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(1) artículos de opinión.

PAPA y papabilis.

PAPA y papabilis.

Llego a Roma bañada en un ambiente de preocupación general por la salud del Papa Juan Pablo II, de 84 años, ingresado por gripe en el hospital policlínico Gemelli. Todo el mundo comenta la eventual sucesión del primer Pontífice polaco de la historia. La vaticanología es una gran especialidad romana. Aquí se habla de Papas y de "papabilis"" como en Sevilla de toros y de toreros, con una sabiduría ancestral arraigada en siglos de conjeturas sobre estrategias y combinaciones para la conquista del trono de San Pedro. Dos mil años de especulaciones dejan huella. En una terraza de la Piazza Navona, bajo un frio sol de invierno, converso con un viejo amigo romano, experto del Vaticano : « El Papa no se va a morir, me dice, porque a la Curia no le interesa. Desde que el Papa esta muy disminuido con la enfermedad de Parkinson y que tiene solo pocas horas de lucidez al día, los hombres de la Curia, casi todos conservadores, son quienes controlan por completo a la Iglesia. Y no quieren perder ese control. Así que el Papa aún va a durar mucho. Aunque haya que ponerle pilas. »

La Curia es el gobierno del Vaticano que dirige toda la administración de la Iglesia católica. Y sus hombres fuertes son los cardenales Angelo Sodano, de 77 años, secretario de Estado, y Joseph Ratzinger, otros tantos años, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe (ex-Santo Oficio o Inquisición) y decano del Sacro Colegio, así como el arzobispo Stanislaw Dziwisz (de doce años menos, 65), secretario personal del Papa. « Acuérdate, por ejemplo, insiste mi amigo, de las agonías de Tito, Franco o Boumedién. Duraron semanas y hasta meses porque los que rodeaban a estos dirigentes no aceptaban perder el poder, y los mantuvieron enchufados a toda clase de aparatos que les prolongaban de modo artificial la vida. Imagínate como serán las tensiones en el Vaticano con ambiciosos que llevan veintiséis años esperando… »

Entre los llamados “papabilis” por la prensa romana, los candidatos del Sur más aptos a suceder a Juan Pablo II, por su labor y carisma, serían dos cardenales latinoamericanos : el colombiano Darío Castrillón Hoyos, de 75 años, prefecto de la Congregación para el clero, y el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de 62, arzobispo de Tegucigalpa. En el diario La Repubblica, Marco Politi, autor de varios libros sobre la Santa Sede, sostiene que estos dos cardenales, provenientes del continente más católico del planeta, donde reside la mitad de los católicos del planeta, cuentan con todas las características para llegar al trono de San Pedro, gracias a sus capacidades demostradas para gobernar un mundo que cambia.

Pero otro amigo mío, jesuita éste, sostiene que el próximo Papa será italiano y viejo : « La Iglesia necesita ahora un Papa de transición. Que tenga un reinado corto. Por eso se eligira con seguridad a un cardenal ya mayor. E italiano, casero, porque el Papa Karol Wojtyla ha sido un Papa viajero, apasionado por la política extranjera y que abandonó a la Curia la gestión interna de la Iglesia. La Iglesia necesita reformas urgentes para modernizar su funcionamiento. Hay que pensar en asuntos como el celibato de los sacerdotes, el diaconato de las mujeres, la contracepción, el divorcio… Al próximo Papa le toca hacer estos cambios y por eso debe ser alguien que conozca bien la gestión interna de la Iglesia y de la Curia. Solo un italiano sabrá hacerlo. Por eso el favorito es el cardenal Dionigi Tettamanzi, de 70 años, de Milan. Se habla también de Angelo Scolapatriarca de Venecia pero con 63 años es demasiado joven. Algunos citan al cardenal Giovanni Battista Re, de 71 años, prefecto de la Congregación para los obispos, pero éste, favorito del Santo Padre, aparecería como el « heredero » de Juan Pablo II y eso lo elimina, pues existe un dicho en el Vaticano, siempre verificado, que afirma : "Entrar en el Cónclave como Papa es salir como cardenal" »

En toda humildad, conviene recordar otro refrán de la Santa Sede : "En el Vaticano, los que hablan no saben, y los que saben no hablan. "


Ignacio RAMONET."

IRÁN en el punto de mira.

IRÁN en el punto de mira.

En las hermosas avenidas de Teherán, atascadas por embotellamientos apocalípticos, no se percibe entre los peatones ninguna angustia relacionada con una eventual amenaza militar de Estados Unidos, presente ya en Irak y Afganistán, a las puertas de Irán. No hay nerviosismo en los aeropuertos, donde las medidas de seguridad parecen ridículamente laxas si se las compara con las de Europa o Estados Unidos. Tampoco los medios locales alimentan ninguna ansiedad, dedican sus titulares a otros temas: el viaje del presidente Jatami a África; el proceso al torturador de Abu Graib, Charles Graner, o las elecciones iraquíes.

Pero tras de esa calma aparente, se trasluce la inquietud. La prensa se apresuró a reproducir desde su publicación en The New Yorker la totalidad de la investigación de Seymour Hersh “The Coming Wars” (1). El periodista afirma allí que después de Irak la “guerra contra el terrorismo” proseguirá con un ataque contra Irán. Asesorado por los “civiles del Pentágono” (Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Douglas J. Faith), George W. Bush habría autorizado misiones secretas dentro de Irán. Con ayuda de las informaciones proporcionadas por Israel y Pakistán, desde julio de 2004 habría comandos empeñados en conseguir informaciones sobre más de tres docenas de objetivos que remiten a programas nucleares, químicos y balísticos iraníes. Pronto podrían ser el punto de ataques de precisión lanzados por las fuerzas especiales.

El Pentágono no ha desmentido esta información. Y el presidente Bush, interrogado por la cadena NBC sobre si descartaba un ataque militar contra Irán, respondió amenazante: “Espero que podamos arreglar esa cuestión de manera diplomática, pero no excluyo ninguna opción”.

Oficialistas u opositores, los interlocutores en Teherán se mantienen serenos. “Hace veinticinco años –declara por ejemplo el profesor Mahmood Kashani, opositor moderado–, Estados Unidos puso a Irán en el punto de mira: desde 1995, Washington decretó contra Irán un embargo comercial, agravado después por la ley Amato (2). Después, Bush nos clasificó entre los países del ‘eje del mal’, y la nueva secretaria de Estado, Condoleezza Rice, acaba de definir a Irán como una de las ‘avanzadas de la tiranía’ en el mundo. Estamos acostumbrados a su hostilidad. La cuestión del desarrollo nuclear es sólo un nuevo pretexto”.

El ministro de Defensa iraní, Ali Shankhani, se muestra más enérgico: “Estamos en condiciones de afirmar que tenemos un nivel de fuerza tal que ningún país tiene interés en atacarnos, declaró en respuesta a las amenazas de Washington. Ninguno de nuestros adversarios conoce con precisión el poder de nuestra capacidad militar, ni nuestra habilidad para poner en práctica estrategias inéditas. Hemos producido rápidamente equipos que nos otorgan la máxima potencia de disuasión” (3).

Irán siempre ha afirmado que su programa nuclear tiene un carácter civil, y se sitúa en el marco del Tratado de no proliferación de armas nucleares (TNP) del que es signatario (4). En noviembre de 2004, se comprometió a suspender sus actividades de enriquecimiento de uranio, como consecuencia de las negociaciones con el Reino Unido, Alemania y Francia, tres potencias unidas esta vez en un proceso diplomático común destinado a que Teherán renunciara definitivamente a toda ambición nuclear militar y a evitar una escalada parecida a la que culminó en marzo de 2003 con la invasión de Irak (5).

Pero Israel está convencido de que el programa nuclear iraní habrá alcanzado pronto un punto de no retorno. “Si no se hace nada, Irán podrá producir de aquí a seis meses uranio enriquecido, lo cual le permitiría producir su primera bomba atómica de aquí a 2008”, afirmó el general Aharon Zeevi, jefe del servicio de informaciones militares israelíes, el 12 de enero de 2005. Además, subrayó que Irán dispone ya de un misil, el Shihab-3, cuyo alcance es de 1.300 kilómetros, “capaz de alcanzar el corazón de Israel”.

En momentos en que Irán se prepara para las elecciones presidenciales de junio de 2005, a las cuales ya no puede volver a presentarse el reformista Mohammed Jatami, que concluye su segundo mandato, esas amenazas caen mal. Para muchos opositores podrían, paradójicamente, fortalecer un régimen islámico sin aliento. “ Los abusos del islam radical –declara, por ejemplo, un periodista laico–, han generado una reacción del pueblo, especialmente de las mujeres que reclaman más democracia. La mayor parte de los iraníes vieron con simpatía las intervenciones estadounidenses contra el Afganistán de los talibanes y contra el Irak de Sadam Husein, porque nos liberaron de dos regímenes ferozmente hostiles hacia nosotros. Pero las amenazas actuales de Washington e Israel son en cambio funcionales a las corrientes más conservadoras, y catapultan a la presidencia a los candidatos más antireformistas. Son un desastre para los demócratas iraníes”.

