, y desciende a la condición de séptima fuerza parlamentaria. El partido también estrena su primer senador, por São Paulo, pero no gana ningún puesto de gobernador estatal.

Luego de tomar parte activa en la campaña de movilizaciones populares pidiendo el juicio parlamentario y la destitución de Collor por corrupción (proceso que, efectivamente, tiene lugar y que obliga al mandatario a presentar la dimisión a finales de diciembre, tres meses después de ser suspendido por la Cámara), el partido de Lula registra nuevos avances en las municipales del 3 de octubre y el 15 de noviembre de 1992, cuando aumenta sus prefecturas a 55, inclusive Belo Horizonte y Porto Alegre, aunque encaja el amargo revés de la pérdida de São Paulo. Entre consulta y consulta, el PT ha celebrado su I Congreso nacional, del 27 de noviembre al 1 de diciembre de 1991.

En esta cita Lula saca adelante su definición de "socialismo democrático", una tendencia "puramente socialista" que rechaza tanto el capitalismo liberal como el socialismo estatista de tipo soviético, pero también el modelo de socialdemocracia, ya que, según él, esta vía sólo es pertinente para países ricos capaces de destinar sus ingentes recursos al bienestar de una población que ya tiene sobradamente cubiertos sus mínimos vitales, lo cual no es el caso de un país en vías de desarrollo como Brasil. En esta suerte de desmarxistización del PT está el embrión de ulteriores escisiones de sectores trotskistas contrarios a Lula. Las defecciones darán lugar en 1994 al Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) y tres años después al Partido de la Causa Operaria (PCO), éste bajo la dirección de Rui Costa Pimenta. Por otro lado, el aggiornamento del PT no va a resultar suficiente como para permitirle la entrada en la Internacional Socialista (el PDT de Brizola es en estos años, y lo seguirá siendo en el futuro, el único representante brasileño en esta organización suprapartidista), una posibilidad que, dicho sea de paso, tampoco interesa a Lula.

5. PROBLEMAS CON LA IMAGEN IZQUIERDISTA Y DOS FRACASOS EN LAS URNAS ANTE CARDOSO.

Lula prepara su segunda aspiración presidencial recorriendo miles de kilómetros a lo largo y ancho del vasto país sudamericano, y en el IX Encuentro Nacional petista, del 29 de abril al 1 de mayo de 1994, es nominado candidato. Con la adhesión esta vez del PSB, el PCdoB, el PCB, el PSTU, el Partido Verde (PV) y el Partido Popular Socialista (PPS, el antiguo PCB de Freire luego de abandonar el marxismo en 1992, lo que no impidió que un sector ortodoxo se independizara con la sigla del PCB), que junto con el PT forman el Frente Popular por la Ciudadanía, Lula encara la votación del 3 de octubre de 1994 con excelentes puntuaciones en los sondeos de opinión.

Sin embargo, cuando la campaña arranca los principales medios de comunicación vuelven a favorecer al representante de la moderación y del establishment, Fernando Cardoso, por el PSDB, cuyo espectacular currículum académico, su prestigio internacional como sociólogo y su labor como ministro de Hacienda en el Gobierno de Itamar Franco, que ha tenido la virtud de acabar con las turbulencias monetarias y la hiperinflación, constituyen unos activos que Lula, quien "ni siquiera" tiene terminada la secundaria, no puede o no sabe neutralizar con otra categoría de méritos presumidos. Así, su proyección como hombre honesto, íntegro y voluntarioso, y la explicación de que compensa con creces la falta de preparación teórica y académica con el conocimiento directo de la realidad cotidiana de los brasileños, siguen resultando insuficientes para las clases medias que ligan a Cardoso con el fin de la pesadilla de los precios desbocados y la estabilidad, y que no quieren saber nada de un cambio de timonel en Brasilia.

Acusado de carecer de la experiencia y la preparación para manejar los complejos asuntos de Gobierno, de no saber conducirse con la diplomacia y el pragmatismo requeridos en la política de Estado, de estar anclado en un izquierdismo trasnochado y de cultivar amistades poco recomendables en el ámbito internacional, Lula vuelve a parecer un candidato poco de fiar para una mayoría de electores, de tal suerte que es vapuleado por Cardoso en la primera ronda con el doble de votos, el 54,3% para el socialdemócrata y el 27,1% para el petista. Una compensación insuficiente de este segundo fracaso de Lula es la captura por el partido de los gobiernos del estado de Espíritu Santo y del Distrito Federal de Brasilia, y el incremento de la representación en el Legislativo federal a los 49 diputados y los 5 senadores.

En el X Encuentro Nacional del PT, el 20 de agosto de 1995, Lula abandona definitivamente la presidencia del partido y la deja en manos de José Dirceu, antiguo revolucionario de simpatías guevaristas reconvertido a un posibilismo de corte socialdemócrata. Lula queda como presidente honorario del partido y pasa a coordinar el Instituto Ciudadanía, centro de estudios y de formulación de políticas del PT. La opinión pública cree entonces que Lula ha decidido retirarse del primer plano político y que ha renunciado al liderazgo del PT al cabo de 15 años, más por cuanto que la mudanza ha tenido lugar en un ambiente tenso por las revelaciones de prácticas corruptas en algunas prefecturas gobernadas por el partido.

La impresión de que Lula, por cansancio o por frustración, ha dicho adiós a sus aspiraciones de poder, es temporal. El 11 de diciembre de 1997 lanza su tercera aspiración presidencial y el 16 de enero de 1998 se apunta un importante tanto al adoptar con Brizola un acuerdo de coalición y contra "el neoliberalismo y la globalización salvajes"; si la alianza del PT y el PDT gana en octubre, Brizola obtendrá la Vicepresidencia. El compromiso entre dos dirigentes carismáticos que nunca han mantenido relaciones especialmente cordiales se interpreta en su momento como un reconocimiento implícito del paulatino trasvase del electorado trabalhista de izquierda al PT. Lula integra al PCdoB, el PCB y el PSB en la plataforma y se convierte en el candidato unitario de la izquierda, aunque esta vez el PPS prefiere concurrir por su cuenta. La campaña electoral reproduce muchas de las pautas de la edición de 1994, pero esta vez Cardoso parte con las ventajas materiales de tener a su disposición el aparato del Estado y un formidable caché financiero que le permite gastar en movilización y propaganda diez veces más de dinero que su rival.

El 4 de octubre de 1998, pese a los nubarrones que asoman en el horizonte económico, el crecimiento de la deuda externa y el profundo malestar social generado por las privatizaciones, Cardoso, con el 53% de los votos, vuelve a birlarle la segunda vuelta a Lula con autoridad, si bien el petista asciende hasta el 31,7% y se distancia de su más inmediato perseguidor, Ciro Ferreira Gomes, antiguo miembro del PSDB pasado a las filas del PPS, que ha concurrido con el mensaje de que Lula "está gastado" y la determinación de reemplazarle como primer dirigente de una izquierda renovada y aligerada de dogmatismos. De nuevo, las satisfacciones vienen de los otros comicios: el PT se hace con los gobiernos de Rio Grande do Sul, Acre y Mato Grosso do Sul, mientras que en el Congreso Nacional crece hasta los 58 diputados y los 7 senadores, aunque no por ello deja de ser la quinta fuerza parlamentaria tras el PFL, el PSDB, el PMDB y el Partido Popular Brasileño (PPB, fruto de la fusión del PDS con una serie de formaciones de derecha) de Paulo Maluf. Dos años más tarde, el 1 y el 29 de octubre de 2000, el PT ganará las prefecturas de Recife, Belém y Goiâna, y recuperará la de São Paulo, elevando el número de ciudades gobernadas a 187.

6. PAPEL EN LOS FOROS DE SAO PAULO Y PORTO ALEGRE.

En parte como una iniciativa del dictador cubano Fidel Castro, Lula convocó en São Paulo para los días 2, 3 y 4 de julio de 1990 el primer Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe, al que acudieron, además del PT y el Partido Comunista Cubano, más de sesenta partidos y movimientos guerrilleros de 22 países. El conocido como Foro de São Paulo (FSP) fue luego acusado por medios conservadores y liberales de todo el hemisferio de albergar en su seno a organizaciones subversivas que practicaban el terrorismo, el secuestro y la extorsión como medios de lucha política, aunque los petistas replicaron con el argumento, no exento de ambigüedad, de que lo único que pretendían era tejer un manto de solidaridad con las luchas de índole social, indigenista o medioambiental en el continente.

Lula acude puntualmente a los encuentros anuales del controvertido FSP. En 2000 y 2001 lo defiende como un espacio necesario, ya que "la izquierda en el mundo necesita reafirmar su discurso de paz", y de paso expresa su más rotunda condena al terrorismo, que "no ayuda a la izquierda y no lo ha hecho en ningún momento de la historia". No obstante estas puntualizaciones, las apariciones de Lula y Castro compartiendo camaradería e intercambiando elogios en toda la década de los noventa son un importante abono para la desconfianza, cuando no la hostilidad y el temor, de la mayoría de los políticos, empresarios y ciudadanos de las clases alta y media de Brasil. Los conservadores ven en Lula poco menos que a un criptocomunista que, de llegar al poder, decretará la estatalización de la economía, aumentará los impuestos, derrochará los ingresos públicos y pondrá en fuga a la inversión extranjera.

Una de las prefecturas más emblemáticas del PT, Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul, donde el partido viene ensayando una experiencia para integrar a la ciudadanía en la política presupuestaria del consistorio (el llamado "presupuesto participativo"), acoge del 25 al 30 de enero de 2001 el primer Foro Social Mundial (FSM), concebido como la alternativa al Foro Económico Mundial (FEM) que se celebra al mismo tiempo en Davos, Suiza, y como el punto de encuentro de ONG y activistas antiglobalización de todo el mundo. En el II FSM, celebrado en febrero de 2002, representantes políticos de izquierda consideran el establecimiento de un "vínculo estratégico" con el FSP (que envía al evento una nutrida delegación) y anuncian que el III FSM, a celebrar en enero de 2003 en el mismo escenario, quizá cuente con la presencia de jefes de Estado, lo que suscita especulaciones sobre las posibles asistencias de Castro y el polémico presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Lula oficia como la estrella política de las dos primeras citas del FSM y se consagra como una suerte de campeón de las izquierdas de todo el continente al sur del río Grande.

7. CUARTO ENVITE PRESIDENCIAL Y VICTORIA EN 2002.

En otro ambiente político y en otro país, tres derrotas presidenciales consecutivas serían motivo suficiente para arrojar la toalla, pero si de algo no está mermado Lula es de pugnacidad, terquedad y capacidad para mantener la confianza de las bases del partido. El 16 de diciembre de 2001, en el XII Encuentro Nacional del PT, lanza su precandidatura presidencial y el 17 de marzo de 2002, en la primera nominación abierta a la militancia petista, el 85% de los 170.000 afiliados que participan en la primaria se decanta por él frente al senador Eduardo Suplicy, un dirigente abiertamente partidario de apartar al líder fundador de la conducción política.

Lula advierte a propios y extraños que no está "dispuesto a perder una cuarta elección" en octubre de 2002, así que, con José Dirceu como brazo derecho y mente pensante, pone en marcha una estrategia electoral enteramente renovada que hace hincapié en aspectos descuidados o voluntariamente excluidos en campañas anteriores. Por de pronto, se intenta anular las habituales acusaciones en su contra de ser una persona hosca, intratable e indigna de confianza, mediante un notable cambio de imagen: la indumentaria de regusto obrero da paso al traje y la corbata; el cabello y la barba, otrora crespos y negros, se muestran ahora más atusados y encanecidos, y los ademanes ceñudos y belicosos son sustituidos por sonrisas y jovialidad. Los asesores difunden una imagen del candidato inédita, más relajada y familiar, como esposo y padre afectuoso, capaz de exteriorizar sentimientos.

El contenido experimenta una mudanza tanto o más importante que la forma. Manteniendo lo esencial del discurso crítico de izquierdas, Lula suaviza el tono y dirige guiños a sectores ideológicamente remotos. Asegura a los empresarios locales y a los operadores financieros que no tienen motivos para temer al PT en el poder, ya que los principios del libre mercado no se van a cuestionar, al igual que ejes de la política económica de Cardoso como la lucha contra la inflación y la colocación del real en el régimen de cambios variables. Esto último, a pesar de dar pábulo a los ataques especulativos contra la moneda nacional, movimientos que, precisamente, se incrementan desde el momento en que los sondeos de intención de voto sitúan a Lula como casi seguro ganador.

Un sorprendente aldabonazo de Lula en la precampaña es la presentación en junio del magnate José de Alencar Gomes da Silva, uno de los dirigentes del Partido Liberal (PL), pequeña fuerza parlamentaria -una docena de diputados- y adalid de un liberalismo económico con vertiente social, como el compañero de papeleta para la Vicepresidencia. En los meses siguientes, un número creciente de empresarios expresa su apoyo a la fórmula Lula-Alencar, al igual que los ex presidentes Sarney y Franco, amén del influyente político derechista de Bahía Antônio Carlos de Magalhães, dirigente del PFL y antaño protector de Collor de Mello; hasta Paulo Maluf, notorio superviviente de la derecha promilitar de tiempos de la dictadura, realiza unos comentarios elogiosos sobre el que ha sido su inveterado enemigo durante más de dos décadas.

La que se presentaba como el principal adversario de Lula, Roseana Macieira Sarney, hija de José Sarney y gobernadora de Maranhão por el PFL, se retira de la carrera presidencial en abril al quedar tocada por un escándalo de corrupción. Ello reduce a tres los rivales de Lula con cierta entidad: José Serra, ministro de Sanidad con Cardoso y candidato tucano (por el motivo del logotipo de partido oficialista, un tucán) de la Gran Alianza formada por el PSDB y el PMDB; el neopopulista Ciro Gomes, respaldado por el Frente Laborista del PPS, el PTB y el PDT; y, el socialista Anthony Garotinho, también tildado de populista, por el Frente Brasil Esperanza que integran el PSB, el Partido General de los Trabajadores (PGT) y el Partido Laborista Cristiano (PTC). La extrema izquierda, representada por el PCO y el PSTU, concurre aisladamente en las personas de Rui Costa Pimenta y José Maria de Almeida, respectivamente. En cuanto al favorito, la coalición Lula Presidente liga al PT y el PL con el PCdoB, el PCB y el Partido de Movilización Nacional (PMN). Característica nunca vista en una elección presidencial de Brasil o del resto de América Latina, todos los candidatos, viéndolo objetivamente a tenor de sus propuestas, se ubican con mayor o menor nitidez en la izquierda del espectro político.

En agosto, con el real devaluado un 30% desde enero, la inflación acercándose al 2% mensual y las calificaciones internacionales de la deuda pública y el riesgo inversor de mal en peor, Lula, que hace poco ha comparado la asistencia del FMI a su país con un "beso de la muerte", concede a Cardoso la garantía en principio de respetar el reciente acuerdo suscrito por el Gobierno con el citado organismo internacional, por el que Brasil accederá a una línea de crédito de 30.000 millones de dólares (de los que 26.000 están, precisamente, condicionados a la política económica del futuro ejecutivo) y podrá gastar 10.000 millones adicionales de sus reservas para defender el real de los ataques especulativos. A cambio, el Gobierno deberá perseguir un superávit presupuestario primario (esto es, descontando el servicio de los intereses de la deuda) para 2003 de al menos el 3,75 % del PIB.

Lula declara que apoya "la idea" de que Brasil tenga que pedir dinero, pero elude expresar un compromiso en firme, prolongado en el tiempo, con el FMI en los actuales términos del acuerdo. Si él llega a la Presidencia, Brasil recibirá más inversiones, "pero sólo productivas", precisa, y en todo caso está resuelto a aplicar una política de marcado corte socialdemócrata, expansionista y socialmente orientada, añadiendo que a los empresarios, en realidad, les interesa integrar en la demanda de mercado a la legión de marginados económicos tan pronto como éstos adquieran una capacidad de consumo.

Expone la necesidad de relanzar la producción, en franco declive desde comienzos de 2001, de obtener tasas de crecimiento anuales no inferiores al 4,5% o el 5% del PIB, y, al socaire del buen nivel de las reservas internacionales y el progreso de las exportaciones (una repercusión positiva de la devaluación del real), de reducir el tipo básico de interés, que se encuentra entre los más elevados del mundo, del 18,5% al 13%. Con el abaratamiento de los créditos se pretende reactivar las inversiones productivas y el consumo, desanimar las inversiones financieras típicamente especulativas y aflojar el dogal de la deuda pública interna, que en mayo de 2002 se sitúa en los 175.000 millones de dólares (259.000 millones en términos brutos), colosal cantidad que representa el 70% de la deuda pública total y el 42% del PIB.

Las máximas prioridades expuestas por Lula en su cuarta campaña presidencial se toman de los compromisos petistas de siempre, sintetizados en la mejora de los estándares de vida de los brasileños, en especial los menos favorecidos. Lula aboga por ampliar el nivel laboral creando 10 millones de puestos de trabajo y dignificando otros tantos existentes. La tasa promedio de paro en 2002 va a ser del 11,7%. El dato, con ser preocupante, no ilustra correctamente sobre el verdadero alcance de la precariedad laboral en Brasil, ya que la mitad de la población activa se ocupa en la economía sumergida o está subempleada.

Para avanzar en el reparto de la renta nacional, Lula formula la pretensión de aumentar el impuesto sobre la renta en el tramo máximo del 27% al 35%, como anticipo de una profunda reforma fiscal de carácter más progresivo, abierta a la discusión y el consenso de los partidos y los actores sociales, y también desea elevar el salario mínimo legal. Partiendo de los programas de asistencia creados por el Gobierno de Cardoso, apunta como factible, hasta llegar al último de los brasileños, la universalización de los servicios urbanos y los derechos sociales.

Con su política de renta mínima, Lula centra la mirada en el colectivo de entre 30 y 55 millones de pobres -según el umbral que se establezca para ser considerado tal-, cifras que son desoladoras en términos absolutos pero un poco menos en términos relativos, ya que los porcentajes son comparativamente inferiores a los de otros países latinoamericanos. Un dato que suele olvidarse habitualmente es que Brasil tiene la clase media más numerosa de América después de Estados Unidos. El punto de la reforma agraria se mantiene igualmente intacto en la agenda de Lula, que promete entregar tierras improductivas a los campesinos sin propiedad, así como los medios tecnológicos y económicos para cultivarlas, por lo que, concluye, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), cuyas reivindicaciones el PT siempre ha apoyado, tendrá que poner fin a las ocupaciones, a veces violentas, de latifundios y pastizales propiedad de los terratenientes. En su programa, Lula aúna estas dos ambiciosas metas en el lema Inclusión social con justicia ambiental.

Por lo que se refiere a la política internacional, los observadores están convencidos de que el Lula presidente mantendrá la tradicional autonomía de Brasil frente a Estados Unidos, retomando y, seguramente, intensificando, las posturas críticas de Cardoso frente a procesos de alto interés estratégico para Washington como son la consecución del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a partir de 2005 o el Plan Colombia para combatir el narcotráfico en el país andino dando prelación a los medios militares. Antes de las elecciones, el dirigente petista declara que un Gobierno suyo concederá prioridad absoluta al Mercado Común del Sur (MERCOSUR, integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) frente al estrictamente librecambista ALCA, y le insuflará vigor en una etapa de serio cuestionamiento por la proliferación de conflictos comerciales entre sus miembros a raíz de la crisis económica que zarandea la región. Incluso, favorecerá la integración de Chile, Venezuela o Perú como nuevos estados miembros.

En cuanto a la alarma suscitada en sectores conservadores del continente por una eventual "alianza Castro-Lula-Chávez" y las advertencias de un "efecto dominó" izquierdista en todo el subcontinente, el brasileño declara que, efectivamente, ha tenido relaciones con esos dos dirigentes (de Chávez asegura no conocerle en persona aún) como las ha tenido "con otros estadistas del mundo", pero aclara que un gobierno suyo no trazará preferencias diplomáticas. Simpatías evidentes aparte, el concepto subyacente en todas estas manifestaciones de Lula es el de la independencia y la libertad para establecer la agenda internacional de Brasil, tanto en lo político como en lo comercial.

Llegado el 6 de octubre, con una expectación internacional ante unas elecciones sudamericanas muy pocas veces vista, las dudas se reducen a si Lula será capaz de proclamarse presidente en la primera vuelta con más del 50% de los votos o si tendrá que disputar la segunda ronda. Sucede esto último: Lula se pone en cabeza con el 46,4% de los votos y deberá enfrentarse con Serra, que recibe el 23,2%. Garotinho es el tercero con el 17,9% y Gomes el cuarto con el 12%. El 27 de octubre, luego de recibir el respaldo de los dos aspirantes eliminados, así como de Brizola, el petista bate definitivamente al tucano con el 61,3% de los sufragios y se convierte en el presidente más votado en la historia de Brasil; sírvase el dato añadido de que su papeleta logra imponerse en 26 de los 27 estados de la federación. El espectacular vuelco electoral se manifiesta también en los comicios al Congreso, donde el PT obtiene 91 diputados y 14 senadores, lo que le convierte en la primera fuerza de la Cámara baja y la tercera de la Cámara alta.

Paradójicamente, la marea de votos hacia Lula y el PT en el nivel federal no tiene su equivalente en los comicios para los gobiernos y asambleas de los estados y el Distrito Federal de Brasilia. El PT fracasa particularmente en São Paulo (si bien en la metrópoli capitalina Lula se impone a Serra en su pugna particular), donde el gobernador reeleccionista Geraldo Alckmin (PSDB) triunfa sobre José Genoíno Neto en la segunda vuelta gracias al apoyo de Maluf, el tercero en discordia. El PT pierde también en Bahía, donde Jaques Wagner cae en la primera vuelta ante Paulo Ganem Souto (PFL), y en el Distrito Federal, escenario de una liza muy ajustada en la que Joaquim Domingos Roriz (PMDB) arrebata a Geraldo Magela Pereira una plaza que los petistas daban por segura. El partido de Lula tampoco es capaz de retener los importantes gobiernos de Río de Janeiro y Río Grande do Sul, siendo los damnificados respectivamente la gobernadora Benedita Souza da Silva, ante Rosinha Garotinho (PSB), y Tarso Herz Genro (aspirante para suceder a su colega Olívio Dutra), ante Germano Antônio Rigotto (PMDB). El PT sólo gana los gobiernos de Acre, Mato Grosso do Sul y Piauí, tres estados pequeños.