NOTAS:

(1) Iran News, Teherán, 18 de enero de 2005.
(2) Adoptada el 5 de agosto de 1996 la ley de Amato establece que una empresa, aunque no sea estadounidense, culpable de invertir más de 40 millones de dólares en Irán, será objeto de sanciones.
(3) Tehran Times, Teherán, 18 de enero de 2005.
(4) Dos aliados de Estados Unidos en la región nunca lo firmaron y se equiparon con armas atómicas: Pakistán e Israel. No son objeto de ninguna sanción por parte de Washington.
(5) Véase Walid Charara, “Después de Bagdad, ¿Teherán?”, en Le Monde diplomatique edición española, enero de 2005.


Ignacio RAMONET.

Dije economía POLÍTICA, estúpido.

Dije economía POLÍTICA, estúpido.

I

Dos películas inglesas recientes –dos relatos sobre la traumática desintegración de la identidad masculina de la vieja clase obrera- expresan dos versiones opuestas del punto muerto de despolitización en el que estamos.

Tocando al Viento (Brassed off) se centra en la relación entre la lucha política “real” (la lucha de los mineros contra las amenazas de cierre de minas, legitimadas por el progreso tecnológico) y la expresión simbólica idealizada de la comunidad de los mineros: su banda de música. Al principio, los dos aspectos parecen oponerse: para los mineros, presos en la lucha por la supervivencia económica, la actitud de “¡La música es lo único que me importa!” del viejo director de la banda, que está muriéndose de un cáncer de pulmón equivale a una insistencia vana y fetichizada en la forma simbólica vacía, des provista de sustancia social. Sin embargo, cuando los mineros pierden la batalla política, la actitud de “La música importa”, su insistencia en tocar y participar de un concurso nacional, se convierte en un gesto simbólico de desafío, un verdadero acto de afirmación de fidelidad a la lucha política. Como dice uno de los personajes: cuando ya no hay esperanza, lo único que queda es ser fiel a los principios... En suma. El acto se produce cuando llegamos a esa encrucijada –o más bien a ese cortocircuito- de niveles, de modo que la insistencia en la forma vacía (no importa lo que pase, seguiremos tocando en nuestra banda...) se convierte en una señal de fidelidad al contenido (a la lucha contra el cierre y por la conservación del estilo de vida de los mineros.)La comunidad minera pertenece a una tradición condenada a desaparecer. Y es precisamente aquí donde hay que evitar la trampa de acusar a los mineros de defender el viejo estilo de vida reaccionario, machista, y chauvinista de la clase obrera: el principio de ujna comunidad reconocible es una razón por la que vale la pena luchar, y bajo ningún punto de vista hay que dejarla en manos del enemigo.

Todo o nada (The Full Monthy), nuestro segundo ejemplo, es –como La sociedad de los poetas muertos o Luces de la ciudad- una de esas películas en las que la línea narrativa se mueve en dirección a su clímax final; en este caso, el desnudo total que los cinco desocupados hacen en el local de striptease.

Ese gesto final –ir “hasta el fondo”, mostrar sus sexos ante una platea abarrotada- implica un acto que, aunque opuesto, en un sentido, al de Tocando al viento, en última instancia equivale a lo mismo: la aceptación de la pérdida.

Lo heroico del gesto final de Todo o nada no está en persistir en la forma simbólica (tocar en la banda) cuando su sustancia social se desintegra sino, por el contrario, en aceptar lo que, desde la perspectiva de la ética de la clase obrera masculina, no puede sino aparecer como la última humillación: renunciar a la falsa dignidad masculina (recuerden el famoso rozo de diálogo cerca del principio, cuando uno de los héroes, después de ver a unas mujeres orinando de pie, dice que están acabados, que ellos –los hombres- han perdido el tren. La dimensión tragicómica de la situación reside en el hecho de que el carnavalesco espectáculo (de desnudarse) no está protagonizado por los stripers habituales, bien dotados, sino por hombres comunes, decentes, tímidos, relativamente maduros, que decididamente no son apuestos. Su heroísmo consiste en que deciden llevar a cabo el show aún siendo conscientes de que no tienen es aspecto físico apropiado. Ese desajuste entre el acto y la inconveniencia obvia de los actores le confiere al acto su verdadera dimensión sublime: el divertimento vulgar del desnudo, el acto se convierte en una especie de ejercicio espiritual: se trata de renunciar al falso orgullo. (El mayor de los hombres, ex capataz del resto, se enteran poco antes del show, de que ha conseguido un trabajo, pero aun así decide unirse a sus compañeros en el acto de fidelidad: la clave del show no es simplemente ganar el dinero que tanto necesitan: es una cuestión de principios.)

Lo que hay que tener presente, sin embargo, es que ambos actos, el de Tocando el viento y el de Todo o nada, son actos de perdedores. Esto es, dos modos de enfrentarse con la pérdida catastrófica: insistiendo, en un caso, en la forma vacía como fidelidad al contenido perdido; en el otro, renunciando heroicamente a los últimos vestigios de falsa dignidad narcisística y consumando un acto para el cual son grotescamente inapropiados. Y lo triste es que en algún sentido ésa es nuestra situación hoy. Hoy, después del desmoronamiento de la idea marxista de que es el capitalismo mismo el que, bajo el disfraz del proletariado, genera la fuerza que lo destruirá, ningún crítico del capitalismo, ninguno de los que tan convincentemente describen el vórtice mortal al que está arrastrándose el así llamado proceso de globalización, tiene alguna idea clara de cómo podemos librarnos del capitalismo. En suma, no estoy pregonando un simple retorno a las viejas nociones de lucha de clases y revolución socialista. La pregunta de cómo es posible socavar realmente el sistema capitalista global no es una pregunta retórica. Tal vez no sea realmente posible, al menos no en un futuro inmediato.

Hay pues, dos actitudes: o la izquierda se enrola hoy nostálgicamente en el encantamiento ritual de las viejas fórmulas, ya sean las del comunismo revolucionario o las del Estado de Bienestar del reformismo socialdemócrata, desdeñando la nueva sociedad posmoderna como una cháchara vacía y a la moda que vela la dura realidad del capitalismo actual; o acepta el capitalismo global como el “único juego que hay en la plaza” y sigue la doble táctica de prometer a los empleados el mantenimiento de un máximo posible de Estado de Bienestar, y a los empleadores el pleno respeto de las reglas del juego (del capitalismo global) y las firmes censuras de las demandas “irracionales” de los empleados. Así, en las políticas de izquierda actuales, nos vemos limitados, en efecto, a elegir entre la actitud ortodoxa de tararear las viejas canciones comunistas o socialdemócratas (aunque sabemos que ya se les pasó el cuarto de hora) y la actitud centro-radical del neolaborismo, que consiste en hacer un desnudo total, en librarnos de los últimos vestigios del discurso izquierdista...

II

La gran novedad de la era pospolítica actual —la era del “fin de las ideologías”— es la despolitizacion radical de la esfera de la economía: el modo en que la economía funciona (la necesidad de recortar el gasto social, etc.) es aceptado como un simple dato del estado de cosas objetivo. Sin embargo, en la medida en que esta despolitización fundamental de la esfera económica sea aceptada, todas las discusiones sobre la ciudadanía activa y sobre los debates públicos de donde deberían surgir las decisiones colectivas seguirán limitadas a cuestiones “culturales” de diferencias religiosas, sexuales o étnicas —es decir, diferencias de estilos de vida— y no tendrán incidencia real en el nivel donde se toman las decisiones de largo plazo que nos afectan a todos. En suma, la única manera de crear una sociedad donde las decisiones críticas de largo plazo surjan de debates públicos que involucren a todos los interesados es poner algún tipo de límite radical a la libertad del Capital, subordinar el proceso de producción al control social. La repolitización radical de la economía. Esto es: si el problema con la pospolítica actual (la “administración de los asuntos sociales”) es que cada vez socava más la posibilidad de una acción política verdadera, ese socavamiento responde directamente a la despolitización de la economía, a la aceptación común del Capital y de los mecanismos del mercado como herramientas/procedimientos neutros que deben ser explotados.

Ahora podemos comprender por qué la pospolítica actual no puede acceder a la dimensión verdaderamente política de la universalidad: porque impide que silenciosamente la esfera de la economía se politice. El terreno de las relaciones del mercado capitalista global es la Otra Escena de la así llamada repolitización de la sociedad civil pregonada por los partidarios de las “políticas de identidad” y otras formas posmodernas de politización: en la discusión sobre las nuevas formas de política que brotan en todas partes, centradas en cuestiones particulares (derechos gays, ecología, minorías étnicas...), en toda esa actividad incesante de identidades cambiantes y fluidas, en toda esa construcción múltiple de coaliciones ad hoc, hay algo inauténtico, algo que, en última instancia, se parece demasiado a la actitud del neurótico obsesivo, que habla todo el tiempo y despliega una actividad frenética precisamente para garantizar que algo —lo que realmente importa— no sufra perturbación alguna y permanezca inmovilizado. Así, en vez de celebrar las nuevas libertades y responsabilidades proporcionadas por la “segunda modernidad”, es mucho más importante centrarse en aquello que permanece idéntico en medio de esa fluidez y esta reflexividad globales, en lo que funciona como el verdadero motor de esa fluidez: la lógica inexorable del Capital. La presencia espectral del Capital es la figura del Otro que no sólo sigue siendo operativo cuando se desintegran todas las encarnaciones tradicionales del Otro simbólico, sino que directamente provoca esa desintegración: lejos de enfrentarse con el abismo de la libertad —cargado como está con el peso de una responsabilidad que no se alivia recurriendo a la mano auxiliadora de la Tradición o la Naturaleza—, el sujeto actual está preso, ahora quizá más que nunca, en una compulsión inexorable que gobierna efectivamente su vida.

III

La ironía de la historia es que, en los países ex comunistas de Europa del Este, los comunistas “reformados” fueron los primeros que aprendieron la lección. ¿Por qué muchos de ellos volvieron al poder por la vía de elecciones libres a mediados de los años ’90? Ese retorno prueba de manera definitiva que, en efecto, esos estados han entrado en el capitalismo. Lo que equivale a preguntarse: ¿qué es lo que defienden hoy los ex comunistas? Dada su relación privilegiada con los nuevos capitalistas emergentes (la mayoría miembros de la vieja nomenklatura que privatizó las compañías que alguna vez dirigieron), ellos forman, ante todo, el partido del gran Capital; más aún, para borrar los rastros de su breve pero aun así traumática experiencia con una sociedad civil políticamente activa, se fijaron la regla de abogar por una rápida desideologización, se retiraron del compromiso con la sociedad civil activa para refugiarse en el consumismo pasivo y apolítico, las dos rasgos verdaderos que caracterizan al capitalismo contemporáneo. Así, los disidentes se quedan azorados cuando descubren el papel de “mediadores evanescentes” que jugaron en el pasaje del socialismo al capitalismo, y que la clase que gobierna ahora es la misma que la de antes, sólo que con un nuevo disfraz. Es un error, pues, sostener que el retorno de los ex comunistas al poder muestra hasta qué punto la gente, decepcionada por el capitalismo, añora la vieja seguridad socialista; en una suerte de “negación de la negación” hegeliana, el socialismo aparece efectivamente negado sólo cuando los ex comunistas vuelven al poder; esto es, lo que los analistas políticos perciben (equivocados) como “decepción” ante el capitalismo es en realidad decepción ante el entusiasmo ético-político para el cual no hay lugar en el capitalismo “normal”. De modo que habría que reafirmar la vieja crítica marxista de la reificación: hoy, poner el énfasis en la despolitizada lógica economica “objetiva” contra las formas supuestamente “fechadas” de las pasiones ideológicas es la forma ideológica predominante, dado que la ideología siempre es autorreferencial, esto es, se define a sí misma gracias a la distancia que la separa de un Otro rechazado y denunciado como “ideológico”. Por esa razón precisa —porque la economía despolitizada es la “fantasía fundamental”, no reconocida como tal, de la política posmoderna—, un acto verdaderamente político implicaría necesariamente la repolitización de la economía: en el contexto de una situación dada, un gesto cuenta como acto sólo en la medida en que perturba (“atraviesa”) su fantasía fundamental.

Así, a medida que la izquierda moderada, de Blair a Clinton, acepta plenamente esa despolitización, asistimos a una extraña inversión de roles: la única fuerza política seria que sigue poniendo en cuestión las reglas irrestrictas del mercado es la extrema derecha populista (Buchanan en EE.UU., Le Pen en Francia). Cuando Wall Street reaccionó negativamente ante una caída de la tasa de desempleo, Buchanan fue el único que señaló la obviedad de que lo que es bueno para el Capital obviamente no es bueno para la mayoría de la población. Contra la vieja creencia de que la extrema derecha dice abiertamente lo que la derecha moderada piensa en secreto pero no se atreve a decir públicamente (afirmar abiertamente el racismo, la necesidad de una autoridad fuerte y la hegemonía cultural de los valores occidentales, etc.), nos enfrentamos ahora con una situación en la que la extrema derecha dice abiertamente lo que la izquierda moderada piensa en secreto pero no se atreve a decir en público (la necesidad de frenar la libertad del Capital).

Tampoco habría que olvidar que las milicias derechistas remanentes suelen parecerse mucho a una versión caricaturesca de los resquebrajados grupos de militantes de extrema izquierda de los años ’60; en ambos casos se trata de una lógica radical antiinstitucional: el enemigo último es el aparato represivo de Estado (el FBI, el ejército, el sistema judicial) que amenaza la supervivencia misma del grupo, y el grupo se organiza como un cuerpo fuertemente disciplinado para poder hacer frente a la presión. El contrapunto exacto de esto es un izquierdista como Pierre Bourdieu, que defiende la idea de una Europa unificada como un “Estado social” fuerte, capaz de garantizar un mínimo de bienestar y de derechos sociales contra el ataque violento de la globalización: es difícil evitar la ironía ante un izquierdista radical que levanta barreras contra el poder corrosivo global del Capital, tan fervorosamente celebrado por Marx. Así, una vez más, es como si los roles se hubieran invertido. Los izquierdistas apoyan un Estado fuerte como la última garantía de las libertades civiles y sociales contra el Capital, mientras que los derechistas demonizan al Estado y a sus aparatos como si fueran la última máquina terrorista.

IV

Hay que reconocer, por supuesto, el impacto tremendamente liberador de la politización posmoderna de terrenos hasta entonces considerados apolíticos (feminismo, políticas gay y lesbiana, ecología, problemas de minorías étnicas y otras): el hecho de que esos problemas no sólo hayan sido percibidos como intrínsecamente políticos sino que hayan dado a luz a nuevas formas de subjetivación política rediseñó todo nuestro paisaje político y cultural. De modo que no se trata de dejar de lado ese tremendo progreso para reinstaurar alguna versión del así llamado esencialismo económico: el asunto es que la despolitización de la economía genera el populismo de la Nueva Derecha, con su ideología de la Moral de la Mayoría, que hoy es el principal obstáculo para la satisfacción de las numerosas demandas (feministas, ecológicas...) en las que se centran las formas posmodernas de subjetivación política. En suma, predico un “retorno a la primacía de la economía” no en detrimento de los problemas planteados por las formas posmodernas de politización, sino precisamente para crear las condiciones de la más efectiva satisfacción de las demandas feministas, ecológicas, etc.

Un indicador extra de la necesidad de algún tipo de politización de la economía es la perspectiva abiertamente “irracional” de concentración casi monopólica del poder en manos de un solo individuo o corporación, como es el caso de Rupert Murdoch o de Bill Gates. Si la próxima década produce la unificación de los múltiples medios de comunicación en un solo aparato que combine las características de una computadora interactiva, un televisor, un equipo de video y de audio, y si Microsoft realmente consigue convertirse en el dueño casi monopólico de ese nuevo medio universal, controlando no sólo el lenguaje que se emplee en él sino también las condiciones de su aplicación, entonces es obvio que nos enfrentaremos con una situación absurda en la que un solo agente, libre de todo control público, dominará la estructura comunicacional básica de nuestras vidas y será, por lo tanto, más poderoso que cualquier gobierno. Lo que da pie para más de una intriga paranoica. Dado que el lenguaje digital que todos usaremos habrá sido hecho por hombres y construido por programadores, ¿no es posible imaginar a la corporación que lo posea instalando en él un ingrediente de programación secreto que le permita controlarnos, o un virus que ella misma podrá detonar, interrumpiendo nuestra posibilidad de comunicación? Cuando las corporaciones de biogenética afirman su propiedad sobre nuestros genes patentándolos, lo que también hacen es plantear la paradoja de que son dueñas de las partes más íntimas de nuestro cuerpo, de modo que todos, sin ser conscientes de ello, ya somos propiedad de una corporación.

La perspectiva que vislumbramos es que tanto la red comunicacional que usamos como el lenguaje genético del que estamos hechos serán propiedad de y controlados por corporaciones (o por una corporación) libres del control público. Una vez más, el absurdo de esa posibilidad —el control privado de la base propiamente pública de nuestra comunicación y reproducción, de la red misma de nuestro ser social— ¿no impone por sí solo la socialización como única solución? En otras palabras, ¿no es el impacto de la así llamada revolución de la información en el capitalismo la ilustración última de la vieja tesis marxista de que “en cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes, o —según una expresión legal de la misma idea— con las relaciones de propiedad en las que hasta entonces funcionaron”? ¿Acaso los dos fenómenos mencionados (las imprevisibles consecuencias globales de decisiones tomadas por compañías privadas; el evidente absurdo de “ser propietario” del genoma de una persona o de los medios que los individuos usan para la comunicación), a los que hay que sumar al menos el antagonismo implícito en la idea de “ser propietario” del conocimiento científico (dado que el conocimiento es por naturaleza neutral a su propagación, esto es: no lo gastan la dispersión ni el uso universal), no son suficientes para explicar por qué el capitalismo actual debe recurrir a estrategias cada vez más absurdas para mantener la economía de la escasez en la esfera de la información, y por lo tanto para contener, en el marco de la propiedad privada y las relaciones de mercado, el demonio que él mismo liberó (inventando, por ejemplo, nuevos modos de prevenir el copiado libre de información digitalizada)? En pocas palabras, la perspectiva de la “aldea global” de la información, ¿no marca acaso el fin de las relaciones de mercado (que por definición están basadas en la lógica de la escasez), al menos en la esfera de la información digitalizada?