8. UNA TOMA DE POSESIÓN CUAJADA DE EXPECTATIVAS.

Luego de confirmarse su victoria y entre el delirio de sus seguidores que salen a celebrarlo en São Paulo y otras ciudades, Lula proclama la llegada de una "nueva era" a Brasil y convoca "a todos los hombres y mujeres brasileños, a empresarios, sindicalistas e intelectuales, para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria". Anuncia la formación de un gobierno de coalición abierto "a los mejores" y un pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación, y reitera que si al final de su mandato de cuatro años (constitucionalmente renovable por un segundo cuatrienio) cada brasileño puede desayunar, almorzar y cenar cada día, "entonces habré realizado la misión de mi vida". A sus 57 años, Luiz Inácio Lula da Silva inicia un nuevo periplo vital mientras alcanza la categoría de personaje internacional del año y acapara las miradas de medio mundo, muchas esperanzadas, otras tantas atemorizadas, expectantes todas.

El 29 de octubre Lula es recibido por Cardoso en el palacio presidencial de Planalto para establecer la coordinación entre el Gobierno saliente y el equipo técnico de transición nombrado por él, dando pie a una suerte de cogobierno de facto en cuyo seno el mandatario electo desempeña funciones institucionales en los dos meses previos a la transferencia de poderes, fijada para el 1 de enero de 2003. En el gabinete que alinea Lula destacan numerosas presencias. Ciro Gomes es incorporado como ministro de Integración Nacional. El diplomático Celso Amorim recobra el Ministerio de Exteriores que ya encabezara en el Gobierno de Itamar Franco. La gobernadora carioca saliente Benedita da Silva recibe el Ministerio de Asistencia Social. Olívio Dutra es el ministro de Ciudades. El también petista Ricardo Berzoini, viejo camarada de Lula en las luchas sindicales, se convierte en ministro de Previsión Social. Tarso Genro asume la Secretaría de Desarrollo Económico y Social. El cantante y ecologista Gilberto Gil es el fichaje personal de Lula para dirigir el Ministerio de Cultura. José Dirceu se asegura un puesto no desdeñable como ministro en jefe de la Casa Civil del Gobierno, y, para reducir su carga partidista, el 8 de diciembre cede la presidencia del PT al diputado federal paulista José Genoino. Finalmente, el trascendental Ministerio de Hacienda es para uno de los expertos del partido, Antonio Palocci. Además del PT, que se reserva 18 de los 34 puestos, obtienen plaza en el Ejecutivo el PL, el PCdoB, el PPS, el PSB, el PDT, el PTB y el PV, todos los cuales conforman una mayoría parlamentaria simple de 218 diputados y 30 senadores.

En diciembre Lula viaja al extranjero para reunirse con un buen número de mandatarios americanos, inclusive el argentino Eduardo Duhalde, el chileno Ricardo Lagos, el mexicano Vicente Fox y el mismo presidente de Estados Unidos, George W. Bush. El encuentro del 10 de diciembre en la Casa Blanca, impensable en el pasado y en el que Bush no escatima cortesías con su huésped a pesar del abismo ideológico que le separa de él, testimonia a las claras la importancia primordial que para la superpotencia del norte tiene Brasil, como pulmón económico de toda Sudamérica, independientemente de la orientación política de quien mande allí. En añadidura, Lula comparte con Cardoso el protagonismo en la cumbre del MERCOSUR celebrada en Brasilia el 5 de diciembre.

El 1 de enero de 2003 el antiguo tornero se convierte en el primer receptor de la banda presidencial de manos de otro titular elegido directamente por el pueblo desde la transferencia de 1961 entre Juscelino Kubitschek y Jânio Quadros, en una jornada festiva que convoca en Brasilia a medio millón de personas. Tras jurar su cargo en el palacio del Congreso Nacional ante el pleno de diputados y senadores, y representantes de 118 países, entre ellos, once presidentes y jefes de Gobierno, sin faltar Castro y Chávez, Lula pronuncia el discurso de investidura. En él recuerda sus principales compromisos electorales y se reafirma en el objetivo preciso, erigido poco menos que en un mantra promisorio en función del cual se expone a ser juzgado cuando termine su mandato, de dar tres comidas diarias a todos y cada uno de los brasileños.

En el tiempo presente un análisis se impone: si el flamante mandatario brasileño persigue contra viento y marea las metas de justicia social que proclama y pretende obtener resultados más bien tempranos, plantea una ecuación extraordinariamente complicada, ya que, mientras intente confortar a sus seguidores tradicionales, los cuales han aguardado 22 años este momento y son los miembros más desasistidos y marginados de la sociedad, deberá ser capaz de calmar a los mercados financieros, afrontar los próximos vencimientos de la deuda y proseguir la austeridad presupuestaria que es condición sine qua non para recibir la asistencia del FMI.

9. EL PRIMER AÑO DE GESTIÓN: REFORMAS MODERNIZADORAS Y APUESTAS POR EL GRADUALISMO.

Aunque Lula reclama el período de mandato de 2003-2006 en su integridad para alcanzar las metas trazadas, hacer un balance de resultados y, llegado el caso, rendir cuentas ante el electorado, los doce primeros meses de su gestión ya han sido suficientemente ricos en acontecimientos como para disipar bastantes de las dudas que acompañaron su proclamación presidencial e identificar pautas de gobierno que muy probablemente caracterizarán todo el cuatrienio. El prontuario del primer año de Lula en el palacio de Planalto podría ser éste: descarte sin posibilidad de vuelta atrás de una transición al socialismo; superación de las tentaciones populistas y rechazo a cualquier forma de radicalidad; consolidación de la agenda social como un terreno de actuación impostergable, pero sin obtención de resultados significativos en un plazo inmediato; prolongación, entre tanto, de las políticas de ajuste y vigilancia celosa de la macroeconomía; y, en definitiva, elección de la vía pragmática de las reformas, graduales pero firmes, con el objeto de modernizar las estructuras productivas y sociales e integrar a todos los brasileños en las dinámicas de desarrollo y crecimiento por los cauces del libre mercado, todo lo cual ha arrancado las alabanzas de los medios liberales y las primeras contestaciones y críticas, trufadas de decepción e impaciencia, de los sectores más a la izquierda.

En sus primeras semanas como presidente, Lula no dejó escapar el tiempo y dio satisfacción a sus votantes con una serie de medidas que no esquivaron la calificación de demagógicas por quienes seguían observando al líder izquierdista con desdén. Sin embargo, las disposiciones respondían a propuestas cardinales de la campaña y de paso buscaban certificar que la mudanza del Gobierno iba a aparejar cambios drásticos en determinadas maneras de ver y hacer las cosas.

Así, el ministro de Defensa, José Viegas, diplomático con amplia experiencia, anunció el aplazamiento hasta 2004 de la adquisición para la Fuerza Aérea de una docena de aviones de combate con un coste de 760 millones de dólares, y también la implicación de efectivos de las Fuerzas Armadas en labores de construcción civil. Más importante, Lula encargó al Ministerio de Justicia y a la Secretaría Nacional de Derechos Humanos la elaboración de sendos proyectos para entregar títulos de propiedad a los millones de habitantes de las favelas levantadas ilegalmente en los cinturones de miseria urbanos, y para brindar la asistencia del Estado a aquellos jóvenes de las áreas marginales que desearan abandonar el submundo de las drogas. El Consejo de Ministros dio luz verde también a una campaña de captación de donaciones voluntarias, tanto nacionales como del extranjero, para el fondo del Proyecto Hambre Cero, destinado a 6,5 millones de familias con las rentas más bajas.

El más ambicioso proyecto del Gobierno fue presentado por el presidente el 30 de enero. Lula explicó que pretendía acabar con el hambre en cuatro años, pero que las metas excedían la urgencia humanitaria y la pretensión última era “dar a todos los brasileños dignidad y autoestima, ofreciéndoles posibilidades de trabajo, de educación y de sanidad". A tal fin, toda la sociedad civil era instada a movilizarse junto con los poderes públicos, la Presidencia creaba un Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria bajo su directa jurisdicción, y un ramillete de celebridades de la cultura y el deporte eran invitados a apadrinar el proyecto. Otra petición de ayuda se lanzó a la ONU, que, a través de su agencia especializada, la FAO, respondió afirmativamente con la prestación de asistencia técnica valorada en un millón de dólares.

A la espera de los primeros resultados del Programa Hambre Cero y de otros proyectos sociales como el Plan Nacional de Erradicación del Trabajo Esclavo, lanzado en marzo, el equipo dirigente se concentró en recuperar la confianza de los inversores privados y de las instituciones multilaterales de crédito. Lula quería convencer a toda costa a sus todavía numerosos detractores de que era un gobernante serio y solvente. Pues bien, cumplido el plazo de gracia tradicional de los 100 días, las mejores puntuaciones a la labor de Lula procedían de los mercados y los despachos financieros, tanto de viva voz, con elogios de lo más encendidos, como en las dinámicas impersonales, que resultaban más clamorosas. Estas reacciones pueden parecer paradójicas, ya que el estadista es la gran esperanza de los antiglobalistas, los partidarios de una tercera vía que permita dejar atrás el modelo neoliberal, y hasta de izquierdas revolucionarias que no creen que el capitalismo puede reciclarse y ofrecer un rostro humano.

La sensible apreciación del real con respecto al dólar, la mejora no menos llamativa de los índices de riesgo-país y la revalorización de los títulos de deuda pública fueron las reacciones positivas de los operadores a las prontas medidas continuistas del Gobierno, como la salvaguardia por ley de la autonomía del Banco Central, el nombramiento para dirigir la entidad del banquero privado Henrique de Campos Meirelles, del círculo de Cardoso, la asunción milimétrica del servicio de la deuda externa, la prolongación de la ortodoxia antinflacionaria y la elevación del objetivo de superávit fiscal primario para 2003 al 4,25% del PIB, mayor que el planteado en la campaña electoral y que el perseguido por la administración precedente.

La puesta en marcha del Proyecto Hambre Cero y la subida del salario mínimo en un 20% dieron menos que hablar entre las sensibilidades petistas de la extrema izquierda que la decisión del Ministerio de Hacienda de reducir el gasto público en un 16% para cumplir los compromisos adquiridos ante el FMI, y, sobre todo, que la propuesta de ley de la primera gran reforma estructural: la poda de las pensiones percibidas por los empleados públicos, consideradas desmesuradas y un privilegio sangrante en relación con el resto de asalariados. El Gobierno quería retrasar la edad de jubilación de los funcionarios, recortar sustancialmente la cuantía de sus pensiones, hasta ahora equiparadas a los salarios, y que aportaran a la Previsión Social.

En abril, el ala más radical del PT declaró a Lula su rechazo a la reforma de la Previsión Social porque consideraba que meter mano al sistema de pensiones de los funcionarios era recortar gasto social, y le recordó que él mismo había impugnado propuestas de esta naturaleza en los años en la oposición. Las primeras defecciones de diputados petistas descontentos parecían estar a la vuelta de la esquina. Al mismo tiempo, el Gobierno encajaba su primera huelga sectorial, convocada por los trabajadores de los organismos públicos federales afectados por la reforma. El presidente, arropado por el PMDB y los gobernadores estatales, replicó que no se podía tolerar una discriminación tan abultada para el 87% de jubilados que habían trabajado en el sector privado y que cobraban unas pensiones comparativamente muy inferiores, contributivas a la sazón, y que los recortes graduales eran imprescindibles para suprimir el déficit de la Previsión Social, obtener recursos para financiar el Programa Hambre Cero y avanzar en la reducción de las desigualdades sociales.

La agitación huelguística de los funcionarios cobró ímpetu en julio y en agosto los magistrados de Justicia, alrededor de 15.000, amenazaron con sumarse a los paros mientras ejercían una fortísima presión corporativa sobre el Legislativo para impedir que el Gobierno recortara sus nóminas. Confrontado con su minoría parlamentaria, Lula, después de asegurar que “ni Congreso Nacional, ni poder judicial, sólo Dios” podrían frustrar la reformas (polémica frase de la que tuvo que retractarse), transigió parcialmente ante los jueces y les concedió el techo salarial equivalente al 85% del sueldo de un miembro del Supremo Tribunal Federal, en vez del recorte hasta el 75% a partir del tope vigente del 90%. La otra gran concesión del Gobierno fue respetar las jubilaciones con un monto igual al último salario percibido para todos los funcionarios en activo. De la propuesta original se mantuvieron el recorte de las pensiones de los futuros funcionarios, la fijación de su carácter contributivo y el retraso de la edad mínima de jubilación de los hombres a los 60 años y de las mujeres a los 55. A grandes rasgos, éste fue el proyecto de ley corregido sobre la Reforma de la Previsión Social que el 6 de agosto la Cámara baja aprobó por 358 votos a favor y 126 en contra, dejándolo listo para su sanción en el Senado.

Ganado este formidable envite político en un tiempo récord, Lula llevó al Congreso su segundo proyecto de transformación de gran calado con rango constitucional, la reforma del Sistema Tributario Nacional, con el objeto de simplificar los numerosos impuestos, aligerar la presión fiscal al sector secundario y ahogar el fraude, causa de un importantísimo agujero en los ingresos. De nuevo, ya que quería sacar adelante la ley este mismo año, Lula tuvo que emplearse a fondo para vencer resistencias, esta vez procedentes de algunos gobiernos de estados, los partidos de derecha y la patronal, y hacer concesiones que empañaron un tanto el desenlace victorioso, si bien, tal como reflejaban los sondeos de opinión, el electorado apoyaba abrumadoramente los cambios.

La Cámara de Diputados dio luz verde a la nueva fiscalidad el 4 de septiembre por 378 votos a favor y 53 en contra después de ceder el Gobierno en la creación de sendos fondos de compensación a los exportadores y a los estados que vean descender sus recaudaciones, la cesión a los mismos estados de parte de la recaudación del impuesto sobre combustibles, y la prórroga hasta 2023, diez años más de lo previsto, de los beneficios fiscales a las industrias de bienes de consumo de la zona franca amazónica de Manaos. Tras obtener el preceptivo voto senatorial, las dos reformas legales fueron promulgadas el 19 de diciembre como enmiendas a la Constitución.

Lula se ha mostrado exultante con estos dos éxitos legislativos, cuyo fatigoso trámite parlamentario coincidió con el lanzamiento de otros instrumentos básicos de la política social como son el plan para erradicar el analfabetismo, que afecta al 14% de los brasileños, el Programa Bolsa-Familia, destinado a cubrir las necesidades básicas de 3,6 millones de núcleos familiares, y el más importante, por incidir en la médula de la injusticia social, el Plan Nacional de Reforma Agraria (PNRA), reclamado con impaciencia creciente por los marchistas del MST y que contempla entregar hasta 2006 granjas a 400.000 familias de campesinos sin tierras y títulos de propiedad a otras 500.000 familias de granjeros ya asentadas pero que nunca recibieron del Gobierno la documentación acreditativa,

Sin embargo, en el último tramo del año el presidente ha hecho frente a la rebelión abierta de algunos legisladores del PT y al malestar, a duras penas contenido por la disciplina partidaria, de miembros emblemáticos del gabinete. Lula ha sido directamente tachado de “traidor” por petistas de extrema izquierda que describen un panorama gubernamental de constantes renuncias a metas programáticas tradicionales del partido y claudicaciones ante los poderes económicos; por ejemplo, se reprocha al PNRA que deje intactos los inmensos latifundios y no incida en la intervención de terrenos no catastrados pero que de hecho son cultos y están explotados, mientras que sicarios al servicio de terratenientes y elementos policiales encargados de los desalojos de fincas invadidas perpetúan, e incluso intensifican, las ejecuciones extrajudiciales de activistas agrarios, tal como denuncia Amnistía Internacional. Dio la impresión de que el Gobierno echó a andar el PNRA en noviembre únicamente bajo la presión del MST.

Lula prometió un “espectáculo del crecimiento” para el segundo semestre del año, pero 2003 ha terminado con una recesión del 0,2% del PIB, tasa que es 1,7 puntos inferior a la registrada en los doce meses anteriores y el peor dato anual desde 1992, amén de la antípoda de ese ritmo del 5% barajado en la campaña electoral como imprescindible para, junto con unas finanzas saneadas, meter a Brasil en el pelotón de los países desarrollados. Otras noticias inquietantes que no han hecho mella en el optimismo porfiado de Lula son el alza del desempleo, que roza el 13% en las seis mayores áreas metropolitanas (el 20% en São Paulo), el crecimiento de la deuda pública federal a pesar de la bajada por el Banco Central de los tipos de interés al 16% (después de haberlos aupado a un increíble 26% para contener el empuje de los precios y amarrar al capital extranjero), el notable descenso de las inversiones foráneas directas y la omnipresencia de la criminalidad y la inseguridad ciudadana, que constituyen una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.

10. DINAMISMO Y PROPUESTAS ALTERNATIVAS EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL.

La acción internacional de Lula ha suscitado más consenso de opinión que la labor interna, siendo ampliamente compartida la valoración positiva, en lo que afecta tanto a los intereses nacionales de Brasil como al conjunto de las relaciones internacionales, aunque a su izquierda se le ha achacado que viaje tanto y se le ha reclamado más tiempo para los asuntos de casa. El rasgo destacado de Lula en el mundo ha sido su militancia, con porte de liderazgo, en pro de un sistema internacional en el que los países del Norte desarrollado dialoguen más y mejor con los del Sur, y en el que el combate contra el terrorismo, la proliferación de armamentos de destrucción masiva y cualesquiera amenazas a la paz y la seguridad globales no sea una disculpa para rebajar prioridades de actuación frente a los sempiternos y abrumadores problemas ligados al subdesarrollo y el orden económico imperante.

Lula opina que al terrorismo hay que combatirlo de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas y con los instrumentos nacionales, policiales y militares, que sean precisos. Pero considera que esto no es suficiente y sostiene que es preciso secar el caldo de cultivo de los futuros terroristas, mediante políticas que corrijan unas situaciones insostenibles de miseria, incultura y marginalidad social. A modo de síntesis: la promoción del diálogo Norte-Sur, la concertación de estrategias conjuntas de los países en vías de desarrollo para hacer valer sus intereses, las aproximaciones multilaterales a los problemas globales y la distensión de conflictos internos han caracterizado iniciativas de Lula tales como la propuesta de “declarar la guerra“ al hambre, el empuje del denominado Grupo de los 23 (G-23), la formación del Grupo de Países Amigos de Venezuela y la apertura de una vía de colaboración entre el FEM de Davos y el FSM de Porto Alegre.

De entrada, el 15 de enero en Quito, aprovechando la coincidencia de mandatarios para la toma de posesión de Lucio Gutiérrez como presidente del Ecuador, el canciller Amorim anunció la puesta en marcha del Grupo de Países Amigos de Venezuela con la participación de Brasil, Chile, España, Estados Unidos, México y Portugal. La función del Grupo era facilitadora, de respaldo a la labor de mediación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la acerba disputa que venía enfrentando a Hugo Chávez y la oposición sobre la permanencia del primero en el poder. El propósito era dar una solución "electoral, constitucional, democrática y pacífica" a la larga crisis venezolana.

A pesar de lo conjeturado en el II FSM, a la tercera cita en Porto Alegre, discurrida del 23 al 28 de enero, no asistió Castro (al contrario que Chávez). Eso sí, en el III FSM Lula tuvo una acogida estelar por quienes le han elevado a la condición de símbolo continental y acaso mundial. El día 24 el presidente dirigió un emotivo discurso, lleno de citas visionarias, a las decenas de miles de participantes en la explanada situada a orillas del río Guaíba, en el cual se refirió al FSM como “el mayor evento multinacional organizado por la sociedad civil en el mundo", apeló a los aforados a “cambiar la historia de la humanidad”, describió la reforma que aguardaba a Brasil como “tranquila, cautelosa e inteligente”, y justificó su programada presencia en Davos porque “quiero decir allá que no es aceptable un orden económico donde pocos pueden comer cinco veces al día y muchos quedan sin comer”, y que “el mundo no necesita guerras, sino paz”.

En efecto, el 26 de enero Lula volvió a ser la estrella, en la ciudad suiza y ante la élite empresarial, financiera y económica gubernamental del primer mundo. En el FEM, que escuchó con interés lo que tenía que decirle, Lula se desenvolvió como el portavoz de los países pobres y transmitió sus quejas sobre la incongruencia que supone predicar el libre comercio y el desarme arancelario mientras en casa se practica el proteccionismo aduanero o se subvencionan las exportaciones, típicamente en el sector agropecuario. El mensaje de Lula estaba claro, pero las intenciones de fondo, también: tender un puente de entendimiento entre los dos mundos, y qué mejor manera de hacerlo que vinculando al FSM y el FEM a través de una agenda conjunta de actividades. El primer viaje presidencial a Europa se completó con sendas visitas de Estado a Francia y Alemania.

El 1 de junio Lula fue uno de los once dirigentes de países en desarrollo que respondieron a la invitación de participar en un “diálogo alargado” con los líderes del G-8 en la ciudad francesa de Evian. Allí, el brasileño volvió a exponer su propuesta de crear un Fondo Mundial contra el Hambre, mal que calificó de “realidad intolerable”, el cual podría financiarse con una tasa sobre el comercio internacional de armas y con un porcentaje de los pagos de deuda externa de los países emergentes a los desarrollados. El estadista criticó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) por sus “resistencias a suprimir los subsidios multimillonarios a la agricultura”, y censuró igualmente el retraso de una cuestión crucial como era el “acceso a los medicamentos” por los países pobres, con lo que se refería al derecho de los gobiernos a suministrar medicamentos genéricos para tratar enfermedades como el SIDA sin someterse a los precios fijados por las multinacionales farmacéuticas propietarias de las patentes.