V

Tras la defunción del socialismo, el último temor del capitalismo occidental es que otra nación o grupo étnico derrote a Occidente en sus propios términos capitalistas, combinando la productividad del capitalismo con alguna clase de hábitos sociales extraños a nosotros, occidentales. En los ’70, el objeto de temor y de fascinación era Japón. Ahora, después de un breve interludio de fascinación con el Sudeste asiático, la atención se concentra cada vez más en China por su calidad de próxima superpotencia, en la medida en que combinaría el capitalismo con la estructura política comunista. Esa clase de temores da lugar últimamente a formaciones puramente fantasmáticas, como la imagen que muestra a China superando a Occidente en productividad y conservando al mismo tiempo una estructura sociopolítica autoritaria —difícil resistir la tentación de llamar “modo asiático de producción capitalista” a esa combinación fantasmática—. Habría que enfatizar, contra esos temores, que China, tarde o temprano, pagará el precio de su desenfrenado desarrollo capitalista con nuevas formas de tensión e inestabilidad social: la “fórmula ganadora” —combinar el capitalismo con la ética comunitaria asiática “cerrada”— está condenada a explotar. Ahora más que nunca, se podría reafirmar la vieja fórmula marxista según la cual el límite del capitalismo es el propio Capital; el peligro para el capitalismo occidental no viene de afuera, de los chinos o de algún otro monstruo capaz de derrotarnos en nuestro propio juego, privándonos, al mismo tiempo, del individualismo liberal occidental, sino del límite intrínseco al propio proceso con que coloniza cada nuevo terreno (no sólo geográfico sino también cultural, psíquico, etc.), con que erosiona las últimas esferas de sustancialidad que se resisten a la reflexión. Cuando el Capital ya no encuentre fuera de sí ningún contenido sustancial de que alimentarse, ese proceso desembocará en algún tipo de implosión. Habría que tomar literalmente la metáfora de Marx según la cual el capitalismo es una entidad vampírica. Siempre necesita alguna clase de “productividad natural” prerreflexiva (talentos en distintas áreas del arte, inventores en la ciencia, etc.) para alimentar su propia sangre, y así reproducirse a sí mismo. Pero cuando el círculo se cierra, cuando la reflexividad se vuelve completamente universal, es el sistema entero el que está amenazado.



Slavoj ZIZEK.

EL MULTICULTURALISMO.

EL MULTICULTURALISMO.

¿Cómo se relaciona, entonces, el universo del Capital con la forma del Estado – Nación en nuestra era de capitalismo global? Tal vez esta relación sea mejor denominarla "autocolonización" con el funcionamiento multinacional del Capital, ya no nos hallamos frente a la oposición estándar entre metrópolis y países colonizados. La empresa global rompe el cordón umbilical que la une a su nación materna y trata a su país de origen simplemente como otro territorio que debe ser colonizado. Esto es lo que perturba tanto al populismo de derecha con inclinaciones patrióticas, desde Le Pen hasta Buchanan: el hecho de que las nuevas multinacionales tengan hacia el pueblo francés o norteamericano exactamente la misma actitud que hacia el pueblo de México, Brasil o Taiwán. ¿No hay una especie de justicia poética en este giro autorreferencial? Hoy el capitalismo global –después del capitalismo nacional y de su fase colonialista/ internacionalista –entraña nuevamente una especie de "negación de la negación". En un principio (desde luego, ideal) el capitalismo se circunscribe a los confines del Estado-Nación y se ve acompañado del comercio internacional (el intercambio entre Estados – Nación soberanos); luego sigue la relación de colonización, en la cual el país colonizador subordina y explota (económica, política y culturalmente) al país colonizado. Como culminación de este proceso hallamos la paradoja de la colonización en la cual sólo hay colonias, no países colonizadores: el poder colonizador no proviene más del Estado – Nación, sino que surge directamente de las empresas globales. A la larga, no sólo terminaremos usando la ropa de una República Bananera, sino que viviremos en repúblicas bananeras.

Y desde luego, la forma ideal de la ideología de este capitalismo global es la del multiculturalismo, esa actitud que –desde una suerte de posición global vacía- trata a cada cultura local como el colonizador trata al pueblo colonizado: como "nativos", cuya mayoría debe ser estudiada y "respetada" cuidadosamente. Es decir, la relación entre el colonialismo imperialista tradicional y la autocolonización capitalista global es exactamente la misma que la relación entre el imperialismo cultural occidental y el multiculturalismo: de la misma forma que en el capitalismo global existe la paradoja de la colonización sin la metrópolis colonizante de tipo Estado-Nación, en el multiculturalismo existe una distancia eurocentrista condescendiente y/o respetuosa para con las culturas locales, sin echar raíces en ninguna cultura en particular. En otras palabras, el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un "racismo con distancia": "respeta" la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad "auténtica" cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada. El multiculturalismo es un racismo que vacía su posición de todo contenido positivo (el multiculturalismo no es directamente racista, no opone al Otro los valores particulares de su propia cultura), pero igualmente mantiene esta posición como un privilegiado punto vacío de universalidad, desde el cual uno puede apreciar adecuadamente las otras culturas particulares: el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad.



Slavoj ZIZEK.

Guerra de IRAK. Historia de la Crisis.

Guerra de IRAK. Historia de la Crisis.

Irak ha jugado desde siempre un papel central en el mercado petrolero del Medio Oriente y de hecho fue la fuente original del petróleo de la región. Un documento de 1947 de la planeación gubernamental de los Estados Unidos intitulado "United States Petroleum Policy" establece: los Estados Unidos deben de buscar la "eliminación o modificación de las barreras existentes a la expansión de las operaciones petroleras Americanas en el extranjero" y "...promover...la entrada de nuevas firmas Americanas en todas las fases de las operaciones petrolíferas extranjeras". Hasta mediados de los años 50 la mayor "barrera" en Irak era la Gran Bretaña, para quienes el petróleo fue la principal recompensa por su colonización temprana en gran parte de la región. De hecho, cuando la Standard Oil de California aseguró la primera concesión occidental en Arabia Saudita en 1932, un consorcio mucho más grande y poderoso estaba ahí para impedir el trato, la "Iraq Petroleum Company" (IPC). La IPC, de dominio Británico, no pensaba que se harían descubrimientos de nuevos mantos petrolíferos en Arabia Saudita (opinión general de aquella época), y ya contaban con más petróleo del que podían manejar en Irak, así que permitieron a los Estados Unidos hacerse de un pequeño nicho en la península Arábiga. La IPC, precursora de compañías como la BP (British Petrol), Shell, Total (de Francia) y Exxon, suprimió por muchos años las noticias de descubrimientos de mantos petrolíferos en Irak y a través de varios mecanismos mantuvo una baja producción con objeto de mantener precios altos. Estas prácticas restrictivas comenzaron en los años 30 y continuaron hasta los 60’s, como habría de descubrir el Subcomité del Senado Norteamericano sobre Corporaciones Multinacionales en el año de 1974. Un documento interno de la IPC de 1967 demuestra que la compañía descubrió vastos depósitos de petróleo, pero "impidió su explotación y no los clasificó en forma alguna porque la apertura de dicha información habría provocado que las compañías" complicaran su posición negociadora con el gobierno Iraquí.

Sin embargo, los intereses petroleros extranjeros tienen un gran enemigo: el nacionalismo; es decir, las tendencias de los líderes o el pueblo de querer beneficiarse por ellos mismos de sus propios recursos. Por algunos años los nacionalistas árabes fueron liderados por el presidente Egipcio Nasser, quien por mucho tiempo fue máximo inspirador en el mundo árabe por sus desafíos al neocolonialismo occidental. Libia fue el primer país en convertirse en enemigo de los Estados Unidos en 1969. Compañías occidentales en Libia suministraban entonces a Europa con petróleo que era valioso por su cercanía y por su bajo contenido en sulfuro.

La IPC estaba administrando su producción de acuerdo a los intereses mundiales de las Compañías participantes y no solamente según los intereses del pueblo iraquí. Andreas Lowenfeld notó que "Esto, por supuesto, ha sido una de las principales imputaciones del gobierno de Irak en contra de la IPC". El conflicto entre las corporaciones y el gobierno Iraquí comenzó en 1972, cuando el gobierno decidió nacionalizar las propiedades de la IPC. Después de la dolorosa batalla, la IPC finalmente firmó el acuerdo de nacionalización el 28 de febrero de 1973, recibiendo compensaciones económicas de Bagdad, pero sin compensaciones de compra (esto es, compensaciones en las cuales las compañías petroleras tienen el derecho a comprar grandes cantidades de petróleo a precios preferenciales) ni para las compañías británicas ni para las americanas (aunque si para Francia). El movimiento fue inmensamente popular: el vicepresidente Saddam Hussein los resumió como: "Nuestra riqueza ha vuelto a nosotros". Ahora, los miembros sobrevivientes del cartel de la IPC, tres de las compañías públicas más grandes del mundo, BP, Shell y ExxonMobil, han manifestado su interés en explotar la caída de Saddam Hussein para recuperar sus viejas posesiones en Irak, argumentando que el acuerdo de nacionalización-compensación fue firmado bajo presión. El profesor Thomas Walde, antiguamente el principal consejero interregional sobre la legislación del gas y petróleo, ha observado con respecto a las empresas petroleras, que, "Si yo fuera su asesor, convertiría esto en carta de negociación con el nuevo gobierno. Podría jugar un importante papel en la carrera por obtener contratos". Así que tenemos que hay grandes ganancias en juego, todas en términos de contratos para reconstruir la industria petrolera Iraquí y para desarrollar nuevas concesiones; con grandes beneficios en el horizonte.

Ésta segunda guerra entre Estados Unidos e Irak será también la culminación de un proceso que comenzó hace medio siglo, cuando los Estados Unidos por primera vez emplearon a su "Central Intelligence Agency" (CIA) de forma secreta e ilegal para derrocar a un gobierno electo democráticamente. El Golpe de Estado maquinado por la CIA en contra del Primer Ministro de Irán, Mohammad Mossadeq, comenzó una cadena de eventos que incluyeron la revolución del Ayatollah khoemeini en 1979 en contra del entonces Sha y su mandamás los Estados Unidos. Esta revolución destruyó uno de los "pilares gemelos" de la estrategia americana en el Golfo: el cultivo de estados-cliente autoritarios y antidemocráticos en Arabia Saudita e Irán como fuente de petróleo y bastiones en contra de la Unión Sovietica. La revolución islámica de Irán demandó entonces una reestructuración mayor de la política exterior Norteamericana de la zona. En el mismo año, la Unión Sovietica invadió Afganistán y los Estados Unidos secretamente comenzaron a armar la resistencia afgana antisoviética, así como también a Osama Bin Laden. Esto puso en movimiento una serie de intrincadas series de realineamientos que en última instancia condujo a los veteranos de la resistencia afgana antisoviética a organizar los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en contra de Nueva York y Washington.

Después de la revolución de 1979 en Irán, los Estados Unidos decidieron respaldar al entonces jurado enemigo de los Clérigos Islámicos: el tiránico presidente Saddam Hussein. En septiembre de 1980, Saddam invadió Irán. Cuando parecía que Irán derrocaría a Saddam, la administración Reagan secretamente comenzó a proveerle con imágenes de inteligencia satelital y armamento, incluidos los precursores para el desarrollo de armas biológicas y los ingredientes básicos para los agentes químicos que utilizó, en palabras del presidente Bush, "para gasear a su propia gente". La guerra de Irán e Irak terminó con una terrible pérdida de vidas para ambas partes. Joost Hilterman, quien prepara un libro devastador en el tema Estados Unidos-Irak, ha escarbado entre montones y montones de documentos no clasificados del gobierno de los Estados Unidos, sólo para descubrir que después que Saddam hubo gaseado a 6,800 kurdos en Habalaja el pentágono salió en defensa de Saddam al parcialmente culpar a Irán por la atrocidad. Un nuevo documento no clasificado del Departamento de Estado demuestra que la idea fue planeada por el pentágono, quien a lo largo de todo esto apoyó a Saddam, y afirma el documento además que los diplomáticos norteamericanos recibieron órdenes de apoyar la versión de la culpabilidad de Irán, pero de no discutir detalles. De no discutir detalles, por supuesto, porque la historia era una mentira. Esto, recordemos, fue cinco años después de que la Secretaría de Seguridad Nacional de los Estados Unidos publicó la Decisión Directiva114 –concluida en 1983, el mismo año de la visita amistosa de Rumsfeld a Bagdad- autorizó formalmente billones de dólares en préstamos y otros créditos a Bagdad. ¿Y ésta guerra trata sobre derechos humanos?.

En 1990, Los Estados Unidos permitió a Saddam creer que toleraría su invasión de Kuwait. Cada líder Iraquí desde 1920 ha hecho votos por invadir Kuwait y reunificarla con Irak, Saddam no fue la excepción. Los Estados Unidos abrazaron entonces la oportunidad puesta por la invasión iraquí para ampliamente expandir su imperio de bases militares en el Golfo Pérsico. Cómo el estudioso del medio Oriente Stephen Zunes observa: "Estados Unidos usó la invasión iraquí de Kuwait como una excusa para llevar más adelante su largamente deseada hegemonía militar, política y económica en la región."

La guerra del Golfo Pérsico en 1991 terminó con un estancamiento entre Irak y las fuerzas aliadas capitaneadas por los Estados Unidos y el primer presidente George Bush. El presidente Iraquí Saddam Hussein fue expulsado de Kuwait, el país que había invadido seis meses atrás. El tratado de paz obligaba a Irak a destruir cualquier arma química o biológica, y un equipo de inspectores de las Naciones Unidas habría de regularmente registrar el país para asegurarse del desarme. Un estricto embargo impedía a Irak vender petróleo o comprar armas en los mercados internacionales hasta que las Naciones Unidas juzgara el total cumplimiento de las resoluciones de paz.

Irak es uno de los más grandes productores de petróleo, y los magnates estadounidenses y sauditas hacen billones de dólares mientras su petróleo se encuentra bloqueado. Hussein originalmente invadió Kuwait por una disputa de petróleo. Ambos presidentes Bush, padre e hijo, han hecho millones de dólares en petróleo. La política de la región es la política del petróleo y grandes cantidades de dinero han de ser hechas y perdidas por los ganadores y perdedores de los conflictos internacionales en la región. Los Estados Unidos y la Gran Bretaña querían la continuación del embargo, mientras que los rusos y franceses (que querían beneficiarse comprando y distribuyendo petróleo Iraquí) pedían la suspensión del mismo.

Atrás en 1991, había muchos en la administración Bush que hubieran deseado que el tratado de paz no se hubiera firmado. Hubieran preferido que las fuerzas norteamericanas hubieran continuado hasta Bagdad y expulsado a Saddam Hussein. Querrían haber instalado un gobierno norteamericano en Irak. Muchos de estos "halcones" estaban también involucrados en el mercado petrolero. A través de los años 90’s, ellos se encontraban fuera del gobierno y relativamente fuera del poder. Escribieron artículos sobre lo que hubiera sucedido si las tropas norteamericanas hubieran invadido Irak, pero a nadie le importó. Luego, en el año 2000, George W. Bush, hijo del primer presidente Bush, fue elegido también presidente de los Estados Unidos. La mayoría de su Gabinete y administración son amigos de su padre e incluye a aquellos quienes hubieran preferido que continuara la primera Guerra del Golfo en 1991. Desde entonces, desde la primera Guerra del Golfo, la gente de la Casa Blanca y del Pentágono, quienes planearon y ejecutaron esa guerra, han deseado volver a Irak a terminar lo que iniciaron. Lo han manifestado así en reportes escritos por el entonces Secretario de la Defensa Dick Cheney en los últimos años de la administración de George Bush padre; y durante el período en el que estuvieron fuera del poder, de 1992 a 2000, han redactado planes describiendo lo que harían si los Republicanos retomaran la Casa Blanca. En la primavera de 1997, en los años de la administración Clinton, Rumsfeld, Dick Cheney y un grupo de otros hombres de derecha (la mayoría involucrados en al industria del petróleo) crearon el "Project for the New American Century" (PNAC), un grupo de presión que demandaba un "cambio de régimen" en Irak. Así que la actual guerra en Irak fue en realidad maquinada cinco años atrás, por hombres como Cheney y Khalilzad, quienes son hombres de petróleo hasta el hueso.

La administración Bush simplemente no podía ir a la guerra sin antes relacionarla de alguna manera con los ataques del 11 de septiembre. Así que primero lanzó una guerra sencilla en Afganistán. Muchos de los consejeros del Presidente Bush han estado esperanzados de que Saddam estuviera detrás de los ataques. Ellos han estado obsesionados tras Saddam Hussein por todo una década y buscaban una excusa para reiniciar la Guerra del Golfo Pérsico. Pero no hay ninguna conexión entre el régimen de Bagdad y Osama Bin Laden. En Afganistán, había al menos una conexión visible entre Osama y el régimen Taliban, con todo y que los Estados Unidos hayan contribuido aún más al desarrollo de Osama como terrorista de lo que haya jamás contribuido Afganistán. Mientras tanto, la Casa Blanca lanzó una de las más extraordinarias campañas de propaganda de los todos los tiempos modernos para convencer al público americano de que un ataque a Saddam debería ser una parte integral de la guerra americana "en contra del terrorismo".

Recordemos: no hay absolutamente ninguna conexión entre Irak y los ataques terroristas del 11 de septiembre y absolutamente nada ha cambiado entre Estados Unidos e Irak por años. A pesar de esta no-conexión, el Presidente George W. Bush y su gabinete han comenzado una guerra en Irak, sin encontrar aún prueba contundente de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

GUERRA y PETRÓLEO.