El 20 de junio, dos días después de que la Fundación española Príncipe de Asturias le anunciara la concesión de su Premio homónimo a la Cooperación Internacional, Lula fue recibido en la Casa Blanca por Bush, quien se declaró “muy impresionado” con su visión del mundo y que se refirió a él con las siguientes palabras: “no sólo tiene un enorme corazón, sino también la capacidad de trabajar con su gobierno y el pueblo brasileño para incentivar la prosperidad y acabar con el hambre". Bush, nada más lejos del trato tributado a los gobernantes de países aliados como Francia o Alemania, no sólo le pasó a Lula por alto su rechazo a la reciente guerra de Irak, sino que se deshizo en elogios personales. A cambio, el brasileño invitó a su anfitrión a conocer un país que “no sólo es carnaval y fútbol”.

Aunque las partes tenían presente el tamaño de los intercambios comerciales (Estados Unidos es el principal cliente y proveedor de Brasil, como destino del 25% de sus exportaciones y origen del 23% de sus importaciones, superando, no ya al MERCOSUR, sino al conjunto de América Latina en ambos flujos, y es también el número uno en inversiones), la gran efusividad de la reunión de Washington produjo perplejidad, ya que las subvenciones algodoneras estadounidenses estaban haciendo caer los precios internacionales y provocando muy graves pérdidas a los productores brasileños. De hecho, las tensiones comerciales entre ambos países estaban en un pico, y Brasilia acababa de interponer una protesta ante la OMC que los observadores describieron como el inicio de una guerra comercial en toda regla.

Pero es que, además, Bush y Lula chocan virtualmente en toda visión de fondo: la forma de tratar el terrorismo y la corrupción; la noción de la seguridad hemisférica; la actitud frente a la Corte Penal Internacional (firmada y ratificada por Brasilia) y acuerdos medioambientales multilaterales como las convenciones sobre el Cambio Climático, con el Protocolo de Kyoto de reducción de gases de efecto invernadero, y sobre Biodiversidad; las fórmulas para combatir la pobreza (el estadounidense se atiene a la doctrina liberal que insiste en la reducción de los impuestos a las rentas más altas con la esperanza de que hagan inversiones productivas generadoras de riqueza y empleo, mientras que el brasileño apuesta por la movilización del Estado, la fiscalidad progresiva y la persecución del fraude evasor); y, discrepancia fundamental, el calendario y las modalidades de la puesta en marcha del ALCA, que Washington quiere ver hecho realidad el 1 de enero de 2005, tal como se previó en la I Cumbre de Las Américas, en Miami en diciembre de 1994.

En el segundo semestre del año la diplomacia brasileña redobló sus esfuerzos en aras de la diversificación de las relaciones comerciales, la atracción de inversiones y la captación para sus propuestas y batallas en las rondas de contactos con los interlocutores del primer mundo a otras naciones que, como Brasil (la novena potencia económica mundial a paridad de poder adquisitivo, pero la 77ª en producción por habitante y la 65ª en nivel de desarrollo humano), tienen un volumen del PIB que no se corresponde con la calidad de vida de sus poblaciones y gozan de una influencia significativa aunque no decisoria en las grandes cuestiones internacionales. En Evian, Amorim anunció la creación de una “nueva alianza estratégica” con India y Sudáfrica, y cinco días después Brasilia fue el escenario de la primera reunión de cancilleres de los tres países que saludó el nacimiento de este “bloque del sur”, en palabras del ministro brasileño, y que adoptó una Declaración centrada en los aspectos desarrollistas, comerciales, medioambientales y sanitarios.

El Foro de Diálogo India-Brasil-Sudáfrica (IBSA) fue presentado formalmente por Lula el 23 de septiembre en la Asamblea General de la ONU, donde el presidente defendió la reforma y ampliación del Consejo de Seguridad para aumentar su representatividad e, implícitamente, expresó su deseo de que Brasil tuviera en él un asiento permanente. Días antes tuvo lugar en Cancún, México, la V Conferencia Ministerial de la OMC. Para asombro de la opinión pública internacional, el G-23 (en parte, una ampliación circunstancial del G-15, o Grupo de Cooperación Sur-Sur, nacido en Belgrado en 1989 con el objeto de coordinar el diálogo de una serie de países en desarrollo con el G-7 de los países industrializados, y que actualmente incorpora a 19 miembros), capitaneado por el IBSA, Argentina y, novedad absoluta, China, fungió como un negociador muy duro y compenetrado que se atrevió a porfiar de tú a tú con Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

La cumbre de Cancún fracasó porque los países ricos no consiguieron imponer al G-23 un marco de protección de las inversiones y de garantías a la libre competencia. En el reparto de culpabilidades por el fiasco, el bando de Brasil e India fue también acusado, en su caso de inflexibilidad y de preferir ningún acuerdo a una liberalización agrícola parcial del Norte condicionada a la apertura de los sectores industriales del Sur, un compromiso que, por ejemplo, si querían alcanzar los numerosos países de desarrollo bajo, casi exclusivamente agrarios y dependientes en mayor medida de los acuerdos preferenciales con el Norte. En diciembre, Lula propondrá crear un área de libre comercio de los países en desarrollo que incluya al G-23.

El 25 de septiembre Lula visitó a Fox y los dos mandatarios rechazaron que existiera una “rivalidad” entre Brasil y México por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Un día después de condenar en la capital azteca por enésima vez el “bloqueo inhumano” de Estados Unidos a Cuba, el presidente recaló en La Habana para firmar con Castro una serie de convenios bilaterales, destacando un acuerdo marco para el pago de la deuda contraída por Cuba con Brasil, unos 40 millones de dólares, con una parte de los ingresos cubanos por exportaciones al gigante sudamericano. Al mismo tiempo, una delegación empresarial brasileña firmaba con el Gobierno cubano acuerdos de inversión por valor de 200 millones de dólares. Pero el principal aliado hallado por Lula en el subcontinente es el Gobierno argentino de Néstor Kirchner, con el que ha establecido una verdadera alianza estratégica que ha dado un giro completo a las malas relaciones que caracterizaron los años de Cardoso y Carlos Menem.

El 16 de octubre los dos presidentes suscribieron el llamado Consenso de Buenos Aires, texto que reafirma la voluntad de intensificar la cooperación bilateral y regional, promover políticas sociales incluyentes, combatir la pobreza, avanzar en el crecimiento económico sostenido y fortalecer el MERCOSUR como bloque no meramente comercial. Se destaca el apartado político de la organización y se presenta a ésta como un “espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido”. El Consenso de Buenos Aires va más allá y esboza un modelo de desarrollo para el subcontinente alternativo al defendido por Estados Unidos, superpotencia frente a la que se pretende preservar y aumentar el margen de autonomía.

El MERCOSUR celebró su primera cumbre conjunta con la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en Asunción el 15 de agosto, y en su XXV Cumbre ordinaria de Presidentes, el 15 y el 16 de diciembre en Montevideo, tuvo lugar la firma de un Acuerdo de Complementación Económica con tres países de la CAN, Colombia, Venezuela y Ecuador –Perú y Bolivia habían firmado anteriormente unos acuerdos de libre comercio particulares con el MERCOSUR-, que reafirmó el compromiso asumido en la XXIII Cumbre (Brasilia, diciembre de 2002) de conformar un área de libre comercio entre ambas regiones a la mayor brevedad. La entrada en vigor del Acuerdo se fijó para el 1 de julio de 2004. Esta convergencia histórica entre el MERCOSUR y la CAN, qué duda cabe, responde a la determinación del eje brasileño-argentino de hacer fuerza regional ante la próxima implementación del ALCA.

En el ámbito multilateral latinoamericano al margen del MERCOSUR, Lula asistió a la XIII Cumbre Iberoamericana, el 14 y el 15 de noviembre en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, y a la XVII Reunión del Grupo de Río, en la peruana Cuzco el 23 y el 24 de mayo. El acusado activismo internacional de Lula en su primer año de mandato se completa con tres giras continentales: en Europa, del 9 al 16 de julio y con etapas en Portugal, el Reino Unido y España; en África subsahariana, en los ocho primeros días de noviembre y de carácter histórico, que incluyó a Sâo Tomé y Príncipe, Angola, Mozambique, Namibia y Sudáfrica; y, marcando un precedente también, en Oriente Próximo, del 3 al 10 de diciembre y con etapas en Siria, Líbano, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Libia.
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*** NOTA: Este resumen recoge datos hasta ENERO de 2004."

KOFI (Atta) ANNAN.

KOFI (Atta) ANNAN.

Nacido el 8 de ABRIL de 1938 en Kumasi, región de Ashanti, GHANA.
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Tercero de los cinco hijos (incluido su hermano gemelo) de un acomodado hombre de negocios de etnia fante, recibió una esmerada educación en la Universidad de Ciencia y Tecnología de su Kumasi natal, el Macalester College de Saint Paul, Minnesota, Estados Unidos, el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza -para cursar un posgrado en Economía- y el prestigioso Instituto Tecnológico de Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos, centro que en 1971 le concedió la beca Alfred Sloan y por el que obtuvo un máster en Ciencias de Gestión.

Entre 1962 y 1974 desempeñó diversos puestos en la Comisión Económica de Naciones Unidas para África en Addis Abeba, en la sede central de la ONU en Nueva York y en las oficinas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra. En 1974 fue jefe de Personal Civil de la Fuerza de Emergencia de Naciones Unidas para la separación de los contendientes de la guerra árabe-israelí de 1973 (UNEF), con base en El Cairo.

En 1974 volvió a su país para asumir la dirección de la Compañía de Desarrollo Turístico de Ghana, simultáneamente con su participación en la Junta de Ordenación turística. En 1976 regresó al funcionariado de la ONU como vicejefe, y luego jefe, de los Servicios de Personal de la oficina en Ginebra (donde conoció a su segunda esposa, Nane, una artista y abogada de nacionalidad sueca y sobrina política del célebre diplomático Raoul Wallenberg) del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), cargo que ocupó hasta 1980.

Ese año se puso al frente de los Servicios de Personal de Naciones Unidas en la sede de Nueva York y en 1983 se convirtió en director adjunto del Servicio de Administración y en director de Presupuesto. En 1986 el entonces secretario general, Javier Pérez de Cuéllar, le nombró su adjunto para la Administración de Recursos Humanos y en 1990 entró como supervisor (con rango de subsecretario general) en la Oficina del Programa de Planificación, Presupuesto y Finanzas.

A raíz de la invasión de Kuwait por Irak en agosto de 1990, Pérez de Cuéllar envió a Annan a Bagdad a fin de determinar qué podía hacerse para rebajar la crisis y facilitar la repatriación de los más de 900 funcionarios internacionales. Durante su estancia Annan negoció con el Gobierno de Saddam Hussein la liberación de los rehenes occidentales y atrajo la atención de la comunidad internacional sobre la situación del medio millón de trabajadores asiáticos que habían quedado atrapados en Kuwait e Irak.

Posteriormente encabezó el equipo de la ONU que negoció con Irak (sometido a un embargo total por el Consejo de Seguridad después de la devolución forzada de Kuwait para asegurar el cumplimiento de las resoluciones impuestas) la autorización de vender una determinada cuota de petróleo para la adquisición de ayuda humanitaria.

En 1992 ingresó en el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, que un año después pasó a dirigir en calidad de subsecretario general y desde el 1 de marzo de 1993 como secretario general adjunto, a las órdenes de Boutros Boutros-Ghali. El 1 de noviembre de 1995 sucedió interinamente al japonés Yasushi Akashi como enviado especial del secretario general a la antigua Yugoslavia y representante ante la OTAN.

Tras asistir a la firma de los acuerdos de paz de Dayton, que pusieron fin a la guerra en Bosnia-Herzegovina (12 de noviembre), y al arranque de la misión de la OTAN para la Implementación de la Paz (20 de diciembre), Annan resignó de su función el 27 de febrero de 1996. Días después retornó al puesto de secretario general adjunto.

Aparte las labores detalladas, en estos años Annan participó también en los trabajos de la Junta de Nombramientos y Ascensos, del Grupo de Funcionarios Superiores (en ambos casos en calidad de Presidente), de la Junta de Gestión Administrativa y de Finanzas, del Grupo de Trabajo del Secretario General sobre Operaciones de Mantenimiento de la Paz y de la Caja Común de Pensiones de Personal.

En noviembre de 1996 Estados Unidos vetó la reelección en la Secretaría General del egipcio Boutros-Ghali, un responsable que no contaba con sus simpatías por su perfil francófilo y africanista. La candidatura del anglófono Annan (la importancia idiomática en este caso se refería a aspectos de afinidad cultural y geopolítica, ya que Annan habla igualmente el francés y varios idiomas africanos) contó entonces con el plácet del Gobierno de Bill Clinton, que exigía una amplia reforma de la organización, con el recorte de gastos y la eliminación de trabajos burocráticos, una compleja tarea para la que el ghanés, con su experiencia en la gestión financiera, parecía el hombre más apropiado.

Vencida la resistencia de Francia, que hubiera deseado un secretario francófono, el 13 de diciembre de 1996, por la resolución 1.090 (1996), el Consejo de Seguridad propuso la nominación de Annan a la Asamblea General. El 17 de diciembre ésta la aceptó por aclamación y el 1 de enero de 1997 Annan inauguró su mandato, por un período inicial de cinco años.

De acuerdo con la Carta de la ONU, las funciones del secretario general incluyen el nombramiento del personal de la administración, la presentación de un informe anual sobre la actividad de su organización y la puesta en conocimiento del Consejo de Seguridad de cualquier asunto que pueda alterar la paz y la seguridad internacionales. Ya el 16 de julio, para satisfacción de la Casa Blanca, Annan presentó un informe que contemplaba reducciones de plantilla y de costes administrativos, lo que se interpretó como la puesta en marcha de la anunciada reforma de la organización.

La ONU que heredaba Annan, aparte de sus graves dificultades económicas (debidas fundamentalmente a la morosidad de varios países relevantes, empezando por Estados Unidos -que debía 1.700 millones de dólares-, a la hora de pagar sus cuotas), se hallaba en una crisis de autoridad por sus sucesivos fracasos en el cumplimiento de la función que establece el primer artículo de la Carta fundacional de 1945: el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Mientras la reforma interna seguía su curso, en el período de transición que se abría Annan optó por conferir un nuevo dinamismo a la figura del secretario general, tanto en el terreno de las iniciativas multilaterales que suelen gestarse en la Asamblea General, como en el de la gestión individual. Así, su nombre está estrechamente vinculado a la puesta en marcha, en 1998, de la Corte Penal Internacional (CPI), instancia que el secretario general saludó como un "baluarte contra el mal".

Estudiado por la Conferencia Diplomática de Plenipotenciarios, inaugurada en Roma el 15 de junio con la participación de 130 gobiernos, 17 organizaciones intergubernamentales, 14 agencias y fondos especializados de la ONU, así como 124 ONG, el Estatuto de la CPI fue aprobado el 17 de julio con 120 votos (de países) a favor, 7 en contra y 21 abstenciones. Aunque el documento final no recogía todas las atribuciones defendidas por Annan por las reticencias u oposiciones frontales de los países miembros del Consejo de Seguridad (en especial, Estados Unidos, que obtuvo una aceptación parcial de sus exigencias), los estados más partidarios y las ONG lo consideraron razonablemente positivo y un logro de indudable significado histórico, si bien manifiestamente mejorable en su grado de independencia del Consejo de Seguridad y en el alcance de su jurisdicción.

El borrador final del Estatuto, ultimado el 17 de julio, estableció que la CPI, con sede en La Haya, podrá juzgar con carácter extraterritorial a los autores de cuatro categorías de crímenes: genocidio, agresión, crímenes de guerra, y crímenes de lesa humanidad. La Corte dispondrá de un fiscal independiente capaz de iniciar investigaciones por propia iniciativa. Su intervención será automática para países que ratifiquen el Tratado, debiendo solicitar en los demás casos la autorización del país de la víctima o del país del que procede el presunto agresor.

En el capítulo de las gestiones personales, Annan, hombre de presencia distinguida y maneras suaves, ha protagonizado diversas mediaciones entre partes en conflicto que han consolidado su imagen prestigiosa, si bien, fuera del ánimo bienintencionado y moralizador, el alcance y los resultados de estas iniciativas han sido muy desiguales.

El 23 de febrero de 1998 obtuvo del Gobierno irakí en Bagdad un compromiso para la inspección de las instalaciones presidenciales por la misión de la ONU creada en 1991, a fin de comprobar si guardaban armas de destrucción masiva prohibidas a Irak por el Consejo de Seguridad, si bien la posterior negativa del régimen de Saddam Hussein a colaborar en las inspecciones llevó en diciembre a Estados Unidos y el Reino Unido a bombardear posiciones irakíes como represalia.

La confirmación en enero de 1999 por medios de Estados Unidos de que el equipo inspector, encabezado por el estadounidense Richard Butler, había transferido al Pentágono información confidencial de la ONU que luego fue empleada para los ataques de diciembre, provocó una conmoción en la sede de Nueva York y empañó la credibilidad del secretario general, que ya había sido amonestado por el Departamento de Estado de Estados Unidos por su supuesta condescendencia con el régimen irakí.

En junio del mismo año Annan logró que las autoridades militares de Nigeria aceptaran la excarcelación del líder de la oposición civil, Moshood Abiola, con el que pudo entrevistarse, si bien el 7 de julio, cuando parecía inminente su liberación, éste falleció por causas naturales. Poco después, en agosto, propuso una cumbre internacional contra el terrorismo tras los atentados de Kenya y Tanzania y se implicó en los contactos entre Portugal e Indonesia sobre la concesión de una autonomía a Timor Oriental.

En la 55ª sesión de la Asamblea General de septiembre de 2000, denominada la Cumbre del Milenio por reunir, los días 6 y 7, a numerosos jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, Annan, haciendo gala de su visión globalista, advirtió que la organización se jugaba su credibilidad en las operaciones de mantenimiento de la paz, las cuales, en su conjunto, arrojaban entonces un balance de luces y de sombra. Durante la Cumbre, los 15 miembros del Consejo de Seguridad (los cinco permanentes y los diez no permanentes) aprobaron una declaración general de buenas intenciones, en la que reconocían que estas operaciones con cascos azules deberían tener un mandato más claro, sus tropas una mejor preparación militar y su dotación económica más amplitud.

En este apartado, se hacía notar que en Bosnia y Kosovo la OTAN había asumido la responsabilidad pacificadora principal y la ONU labores de menor riesgo (de tipo policial), actuando la primera como un delegado regional de la segunda, aunque esta delegación era más bien funcional y resignada, impuesta por unas potencias occidentales que se sentían incómodas con los corsés burocráticos de la ONU, y no comprometía la plena autoridad de la Alianza Atlántica. Más aún, ésta inició sus ataques contra objetivos serbios en marzo de 1999 sin la autorización del Consejo de Seguridad, donde Rusia y China, hostiles a toda intervención por muy humanitaria que sus impulsores dijeran que fuera, se reservaban ejercer el derecho al veto.

Annan heredó el esfuerzo de pacificación de la ONU en Angola, con inquietantes perspectivas en 1997 y que terminó en un fracaso total en febrero de 1999 con la evacuación de la Misión de Observadores (MONUA) ante la reanudación de la guerra civil. Annan también se hizo cargo del extremadamente lento y farragoso proceso para la celebración en el Sáhara Occidental de un referéndum que, reiteradamente pospuesto, deberá decidir la autodeterminación saharaui o la soberanía marroquí del territorio.

Fruto de la incapacidad de la organización que representa para determinar el censo de votantes saharauis y conducir una consulta pendiente desde 1992, el 21 de diciembre de 1998 Annan propuso dividir en dos el territorio, solución salomónica que no satisfizo ni al ni al Frente Polisario ni al Gobierno marroquí. La posterior preferencia de su representante especial, James Baker, por una salida que obviase la consulta en las urnas, se interpretó como favorable a las tesis marroquíes.

A lo largo de 1999 el Consejo de Seguridad aprobó las misiones de cascos azules para Timor Oriental (UNTAET), Sierra Leona (UNAMSIL) y República Democrática del Congo (MONUC), la cual, sin embargo, a finales de 2000 seguía como una simple misión de observadores ante el incumplimiento por las partes de los acuerdos de alto el fuego y la perpetuación de la dinámica bélica, que hacían, en opinión del Consejo de Seguridad, inviable el despliegue de cascos azules.

Al cabo de una década de desastres humanitarios en Bosnia, Somalia, Rwanda, Kosovo o Timor, en el verano de 1999 el secretario general defendió en su informe ante la Asamblea General el derecho de injerencia humanitaria como un principio a consagrar en la Carta de la organización. Recuperando una idea de Boutros-Ghali, Annan planteó la creación de unas unidades de intervención inmediata, más profesionales y mejor armadas que los cascos azules convencionales, que los ejércitos de los estados miembros deberían poner a disposición del Consejo de Seguridad en caso de necesidad.

La propuesta, que formalmente contaba con el visto bueno de los países occidentales, apareció como la tercera gran tarea de la ONU, a sumar a la reforma funcional y financiera y la reforma del Consejo de Seguridad, verdadero poder ejecutivo de la ONU en el que países como Japón y Alemania aspiran a tener un asiento permanente y donde el derecho a veto por parte de los cinco grandes es cuestionado ampliamente en la Asamblea General. En aquella ocasión reapareció una vieja polémica sobre el papel jugado por Annan, en tanto que adjunto de Boutros-Ghali para Operaciones de Mantenimiento de la Paz, en los meses anteriores al genocidio de Rwanda en abril de 1994.

Al parecer, ya en enero de aquel año Annan habría sido informado por el comandante de la Misión de Asistencia (UNAMIR, integrada por más de 5.000 cascos azules) de la existencia de un plan elaborado por extremistas hutus para exterminar a la minoría tutsi, cuya ejecución era inminente. Según estas fuentes, Annan, en vez de informar al Consejo de Seguridad, ordenó al comandante, el general canadiense Romeo Dallaire, que no hiciera nada aparte de dar parte del asunto al Gobierno del presidente (hutu) Juvénal Habyarimana.