A través de la historia, los imperios han gastado más en guerras de conquista de lo que han obtenido a cambio. Pero los costos del imperio son soportados por la sociedad en su conjunto, mientras que los beneficios del imperio son disfrutados por el pequeño grupo influyente. Por lo tanto, en general, para aquellos que hacen las políticas (los cuales comparten intereses y puntos de vista con aquellos que detentan el poder) es completamente racional usar los recursos de la sociedad para asegurar los intereses de los ricos y poderosos, aún cuando el gasto por mucho exceda las ganancias proyectadas. Los costos son socializados, las ganancias privatizadas. Esa es la realidad de nuestro sistema de mercado.

Una guerra hará a unos cuantos ricos aún más ricos, especialmente a los accionistas de las compañías de manufactura de equipo militar. Ha sido discretamente anunciado, que por algún tiempo, después de una victoria norteamericana, solamente a corporaciones norteamericanas le serán otorgados lucrativos contratos para la reconstrucción de las facilidades petroleras iraquíes (ya bajo contrato se encuentra Halliburton, la compañía del vicepresidente Dick Cheney).

Las reservas petroleras de Irak son las segundas más grandes del planeta después de las de Arabia Saudita. Dado que ambos, el presidente y el vicepresidente de los Estados Unidos fueron ejecutivos de compañías petroleras y que el padre del presidente, también antiguamente presidente, fue el fundador de la "Zapata Offshore Oil Company", resulta razonable asumir que estos hombres se encuentran muy familiarizados con las riquezas petrolíferas iraquíes. La compañía "Zapata" perforó el primer manto petrolífero en Kuwait. En 1963, Bush padre unió Zapata con otra firma para crear el gigante Pennzoil, y, en 1966, vendió sus acciones, convirtiéndose en millonario. Durante 1998 y 1992, cuando Cheney era presidente de la "Halliburton Company of Houston", Halliburton vendió a Saddam alrededor de 23.8 millones de dólares en equipo para pozos petroleros. Tal vez la razón por la que Bush hijo está tan obsesionado con Irak es que quiere apoderarse de su petróleo. Los Estados Unidos necesitan una gran cantidad de petróleo para su sector automotriz y también tiene interés en controlar a otros países cuya vida industrial es igualmente dependiente del petróleo importado. Cómo Anthony Sampson, el experto en petróleo y autor del clásico libro en grandes compañías de petróleo, "Las Siete Hermanas", observa: "Los intereses occidentales por el petróleo influencian las políticas militares y diplomáticas, y no es accidente que mientras las compañías americanas están compitiendo por acceso al petróleo en Asia Central, los Estados Unidos estén construyendo bases militares a través de la región".

El Departamento norteamericano de Energía anunció a principios de enero de 2003 que para el año 2025, las importaciones Estadounidenses de petróleo serían talvez de alrededor del 70% de la demanda total Estadounidense. (era del 55% tan sólo hace dos años). Cómo Michael Renner del "Worldwatch Institute" mencionó desoladoramente: "Los depósitos Estadounidenses están crecientemente siendo agotados, y muchos depósitos fuera de la OPEC están comenzando a quedar vacíos". El grueso de las extracciones futuras tendrán que provenir de la región del Golfo". De manera que no es sorprendente que toda la política Energética del señor Bush se encuentre basada en el creciente consumo de petróleo. Cerca del 70% de las reservas probadas de petróleo mundiales provienen del Medio Oriente. Una vez que el régimen norteamericano se establezca en Bagdad, las compañías norteamericanas tendrán acceso a 112 billones de barriles de petróleo. Con las reservas no probadas, es posible que incluso terminaran por controlar hasta el 25% de la totalidad de las reservas mundiales. Al mismo tiempo, es sabido que el petróleo del mar del norte tiene un costo de 3 a 4 dólares por barril, y de acuerdo con John Telling, "líder de una de las pocas compañías occidentales que admiten trabajar en Irak", el petróleo Iraquí podría llegar a costar tan poco como 97 centavos de dólar por barril: "Noventa centavos un barril que se vende por 30 dólares, esa es una clase de negocio en la que uno quisiera estar involucrado". ¿Y ésta guerra no es por petróleo?

La oferta física y el control del precio del petróleo han sido siempre asuntos centrales, pero también otra forma de beneficiarse es a través de los ingresos excedentes de los productores de petróleo que son enviadas a los Estados Unidos a través de depósitos bancarios, compra de papeles gubernamentales y otros tipos de inversiones, y también del envío de estas ganancias a los mercados financieros Británicos. Documentos no-clasificados de los Estados Unidos señalan que: "El Reino Unido afirma que, su estabilidad financiera se vería seriamente amenazada si el petróleo de Kuwait y del Golfo Pérsico no estuvieran disponibles al Reino Unido bajo términos razonables; si el Reino Unido estuviera privado de las grandes inversiones hechas por la región y si la libra fuera privada del soporte proveído por el petróleo del Golfo". Antes de la Guerra del Golfo, Kuwait tenía vastas inversiones en Occidente que incluían Bonos de Tesorería, portafolios administrados por el "City Bank", reservas en oro de la Reserva Federal (E.U.) y Banco de Inglaterra, y 10% en capital de riesgo en la British Petrol –todo lo cual explica ampliamente porque estaba bien para Irak invadir Irán pero no Kuwait. Thomas Ferguson escribió en aquel tiempo que: "los petrodólares excedentes de los Estados líderes del Medio Oriente ya no representan el ‘Amazonas’ del mundo capitalista...[pero] el Golfo ciertamente califica como el Mississippi de la economía mundial, un una fuente de aguas financieras que aún fluyen majestuosamente hacia Nueva York y Londres (donde los Mayores bancos norteamericanos...tienen sucursales)."

No se debe caer en el error de pensar que el único interés norteamericano es mantener los precios bajos del petróleo. Algunas veces es preferible mantener precios altos. A principios de los 70’s, la administración Nixon favoreció los altos precios. La razón era la percepción de que Japón y Europa, más dependientes de recursos energéticos importados que los Estados Unidos, sufrirían más con los altos precios. El asunto no es exactamente el precio, sino el control. La dictadura Saudita hace lo que el tío Sam le comanda, pero la dictadura Iraquí no, ese es el problema. Los intereses del petróleo son privados, pero también tienen múltiples facetas, y no se trata simplemente de maximizar las ganancias de las compañías. El asunto más importante es maximizar el control estadounidense, lo cual tiene gran variedad de beneficios, incluidos beneficios no petroleros y ventajas geopolíticas.

Mientras que las sanciones de las Naciones Unidas han impedido las inversiones extranjeras en los pozos petroleros, "estas sanciones no han impedido a las compañías firmar contratos con la esperanza de explotar los pozos petroleros cuando las sanciones sean levantadas." Francia, Rusia, China, India y otras naciones tienen contratos multimillonarios con Saddam que les confiere el derecho a explotar los pozos petroleros iraquíes. Estos contratos se encuentran actualmente suspendidos por las sanciones impuestas por las Naciones Unidas, pero los países con dichos contratos están claramente dispuestos a proteger sus inversiones. No ven con buenos ojos la idea de que los Estados Unidos pueda poner en la congeladora dichos contratos. Incluso la Royal Dutch/Shell ha firmado convenios con Bagdad. Lukoil, un gigante Ruso, tiene una posesión enorme sobre la explotación de once billones de barriles de crudo; la empresa tiene programado invertir cerca de cuatro billones de dólares durante el período productivo de sus pozos para desarrollarlos. Los contratos son generosos: analistas del Deutsche Bank estiman plausibles tasas de retorno "del orden del 20%".

"The Economist"remarca, "Todo esto deben ser malas noticias para aquellos excluidos de la fiesta: los Americanos." Cálculos en la industria petrolera de los Estados Unidos insisten en que un nuevo régimen rescindiría los contratos, y los líderes del movimiento opositor Iraquí al régimen de Hussein han abiertamente señalado que "Las empresas Norteamericanas obtendrán una buena parte del petróleo Iraquí" –en la eventualidad de un cambio de régimen. Como The Economist señala, "es difícil imaginar que los gigantes norteamericanos no encontrarán un camino para asegurarse una tajada del pastel." La expulsión de Hussein dirigida por los Estados Unidos podría asegurar una nueva época de bonanza para las compañías norteamericanas, largamente desaparecida en Irak, desbaratando los arreglos entre Bagdad y Rusia, Francia y otros países, y reordenando los mercados petroleros mundiales.

Otra teoría popular sostiene que la principal influencia en los pensamientos Estadounidenses sobre el Medio Oriente es el ahora gobernante partido político Likud de Israel. Se estima que el deseo de expulsar a Saddam Hussein de Irak refleja los intereses de largo alcance de los derechistas israelíes, que quieren asegurarse la continuidad de la superioridad militar israelí en la zona. Muchas de las personalidades clave en la administración Bush y en la PNAC tienen íntimas conexiones con el partido Likud.

CONSIDERACIONES FINALES.