Annan medió en octubre de 2000 entre palestinos e israelíes para intentar parar la segunda intifada, iniciada en Jerusalén el 29 de septiembre e inmediatamente extendida a la Autoridad Nacional Palestina y al resto de la Cisjordania ocupada. Aunque estos esfuerzos, como otros de altos dirigentes mundiales, resultaron baldíos, sirvieron al menos para limar el desabrimiento máximo de Israel hacia la ONU, que históricamente ha condenado al Estado judío con un sinfín de resoluciones y declaraciones (y esta vez, ante la violencia indiscriminada contra los palestinos, no fue, naturalmente, una excepción).

El sutil Annan pareció no irritar a los dirigentes israelíes tanto como Boutros-Ghali, tachado de propalestino. Así, el diplomático ghanés apareció el 17 de octubre en la foto final de la cumbre de líderes en Sharm el-Sheikh (Egipto), convocada a toda prisa por las partes implicadas en el proceso de paz en la región.

A lo largo de 2001 Annan centró su prioridad personal en la lucha contra el SIDA, arrastrando a los órganos principales de la ONU, además de los organismos subsidiarios, a una discusión política para elaborar un plan global de combate a una pandemia que había afectado ya a 36 millones de personas en todo el mundo, 25 de ellas en África. Entre las metas fijadas, Annan se propuso levantar un fondo internacional de lucha contra la enfermedad de 17.000 millones de dólares anuales, un esfuerzo para el que apeló a los gobiernos, pero también, y en especial, al sector privado, grupos activistas y las ONG.

El amplio consenso sobre la labor desarrollada por Annan posibilitó que el 27 de junio de 2001 los 15 miembros del Consejo de Seguridad aprobaran unánimemente su reelección por otro quinquenio a partir del 1 de enero de 2002, para el que él mismo había anunciado su postulación en marzo. En el caso de Estados Unidos la satisfacción no podía ser mayor con el secretario general, ya que había tomado en consideración sus demandas financieras: en 2000 la Asamblea General dio su aprobación al recorte de la cuota aportada por la superpotencia.

Siguiendo el procedimiento y sin sorpresas, el 29 de junio los 189 miembros de la Asamblea General -donde precisamente el día 27 había concluido una sesión especial monográfica de tres días sobre el SIDA- hicieron suya la propuesta del Consejo de Seguridad por aclamación. No surgió ningún candidato para retar al extremadamente popular y respetado secretario general.

Además de sus funciones oficiales, Annan participa desde antiguo en actividades relacionadas con la educación, el desarrollo y el bienestar. En la actualidad pertenece a las juntas asesoras del Macalester College de Saint Paul y del Institute for the Future de Menlo Park (California). Fue durante años presidente de la Junta Directiva de la Escuela Internacional de las Naciones Unidas en Nueva York, y de 1981 a 1983 formó parte de la Junta de Gobernadores del Instituto de Estudios Internacional de Ginebra.

En 1994 el Macalester College concedió a su ex alumno el Trustee Distinguished Award y en 1996 el Cedar Crest College de Allentown (Pennsylvania) le confirió el título honorífico de doctor en Servicio Público. En 1998 Corea del Sur le distinguió con el Premio Seúl de la Paz, por su contribución a la superación de tensiones en la península coreana.
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***NOTA: Este resumen recoge datos hasta JULIO de 2001.

PRÓLOGOS de Camilo José Cela.

PRÓLOGOS de Camilo José Cela.

Fechado en Palma de Mallorca el 2 de junio de 1963, incluye Cela un prólogo a “La Colmena” –se cumple el medio centenario de su publicación– que no tiene desperdicio. Glosamos algunos de sus conspicuos renglones.
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“El escritor puede llegar hasta el asesinato para redondear su libro”. Quien pueda que lo entienda. Y al que le parezca exagerado, que se
rasque las pulgas, así sean de gato.
“Lo único que al escritor no le está permitido es sonreir, presentarse a los concursos literarios, pedir dinero a las fundaciones y quedarse (...) a mitad de camino”. Sonreír es de huevones que piden permiso
hasta para sacarse la minga y orinar; lo de los concursos equivale a poner el
culo y que se sirvan, lo mismo que mendigar abyectamente; y quedarse a mitad
de camino es eso: el mástil reacio y renuente, en lugar de empingorotarlo a las
estrellas.
“La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro”. Otra manera de afirmar que no se puede servir a dos señores.
“La ley del escritor no tiene más que dos mandamientos: escribir y esperar. El cómplice del escritor es el tiempo. Y el tiempo es el implacable gorgojo que corroe y hunde la sociedad que atenaza al escritor”. ¡Lejos queda su expulsión de la Asociación de Prensa por “falta de profesionalidad” y cuando se prohibió la mención de su nombre en los papeles aun como invitado de una boda...! También, su renuncia a ser investido “honoris causa” por la
Universidad de Santiago de Chile, recién el golpazo de Augusto Pinochet y en el alma de Camilo la amistad y el recuerdo de Neruda...
“El escritor es bestia de aguantes insospechados, animal de resistencias sin fin...” Quede claro, pues, por qué nunca parece que se le joda lo bastante. O como dijo Mío Cid: “Tú me destierras por uno; yo me destierro por cuatro”.
“Al escritor nada, ni siquiera la literatura, le importa”. Que el mundo no merece la pena ni el trabajo de tomarlo en serio es verdad que el escritor
aprende en el crisol. Y esta sola sonrisa de desprecio se permite.
“No hay más escritor comprometido que aquel que se jura fidelidad a si mismo...” O como dijera en otro sitio el de Padrón, tú escribes y son luego
montón los que andaban esperándolo. Pero no prostituyas el oficio poniéndolo
a los pies del ídolo, entre otra razón porque es pecado...
“El escritor nada pide porque nada(...) necesita”. Es lo más parecido al santo anacoreta. Te quitas de fumar, del crucero trimestral por el Caribe y de viajar en metro y se te llenan solas las alforjas para el viaje. Que haga sol o diluvie es lo de menos.
“A la sociedad, para ser feliz en su anestesia(...) le sobran los escritores. Lo malo para la sociedad es que no ha encontrado la fórmula de raerlos de sí o de hacerlos callar. Tampoco está en el camino de conseguirlo”. Inténtense exorcismos, vituperios e incluso el silencio y el
escupitajo. Que al final se perciba amargamente que no ha servido para nada,
no es motivo para que dejen de procurarlo los simplones.
Para otro “Jaque”, las cuatro actitudes del escritor ante el político.
Pero sobre todo, no dejen de meterle un viaje a “La colmena”.
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Sobre las cuatro actitudes del escritor ante el político, según prólogo de
su autor a “La colmena”, lo primero que debemos apuntar es el irrisorio papel que cumple en la Historia, la grande y la menuda, esa curiosa figura empeñada en anillarnos el hocico.
El escritor siempre se ha cegado con el político, de una u otra forma.
Quizá sea inevitable, al ser éste quien, con una mano, distribuye las gabelas y,
con la otra, te entrega sin titubeos al capricho del verdugo.
“Al escritor que se hubiera cambiado por el político”, dice Cela, “sucedió
el escritor que se conformaba con marchar al remolque del político”. Ambas
aficiones son letales, como cualquiera advierte (menos las dos clases de
escritores señaladas).
“Al escritor que se siente lazarillo del político (...) seguirá el escritor que
lo despreciará”. De la primera muestra tuvimos ya bastante, en al menos un
siglo de adhesiones fanáticas e inquebrantables, que algunos pretenden dilatar.
Lo saludable es lo último: un desprecio educado, que lo cortés no quita
lo valiente (los torpes suelen confundirlo, y es entonces cuando hay que
desembolsar el filo). Un desprecio indesmayable, mantenido a ultranza y contra
todo viento o marea, aunque ya no te inviten a los sitios, que visto uno, vistos
todos y cada vez se tiene más pereza de ir donde no quieres.
Al fin y al cabo, lo que escribes quedará para los tiempos venideros, así
rechinen dientes, que para entonces estarán echando en la huesa su eterna
sonrisa estupefacta. Como nosotros, pero la nuestra será de carcajada porque
al final ganamos la partida...
La gente vive engañada y bajo el efecto de la “foto fija”: lo que es hoy,
será mañana y de idéntica manera. Pero nada más mudable que la vida, que no cabe en ningún molde y esto, mejor que nadie, lo sabe el escritor.
No decimos que sea verdad cómoda, que ninguna lo es. Y si no que se lo digan a Miguel Servet y a Galileo, que se negaron a casarse con su mentira de época y en su cruz llevaron su calvario.
El político es el remero en el estanque del domingo de la Historia. Dicho igual, que no se aventura descubriendo el Orinoco. Y cuando las aguas suben
un poco de calado, comienza a ponerse nervioso y a sudar, haciendo nada
airosos aspavientos por ganar la orilla y convidar a las señoras a barquillo.
Llega el momento en que sólo quisieras leer tus propios libros. Llega el
momento en que no quisieras leer libros. No digamos escribirlos. Con lo fácil
que hubiera sido convertirse en protésico dental, cazador clandestino de
avutardas o manejador de los dineros de la Iglesia, aunque te pillen con las
manos en la masa, pero las veces que te libras, qué.
Habría que borrarlo todo y empezar de nuevo... con la salvedad de que
iríamos a parar al mismo mar, ni siquiera en bajel más aparente, y calafateando
el buque para que no entre demasiada agua en la sentina.
Es un libro viejo “La colmena”, se ha convertido en persona de fiar. Su
fabulador no necesitó del concurso del político para poblar su ficción de
personajes, como tampoco nos necesitan gatas para preñarse en los tejados.
Pues entonces.
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Vladímir PUTIN.

Vladímir PUTIN.

Vladimír Vladimírovich PUTIN nace el 7 de OCTUBRE de 1952 en San Petersburgo, RUSIA.
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1. DE AGENTE SECRETO A RESPONSABLE MUNICIPAL.

Es el hijo único de un inválido de guerra que fue condecorado por su actuación en la defensa de Leningrado contra el Ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En 1970 se matriculó en Derecho por la Universidad Estatal de Leningrado y nada más licenciarse, en 1975, empezó a trabajar en la sede local del Comité de Seguridad del Estado (KGB), concretamente en un departamento llamado Servicio Número Uno.

Este no se trataba todavía del célebre Primer Directorio Principal (FCD) del KGB, encargado de la inteligencia extranjera, sino de un buró subsidiario, existente en cada ciudad importante de la URSS, que funcionaba también como oficina de reclutamiento. Durante 15 años Putin fue un extremadamente discreto, por reservado, agente del KGB.

En 1984 siguió un cursillo de un año en el Instituto de Inteligencia Bandera Roja, donde adquirió los conocimientos necesarios del idioma alemán -además de nociones de español, francés e inglés- para servir desde el año siguiente en Alemania Oriental, fundamentalmente en Dresden y en Berlín. En el cuartel general del KGB en Karlshort adquirió experiencia en la recogida de información. Sobre la naturaleza de esta información, los que han tratado de aportar datos de esta escasamente conocida etapa vital de Putin no se ponen de acuerdo, aunque para la mayoría de las fuentes se trataría tanto de expedientes políticos de ciudadanos de la RDA como informes suministrados por los agentes de espionaje industrial.

También parece que realizó labores de enlace entre el KGB y el servicio de seguridad germanooriental (SSD, más conocido como Stasi) y de reclutamiento de agentes. En ese caso, o bien Putin no adquirió responsabilidades especialmente importantes o bien su anonimato fue completo, ya que cuando pasó al primer plano de actualidad el célebre Markus Wolf aseguró no haber oído hablar de él en todos los años que estuvo al frente del espionaje de la RDA.

En 1990, al poco de ser transferido del FCD al mucho menos prestigioso directorio de personal y de prestar asesoría en asuntos de cooperación internacional al rector de su antigua universidad, Putin abandonó el servicio activo en el KGB y entró en el círculo de colaboradores de Anatoli Sobchak, su antiguo profesor en la facultad de Derecho y, como diputado en el Congreso Popular de la URSS, uno de los más preclaros partidarios de la perestroika de Mijaíl Gorbachov.

El 20 de agosto de ese año, con Sobchak convertido ya en alcalde de Leningrado y en plena incertidumbre por el golpe de Estado comunista contra Gorbachov del día anterior, Putin se dio de baja de la reserva del KGB (aunque algunos políticos demócratas de la ciudad creen que durante un tiempo siguió rindiendo cuentas a su antigua organización) y pasó a dirigir el comité de relaciones internacionales del ayuntamiento leningradense.

A partir de marzo de 1994, disuelta ya la URSS y convertida Rusia en Estado independiente, ejerció de primer teniente de alcalde de la rebautizada San Petersburgo, un puesto cuyas competencias incluían la seguridad ciudadana, en tanto que director del comité de emergencias y supervisor de las fuerzas del orden público, y la sustitución de Sobchak cuando realizaba sus frecuentes viajes al exterior, además de la dimensión económica del anterior cargo citado, que retuvo.

La gestión de Putin en la antigua ciudad de los zares es valorada positivamente por los analistas, ya que, moviendo los contactos de su época como espía, contribuyó a que importantes firmas alemanas hicieran inversiones en infraestructuras y participaran en joint ventures con el consistorio, si bien las presuntas irregularidades en la concesión de licencias de exportación de metales a productores locales fueron objeto de algunas investigaciones por los diputados locales.

2. FULGURANTE CARRERA AL SERVICIO DE YELTSIN.

Las dotes de Putin para la organización y el análisis no pasaron desapercibidos en Moscú. En septiembre de 1995 fue elegido para encabezar la sección local de Nuestra Casa es Rusia (NDR), partido centrista organizado por el primer ministro Víktor Chernomyrdin y que entonces constituía el soporte político del presidente Borís Yeltsin. Cuando Sobchak, que había caído en el descrédito entre escándalos de corrupción y acusaciones de mala gestión, perdió las elecciones municipales de junio de 1996 ante el candidato unitario de la oposición democrática, Vladímir Yakovlev, Putin, que había dirigido la campaña de su jefe, terminó también su trabajo como edil.

Siguió fiel al hombre (fallecido en febrero de 2000) que le había abierto las puertas de la política, ayudándole durante su estancia en Francia para recibir tratamiento médico y para resguardarse del acoso judicial por los presuntos delitos de abuso de poder y malversación.

En agosto de 1996 se trasladó a Moscú y es en este momento cuando se introdujo en los resortes del poder del Kremlin, que es como decir de Rusia, aunque todavía en el más riguroso anonimato, lo que, no obstante, facilitó su progresión meteórica. De adjunto de Pável Borodin, jefe del departamento administrativo de la Administración Presidencial (dirigida a su vez por el liberal Anatoli Chubáis), encargado, entre otros menesteres protocolarios, de adjudicar las residencias y vehículos oficiales a los altos funcionarios del Kremlin, Putin pasó, el 26 de marzo de 1997, a jefe del directorio o departamento principal, que controlaba todos los demás departamentos, y luego, el 25 de mayo de 1998, a vicejefe de la Administración Presidencial, encargado de las relaciones con los entes territoriales de la Federación.

Este puesto, de indudable relevancia, le duró a Putin sólo dos meses: el 25 de julio, en uno de sus típicos recambios fulminantes, Yeltsin le nombró director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), puesto con rango ministerial, en lugar de Nikolai Kovalyov. El FSB, que empleaba a 75.000 personas, había sido constituido el 12 de abril de 1995 mediante un decreto-ley de Yeltsin para sustituir al Servicio Federal de Inteligencia (FSK), a su vez la agencia que interinamente había reemplazado al KGB en diciembre de 1993.

El FSB sumaba a las competencias del FSK (las operaciones de inteligencia en el extranjero) las tareas de seguridad interior asumidas por el KGB, como la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo, así como la vigilancia de todo lo referente a la seguridad nuclear y a la producción de minerales estratégicos, atribuciones todas que ahora, con el debilitamiento general de la autoridad y el imperio de ley, cobraban una especial importancia.

Cuando se conoció esta promoción la prensa rusa inquirió: "Quién es Vladímir Putin?". En efecto, el flamante director del FSB era un perfecto desconocido para el público ruso y sobre su ascenso no se pusieron de acuerdo los observadores; para unos, obedecía a la necesidad de poner al frente de un servicio reorganizado y reforzado en sus funciones siguiendo la pauta del KGB a un competente ex oficial familiarizado con las cuestiones de seguridad e inteligencia; otros, sin embargo, hablaron de nombramiento "político" y establecieron su lealtad a toda prueba y su aversión a robar protagonismo a sus jefes, como las verdaderas cualidades por las que Yeltsin le había escogido.

3. DEL GOBIERNO A LA PRESIDENCIA: LA GUERRA DE CHECHENIA.

Mientras el baile de los primeros ministros seguía su curso (cuatro cambios de titular entre marzo de 1998 y mayo de 1999) y Yeltsin, muy mermado de salud y cada vez más criticado por los partidos ajenos a las intrigas del Kremlin (a causa de su estilo de mando errático e impulsivo y, en su opinión, su incapacidad para dirigir un país abrumado por todo tipo de problemas), parecía no hallar a la persona idónea para sucederle, la trayectoria de Putin ascendía imparable y con el sigilo habitual.

En octubre de 1998 entró a formar parte del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa (SBRF, órgano que, junto con el también un tanto difuminado en sus competencias aparato presidencial, representa una estructura paralela del poder federal, fuera del control de la Duma Estatal aun siendo más decisivo que el Gobierno Federal) y el 29 de marzo de 1999, sin cesar en el puesto de director del FSB, se convirtió en su secretario, reemplazando a Nikolai Bordyuzha. El 9 de agosto de 1999 Yeltsin cesó a Serguéi Stepashin como primer ministro y nombró a Putin primer viceprimer ministro y primer ministro en funciones, por ser "la persona capaz de consolidar la sociedad y obtener los apoyos necesarios para asegurar la continuidad de las reformas".

Esta presentación hizo preguntarse a la prensa rusa sobre si lo que pretendía Yeltsin era un colaborador dócil para, poniendo como disculpa la desestabilización de la república de Daguestán por guerrilleros chechenos, declarar el estado de emergencia y suspender las cercanas elecciones legislativas y presidenciales, cuyo resultado, en plena recomposición del campo opositor, se anticipaba más incierto que nunca para el Kremlin. Precisamente a esta solución se habría mostrado hostil Stepashin, a su vez un viejo compañero de Putin desde sus años en San Petersburgo y que junto con su predecesor en el cargo, Yevguieni Primakov, integraba la tríada de primeros ministros de Yeltsin salidos de los servicios secretos.

La mayoría de los partidos y fracciones presentes en la Duma acogieron positivamente el nombramiento de Putin, aunque con diferentes grados de prudencia y escepticismo, ya que lo identificaban como el último favorito de La Familia. Este término -y no como una simple metáfora- aludía a la camarilla de colaboradores íntimos de Yeltsin, cuya capacidad de influir en la alta política, se apreciaba, había aumentado extraordinariamente en los últimos años a medida que la salud de Yeltsin declinaba, y que precisamente ahora, con las explosivas filtraciones sobre una corrupción a gran escala en el entorno presidencial y las posibilidades sin precedentes, a tenor de las encuestas, de que un candidato no del Kremlin -como el popular alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov-, ganara las elecciones, se arriesgaba a perder el poder y los privilegios.

El 16 de agosto Putin fue confirmado en la Duma con 233 votos a favor -siete más de los necesarios-, 84 en contra y 17 abstenciones, y tomó posesión de la jefatura del Gobierno. La mayoría de los miembros de NDR, el grupo de diputados regionales y el Partido Liberal Democrático del ultranacionalista Vladímir Zhirinovski, votaron por el primer ministro, mientras que el Partido Comunista (KPRF) de Guennadi Zyugánov (el grupo más nutrido de la cámara) y los reformistas liberales del partido Yábloko mostraron un voto mucho más fraccionado.

Abundando en su fama de duro e imperturbable como el profesional del espionaje que había sido, Putin, siempre con el beneplácito de Yeltsin, elaboró la estrategia frente a la reactivación del conflicto checheno, que ahora tomaba un alarmante cariz expansionista con el fomento del secesionismo daguestaní y religioso con la divulgación por los comandantes rebeldes del credo wahhabí, un fundamentalismo sunní establecido en Arabia Saudí y más recientemente implantado en Afganistán por el régimen de los Talibán.

La decisión de cortar la desestabilización del Cáucaso en su raíz mediante la invasión y ocupación de Chechenia -donde desde los acuerdos de paz con el Gobierno Federal, en agosto de 1996, la pugna entre moderados y radicales había alcanzado, en apariencia, un punto de no retorno- la adoptó Putin en el seno del SBRF, donde siguió ejerciendo como miembro de pleno derecho en tanto que primer ministro.

En aquella fecha Putin puso en el cargo a Serguéi Ivanov, quien, al igual que su sustituto al frente del FSB en agosto, Nikolai Patrúshev, era también un natural de San Petersburgo y ex oficial del KGB, lo que confirmó que el primer ministro y el delfín -todavía oficioso- del presidente se estaba rodeando de colaboradores de la máxima confianza y cortados por su mismo patrón.

Los sangrientos atentados en localidades de Daguestán y en el mismo Moscú, donde el 9 y el 13 de septiembre dos grandes explosiones en unos bloques de apartamentos mataron a decenas de personas, movilizaron a la anonadada opinión pública a favor de un castigo contundente a la República de Chechenia, pese a que la conexión establecida por Putin, o incluso la propia naturaleza terrorista de los atentado como cometidos por rebeldes checheno-daguestaníes, no fue demostrada; algunos observadores incluso barajaron la autoría de los mismos servicios secretos rusos, con inconfesables propósitos. El caso es que la sensación de inseguridad de una población que ya conocía bien los embates del crimen organizado alcanzó cotas máximas.