El amplio ejercito militar de los Estados Unidos no es necesario para su defensa. Estados Unidos tiene dos vecinos pacíficos y relativamente débiles, y no ha sufrido invasión alguna desde la Guerra de 1812. El país se encuentra protegido por vastos océanos en ambos flancos, que hacen de una invasión oceánica algo imposible. No hay un país más protegido contra invasiones que los Estados Unidos. Por cincuenta años los Estados Unidos ha utilizado su poder militar en contra de países tercer mundistas mucho más débiles, como Korea, Vietnam, Panama, Irak. Ninguna de estas guerras ha puesto jamás en peligro la soberanía Norteamericana. Pero en cambio, todas estas guerras han girado alrededor del accesos a recursos naturales y socios comerciales.

Los activistas ampliamente señalaron en el pasado los abusos a los Derechos Humanos cometidos por el Irak de Saddam Hussein, cometidos por muchos años, antes de la Primera Guerra del Golfo. En vez de imponer embargos en esa época, el gobierno de los Estados Unidos apoyó monetaria y militarmente a Hussein en su guerra contra Irán. No fue hasta que Hussein invadió Kuwait (innecesario es recordar a los lectores de los apoyos norteamericanos a Hussein en el pasado, incluyendo cuando uso gas venenoso en contra de los Kurdos e Iraníes, apoyo que desapareció cuando invadió a un régimen productor de petróleo amigable a los intereses norteamericanos: Kuwait) y amenazó los abastecimientos americanos de petróleo que Bush comenzó una retórica de odio en contra de Saddam Hussein, una retórica patrocinada por la avaricia corporativa norteamericana.

Saddam Hussein no es el único líder mundial con armas de destrucción masiva. Existen muchos países con armas nucleares aún mucho más letales incluyendo los E.U., Rusia, Ucrania, China, Francia, Reino Unido, Sudáfrica, India y Pakistán. Más notable es el hecho de que Israel haya emprendido también un programa nuclear. Aún así, las Naciones Unidas y los presidentes norteamericanos jamás han propuesto bombardear a Israel o cualquier de los otros países por su posesión de armas de destrucción masiva. Ciertamente hay mucho de un doble estándar con respecto a Irak.

La milicia norteamericana sirve para mantener el control estadounidense sobre las materias primas mundiales. El gobierno de los Estados Unidos ha ofrecido apoyo a dictaduras (como Arabia Saudita, Indonesia, Zaire) y luchado contra democracias (como en Chile y Nicaragua) con miras a mantener bajos los precios de las materias primas. Si los Estados Unidos estuviera realmente interesado en la democracia en la región del Golfo, debió haber comenzado desde hace mucho tiempo en Arabia Saudita o en cualquiera de las monarquías feudales en las que ha instaurado grandes bases militares –Kuwait, Bahrein, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán.

No es posible ir a las Naciones Unidas y decir "Hey¡, ésta es mi propuesta y si no la aceptan actuaremos solos". Estados Unidos es uno de los miembros fundadores de las Naciones Unidas y estuvo de acuerdo con la legislación de la ONU. Si ellos promueven la democracia entonces deberían haber respetado la decisión de la mayoría en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de no emprender ataque militar alguno en contra de Irak (¿no hablan ellos todo el tiempo de "democracia"?). Ellos sabían que no obtendrían los nueve votos necesarios en el Consejo de Seguridad para emprender acciones militares en contra del régimen de Bagdad, así que culparon a los franceses sobre la falla de la diplomacia. (los franceses nunca negaron la posibilidad del uso de la fuerza, lo que negaban era el uso inmediato de la fuerza sin justificación alguna, Hussein estaba siendo contenido por las sanciones de las Naciones Unidas y desarmado por el Consejo de Seguridad, y no ofrecía amenaza alguna con su débil economía y debilitado ejercito para nación alguna). Así que, ¿por qué la administración Bush se encontraba tan desesperada por ejercer presión sobre el Consejo de Seguridad para iniciar las hostilidades lo más pronto posible? Porque las temperaturas más frescas hacen más fácil para las tropas norteamericanas operar con los abultados dispositivos químicos y las noches más largas permiten sacar ventaja de sus equipos de visión nocturna, además, las tormentas de arena son un difícil obstáculo que sobrepasar.

La invasión llevada a cabo por la administración Bush es ilegal y se encuentra fuera de la Legislación Internacional. Me entristece demasiado ver que la ley del más fuerte se ha impuesto sobre el Derecho Internacional, sobre la Ley.

BIBLIOGRAFÍA:

Toda la INFORMACIÓN en la que se basa el texto precedente está basada en las siguientes fuentes:


  • Kelley, Martin.

    Overview of the Iraq Crisis.

    marzo 2003.

    Kelley, Martin.

    Why a Military?.

    Rai, Milan.

    Oil and War.

    febrero 2003.

    Chien, A.J.

    Iraq: is it about Oil?.

    octubre 2003.

    Fisk, Robert.

    This Looming war Isn’t About Chemichal Warheads Or HUman Rights: It’s About Oil.

    The independent.

    Chalmers, Johnson.

    Iraq Wars.


A. Torres Sánchez.

La rebelión de los NECIOS.

La rebelión de los NECIOS.

"El vulgo es necio y pues lo paga es justo hablarle en necio para darle gusto". El que esa rima la haya escrito el insigne Lope de Vega, uno de los grandes dramaturgos de España, no le resta, mas bien le suma, lo que tiene de rechazable. Bajo ese argumento se amparan todos los que le ofrecen al pueblo, llamándole siempre vulgo o plebe, los mas bajos productos “culturales”. Lo cual implica caer en un círculo progresivamente vicioso. Porque mientras más necedades se le ofrezcan al vulgo menos posibilidades hay de que ese vulgo aprenda a distinguir lo mediocre de lo noble. Por eso ha sido conciencia de casi todos los que se preocupan por la suerte de sus pueblos el intentar alzar el nivel del conocimiento colectivo. “El pueblo es el soberano”, admonizaba Alberdi, “eduquemos al soberano”.

Vale la pena señalar que el vulgo a que se refiere Lope, no es, como asumen muchos, la plebe o el sector pobre del pueblo, ajeno a la posibilidad de educarse. No, el dramaturgo dice bien claramente "y pues lo paga". De donde se deduce que Lope pensaba en los que pueden pagar el teatro o los libros pero quienes buscan, en el teatro o en los libros, solo los temas que les llenen su vacío. Según eso, ni la economía ni la educación dan la medida de la vulgaridad La vulgaridad es una actitud ante la vida, una tendencia al mal gusto que recorre todo el cuerpo social y puede llegar, como ha llegado, hasta el palacio de Buckingham. Alimentar esa tendencia es contribuir a que una sociedad sufra un descenso cultural que terminará por secar toda fuente de creatividad. Como sucede con las drogas, mientras más se acostumbre el vulgo a lo necio, mas urgido se sentirá de disfrutar necedades.

Con raras excepciones, la televisión, el cine, y los periódicos demuestran hacia donde conduce ese rendimiento ante el mal gusto del vulgo. Pantallas y páginas, van restándole espacio al análisis o al comentario serio para volcarse en los espectáculos morbosos o en las noticias estridentes. El éxito obliga a incrementar la dosis de lo anormal, del “shock”, de lo que hace vibrar la oculta atracción que tiene la perversidad. Asi, los “talk shows”, que comenzaron por ser entrevistas con personajes interesantes, que tenían algo que decir, se han convertido en pequeños circos romanos donde personajes traídos de ámbitos oscuros gritan su derecho a proclamar sus infamias familiares o sus intrascendentes experiencias eróticas.

Esa incesante búsqueda de lo aberrante destella, por citar casos, en la película “Crash”, en la cual una o más parejas buscan los restos de coches accidentados porque sólo allí, entre hierros torcidos y el recuerdo de sangre derramada, encuentran el éxtasis sexual; o en el “best seller” de Kathryn Harrison “The Kiss”, (“El Beso”) donde la autora describe como un inesperado e intenso beso en la boca de su padre, a quien no veía hacía años, inició un largo período de relaciones incestuosas. Y no se trata de rasgarse las vestiduras y clamar contra la “decadencia” moral contemporánea. No, el erotismo, abierto o solapado, es mas viejo, que la Biblia y el medir el nivel de decadencia de una sociedad requiere hondos estudios. Lo alarmante de esos y otros miles de ejemplos es que gente seria los toma en serio y los discuten, sin jamás señalar lo realmente grave de la cuestión: que se trata de obras muy mediocres, cuyo éxito refleja el deterioro del gusto colectivo.

De donde volvemos a mi argumento. De acuerdo con Lope, la autora de “The Kiss”, y las que la sigan en ese camino a las riquezas, le están dando al vulgo lo que el vulgo quiere. Ciertamente. Pero, precisamente, porque eso es cierto, se requiere una rebelión en nombre de los necios; un demandar de los colegios y universidades, de los periodistas serios, de los directores de cine, y de todo el que se preocupe por el pueblo y por la cultura, que no bajen jamás los niveles de la verdadera cultura.