La segunda campaña de Chechenia, que comenzó con el ataque terrestre del 30 de septiembre precedido por bombardeos aéreos desde el día 5, fue presentada inicialmente por el Gobierno de Putin como una operación antiterrorista limitada a la destrucción de los campamentos guerrilleros dentro del territorio checheno, pero con el progreso de las operaciones militares -lentas y penosas ante la encarnizada resistencia que se encontró- reveló su verdadero objetivo: poner fin definitivo a las veleidades independentistas chechenas, liquidar un peligroso foco de perturbación para toda Rusia y levantar un obstáculo para la aceptación por Azerbaidzhán, Kazajstán y Turkmenistán el hacer pasar por la red de oleoductos rusos, ya en servicio o en construcción, sus futuros suministros de gas y petróleo a Europa.

Putin, que deseaba consolidar su imagen de estadista implacable y decidido a restaurar el orden y la disciplina en todo el territorio federal sin reparar en medios, se guardó de caer en los errores de la guerra de 1994-1996, cuando el poder federal pagó un elevado precio en vidas y pertrechos para finalmente aceptar un acuerdo de alto el fuego considerado desfavorable, ya que congelaba por unos años, no eliminaba, la pretensión chechena de independencia, además de que la retirada del poder federal de la república había asegurado su soberanía de hecho.

El concepto de guerra total derivó en masivas violaciones de los Derechos Humanos, hasta el punto de acusarse a las fuerzas federales de ensañarse con la población civil y de prácticas genocidas. Putin, que tenía toda la confianza de Yeltsin y observaba como la mano dura en Chechenia elevaba vertiginosamente su popularidad en las encuestas (un periódico llegó a definirle como el "Bruce Willis ruso"), dio instrucciones para incrementar las ofensivas hasta el aplastamiento total de la resistencia chechena.

Con Yeltsin la mayor parte del tiempo en el hospital o en reposo por prescripción medida, Putin tomó las riendas efectivas del Estado, sin ocultar -a partir de noviembre- su aspiración de sucederle en la Presidencia. De cara a las elecciones legislativas del 19 de diciembre, decisivas, en una etapa que se antojaba de final de reinado, para la clarificación del equilibrio de fuerzas y de las posibilidades de los presidenciables, el 23 de septiembre un grupo de dirigentes regionales y del entorno del Kremlin lanzó el bloque electoral Unidad (Yedinstvo) con el objeto de arañar el mayor número posible de escaños al partido de Zyugánov y de favorecer las aspiraciones de Putin, quien al día siguiente expresó el apoyo del Gobierno a la iniciativa, ya que podía "ayudar a estabilizar la situación política en Rusia".

En los comicios, Unidad, identificado por la población como "el partido de Putin", obtuvo el 23,3% de los votos y 72 escaños, un resultado bastante más positivo que el 10,1% y los 51 escaños ganados por NDR en 1995, pero también porque el KPRF perdió una cincuentena de escaños. La mayoría propresidencial en la Duma quedaba garantizada al situarse la alianza centroizquierdista Patria-Toda Rusia (OVR) de Luzhkov, Primakov y destacados dirigentes regionales, la Unión de Fuerzas Derechistas (SPS) de los reformistas liberal-conservadores Yégor Gaidar, Borís Némtsov y Serguéi Kirienko, y el Bloque Zhirinovski, como las fuerzas tercera, cuarta y quinta más representadas, respectivamente.

Todos estos líderes, así como Chernomyrdin y otros políticos, expresaron entonces o en las semanas sucesivas su apoyo a la candidatura presidencial de Putin, al que valoraron como un hombre "capaz", "decente" y no constitutivo (en palabras de Gorbachov), de "ningún peligro para la democracia". Validado en las urnas y respaldado por buena parte de la clase política, Yeltsin se convenció definitivamente de que su extremadamente leal colaborador era el hombre idóneo para sucederle y asegurarle un retiro sin contratiempos, de manera que el último día del año anunció su dimisión y el decreto por el que Putin, conforme a la Constitución, asumía la jefatura del Estado como presidente en funciones hasta la celebración de las elecciones.

4. UN NUEVO ESTILO EN EL KREMLIN.

Entre sus primeras disposiciones, Putin firmó el mismo 31 de diciembre un decreto que concedía a Yeltsin inmunidad frente a cualquier persecución, arresto o interrogatorio judicial, una renta mensual correspondiente al 75% de su salario presidencial y garantías, como a los demás miembros de su familia, de la protección del Estado y de un tratamiento con privilegios especiales. El nombramiento de Putin fue acogido positivamente en las capitales occidentales, que veían en él a un estadista más predecible y concreto que Yeltsin, con el que tratar la recomposición de la malparada cooperación Rusia-OTAN, eje de la arquitectura de seguridad europea, a consecuencia de la guerra de Kosovo.

Pero, por otro lado, el nuevo presidente ruso, con su papel de halcón de la guerra de Chechenia, suscitaba grandes interrogantes e inquietud por su propensión a los mensajes nacionalistas y de construcción de una Rusia fuerte (el debate sobre la debilidad o la fortaleza presentes de Rusia se animó con la llegada de Putin, presentando cada parte una serie de argumentos que sustentaban sus tesis con similar convicción). Ciertamente, en los meses siguientes Putin, con sus disposiciones iniciales (restablecimiento de la enseñanza militar en las escuelas, recuperación de la institución del comisario político en los cuarteles) dio indicios que apuntaban a una militarización de la sociedad y al aumento del control del Estado, sin excluir el uso de los servicios de inteligencia para labores en principio no contempladas en sus estatutos.

Putin rememoraba en muchos ciudadanos el antepenúltimo secretario general del PCUS, Yuri Andropov (1982-1984), quien, como antiguo director del KGB (una organización que, con sus ominosas actuaciones como guardián del totalitarismo soviético, recupera ahora una cierta aureola entre los rusos como el único cuerpo del Estado que se mantuvo al margen de los hábitos corruptos y decadentes de los miembros del aparato del Partido), hizo un diagnóstico crítico de la situación del país e intentó una tímida reforma para disciplinar los malos hábitos florecidos durante la etapa de Leonid Brezhnev, reforma que a su vez inspiró a Gorbachov.

Al comenzar 2000, para una parte sustancial de los ciudadanos rusos era perentorio un liderazgo enérgico que metiera en cintura a una sociedad desvertebrada y desordenada, sin importar la suerte de las minorías étnicas, las organizaciones criminales o los poderes oligárquicos, e incluso la opinión de los gobiernos occidentales.

Ahora bien, otros analistas, aún aceptando el carácter enigmático de Putin, recordaron el arraigo en Rusia, tras una década de reformas renqueantes, de los hábitos de las sociedades democráticas. No pocas instancias de poder dentro y fuera de Rusia vieron con agrado la llegada al poder en Moscú de un dirigente joven y fuerte, capaz de quebrar la impunidad sangrante de las mafias y de los poderosos oligarcas financieros y mediáticos, beneficiarios de una transición a un modelo capitalista donde las privatizaciones se concibieron como una adjudicación incontrolada de las propiedades del Estado a un reducido grupo de nuevos empresarios a cambio de apoyos económicos, y de restaurar la autoridad federal en las repúblicas y demás entes de la Federación.

Sobre el modelo económico, algunos observadores aseguraron que se decantaría por las reformas radicales, que, con severos altibajos, habían sido aplicadas por Yeltsin, pero esta vez sustentadas en un régimen autoritario a la chilena, conformando una suerte de capitalismo de estado; otros vislumbraron un modelo socialdemócrata clásico y mixto, con la asunción por el Estado de sectores clave y estratégicos y un retorno parcial a la planificación (que es precisamente lo que propugnaban los comunistas de Zyugánov).

Ahora bien, tanto en uno como en otro caso, surgía la cuestión del papel que los omnipresentes oligarcas, muchos de ellos ligados a las prebendas del Kremlin, un tema más importante en cuanto que Putin no iba a admitir otros núcleos del poder fuera del que ostentaba.

Se tenía en mente al magnate Borís Berezovski, hasta marzo de 1999 secretario ejecutivo de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), propietario de un imperio de la comunicación (incluyendo la televisión ORT y el periódico Nezavisimaya gazeta) y estrechamente vinculado a La Familia, si bien su poder e influencia estaban declinando a ojos vista coincidiendo con el ascenso de Putin. Por lo demás, los interlocutores internacionales de Rusia estaban convencidos de que el nuevo mandatario ruso iba aportar previsibilidad y confianza en una coyuntura de recuperación de la producción y estabilización monetaria, iniciada tras la devaluación del rublo en 1998.

5. PAULATINA ACLARACIÓN DE INCÓGNITAS.

De momento, la prosecución de la campaña de Chechenia, desoyendo todos los llamamientos foráneos a detener los atropellos contra la población civil y a sentarse a negociar con el presidente Aslán Masjádov, abonó la hipótesis de que el sometimiento de las fuerzas centrífugas de la Federación tenía prioridad sobre las buenas relaciones con Occidente o el refuerzo de los espacios de democracia y libertad para los ciudadanos. Putin negó el derecho de otros países a inmiscuirse en lo que consideraba una cuestión estrictamente interna de Rusia y describió las operaciones militares como una operación de limpieza antiterrorista.

En febrero de 2000 las tropas rusas completaron la conquista de Grozny y tomaron los últimos núcleos urbanos chechenos, pero se expusieron a una presumiblemente larga guerra de guerrillas, cuyos primeros y mortíferos episodios de emboscadas a manos de partisanos bajados de las montañas o infiltrados tras las líneas rusas demostraron que, a pesar de las seguridades triunfalistas del presidente, el conflicto checheno estaba lejos de solucionarse. El 8 de junio Putin impuso la Administración Presidencial directa en la república y acto seguido empezó a transferir responsabilidades al jefe de la administración local provisional, el checheno Akhmed-hadji Kadyrov, lo que daba a entender una estrategia de chechenización del conflicto y de paulatina inhibición rusa.

El 26 de marzo de 2000 se celebraron las elecciones presidenciales y, a pesar de la enquistación del conflicto checheno, Putin venció con un incontestable 53% de los votos. Sus dos adversarios destacados, Zyugánov y el líder de Yábloko, Grigori Yavlinski, obtuvieron el 29% y el 6%, respectivamente. El 7 de mayo Putin inició su mandato quinquenal y nombró primer ministro a Mijaíl Kasyánov, un antiguo planificador y economista de bajo perfil político que desde mayo de 1999 dirigía el Ministerio de Finanzas. El 17 de mayo Kasyánov pasó la preceptiva aprobación de la Duma y su anterior puesto en el Gobierno fue ocupado por Aleksei Kudrin, un economista considerado liberal procedente del círculo de Putin en San Petersburgo.

Por otro lado, el 27 de mayo el movimiento Unidad se constituyó como un partido formal, se definió de ideología centrista y proclamó sin ambages su naturaleza al servicio de Putin, citando incluso como modelo al partido fundado en 1958 por los seguidores de Charles de Gaulle para auparle a la presidencia de Francia primero y asegurarle una mayoría parlamentaria después. Serguéi Shoigu fue confirmado en su liderazgo, aunque Putin permaneció como un mero simpatizante no adscrito.

A partir de las elecciones de marzo, Putin fue descorriendo los numerosos velos que le habían envuelto desde su llegada al Kremlin, y en un sentido confirmatorio de las aprensiones arriba mencionadas. En primer lugar, en abril, se presentó la nueva Doctrina de Defensa, que suponía una ampliación o continuación de la doctrina aprobada en 1993 y que, entre otros puntos, autoriza la intervención del Ejército en conflictos armados dentro de la Federación (lo cual ya venía produciéndose con prodigalidad) y en el ámbito exterior confiere a Rusia el derecho a usar el arma nuclear sin ataque previo, si detecta evidencias de un grave peligro para la seguridad nacional.

El presidente, que había empezado a insistir en lo inaceptable del trato de privilegio y la concesión de favores políticos a empresarios y financieros, de manera que su enorme influencia debía terminar, dio indicios de una depuración en la Administración Presidencial ya el 3 de enero de 2000, cuando destituyó de su cargo de asesora presidencial a la hija de Yeltsin, Tatyana Dyachenko, y a otros altos funcionarios, si bien los observadores consideraron la medida una lógica renovación de equipo, con la remoción de los confidentes y cortesanos de Yeltsin que el público más asociaba con la intriga y el favoritismo. Además, algunos de los oficiales destituidos fueron inmediatamente destinados a otros puestos, con lo que en parte esta "limpieza" se trató en realidad de una reestructuración.

El 11 de mayo se produjo un acto esclarecedor sobre el futuro de los oligarcas (al menos, de los no identificados con los intereses del Kremlin) en la Rusia de Putin: el aparatoso asalto por el FSB (que no por la policía) de las oficinas de Media-Most, grupo de empresas de comunicación (entre ellas la televisión NTV, el diario Segodnya y la popular emisora de radio Eco de Moscú) perteneciente al magnate Vladímir Gusinski, que durante la campaña presidencial vertió opiniones críticas a Putin y se decantó por la fórmula Luzhkov-Primakov.

Luego, el 13 de junio, la Fiscalía General, presuntamente haciendo caso omiso de los "consejos" del Kremlin (Putin, en visita en Madrid, dijo sentirse "sorprendido" cuando conoció la noticia), emprendió una operación judicial contra Media-Most que incluyó la detención por unos días del propio Gusinski, acusado de fraude al Estado. Gusinski rechazó la imputación y afirmó ser víctima de un chantaje intimidatorio del poder para que cambiara la línea editorial de sus empresas informativas. Se confirmó igualmente la ruptura con Berezovski, quien en julio dimitió de su escaño en la Duma dispuesto a crear su propio partido político, después de denunciar las políticas "autoritarias" de Putin y de que la justicia empezara a investigarle por casos de corrupción.

El 13 de mayo Putin, que había solicitado un "nuevo federalismo" y el final del "caos legal" existente en las regiones, reorganizó por decreto el sistema de emisarios del Kremlin en los entes que componen la Federación: en vez de haber un delegado por cada entidad (89 en total, entre sujetos nacionales -repúblicas y distritos- y sujetos administrativos territoriales -territorios, regiones y ciudades federales-), el presidente contaría con sólo siete representantes, al frente de otros tantos "distritos federales" de nueva creación. Se observó que la finalidad última de esta medida era reforzar el poder del centro sobre las regiones y sujetar a los numerosos dirigentes locales díscolos, aunque algunos iban más allá y entreveían una eventual reordenación del sistema de sujetos de la Federación

Nuevas decisiones reveladoras de los planes de Putin fueron la creación, por decreto el 1 de septiembre, del Consejo de Estado de la Federación Rusa, un órgano consultivo formado por los jefes de los ejecutivos regionales y presidido por el jefe del Estado, que parecía una reparación a los presidentes republicanos y gobernadores por la pérdida de sus escaños en el Consejo de la Federación o Cámara Alta de la Asamblea Federal.

Según la reforma, aprobada por el propio Consejo de la Federación el 26 de julio, este organismo pasaba a estar integrado por representantes permanentes nombrados por los poderes ejecutivo y legislativo de cada sujeto de la Federación, si bien hasta el 1 de enero de 2002 iban a seguir en sus funciones los actuales 178 senadores, esto es, los jefes de los ejecutivos y legislativos de los entes. Asimismo, el 9 de septiembre Putin firmó la nueva Doctrina de Información elaborada por el SBRF, que provocó nuevos revuelos entre los medios de comunicación por parecerles notoriamente restrictiva.

Esta serie de medidas cimentó la imagen de un Putin enérgico y con iniciativa, pero cuando el luctuoso y misterioso episodio del hundimiento del submarino nuclear Kursk en el mar de Barents, el 12 o el 13 de agosto de 2000 (la fecha, como buena parte de los elementos de la tragedia, no fue precisada), el presidente fue objeto de una avalancha de críticas, sin precedentes en Rusia, por su actitud excesivamente fría y pasiva en los primeros días de la crisis. Por lo demás, aquella fue sólo parte del secretismo general y el desacierto con que los militares y el Kremlin llevaron el asunto. Particularmente vituperado fue el rechazo inicial de una ayuda internacional que quizá pudo resultar decisiva para salvar con vida a algunos de los 118 tripulantes del submarino.

Aunque Putin perdió nuevos puntos ante los medios de comunicación y hubo amagos de algo parecido a una catarsis en la opinión pública, conmocionada ante la más cruda manifestación de la incuria que reinaba en las Fuerzas Armadas -una situación proclive a ser generalizada al conjunto del Estado-, la popularidad de Putin sólo se resintió sensiblemente y no tardó en restablecer sus elevadas notas, de acuerdo con las encuestas de opinión.

6. RECUPERAR EL ENTENDIMIENTO CON OCCIDENTE.

Sin estridencias pero con firmeza, Putin ha defendido las posiciones de Rusia en sus relaciones con Estados Unidos, que han estado mediatizadas por la pretensión de este país de dotarse de un sistema de Defensa Nacional Antimisiles (NMD) para protegerse de eventuales ataques nucleares de los denominados "estados delincuentes", pero que Rusia considera está dirigido contra ella.

En su primera cumbre presidencial con Bill Clinton, en Moscú el 4 de junio de 2000, Putin recalcó que la NMD violaba el Tratado ABM de 1972, el cual establece en un centenar el tope de lanzaderas de antimisiles por ambas partes, si bien admitió que el tratado se había quedado anticuado y procedía su revisión ante la, efectivamente, actuación fuera del marco de la no proliferación nuclear de ciertos "países imprevisibles". No obstante, propuso a su homólogo desarrollar un sistema antimisiles conjunto y extensible a los países europeos (si bien limitado a la defensa no estratégica), lo que Clinton aceptó tomar en consideración.

Los dos mandatarios volvieron a reunirse en cumbre del G-8 en Okinawa, el 21 de julio, y en la denominada Cumbre del Milenio en la Asamblea General de Naciones Unidas, el 6 de septiembre. El primero de los encuentros estuvo dominado por la propuesta de Corea del Norte (uno de los países a los que Estados Unidos se refiere a la hora de desarrollar la NMD), expresada a Putin por el presidente Kim Jong Il en Pyongyang el 19 de julio, de renunciar a su programa de misiles a cambio de ayuda para desarrollar un programa espacial civil, la cual el ruso consideró digna de tener en cuenta. En el segundo encuentro, en Nueva York, se suscribió una declaración favorable a avanzar en la reducción de los arsenales nucleares estratégicos, con un ánimo de preservar el ABM y de afrontar los nuevos retos de la seguridad internacional.

En este sentido, Putin es partidario de iniciar conversaciones para un Tratado de Reducción de Armas Estratégicas START-III, toda vez que uno de los principales obstáculos, la ratificación por la Duma del START-II (que estaba pendiente desde 1993) se hizo conforme a los deseos del presidente el 14 de abril. Siete días después, los parlamentarios hicieron lo propio con el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBT) firmado en la ONU en septiembre 1996, con lo que Rusia se puso por delante de Estados Unidos en los esfuerzos de desnuclearización de las relaciones internacionales.

Para Rusia el START-II supone el recorte de su arsenal hasta las 3.000 cabezas nucleares, en un proceso que deberá completarse en 2007. Putin va más allá y considera que las necesidades estratégicas del país pueden cubrirse con 1.500 cabezas (en el momento de la firma del START-I, en 1991, la URSS disponía de 11.000), una drástica reducción que planteó en la reunión del SBRF del 11 de septiembre de 2000. Entonces se impuso su propuesta de transferir el Mando de Misiles Estratégicos a la Fuerza Aérea en 2002, como parte de un ambicioso programa de reducción y modernización de las Fuerzas Armadas, cuya lamentable capacidad de combate, fundamentalmente en el Ejército de Tierra y en la Armada, Putin reconoció abiertamente.

En 2000 Putin realizó sus primeras visitas a capitales occidentales en Londres (17 de abril), Roma (5 y 6 de junio, donde además fue recibido en audiencia por el Papa en el Vaticano), Madrid (13 y 14 de junio), Berlín (15 y 16 de junio) y Tokyo (4 y 5 de septiembre). En la capital nipona no despejó con el primer ministro Yoshiro Mori el desencuentro por la soberanía rusa de las islas Kuriles, que ha impedido la firma de un tratado de paz entre ambos países desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El 29 de mayo Putin tomó parte en Moscú con Romano Prodi y Javier Solana en una cumbre Rusia-Unión Europea que fue calificada por las partes como "muy constructiva" y el comienzo de "una nueva era de cooperación". En su debut en el G-8 en Okinawa, donde no se habló una sóla palabra sobre Chechenia, el canciller Gerhard Schröder le anunció el reescalonamiento de parte de la deuda contraída por Rusia con Alemania y de paso calificó de "brillantes" las explicaciones de su reciente estancia en Corea del Norte.

La nueva amistad germano-rusa (por el contrario, las relaciones con Francia se enfriaron por las fuertes críticas galas a la campaña de Chechenia) quedó sellada en la cumbre de Berlín en junio de 2000, cuando se adoptaron sendos acuerdos sobre la liberalización de créditos para garantizar las exportaciones alemanas a Rusia y para realizar nuevas inversiones de empresas alemanas en la extracción de gas, y Schröder además respaldó la oferta de Putin de desarrollar un programa paneuropeo de defensa abierto a la participación de Estados Unidos.

7. MANTENER LA SUPREMACÍA EN EL ÁMBITO EX SOVIÉTICO.

Putin realizó su primera visita a China el 18 de julio de 2000 y coincidió con el presidente Jiang Zemin en el rechazo a la NMD y al hegemonismo de Estados Unidos, por lo que estimaron necesario profundizar la "cooperación estratégica" establecida en los últimos años entre los dos países. Igual tipo de vínculo quedó definido con India durante la visita del presidente a Nueva Delhi el 3 de octubre.

Otro elemento de inercia en las relaciones exteriores rusas salió a relucir a la hora de evaluar las elecciones presidenciales en Yugoslavia, el 24 de septiembre de 2000, ya que Moscú no reconoció la victoria en las urnas del candidato de la oposición, Vojislav Kostunica, hasta que la insurrección popular en Belgrado apartó a Slobodan Milosevic del poder. Estas reticencias ante el eclipse democrático de quien había sido el único y autoasignado aliado de Moscú (aunque el autócrata serbio nunca dio facilidades a la diplomacia rusa con sus desplantes) en una región dominada por los gobiernos prooccidentales, no fueron óbice para que el ministro de Exteriores, Igor Ivanov, se apuntara la primicia de felicitar a Kostunica en Belgrado.

El 25 de enero de 2000 Putin celebró en Moscú su primera cumbre con los jefes de Estado de la CEI, entidad que no termina de cuajar como un remedo de la extinta Unión Soviética, ni siquiera en sus aspectos de integración más elementales, por la dispersión de los intereses nacionales y el establecimiento de alineamientos de países con parecidas perspectivas de cooperación subregional e internacional.

Aunque los mandatarios elogiaron a Putin por su intención de parar el avance de las dinámicas "separatistas y terroristas" en la CEI y su profesión de fe en la organización, por lo bajo se expresaban inquietudes hacia un refuerzo de los sectarismos y las tentaciones neoimperiales rusas, que con Yeltsin ya se habían expresado en el momento en que el Kremlin empezó a instrumentar la CEI para sus objetivos de política exterior.

En la relación especial con Bielarús, que desde 1996 ha establecido con Rusia varios tratados de unión muy ambiciosos, Putin ha exhibido hasta ahora mayor cautela que su predecesor. En su visita al presidente bielorruso en Minsk, el 16 de abril de 1999, Putin pidió la "sincronización" de los planes de integración, cuya profusión y calado excede las posibilidades de aplicación a corto plazo, y añadió que los aspectos políticos y de seguridad no podían cimentarse "en una económica débil", por lo que convenía concentrarse de momento en la armonización de las políticas fiscales y tarifarias, a fin de conseguir una unión aduanera efectiva. Por el contrario, las relaciones con Ucrania atravesaban un momento pródigo en desavenencias.

Casado con una antigua profesora de escuela y con dos hijas pequeñas, Putin se presenta a sí mismo como un fiel de la Iglesia ortodoxa, un hombre sin vicios y un entusiasta del deporte y la vida sana. Practica el sambo, un tipo de lucha tradicional rusa del que fue varias veces campeón en San Petersburgo, y el judo, del que es cinturón negro y cuyas habilidades exhibió en unos combates de cortesía durante sus visitas a Japón en 2000.
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*** NOTA: Este resumen recoge datos hasta ENERO de 2001.

EL PRIORATO de SIÓN.

EL PRIORATO de SIÓN.

1. ENTRE LA REALIDAD Y LA LEYENDA.


A partir de 1960 la opinión pública francesa se hizo eco de la existencia de una sociedad semi-secreta autodenominada Priorato de Sión. Desde esa fecha se han publicado sus estatutos y material procedente de las más diversas fuentes, no siempre contrastables, lo que implica andar con pies de plomo alrededor de todo lo que rodea a dicha organización. Entre sus presuntos afiliados nos encontramos con nombres como Leonardo da Vinci, Victor Hugo o Isaac Newton, entre otros más o menos conocidos. Es decir, que de ser ciertas las pretensiones del priorato, habría albergado en sus filas como grandes maestres a algunas de las mayores luminarias de la historia occidental, así como a miembros de las principales familias reales y aristocráticas de Europa. Aunque parece indudable la existencia actual de la organización, así como la de una antigua Orden de Sión en la época de las Cruzadas, el caso de una continuidad entre ambas a través de los siglos no está tan claro.



Cuentan las crónicas que en el año 1099, tras la conquista de Jerusalén, el gobernante de la ciudad Godofredo de Bouillon fundó una misteriosa Orden sobre la abadía de Notre Dame du Mont Sión, de la que poco se sabe. Sería más tarde dicha sociedad la que impulsaría la creación de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocidos como Templarios.



Si hacemos caso a los textos procedentes del Priorato, la Orden de Sión tendría en la época de su fundación un poder considerable, eso sí, siempre entre bastidores, llegando incluso a afirmar que los reyes de la ciudad santa debían su trono a esta enigmática sociedad. Así pues, ellos serían los verdaderos artífices de la extraordinaria progresión que experimentaron los Templarios en los años siguientes, obedeciendo todo ello a un plan previamente establecido.


De acuerdo con estas fuentes, al menos cinco de los nueve fundadores del Temple pertenecían a su vez a la Orden de Sión, y se podría decir que en principio el Temple era el brazo armado de la anterior o incluso que ambas órdenes eran una sola, puesto que según parece compartían el mismo Maestre. Sería el caso de André de Montbard, uno de los caballeros originarios de la orden templaria y que llegaría a ser el máximo dirigente de la misma. Pero el tío de San Bernardo consta asimismo como miembro de Sión, con lo que podemos hacernos una idea del hermanamiento entre ambas.


Esta situación de confraternidad se prolongaría durante aproximadamente unos sesenta años, hasta que en 1188, un año después de la caída de Jerusalén en manos musulmanas, se produjo un cisma entre las dos órdenes que produjo su separación definitiva. Según el Priorato de Sión, de la pérdida de Tierra Santa sería en gran parte culpable la Orden del Temple, y más concretamente su Maestre Gérard de Ridefort, a los que los documentos "prioré" acusan de traición. Éste arrastró a los Templarios a combatir en la batalla de los Cuernos de Hattin, que significó un autentico desastre para los cruzados y propició la caída de Jerusalén. La situación derivaría en que la Orden de Sión se trasladaría a Francia, abandonando a los Templarios a su suerte, sus pupilos y protegidos hasta la fecha. La ruptura de relaciones se simbolizó mediante la tala de un olmo de ochocientos años, en la ciudad de Gisors. A partir de ese momento, la Orden de Sión cambió su nombre por el de Priorato y se dedicó a sus propios objetivos. Pero... ¿de que objetivos se trataba?.


Supuestamente, la misión del Priorato consistiría en proteger un gran secreto relacionado con los descendientes de la dinastía de los reyes merovingios y restaurar en la monarquía de Francia a uno de sus miembros. Su legítima descendencia, que se cree extinguida, habría sido demostrada por unos pergaminos descubiertos en el pueblecito francés de Rennes-le-Château. Este descubrimiento, que constituye en si mismo un complejo enigma, lo trataremos ampliamente en una leyenda posterior. Para seguir conociendo al Temple, debemos profundizar ahora en la intrigante misión que se ha impuesto el Priorato de Sión.


2. LA SANGRE REAL: la custodia de un gran secreto.

El comportamiento del Priorato de Sión, por lo deja entrever en sus publicaciones, parece obedecer a un calendario cuidadosamente preciso y planificado desde hace largo tiempo. Dan a entender de que son los custodios de un secreto de importancia capital, del que tendrían pruebas irrefutables. Se trataría de algo que los hace sumamente especiales y que reviste su misión de un halo de atrayente misticismo.



Hay tradiciones que dan gran importancia a María Magdalena, de quien se nos dice que tras la crucifixión de Jesús llega a las Galias escoltada por José de Arimatea y portando el Santo Grial. Según lo que podemos extraer de la concepción del Priorato, María Magdalena sería la esposa de Jesús, y cuando viajó lo hizo embarazada o acompañada de su progenie. Naturalmente aquí el término "Santo Grial" debe comprenderse en el sentido de Santa Sangre, es decir, como la descendencia física de Jesús, que se trasladó a las Galias y se continuó allí. La Iglesia omite toda mención en su propia tradición del Santo Grial pues, lógicamente, no le conviene. Es la lucha que hasta hoy subsistiría entre los herederos de Pedro y los de María Magdalena, los herederos de la fe y los herederos de la Sangre.



Una vez en la actual Francia, este linaje judío se unió matrimonialmente con el de los reyes francos, dando lugar a los merovingios. Alrededor del año 500 d.c., con el bautismo y conversión del rey Clodoveo, la Iglesia Romana se instauró como suprema autoridad espiritual de Occidente. Se podría decir que fue un pacto entre Roma y los merovingios, originando una alianza que debería engendrar un nuevo sacro imperio romano. Pero parece que la lealtad de los francos a la Iglesia no era muy intensa, ya que los merovingios seguían manteniendo simpatías por la religión arriana que practicaban antes de su conversión al cristianismo. Doscientos años después, el rey merovingio Dagoberto II fue asesinado junto con su familia por encargo de su propio mayordomo de palacio, Pipino de Heristal. La Iglesia, viendo peligrar su hegemonía, habría apoyado la conspiración. Con la muerte de Dagoberto y sus descendientes la dinastía merovingia llegó a su fin, y comenzó la de los mayordomos de palacio: los carolingios, que contaban con el apoyo eclesiástico. Éstos, que eran a fin de cuentas unos usurpadores, trataron de legitimarse casándose con princesas merovingias y continuaron con su reinado. Con Carlomagno llegaron a abarcar un imperio que se extendía por la totalidad de la Europa occidental y lo gobernaban al servicio de Roma.


Pero podría ser que la dinastía merovingia no se extinguiese con Dagoberto II. Según afirma el Priorato de Sión, los merovingios, la estirpe de Jesús, sobrevivieron a través de un hijo de Dagoberto que se habría salvado del asesinato de su familia. Se llamaba Sigisberto IV, y entre sus descendientes estaría más tarde Godofredo de Bouillon. Sabemos por los Evangelios que Jesús era de sangre real y de la estirpe de David. Es decir, Jesús era el heredero legítimo del trono de Jerusalén. Sus más incondicionales seguidores eran los nacionalistas zelotes, unos fanáticos integristas que aspiraban a expulsar al gobierno títere prorromano e reinstaurar el verdadero linaje real. En las Cruzadas, con la conquista de Jerusalén y la coronación de Godofredo de Bouillon, un heredero de Jesús recuperó su patrimonio legítimo volviendo a ser rey de la Santa Ciudad.



Es posible que dada la hegemonía de la Iglesia en la época, Godofredo nunca pudiera reivindicar como quisiera su linaje y su derecho. A fin de cuentas, Roma estaría detrás de la traición a su familia y aunque no sabemos si la Iglesia estaba al tanto o no del linaje del nuevo rey, una revelación pública podría haber sido muy peligrosa. Godofredo habría entonces, para proteger el secreto de ese linaje sagrado, creado la Orden de Sión y su brazo armado, la Orden del Temple. Curiosamente, las leyendas griálicas que surgieron en la Edad Media, presentan a los Templarios como los custodios del Santo Grial.


sí pues, el Santo Grial sí sería el portador de la sangre de Cristo, pero no en el sentido simbólico de un recipiente, sino de su descendencia: los portadores de su sangre. Y este sería el gran secreto del Priorato de Sión. Secreto compartido también por los Caballeros del Temple. Ahora se entiende porque los Templarios asociaron el culto de la Diosa Madre a la Magdalena (ver leyenda "El culto a las vírgenes negras"), pues ésta representaba la base de su existencia al identificarse con la madre del linaje perdido, la portadora del Grial.


El propio Priorato, los Templarios, o puede que ambos, desarrollando una estrategia a largo plazo, habrían protegido a los herederos del Rey de Israel con el objetivo de conseguir la dominación mundial bajo la égida de la dinastía davídica. No hace falta decir que las circunstancias históricas no permitieron que el objetivo se cumpliera. Tras la caída de Jerusalén y la pérdida de Tierra Santa el proyecto se fue a pique. Los herederos de David se vieron una vez más sin corona y la existencia de la Orden del Temple se hizo innecesaria. Algunos tratan de ver en esto una explicación de porque los Templarios no se resistieron cuando fueron apresados por las tropas de Felipe IV. Sin posesiones en Ultramar, separados de la Orden de Sión y con los descendientes de los merovingios nuevamente en la sombra, ya no tenían razón de ser.


El Priorato de Sión, que tras la desaparición del Temple se dedicó a manejar los hilos que rigen Europa desde la clandestinidad en pos de sus objetivos, asegura que pronto se producirá un vuelco en la situación política francesa que preparará el camino para la restauración de una monarquía. ¿Se cumplirán los objetivos de Sión y del Temple ocho siglos después? ¿Seremos testigos de cómo un descendiente merovingio recupera el trono de Francia? El tiempo lo dirá. 


¿TUVO JESUCRISTO DESCENDENCIA?.



La pasión y muerte de Cristo constituyen el punto central de la fe cristiana desde los primeros tiempos de la Iglesia. Pero, ¿y si en vez de morir en la cruz se hubiera casado y tenido hijos? ¿Y si sus descendientes vivieran en la actualidad?



El descubrimiento de documentos secretos, de un tesoro o -como han sugerido algunos- de reliquias momificada, de Cristo en la aldea de Rennes-le-Château, en el sudoeste de Francia, transformaron repentinamente en millonario a un pobre cura rural. Pero eso también puso en marcha una serie de acontecimientos que condujeron al descubrimiento de determinado secreto; si éste resulta ser cierto, será la revelación más importante de la historia de la Cristiandad.


Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln relatan la historia de las pistas que les llevaron a formular sus asombrosas conclusiones en su best-seller "The holy blood and the Holy Grail" (La santa sangre y el Santo Grial), publicado en 1982. El libro ha provocado reacciones tanto de entusiasmo como de rechazo entre los lectores. Los críticos convencionales -como era de prever- han descartado las afirmaciones de los autores considerándolas una fantasía absurda, basada en pruebas insustanciales. Pero esos comentarios son tan injustos como falsos. Nadie puede descartar por las buenas las numerosas pruebas reunidas, que por lo demás son presentadas con suma cautela. Más bien podría afirmarse que estos autores han subestimado la amplitud y las verdaderas implicaciones del material que han reunido, y que han pasado por alto muchas cosas. Tras los secretos revelados subyace un misterio aún mayor.



Los autores del libro presentan pruebas de la existencia de un antiguo misterio de alcance internacional y de una sociedad secreta con numerosos estratos y cuya influencia ha llegado hasta hoy. El punto de partida de su investigación fue un enorme y enigmático tesoro escondido; su conclusión final es la asombrosa afirmación de que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo hijos. Los descendientes de esos hijos -creen ellos- emparentaron con otros reyes y gobernantes de la antigüedad, sobre todo con los merovingios, la primera dinastía de reyes francos en las Galias, y existen todavía descendientes directos que aguardan un llamado -o una oportunidad- para asumir un papel decisivo en la política europea y, posiblemente, en la mundial. Eso, por lo menos, es lo que los autores deducen de los hechos que han descubierto.



La vinculación entre la santa sangre y el Santo Grial que aparece en el título del libro parte de un ingenioso juego de palabras. El Santo Grial es un concepto complejo y misterioso. Para algunos autores es una piedra; para otros un depósito de reliquias santas. Pero, con más frecuencia, se trata de la copa que utilizó Cristo en la Última Cena, copa en la que fue recogida su sangre cuando estaba en la cruz. En muchos de los primeros manuscritos sobre el Grial se lo llama Sangraal y aún en la versión posterior de Malory aparece como Sangreal. Baigent, Leigh y Lincoln afirman que alguna de estas formas -Sangraal o Sangreal- estaban más cerca de la original. Y dividiéndolas en dos palabras, como parece lógico hacer, llegan a la conclusión de que la palabra tal vez originariamente no fuera «San Graal» o «San Grial», sino «Sang Raal» o «Sang Réal». «O -como afirman triunfalmente- empleando la ortografía moderna, Sang Royal, es decir, sangre real.» O sea que la leyenda sobre el traslado del Santo Grial de Judea a Europa no se refiere a la leyenda del traslado de un objeto, sino a la verdadera historia de la llegada de los descendientes de Jesús y María Magdalena, portadores de la sangre real o «sang réal».



Se trata, por lo menos, de una hipótesis impresionante. Pero la hipótesis de la existencia de estos descendientes vivientes de Cristo constituye un eslabón débil en la cadena de argumentación de los autores, una interpretación muy poco convincente de los hechos. Parece improbable, por ejemplo, que en las docenas de generaciones que se han sucedido desde los tiempos de Cristo ningún descendiente haya sucumbido a la tentación de anunciar «Soy un descendiente directo de Cristo.»



No encontramos rastros de semejante revelación en los últimos 2.000 años, ni tampoco ninguna prueba sólida de una progenie real. En cambio, contamos con un montón de pruebas e historias que se refieren tangencialmente a un misterio central y a detalles concretos, como el Santo Grial , calaveras que hablan y cabezas cortadas, a la sangre como sustancia y como símbolo, a maravillas alquímicas y a algún tipo de sociedad de ancianos o iniciados. Pero aunque los autores tengan razón en cuanto a la supervivencia de los descendientes de Cristo, el misterio central es más amplio y antiguo. La historia de Cristo y los hechos que la rodean constituyen sólo una pieza (aunque una pieza importante, sin duda) de un mosaico cuya envergadura es mucho mayor de lo que parece. 



MONJES GUERREROS.



Los templarios, una orden muy poderosa de monjes guerreros que floreció entre 1124 y 1307, eran sólo el brazo militar de una organización todavía más poderosa, el Priorato de Sión, que se ocupaba de los intereses de los descendientes de Cristo.



Baigent, Leigh y Lincoln afirman que los caballeros templarios figuraron entre los más importantes depositarios del secreto. Esta sociedad de monjes guerreros se formó alrededor de 1120, para proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa. Con asombrosa rapidez se transformaron en una poderosa fuerza militar y, además, en los banqueros de Europa. Pero su influencia se eclipsó bruscamente en la noche del viernes 13 de octubre de 1307, cuando en cumplimiento de una orden de Felipe IV de Francia todos los templarios de aquel país fueron arrestados. Hubo juicios y castigos, y la orden fue suprimida, por orden del papa, en 1312.



Los autores han descubierto documentos que indicarían que los templarios constituían el ala militar de una alianza mística más antigua, llamada Priorato de Sión. Dicha alianza, según ellos, fue creada y continúa existiendo con el propósito de proteger y promover los intereses de los descendientes directos de Cristo. La lista de dirigentes del Priorato de Sión a través de los tiempos resulta impresionante; incluye a Leonardo da Vinci, Botticelli, Isaac Newton, Victor Hugo y Claude Debussy, y también a unos cuantos aristócratas franceses aparentemente poco importantes.



Durante los juicios a que fueron sometidos los templarios franceses en 1308, un miembro de la orden declaró que en su iniciación le fue mostrado un crucifijo y se le dijo: «No deposites mucha fe en esto, porque es demasiado joven.» A otro se le dijo: «Cristo es un falso profeta»; y a un tercero: «No creas que Jesús, el hombre a quien crucificaron los judíos en Outremer (Palestina) es Dios, ni que puede salvarte.» Además de otras acusaciones concretas, los templarios fueron acusados de negar, pisotear y escupir la cruz. Tomando en cuenta esto quizá sea significativo que en sus decoraciones de la iglesia de Notre-Dame de France, en Londres, realizadas en 1960, Jean Cocteau, quien supuestamente sucedió a Debussy como jefe del Priorato de Sión, se representara a sí mismo de pie, de espaldas a la cruz. Y lo que es más: al pie de la cruz pintó una gigantesca rosa, símbolo místico cuya antigüedad se pierde en la noche de los tiempos.



Baigent, Leigh y Lincoln admiten que no existe una explicación satisfactoria del rechazo de la cruz y la crucifixión por parte de los templarios. Pero no reconocen la grave debilidad que significa este rechazo en sus razonamientos. Si los templarios y sus asociados rechazaban a la cruz y la crucifixión (por cualquier razón), ¿por qué iban a dedicarse a preservar el secreto de la descendencia física de Jesucristo y a restablecerlos en el poder? Una explicación posible que los autores plantean luego es que quien murió en la cruz fue un falso Jesucristo, y que el verdadero escapó. Pero ése no parece ser el tenor de las afirmaciones de los templarios: «Cristo es un falso profeta» y no «ése era un Cristo falso». Y ¿cómo interpretar la observación acerca de que el crucifijo es «demasiado joven» para ser objeto de veneración? De hecho, existen muchas pruebas que demuestran que las preocupaciones de los templarios eran otras, inmemoriales y mucho más misteriosas.



Los templarios también fueron acusados, tanto por la Iglesia como por persistentes rumores populares, de creer que las cabezas barbadas y las calaveras que adoraban en secreto podían «hacer florecer los árboles y germinar la tierra». Esta acusación pude parecer inocua a primera vista, pero, de hecho, vincula firmemente las prácticas y tradiciones templarias con las antiguas religiones precristianas de la fertilidad, con cosas que no eran «demasiado jóvenes» para tener verdaderos poderes ocultistas. Existen muchas otras cosas que los autores no consideran, por ejemplo el hecho de que los templarios gritaban «Selah» y otras palabras «sin sentido» cuando se postraban ante las cabezas. «Selah» aparece ocasionalmente al final de algunos versos de los Salmos, y los eruditos han sugerido que podía tratarse de una indicación musical para los directores de coros. Pero hay otra explicación posible: ¿no sería una corrupción de «Shiloh»?. Shiloh es un antiguo emplazamiento en las montañas cercanas a Jerusalén (los templarios nacieron en Jerusalén), al que los antiguos judíos consideraban lugar sagrado y cuyo nombre aparece en el Antiguo Testamento para indicar al «Mesías». Sin embargo, como la misma Jerusalén y el Sabbath judío, Shiloh era considerado mujer por los judíos, lo cual resulta muy significativo.



TRAICIÓN Y CAÍDA.


Los caballeros templarios fueron entregados a traición a la Inquisición, y arrestados simultáneamente el viernes 13 de octubre de 1307. Dada la preocupación medieval por la numerología, quizá eso sea significativo. Y aunque quienes atacaron a los templarios no tomaran en cuenta esos detalles supersticiosos, quizá alguien lo hizo. Porque según argumentan los autores, alguien organizó la caída de los templarios, pero les avisó con anticipación, y les permitió destruir la mayor parte de sus archivos y llevar a lugar seguro su enorme tesoro y sus reliquias sagradas (incluido, quizá, el sudario de Turín y la cabeza momificada de Cristo). Quizás al Priorato de Sión le interesó en un momento dado reprimir a su brazo militar con tal de evitar males mayores: por ejemplo, para evitar que el misterio central, el tesoro o sus propósitos a largo plazo resultaran destruidos.