Creo firmemente que, por ejemplo, las cadenas de televisión tienen todo el derecho del mundo a producir telenovelas que repiten “ad nauseam” los mismos temas y despliegan los mismos personajes, con casi idénticos vestidos. Pero también creo que el capitalismo tiene que tener su su ética y sus obligaciones. Y es deber de esas compañías, que tanto dinero hacen con lo necio, el producir programas que exploren nuestras crisis históricas, que muestren el valor de nuestros clásicos, que eleven el gusto de eso que llaman vulgo. Y si solo una, o diez, o cien o mil personas, se sienten atraídas por esa dimensión educadora que no conocían, si una o mil personas descubren el sugerente horizonte de las ideas, esas emisoras habrán ganado una batalla contra los que le hablan al pueblo en necio porque afirman que es eso solo lo que el pueblo o el vulgo es capaz de comprender.

Luis Aguilar León.

Mujeres azotadas y condenadas a morir lapidadas.

Mujeres azotadas y condenadas a morir lapidadas. Aun hoy, en pleno siglo XXI, en 31 países del mundo se aplican penas físicas, entre ellas el marcaje con fuego o el apedreamiento, que afectan en su mayoría a mujeres.

En todo el mundo miles de mujeres sufren agresiones físicas (en muchos países en aplicación de su legislación penal), que llegan hasta la muerte, ejecutada de las maneras más brutales y crueles que uno desde aquí puede imaginar. Desgraciadamente hay muchos casos que sustantivan dicha barbarie, como es el caso de Safiya Hussani, nigeriana de 30 años condenada a morir lapidada por cometer adulterio, o el de Amina Lawal, también nigeriana, procesada por igual motivo, la cual, al final, afortunadamente, fue absuelta. Pero ellas, desgraciadamente, no son las únicas, pues, como ya dijimos, en 31 países, las penas corporales forman parte de la legislación vigente por aplicación de la Ley Islámica (Sharia). Muchos de estos países, sin embargo, han firmado (cruel paradoja) el Pacto de Derechos Civiles y Políticos que prohíbe expresamente penas crueles, degradantes e inhumanas y la Convención contra la Tortura. Afganistán, Arabia Saudí, Bahamas, Botsuana, Emiratos Árabes Unidos, Rusia (Chechenia), Irak, Irán, Kenia, Libia, Nigeria, Pakistán, Singapur, Somalia, Sri Lanka, Sudán, Tanzania, Yemen y Zimbabue, son algunos de los países que aplican penas físicas.

Estos castigos físicos se aplican mayoritariamente a mujeres. Además de la pena de muerte, los tribunales imponen castigos corporales como la amputación de miembros, la flagelación o el marcado a fuego. Los llevan a cabo funcionarios del Estado, en ocasiones en público y están revestidos del manto de respetabilidad que rodea a los castigos legales. En algunos países, las víctimas han sido condenadas a penas de hasta 100 latigazos, que les han producido discapacidades permanentes y otras han muerto.

Abok Alfa Akok, una mujer sudanesa, consiguió gracias a la presión internacional que se anulara su sentencia a morir lapidada. La reducción de pena consistió en 75 latigazos que le fueron propinados de inmediato. A pesar de que Abok es miembro de la etnia dinka, cristiana y animista, fue condenada por la ley islámica. Y aunque sólo habla inglés y dinka, el juicio se desarrolló en árabe. Otras mujeres no fueron tan afortunadas como esta mujer sudanesa: en Irán, una mujer fue lapidada tras ser declarada culpable de “corrupción en la tierra” por haber aparecido supuestamente en una película pornográfica.

Pero además del Estado, son muchos los agresores que hacen que las mujeres continúen siendo las principales víctimas de la violencia, ya sea en las guerras, en el seno de la familia o en las prisiones. En países como Kenia, las leyes protegen los delitos sexuales dentro del matrimonio. Y en Pakistán, Irak, Jordania y Turquía son frecuentes los asesinatos de mujeres por honor, el cual puede ser ofendido por razones tan diversas como mirar a otro hombre de manera sospechosa o negarse a contraer matrimonio.

Los datos son escalofriantes y aterradores. Según la ONU, una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido abusos físicos o psíquicos. En Europa, una de cada cinco mujeres ha sufrido la violencia doméstica, según la propia Unión Europea. Y según afirma la organización de las Naciones Unidas cerca de 130 millones de niñas han sufrido mutilaciones sexuales y dos millones más corren el riesgo de sufrir esas prácticas cada año. En Estados Unidos una mujer es golpeada cada 15 segundos y 700.000 son violadas cada año, según un informe oficial. En Egipto, el 35% de las mujeres acusan a sus maridos de malos tratos, según informe de Amnistía Internacional.

Según la citada organización de derechos humanos, que lleva recogiendo testimonios de mujeres torturadas en todo el mundo desde 1997, en la gran mayoría de los casos, los culpables siguen sin ser procesados. Es el caso de Zeynep Avci, una mujer kurda torturada por policías turcos en 1996: “Me pusieron una esponja mojada en la nuca e hicieron que me recostara sobre un banco eléctrico. Me dieron descargas eléctricas durante varias horas; después me pusieron sobre otra mesa y trajeron una porra. Me dijeron: ’Arrodíllate’ y me metieron lentamente la porra en el ano. De pronto me empujaron y me obligaron a sentarme encima de la porra. Empecé a sangrar, uno de ellos se subió sobre mí y me violó”. Una guineana relata cómo fue agredida por soldados cuando fue arrestada por manifestarse en 1998: “Me violaron hasta que perdí el conocimiento [...]; todavía hoy me encuentro totalmente perdida”

Los terribles hechos anteriormente citados están reflejados en el informe "Cuerpos rotos, mentes destrozadas. Torturas y malos tratos a mujeres" publicado por Amnistía Internacional.

La violencia contra las mujeres tiene sus raíces en una cultura global que les niega a ellas los mismos derechos que al hombre. El relativismo cultural ya no es un argumento válido. Los Gobiernos de todos los países del mundo deben condenar la violencia contra las mujeres, erradicar las leyes discriminatorias. La cultura y la religión no es una excusa para las atrocidades que se cometen con y contra la mujer. Alguna religión contribuye a la discriminación de la mujer, pero más aun la interpretación que algunos países hacen de esa religión.

A. Torres Sánchez.

Practicismo ambiental y/o el ARTE de llenar un espacio vacío.

Practicismo ambiental y/o el ARTE de llenar un espacio vacío. Los artistas de pacotilla como yo pasamos mucho tiempo de nuestra vida pensando en primer lugar si lo que hacemos es realmente arte. Luego, y a renglón seguido, en el mejor de los casos tratamos de buscar “acomodo” descriptivo a nuestro trabajo, hecho con mayor o menor arte, o dicho de otra forma: con mejor o peor fortuna.





A mi gran amigo MIGUELito le sobran las calificaciones museísticas y academicistas. Él, con la sabiduría que da la ciencia infusa, soslaya inútiles calificaciones en las que los tontos de baba solemos epigrafiar nuestra obra: SIMBOLISMO, MODERNISMO, IMPRESIONISMO, FAUVISMO, FUTURISMO, NAÏF, REALISMO, CUBISMO, PURISMO, NEOCUBISMO, EXPRESIONISMO, SURREALISMO, ABSTRACTO, NEOPLASTICISMO, OP-art, POP-art...





MIGUELito tiene una iluminación singular, exclusiva, divina y sobre todo práctica. Él, con su humildad, inventa constantemente CLASIFICACIONES más prácticas y didácticas; muchos más comprensibles al pueblo llano (ese que normalmente está en posición horizontal, jodiendo).





MIGUELito compra un cuadro de delfines solo si tiene un acuario. Si el cuadro de delfines se lo regala un amigo y no tiene un acuario, como excelente amigo que es, compra un acuario para colgar el regalo de su amigo.



MIGUELito tiene una casa de campo. Encargó a un experto en botánica medio ambiental un exhaustivo análisis de la flora circundante a su entorno habitacional. Después de ello encargó a un prestigioso pintor (de Carballo, son los mejores ) que elaborara, en función del espacio de pared disponible, el justo número de cuadros, con el exclusivo tema floral y campestre que circunda su entorno habitacional.



MIGUELito es genial, único, inigualable, el indiscutible MAESTRO en el "PRACTICISMO AMBIENTAL y/o EL ARTE DE LLENAR UN ESPACIO VACIO" .



Es, en esencia, el desiderátum de cualquier “pintamonas” como yo. Me gustaría llegar algún día a tener la visión plástica y la sublimación del practicismo artístico que tiene mi amigo MIGUELito.



A mi buen amigo le regalé un cuadro de bonitos y/o atunes (en definitiva, ¡peces del carajo!) y como no tiene, de momento, una finca marinera, metió el cuadro dentro de una lata aderezado con aceite puro de oliva, para conservarlo hasta mejor ocasión.



MIGUELito en su divina simplificación estética y plástica piensa que: “Los bonitos deben de estar en lata y los chulos en Cádiz”. ¡Ole mi niño!.





¡Carallo!, ¡vaya amigo tengo!, ¡carallo… con el amigo MIGUELito!.



A. Torres Sánchez.