El número 13 desempeña un papel significativo en el misterio revelado por Baigent, Leigh y Lincoln. Partiendo del libro de éstos, consideremos una de las muchas sugerencias que arrojan luz sobre dicho número. Los registros afirman que el Gran Maestre del Priorato de Sión desde 1637 hasta 1654 fue J. Valentin Andrea. A principios de ese mismo siglo el movimiento Rosacruz -una misteriosa fraternidad que decía poseer ciertas «verdades espirituales»- había anunciado su existencia en Europa. Andrea era un rosacruciano practicante, aunque sabía que durante 200 años todas las herejías habían sido severamente castigadas por la Iglesia.



Andrea organizó en Europa una red de sociedades semisecretas, las Uniones Cristianas, destinadas a preservar algunos «conocimientos» que la Iglesia ortodoxa consideraba heréticos. Cada una de esas uniones estaba encabezada por un «príncipe» anónimo, asistido por 12 seguidores. Este número, por supuesto, evoca inmediatamente las bandas de brujas -12 hombres o mujeres dirigidos por un «familiar» o iniciado- y el grupo formado por Jesús y sus 12 discípulos.



Pierre Plantard de Saint-Clair fue al parecer elegido Gran Maestre del Priorato de Sión el 17 de enero de 1981. También se dice que es un descendiente directo de Cristo.



Un hecho particularmente fascinante que citan los autores está relacionado con Juan XXIII. El hecho de que Angelo Roncalli tomara ese nombre al ser elegido en 1959 resulta sorprendente, si se considera que un antipapa del siglo XV también se llamó Juan XXIII. Después de la muerte del papa moderno, Pier Carpi formuló la hipótesis de que él había sido el «hermano Johannes» cuyas profecías se habían revelado tan acertadas. También hubo quien sugirió que era miembro de la Rosacruz y del Priorato de Sión. ¿Acaso adoptó el nombre de Juan porque era el nombre de pila de Jean Cocteau, Gran Maestre de Sión en aquella época?.



La coincidencia parece más significativa si se considera otro hecho: el papa Juan moderno decretó que los católicos tenían permiso para ser masones, lo cual representó un giro de 180 grados en la política del Vaticano. Los masones dicen ser descendientes directos de los mismos caballeros templarios, pero también de organizaciones como las Uniones Cristianas. Además, Juan XXIII proclamó que el hecho más importante de la crucifixión no fue la resurrección, sino el derramamiento de la sangre de Cristo. Esta extraña proclamación hace pensar en el Santo Grial, el receptáculo que, según se cree, recogió la sangre que Cristo derramó en la cruz, mientras que para Baigent, Leigh y Lincoln la sangre de Cristo significa la línea sanguínea, la descendencia de Cristo.



Pero de hecho, como veremos, las implicaciones de la sangre son más antiguas y más amplias de lo que suponen los autores. La mayor parte de los cristianos se sorprenderán al saber, por ejemplo, que la palabra sabbath, sábado (del acadio shabattu o shapattu), significa originalmente «festival de la diosa de la Luna que menstrua».



Son estos temas, aparentemente desvinculados entre sí, los que empezaremos a analizar, descubriendo una red de sociedades secretas y públicas conectadas entre sí. 



Cristo se encuentra con María Magdalena después de su resurrección. ¿Acaso fue un encuentro entre marido y mujer?.



¿Se casó Jesucristo? Según Michael Baigent, Richard Leigh, y Henry Lincoln, autores de "The holy blood and the Holy Grail", los propios Evangelios lo sugieren.



Citan, en particular, el primer milagro importante de Jesús, la transformación de agua en vino en las bodas de Caná (Juan 2:1-13). Según la conocida historia, Jesús y su madre María fueron invitados -o «llamados»- a una boda campesina. Por razones que el Evangelio no explica, María pidió a Jesús que repusiera el vino, cosa que normalmente hubiese correspondido al dueño de casa o a la familia del novio. ¿Por qué iba a hacerlo, a menos que, en realidad, se tratara de su propia boda? Hay pruebas más directas que aparecen inmediatamente después de la realización del milagro, cuando «el maestresala de la boda llamó al novio y le dijo "Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos el inferior, pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora".» La implicación es clara: la boda es la del mismo Cristo.



Si la suposición es correcta, hay que preguntarse: entonces, ¿quién fue la esposa de Cristo? Nuevamente, los autores tienen una respuesta. Las dos candidatas más obvias, después de leer los Evangelios son María Magdalena y María de Betania. Los autores suponen que esos dos personajes son en realidad una sola mujer, y que fue la esposa de Cristo. En los Evangelios apócrifos, que fueron suprimidos a principios de la historia de la Iglesia, se encuentran algunas confirmaciones de esta teoría. En el Evangelio de María, por ejemplo, Pedro habla a María Magdalena con estas palabras: «Hermana, sabemos que el Salvador te amaba más que al resto de las mujeres. Dinos las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces pero nosotros no.» Después, Pedro se queja a los demás discípulos «¿Verdaderamente hablaba en privado con una mujer y no abiertamente con nosotros? ¿Debemos dar media vuelta y escucharla a ella? ¿La prefería a nosotros?» Más tarde, uno de los otros discípulos lo consuela: «Seguramente el Salvador la conocía muy bien. Y por eso la amaba más que a nosotros.»



El Evangelio de Felipe es aún más enfático: «Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Pero Cristo la amaba más que a todos los discípulos y solía besarla con frecuencia en la boca. Los demás discípulos se ofendieron por esto y expresaron su desaprobación. Le dijeron "¿Por qué la amas más que a todos nosotros?" El Salvador respondió diciéndoles "¿Por qué no os amo como a ella?"»


Los autores señalan que, hacia el final de ese Evangelio, hay otro pasaje relevante que, para quienes estén dispuestos a aceptarlo como prueba, resuelve la cuestión: «Está el Hijo del hombre y está el hijo del Hijo del hombre. El Señor es el Hijo del hombre y el hijo del Hijo del hombre es el que es creado por medio del Hijo del hombre.»

@t.

LOS TEMPLARIOS.

LOS TEMPLARIOS.

"NON NOBIS DOMINE, NON NOBIS SED NOMINE, TUO DA GLORIAM".

Este histórico lema de los templarios impuesto a la Orden por su primer padre espiritual, San Bernardo de Claraval, sumariza en unas pocas palabras el ideal y el propósito de su existencia.

Los primeros hermanos no vivían y luchaban por interés personal, sino por un concepto, el establecimiento de la sociedad cristiana, una civilización dedicada a la gloria de Dios. La caballería de hoy intenta emular esta gran tradición en el hecho de que sus trabajos y vidas deben ser un ejemplo para otros y como una hermandad tener como objetivo llegar a construir una aristocracia del espíritu.


Un caballero templario entiende que hay un Dios, una vida creada por El, una verdad eterna y un propósito divino. En consecuencia esta implícito que la verdadera existencia y las bases históricas de la Orden tienen por objeto:

1.- Luchar contra el materialismo, la impiedad y la tiranía en el mundo.
2.- Defender la santidad del individuo.
3.- Afirmar la base espiritual de la existencia humana.

Este es un tremendo objetivo, pero esta es la elección de la caballería. Es por lo tanto el deber de los caballeros prepararse y equiparse a si mismos para sostener esas creencias fundamentales. La misión original de la Orden es tan real hoy en día como lo fue en 1118 cuando se fundo, sólo que las circunstancias han cambiado.


Las crisis y los retos que afronta hoy en día la humanidad reclaman una cruzada que es más importante que cualquiera a que se haya enfrentado la Orden en el pasado. La continuidad de nuestra civilización, con todos sus errores es el reto de hoy en día. En consecuencia es necesario canalizar el trabajo y las actividades de la Orden de tal modo que sea posible entablar esa batalla ideológica que nos reta para la defensa de los valores que sostiene una sociedad basada en la ética y construida a través de siglos.


Trabajando por estos principios fundamentales, la Orden cooperara con otras ordenes similares a través del mundo en contra del desmoronamiento y los elementos destructivos que prevalecen hoy en la sociedad humana. Sin embargo, no es suficiente oponerse a estos males, la Orden debe sostener la justicia natural y los derechos fundamentales del hombre y estimular la descentralización del poder político del estado reconociendo el derecho de los pueblos y las naciones a gobernarse a si mismos dentro de su medio económico natural.


De acuerdo con estos principios, la Orden reconoce a todos los seres humanos como hijos de Dios, sin relación a raza o sexo y que tienen el derecho de buscar su bienestar material y desarrollo espiritual en condiciones de dignidad, de seguridad económica y de igualdad de oportunidades. La consecución del marco de referencia para que esto sea posible debe constituir el objetivo central de toda política internacional.


La Orden apoya la libertad de expresión, de conciencia y de religión; defensa colectiva y medidas positivas para erradicar la pobreza y la injusticia que amenazan la paz del mundo.


La Orden entiende que la felicidad y la dignidad no solo dependen del bienestar físico sino de cosas en las cuales a las personas les sea posible tomar un interés vivo y profundo mas allá de sus propias vidas privadas.


La Orden cree en políticas claras y practicas, siendo aquellas las que aseguren una vivienda decente, atención sanitaria, fomentando que todos tengan la oportunidad de vivir una vida total y activa, pudiendo desarrollar sus talentos naturales.


La Orden fomenta el patriotismo, expresado en el orgullo hacia la propia tierra y sus logros y el reconocimiento del lugar que le corresponde entre las naciones y sus deberes para con la humanidad. Sostiene además la idea de que cada nación debe establecer los mecanismos apropiados para vigilar y aconsejar la mejor utilización de los recursos naturales, en vista de la crisis que se producirá a la larga de minerales esenciales, petróleo, agua, etc.., como también en la agricultura y la forestación


Entiende que la educación es probablemente la responsabilidad más importante que tienen aquellos encargados de la administración para proveer de instrucción adecuada a nuestras futuras civilizaciones. Se estima que la única política educacional realista es la que se dirija a asegurar los requerimientos que exige la era tecnológica, debiendo también respetarse la persona humana y su derecho y deber de hacer una elección justa, sin comprometer la capacidad del individuo de reflexionar y decidir.


Mientras la educación determine el futuro de la civilización la Orden aboga por una línea de acción militante pero sin sectarismos, para encauzar la consecución de los objetivos, en todos estos importantes aspectos.


En conclusión la Orden cree que los objetivos y espíritu de la misma desde un punto de vista histórico, espiritual e ideológico deben promoverse cada día mas, recuperando los valores culturales y morales del mundo occidental.



CÓDIGO TEMPLARIO.

Los que son soldados del Temple son soldados de Dios. Como tales deben siempre andar con Dios y ser más que simples mortales. Deben conducirse con humildad y ser los más honorables, los más nobles, los más corteses, los más honestos y los más caballerosos.


El templario debe servir a la Orden y no esperar ser servido por ella. Que lo que colabore lo haga en servicio de Dios y no debe esperar recompensa salvo el saber que con ello honra a la Orden por su devoción.


El templario no debe causar a ninguna criatura herida o daño, sea esta una criatura humana u otra, sea por ganancia, placer o vanidad. Al contrario, el templario debe intentar llevar la justicia a todos aquellos que no la reciben porque todos son hijos de Dios y a todos a concedido Dios el don de la vida.


Ante todos los seres el templario debe demostrar caballerosidad, cortesía y honestidad, teniendo presente que son testigos de Dios.


Un templario debe vivir cada día como un crítico del día anterior, de esta manera cada nuevo amanecer será un paso hacia una mayor nobleza.


Ningún templario deberá ofender de forma alguna a una persona u otro ser. Para todos el templario debe ser un ejemplo de caballerosidad.


Ninguna mujer deberá temer nada de un templario, ni de sus palabras ni de sus acciones. Ningún niño deberá padecer tampoco ese temor. Ningún hombre, no importa cuan rudo sea, deberá temer a un templario.


Donde hay debilidad allí el templario debe llevar su fuerza. Donde no hay voz allí el templario debe llevar la suya. Donde están los más pobres allí el templario debe distribuir su generosidad.


Un soldado del temple no puede estar esclavizado por creencias sectarias u opiniones estrechas. Dios es la verdad y sin Dios no hay verdad. El templario debe siempre buscar la verdad porque en la verdad está Dios.


Jamás un templario debe deshonrar a otro, porque dicha conducta le deshonrará a él y llevará descrédito a la Orden.


EN SU CONDUCTA EL TEMPLARIO:

* No debe ser brutal.
* No debe emborracharse en forma ofensiva.
* No debe ser ni inmoral ni amoral.
* No debe ser cobarde ni bestial.
* No debe mentir ni tener intenciones maliciosas.
* No debe buscar posiciones de engrandecimiento dentro de la Orden. Se contentará con aquellos puestos que le sean encomendados para mejor servirla.
* No debe juzgar a nadie dentro o fuera de la Orden por sus posesiones o su posición social. Antes al contrario debe juzgar por el carácter y la bondad o falta de ellos.

· Debe expresar verdadero sometimiento a los principios del Temple y obediencia a sus oficiales en todas las cosas de la Orden, en tanto entienda que sean verdaderos templarios y merezcan dicha obediencia.
· Debe ser un verdadero patriota hacia la tierra que Dios le ha dado.
· No debe cazar a ninguna criatura ni por vanidad ni por deporte.
· No debe matar a ninguna criatura salvo para alimentarse o en defensa propia.
· Debe mantenerse firme y veraz en las justas causas de Dios.
· No tomará actitud ofensiva contra ningún hombre por la forma en que se dirige a Dios, aunque esta sea diferente o extraña. Antes al contrario el templario deberá intentar entender como otros se acercan a Dios.
· Debe siempre ser consciente de que es un soldado del Temple y tratar siempre que sus obras sean un ejemplo para los demás.




CRONOLOGÍA HISTÓRICA DE LA ORDEN.

1ª parte – hasta el 19-3-1314

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1.118/1.119 - Nos dice Guillermo, que fue canciller del Reino de Jerusalem y Obispo de Tiro en su “Historia rerum in partibus transmarinis gestarum” que:
“En aquel año de 1.119, ciertos nobles caballeros, llenos de devoción a Dios, religiosos y temerosos de Él, poniéndose en manos del señor patriarca para el servicio de Cristo, hicieron profesión de querer vivir perpetuamente siguiendo la costumbre de las reglas de los canónigos, observando la castidad y la obediencia y rechazando toda propiedad. Los primeros y principales de entre ellos fueron dos hombres venerables, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer”
Otro historiador, (esta vez en el S XIII), Jacobo de Vitry, que fue obispo de Acre, nos cuenta asimismo ese acontecimiento en su “Historia orientalis seu hierosolymitana”. Este, nos añade algún dato más que el anterior:
“Se comprometieron a defender a los peregrinos contra los bandidos y ladrones, a proteger los caminos y a constituir la caballería del Rey Soberano”
“Observaban la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares..”
Al principio no fueron más que nueve... y durante nueve años, se vistieron con ropas seculares... ”
“Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor... y por esa razón se les llamó más tarde –templarios.“


Tenemos ya de entrada un problema para situar la fecha de inicio de la Orden o de presentación ante Balduino II. Algunos historiadores abogan por 1118 y otros por 1119. Dado que las crónicas son posteriores, y conociendo que el viaje a Europa de Hugo de Payens se produce en 1127, tomamos la de 1.119 ya que entre uno y otro pasan esos nueve años.


De todas formas, no se nos escapa que sus actividades se iniciaron mucho antes.


Hugo de Payens nació en Troyes, se supone que alrededor de 1.080. Fue oficial de la casa de Champagne y participó en la primera cruzada como responsable de las huestes del conde de Blois y de la Champagne. Se casó y tuvo un hijo “Teobaldo”. Falleció el 24 de mayo de 1136 siendo maestre del Temple.


Los caballeros fundadores de la Orden fueron, según la crónica:

. Hugo de Payens.
. Godofredo de Saint-Omer.
. Godofredo Bisol.
. Payen de Montdidier.
. Archembaud de Saint Aignant.
. Andrés de Montbard
. Gondemar.
. Hugo de Champagne.
. Jacques de Rossal.

En todo el proceso de formación de la Orden tiene un papel importante de apoyo o incluso de incitación a su formación, el Rey de Jerusalem Balduino II. Efectivamente estuvieron residiendo en una parte de su palacio (las caballerizas) pegado a la mezquita de Al-Aqsa, precisamente encima de las ruinas del templo de Salomón. Algo más tarde, los monjes custodios del Santo Sepulcro, les ceden un terreno contiguo a esas caballerizas.


Durante esos nueve años, los nueve caballeros se ganaron una justa fama en la defensa de los peregrinos. Si nos atenemos a las crónicas, durante ese tiempo no aceptaron a ningún hermano nuevo, pero nos dice la lógica que la protección de los caminos, aunque fuera solamente el de Jaffa-Ramleh-Jerusalem precisaba de más hombres para que fuera de la efectividad que se dice tenían. Por ello podemos pensar que aunque no fueran más que nueve los caballeros, debían de tener una pequeña tropa regular de soldados a sus órdenes.


1.127 – Es en este año en que Hugo de Payens y cinco de sus caballeros, portando una carta de presentación de Balduino II a Bernardo de Claraval y financiando el rey de Jerusalem el viaje, regresan a Europa.


En esa carta se pide a la iglesia que de protección a ese grupo de hombres y les ayude a cumplir su misión. Misión que era la de dar a conocer la Orden entre la nobleza europea y reclutar hombres para la Orden y lo que es lo mismo, para la protección de Tierra Santa. Pero la más importante misión era la de obtener la protección de Bernardo de Claraval, que era también sobrino de Andrés de Montbard, para obtener la autorización eclesiástica para la fundación de la Orden y la aprobación de su “regla” de vida.
La “regla”, llamada después primitiva o latina fue redactada en Oriente, probablemente con la ayuda del patriarca Balduino II. Se basa en la regla agustiniana, que rige a los canónigos regulares del Santo Sepulcro de Jerusalem pero discrepa de la misma en cuanto la del Temple hace referencia a la doble condición de monjes y de soldados, cosa impensable entre los seguidores de San Agustín.


Esta regla, de la que se dice que la última versión, antes de presentarse al concilio fue realizada por Bernardo de Claraval, fue escrita en latín, contaba con sesenta y ocho artículos y una introducción que resaltaba la dimensión de religiosos, de los monjes - soldados:
“ A vosotros, que habéis hecho voluntaria renuncia de vuestras voluntades personales, que prestáis servicio de caballería al Rey con armas para la protección de vuestras almas, velad en un sentido universal al escuchar maitines y todos los servicios, según se establece en el lugar canónico y lo que dicten los maestres regulares de la santa ciudad de Jerusalem...”


1.128. - Contando con el apoyo de San Bernardo, el Maestre consigue que el Papa Honorio II convoque un concilio que autorizará eclesiásticamente la orden ya fundada.
Pensemos que en aquel tiempo, la convocatoria de un concilio no era tan inusual como en la actualidad. En aquel mismo año se celebró otro en Arras y tres años antes se habían celebrado cinco, pues después de la solución a la “querella de las investiduras” hacía falta ir precisando y solucionando los puntos de conflicto entre la Iglesia y el poder temporal.
El 14 de enero dan inicio las sesiones del concilio de Troyes. Asisten un cardenal (Mateo de Albano)que preside el concilio como legado papal en Francia, dos arzobispos, (los de Reims y Sens con sus obispos sufragáneos- 10 en total-), 6 abades, (los de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux -San Bernardo-, Pontigny, Troisfontaines, Molesmes ), algunos personajes laicos tales como Teobaldo de Blois (conde de Champaña), Andrés de Baudement (senescal de champaña) el conde de Nevers y por supuesto una gran cantidad de clérigos del Cister que impulsó las ideas reformistas y cuya asistencia fue altamente positiva para llevar a buen fin la aprobación de la regla.


1.130. - Después del concilio se dedican a recorrer Europa en busca de caballeros y donaciones para la Orden. Consiguen importantes dádivas de la mayoría de las casas reinantes y establecen las bases de las provincias templarias en el continente, Inglaterra y Escocia. Antes de partir hacia oriente, lo que harán en compañía de Fulco de Anjou, que viajaba a Palestina para desposarse con la heredera del reino, Payens nombra a Payen de Montdidier “maestre de Francia” y este último se dirige a París mientras los demás parten a Tierra Santa. El balance de lo obtenido es muy positivo. En hombres, más de trescientos caballeros son los que se embarcan. En donaciones, además del oro se han conseguido los “relief” de importantes feudos y la propiedad de iglesias, derecho de limosnas de determinadas iglesias en días estipulados, granjas y lugares. En prestigio, se puede decir que tanto la iglesia como los poderes seculares conocen ya la nueva milicia.


En ese mismo año, escribe Bernardo de Claraval su “De laude novae militiae” (aunque algunos autores sitúan el texto entre los años 1130-1136). En ese elogio, según dice el mismo Bernardo de Claraval, largamente solicitado por Hugo de Payens, intenta conciliar la idea del monje y del guerrero en una sola persona y a la vez y de forma muy audaz, cruza el umbral de la llamada “guerra justa” en la cual se combate por el bien común a la “guerra santa” en la cual se combate en nombre de Dios.
“Un Caballero de Cristo es un cruzado en todo momento, al hallarse entregado a un doble combate: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que pueda suceder a su derecha o a su izquierda, con el pecho cubierto por la cota de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos precauciones, no teme a los hombres ni a demonio alguno. ¡Moveos con paso firme, caballeros y obligad a huir al enemigo de la cruz de Cristo! ¡ Tened la seguridad que ni la muerte ni la existencia os podrán alejar de su caridad! ¡Glorioso será vuestro regreso de la batalla, dichosa vuestra muerte, si ocurriera, de mártires en combate! “


1136 - El 24 de mayo fallece Hugo de Payens. Le sucede Roberto de Craón, llamado “El Borgoñés”, un noble proveniente de Anjou.


Si con Hug de Payens se crea la Orden y se da a conocer entre la nobleza y el clero europeos, con Robert de Craón se consolida, se crea una base sólida y estructura para poder gobernarla con eficiencia. A lo largo de su maestrazgo muestra dotes de líder hábil y diplomático. Tiene la sensatez de renunciar a la herencia de Alfonso I de Aragón y consigue importantes privilegios de la Iglesia.


1139 - (29-03) Se promulga la bula “OMNE DATUM OPTIMIM” que fue la “carta magna” de la Orden. En ella, Inocencio II libera al Temple de toda sujeción a la autoridad eclesiástica, excepto la del Papa y concede además otros importantes privilegios:


· Les permite conservar el botín tomado a los sarracenos.
· Sitúa la Orden bajo la tutela exclusiva de la Santa Sede, de forma que únicamente dependerá e la autoridad del Papa.
· Reseña que la autoridad de la Orden recae en el Maestre y sitúa la “casa capitana” en Jerusalem.
· Estipula que se debe de tener la condición de hermano profeso para ser elegido maestre y que la elección deben de realizarla “todos los hermanos juntos o por lo menos los más juiciosos de entre ellos”.
· Prohibe modificar “la regla”. Solamente el maestre, con la venia del capítulo ostentará esa facultad.
· Prohibe que se exija a la Orden ningún tipo de servicio u homenaje feudal.
· Prohibe que los que abandonan el Temple sean admitidos en otras ordenes, salvo con la autorización del maestre o del capítulo.
· Confirma la exención de diezmos y el disfrute de los recibidos, con el consentimiento del obispo.
· Les autoriza a tener sus propios capellanes, quedando estos fuera de toda jurisdicción diocesana.
· Concede a la Orden la facultad de construir oratorios en lugares anexionados al Temple, para orar y ser enterrados allí.
1140 - Es probablemente el año en que se produjo la traducción de la regla Latina, al francés. Esa traducción se realizó con algunas modificaciones sustanciales:
· Se suprime el periodo de prueba o noviciado, excepto para los capellanes.
· En su artículo 2º “De los hermanos excomulgados”, el traductor sustituye “ubi autem milites non excommunicatos congregare audient...”, justamente por el texto contrario “Allá donde conocierais que están reunidos caballeros excomulgados, allá os mandamos que vayáis”. Del resto del artículo se evidencia que no se trata de un error de transcripción, sino que el cambio fue realizado con toda la intención.
- Los templarios obtienen la ciudad de Gaza y la fortaleza de Safed, en Galilea
1144 - La bula “MILITIS TEMPLI” les concede el beneficio de hacer colecta una vez al año en cada iglesia secular.
- Cae en manos del Islam, el condado de Edesa, en Tierra Santa. Es el hecho que desencadena la II cruzada.
1145 - La bula “MILITIA DEI”, dirigida a los obispos, les notifica la autorización al temple para construir sus oratorios.
1147 - Eugenio II asiste al capítulo general de la Orden, en la nueva casa de París, estando presente el Rey de Francia, el arzobispo de Reims y diversos prelados. Se reunieron 130 caballeros de la Orden. En esa reunión, realizada precisamente para preparar la cruzada, es donde el Papa concede al Temple la cruz en el manto, “en el lado izquierdo por encima del corazón”. Los cronistas no dan más detalles de la cruz, salvo que era de tela, cosida en el manto y “... los del temple la llevan sencillamente bermeja...”
1149 - Fallece Roberto de Craon. Le sucede Everardo de Barres, el cual parte para Francia en compañía de Luis VII que asimismo regresa de la cruzada
1150 - De Barres preside un capítulo en París (14-05-1150). Andrés de Montbar, Senescal de la Orden, le escribe una carta anunciándole la muerte de Raimundo de Antioquía y le reclama en Jerusalem.
1151 - En lugar de regresar a Tierra Santa, De Barres decide buscar una vida más tranquila y se retira al monasterio cisterciense de Cîteaux. El temple reclama su vuelta en varias ocasiones, sin resultado. Fallece el 25-11-1174 en el mismo monasterio. Bernad de Tremelay es Maestre del Temple. Diversas fuentes citan también a Hugo Jofre como Maestre.
1153 - En el sitio a la fortaleza de Ascalón, fallece Tremelay. El nuevo maestre es André de Montbart, de la familia de Bernardo de Claraval.
1156 - (17-01)Fallece Andrè de Montbard. Le sucede Bertrand de Banqueford. En este tiempo, el nº de templarios llega a 20.000 y sus rentas a 40.000.000 de francos.
1160 - La bula “DILECTI FILII” obliga al clero secular a aceptar la cuarta parte de la donación testamentaria (en lugar de la tercera, como venía siendo habitual), por parte de quienes deseaban ser enterrados en cementerios templarios.
1163 - Queda estructurada la organización de la Orden, a través de los “Retraits”. Constaban de 675 artículos y se agregaron a la “Regla” de la Orden. Definían la vida conventual y el estado jerárquico, regulaban los capítulos, la elección de Maestre, y los castigos y penitencias para las violaciones de la regla. Asimismo fijaban la forma de admisión de los aspirantes.
1169 - Es elegido Maestre Felipe de Mailli (o de Naplusia).
1171 - Se produce la renuncia del maestre F. De Mailli. Es elegido Odón de Saint Amand, que había sido mariscal del Reino de Jerusalem. Este último fue hecho prisionero por Saladino, en Sidón y muere en cautividad, en Damasco en 1179.
1179 - Es Maestre, Arnoldo de Torroja. Que había sido Maestre de Cataluña y Aragón.
1181 - El Papa amonesta a templarios y hospitalarios por sus continuas rencillas y luchas internas.
1185 - Fallece Arnoldo de Torroja y le sucede Gerard de Ridefort.. Es posible que entre los dos fuera Maestre Frai Terrico.
1187 - El sultán Saladino derrota a los cruzados en la batalla de Hattin. Mueren en la contienda 200 templarios. Se pierde la ciudad de Jerusalem.
Cae San Juan de Acre. El Temple se instala en Chipre. Gregorio VIII llama a la III Cruzada.
1189 - (04-10) Muere G. De Ridefort intentando reconquistar Acre. En manos cristianas, en Tierra Santa quedan unicamente Tiro, Tripli y Antioquia.
1190 - Es Maestre Robert de Sable, natural de Anjou.
1191 - Reconquista de Acre. Los Templarios vuelven a su establecimiento principal.
1192 - (05-04)El Temple abandona el castillo de Nicosia y toda la isla de Chipre.
1193 - Muere R. De Sablé. Gilbert Erail le sucede. Había sido Maestre de Provenza.
1198 - Ponce Rigaldo Maestre. Había sido Maestre de España.
1200 - La red de establecimientos dentro de Europa proporciona servicios financieros fiables, honrados y eficaces a los gobernantes, incluso a los reyes de Inglaterra y Francia.
1201 - Felipe de Plaissiez es Maestre.
1208 - Inocencio III hace reproches al Temple.
1209 - Guilaume de Chartres, Maestre.
1210 - El Temple ataca el castillo de Khawabi, de la secta de los assasins.
1218 - Se entrega a la 0 el Châtel Pélegrin.
1219 - Muere Chartres en Damieta. Le sucede Pierre de Montaigú, que fue preceptor de Jaime I, en Monzón.
1229 - La 0rden se enfrenta a Federico II que intenta sin éxito tomar Acre.
1230 - (1230-1235) Estatutos jerárquicos (usos y costumbres).
1232 -Armand de Perigoud, Maestre. Negocia con el sultán de Damasco la restauración del culto cristiano en Jerusalem.
1244 - Richard de Bues, Maestre. Muere Armand de Perigoud y 312 caballeros en la batalla de Herbiya. Perdida definitiva de Jerusalem.
1247 - Guillaume de Sonnac, Maestre.
1249 - (06-06) Batalla de Damieta.
1250 - Batalla de"Mansurah". Luis IX y el Temple sufren una impresionante derrota. En la retirada muere de Sonac (05-04). Le sucede Reinaldo de Vichiers, preceptor de Francia y Mariscal de la Orden El temple tiene 20.000 miembros.
1256 - Muere Vichiers. Thomas Berard Maestre.
1257 - (1257-1267) Consideraciones (ceremonias).
1267 - Profesa Jacobo de Molai.
1271 - El sultán de Egipto, Baibars captura el Krak de los Caballeros, de la Orden del Hospital.
1272 - Muere Bérard. Le sucede Guillaurne de Beaujeu
Entre los dos es posible que fuera Maestre Wilfredo de Salvaing.
1274 - El concilio de Lion intenta la unión entre templarios y hospitalarios.
1285 - Es coronado Felipe IV, rey de Francia.
1287 - Se pierde Trípoli. .
1291 - Se pierde San Juan de Acre, ultima ciudad cristiana en Tierra Santa.
De Beaujeu muere en el combate. Thibau Gaudín le sucede
1294 - (¿1292/1296?)J. De Molay es Maestre.
1299 - Expedición templaria a Egipto.
1303 -Se pierde la isla de Rouad, frente a la fortaleza de Tortosa.
1304 - Conclave de Perusa. Surgen las primeras acusaciones contra el Temple
1305 - (14-11) Clemente V (Beltrán de Got) es coronado Papa en Lyon.
Propuestas del Papa para unificar las ordenes militares.
1306 - Clemente V ordena venir desde Chipre a J. De Molay.
1307 - A primeros de año llega De Molay a Paris.
- (14/09) . El Rey de Francia envía a los jueces cartas selladas con la orden de arresto.
- de los templarios por “presunciones y violentas sospechas” originadas por la “denuncia” de Esquieu de Floryan.
- (14/10). Se difunde en Paris el manifiesto real y se ejecuta la orden de arresto. La acusación es de apostasía, ultraje a Cristo, ritos obscenos, sodomía e idolatría.
- (19/10 al 24/11).Se procede a los interrogatorios. De los 138 interrogados, 36 mueren por torturas.
- (27/10). Clemente V protesta ante Felipe de Francia por el arresto.
- (22-11). La bula PASTORALIS PRAEMINENTIAE, de Clemente V ordena a los príncipes cristianos que arresten a los templarios. El cambio de actitud se debe, acusaciones.
1308 - (25/3) El rey de Francia convoca los Estados Generales y exige que los templarios sean condenados. (26/5) Felipe El Hermoso se desplaza a Poitiers para entrevistarse con el Papa .(27/6 al 1/7) 72 templarios comparecen ante Clemente V. El Rey mantiene la custodia de los bienes, pero la de las personas pasa a la Iglesia. (12/8) Se nombran comisiones eclesiásticas bajo la autoridad del obispo de cada diócesis.
1309 - (8/8) Abre las sesiones la comisión eclesiástica de París, un año después de su constitución.
(26/11) Comparece ante la comisión J. De Molai.
1310 - (11 de mayo) Concilio provincial en Sens - 45 templarios revocan sus confesiones, son acusados de "relapsos". Son quemados al día siguiente.
1311 - (5 de junio) la comisión episcopal da por terminados sus trabajos, coincidiendo en que no se puede condenar a la Orden sin haber oído públicamente su defensa. (16-10) Apertura del Concilio de Vienne.
1312 - (20-03)Felipe se persona en el Concilio de Vienne.
(22/3) supresión sin condena. Vox in excelso. En Escocia no se promulga dado que el Rey Robert de Bruce estaba excomulgado.
(2-5) La bula Ad Providam distribuye los bienes del Temple.
1313 - Bulas papales para que los reconciliados fueran recibidos en monasterios.
1314 - (18/03) Sentencia contra Molay y signatarios (19/03) Muere en la hoguera Molay y Charnay.



En las demás provincias del Temple las reacciones fueron diversas siendo que en ningún caso se llegó a la violencia de Francia. En Aragón, por el concilio de Tarragona, fueron absueltos pasando a diversas órdenes, principalmente a la de Montesa como asimismo en Castilla-León. En Portugal, el rey Dionis creó una nueva orden y se les permitió pertenecer a la misma (Orden do Cristo); en Alemania, en que por el sínodo de Maguncia se dictó sentencia absolutoria, los caballeros se dispersaron siendo acogidos en su gran mayoría por la orden Teutónica; en Italia se entendió la inocencia de la Orden pese a haberse utilizado tortura en las confesiones; en Inglaterra se condenó a los templarios a guardar penitencia (concilio de Londres), pero no hubo violencia y en Escocia nunca llegó noticia alguna de la disolución de la Orden ni condena para los pertenecientes a ella.



Cuenta la leyenda, que en la misma pira crematoria, Jacques de Molay proclamó su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el «Juicio de Dios» al Papa Clemente V al cabo de un mes y al Rey Felipe el Hermoso en el plazo de un año. El Papa murió a los cuarenta días y el Rey en ocho meses.



A la suspensión de la Orden, se produce un reagrupamiento de los Templarios en dos niveles: Aquellos cuya pública actividad es conocida y vinculada a otras órdenes militares, y aquellos que intentan mantener la estructura original de la Orden en la clandestinidad.
A la larga es esta última decisión la que permite la supervivencia de la Orden del Temple hasta nuestros días.

Indudablemente hay un período oscuro que dura un par de siglos en que los Templarios deben defender su tradición en secreto.. Pero la Orden subsiste, dadas circunstancias indubitables en la historia universal, como es el periodo de los descubrimientos gracias a la cartografía y la experiencia en la navegación de los Templarios, la persistencia ininterrumpida de la Orden en Escocia, cuya fuerza se manifiesta en su apoyo a la dinastía Jacobita, en defensa de su independencia y ya en el siglo XVII, en Francia, con la formación de la "Garde Eccosse" organizada para la protección del Rey de Francia.

La clandestinidad termina con la proclamación de los Estatutos de 1705 y el Maestrazgo de Luis Felipe de Orleáns. De aquí en adelante la Orden ya no se oculta y son notables los hechos históricos y sociales de grande y menor envergadura en los cuales se encuentran envueltos los Templarios, como su evidencia en la Revolución Francesa, en el Imperio de Napoleón I y en el de Napoleón III, la independencia de Grecia y, por último, su participación en la resistencia para la liberación de Francia durante la II Guerra Mundial. Son algunos de los hechos destacables a lo largo de casi 700 años.

Paralela a la actividad social de la Orden, se desarrolla durante todos estos siglos un gran impulso cultural y científico-cultural. Los Templarios llevan a cabo una vida silenciosa dedicada al estudio y perfección de la vida espiritual, tanto individual como colectiva. Sus consecuencias se conocen a través de las diversas obras y trabajos que los eruditos reconocen como una seria contribución a la base cultural de la humanidad.
Hoy nuestra Orden se encuentra fuerte y bien establecida, pudiéndose destacar a través de Prioratos, Encomiendas y Preceptorías que se extienden desde el sur del Pacífico -Grandes Prioratos de Australia y Nueva Zelanda- hasta el norte y sur de América y prácticamente toda Europa desde la línea del Oder-Neisse hacia Occidente. Constituye una fuerza espiritual, moral, intelectual y social en todos los países donde se encuentra.

Por último, cabe destacar y repetir que la existencia de todos los grupos templarios vinculados a la O.S.M.T.H. se encuentran legalmente organizados de acuerdo con la legislación nacional de cada país.




ESTRUCTURA ORGÁNICA.

La Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalem (O.S.M.T.J.) se encuentra constituida por prioratos autónomos establecidos en diversos países del mundo
Son miembros de la misma las estructuras orgánicas de la Orden que con variado nivel, están asentadas en diversos estados o zonas territoriales. No es pues posible pertenecer a la Orden a titulo individual, sino que el ingreso deberá propiciarse necesariamente en una Encomienda o Priorato legalmente establecidos.
El Gran Priorato de España de la O.S.M.T.J. esta constituido como una asociación de acuerdo con la legislación española, e inscrito en el Ministerio del Interior, organismo al que debe rendir cuentas de sus actividades económicas - por tratarse de una organización sin fines de lucro - y de aquellos actos que puedan producir efectos jurídicos. Tal es el caso de la elección de Oficiales de la Orden o de la reforma de los estatutos.
En estos estatutos, la Orden tiene fijados sus propios fines donde puede leerse, entre otros los de:


«Promover virtudes cristianas, defender el orden social, practicar obras de misericordia, de beneficencia y caridad. Propagar las nobles tradiciones de la antigua caballería. Patrocinar los estudios históricos, heráldicos y genealógicos, particularmente en relación a la antigua tradición templaria, etc., etc.»
Una de las formas de cumplir con los fines que señalan a la Orden tanto sus "Reglas Originales", como los estatutos vigentes, es el estudio de temas templarios y su difusión. Esta labor se lleva a cabo con la colaboración de profesos y profesas, así como por personas especializadas e interesadas en los temas del Temple. Los trabajos se canalizan a través del Instituto Campomanes de Estudios medievales o se difunden a través de la revista "TEMPLE".

GRADOS E INSIGNIAS DE LOS MIEMBROS.

En el Temple existen los siguientes grados:
· Escudero - postulante
· Sargento - novicio/a
· Caballero o Dueña de Capítulo
· Caballero o Dueña Profeso
· Comendador/a
· Gran Oficial
· Prior
· Prior General

ESCUDERO - POSTULANTE.

Es aquella persona menor o mayor de 18 años, que está interesada en participar en las actividades de la Orden con la idea de postular posteriormente su ingreso en la misma
Es norma que todo postulante a ingresar en la Orden sea entrevistado personalmente, en una o más ocasiones por el Prior, o por algún otro Oficial del Consejo Prioral antes de que reciba el «placet» de su ingreso.

SARGENTO - NOVICIO.

Es aquella persona, mayor de 18 años que estando interesada en profesar, aún no se considera suficientemente preparada, bien por estimación propia, bien porque así lo estimen los Oficiales de la Orden.
Esta fase de preparación del candidato es dirigida por el Preceptor, que orientará personalmente o delegará esta función en algún otro Oficial especialmente designado al efecto.
El Sargento-novicio, una vez aceptado su ingreso en la Orden, adquiere los derechos y contrae las obligaciones correspondientes a su status.
La insignia o distintivo de los Sargentos consiste en la Cruz del Temple.

CABALLEROS o DUEÑAS de CAPÍTULO.

Quienes habiendo ascendido de Sargentos, o habiendo sido admitidos directamente por el Consejo Prioral al haberse valorado positivamente su documentación y circunstancias, se encuentran pendientes de la celebración de su Investidura e iniciación. Al realizarse ésta, pasarán a ser Caballeros o Dueñas Profesos.
En los actos oficiales usan dalmática negra proporcionada por el propio priorato.
La insignia de los Caballeros y Dueñas Profesos es la Cruz Coronada.
En los actos oficiales, los pertenecientes a este grado llevan el Manto Blanco con la Cruz roja del Temple en el costado izquierdo, birreta los Caballeros, peineta y mantilla las Dueñas y guantes blancos.

COMENDADOR / A.

Es aquel Caballero o Dueña profesos que ha ascendido a este grado por decisión del Consejo Prioral. El distintivo es la Encomienda de plata y la banda negra.

GRAN OFICIAL.

Es el comendador que ha ascendido a ese grado por decisión del Consejo Prioral. El distintivo de grado es la Cruz Coronada con trofeo militar.

PRIOR.

Es aquel Caballero o Dueña que el Consejo Prioral ha estimado debe ascender a ese grado. El distintivo es la Encomienda de oro y la banda roja

LOS MIEMBROS DEL CONSEJO PRIORAL SON:

Para acceder al Consejo Prioral debe ostentarse, al menos, el grado de Comendador. El Consejo Prioral lo forman los responsables de algunos de los diferentes departamentos organizativos en que se divide el Gran Priorato de España y actualmente son:

· El Prior General.
· El vice - prior.
· Senescal.
· Canciller.
· Arcarius (Tesorero).
· Preceptor.
· Cronista.
· Maestro de Ceremonias.
· Limosnero.

INFORMACIÓN PARA NEÓFITOS.


El ingreso en la Orden, se realiza básicamente mediante la invitación que ésta hace a través de alguno de sus miembros; en cuyo caso, el padrino o presentador asume la responsabilidad de los antecedente de su apadrinado.
Puede también suceder que algunas personas, por su propia iniciativa, se pongan en contacto con la Cancillería con el deseo de formalizar su ingreso.
En cualquiera de los casos, habiéndose realizado las entrevistas personales de rigor por el Prior o su delegado y oído el parecer del Preceptor, la Cancillería envía al solicitante una serie de impresos que, una vez cumplimentados por el interesado, deberán ser devueltos junto con tres fotografías tamaño carnet.
La documentación que se envía contiene:

- La solicitud de ingreso
- Un impreso para redactar el curriculum vitae
- Un impreso para redactar por el candidato (máximo 2 páginas) un resumen de sus conocimientos sobre la Orden.
- Un impreso para que el candidato (máximo 2 páginas) realice su autoanálisis.
Es de advertir que toda la documentación es absolutamente confidencial y a ella no tienen acceso más que los altos Oficiales de la Orden, los cuales actúan bajo el juramento de la no difusión de su contenido.
Por otra parte, en caso de que la información fuera incompleta o se detectara la falsedad en los datos proporcionados, se procederá a la incoación de un expediente por el Senescal de la Orden.
Una vez en poder de la Cancillería la documentación pertinente, se hace entrega de la misma al Consejo Prioral, órgano encargado de estudiar y resolver sobre la solicitud recibida.
La decisión del Consejo Prioral será inapelable.
En caso de ser aceptado, el postulante recibirá una comunicación directamente en la que se le indicará el grado con que ha sido aceptado, es decir si como Sargento o como Caballero/Freira de Capítulo.
Del mismo modo, se le informará de todo lo relativo a sus obligaciones respecto al sostenimiento económico de la Orden; cuota anual y coste de diplomas e insignias de grado. Es importante que el postulante sepa que el destino de las contribuciones económicas a la Orden del Temple está estrictamente controlado por la autoridad gubernativa y su objeto es precisamente promover los fines de la Orden.
Con posterioridad, el candidato aceptado como Sargento recibirá instrucciones relativas a la formación para su acceso al grado de Caballero de Capítulo y el aspirante aceptado como Caballero/Freira de Capítulo, recibirá instrucciones en relación a su investidura.

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